sábado, 24 de julio de 2010

Los nayeri

Los coras se llaman a sí mismos nayeri y ocupan un territorio de 120 mil hectáreas del estado de Nayarit; la población nayeri se concentra en los municipios del Nayar, Acaponeta, Rosamorada y Ruiz.

Los nayeri consideran sagrado su territorio. Celebran fiestas para que las plantas, animales, dioses y espíritus, que son parte de la naturaleza, vivan, renazcan y se reproduzcan. Toda esta liturgia es al mismo tiempo un elemento que conserva unido y ayuda a la reproducción de su pueblo.

El territorio nayeri tiene una infinidad de lugares sagrados. Los mitos de origen o historias antiguas narran cómo se construyó el mundo, cómo se obtuvo la lluvia, el fuego, el tabaco, el maíz. Los nayeri ofrendan a sus dioses para que no les pase nada malo y para mantener la armonía con la naturaleza. La morada de los dioses se encuentra en las montañas, en las cuevas, en los ríos, en los charcos, en las rocas, en los manantiales, en las peñas y es ahí justamente donde acuden a depositar sus ofrendas y a efectuar su más importante festividad: el mitote.

Los mitotes están íntimamente ligados a los ciclos agrícolas: el día en que se bendicen las semillas que se sembrarán, el inicio de las lluvias, el día de la siembra y de la cosecha; pueden tener un carácter comunal o familiar, contando en ambos casos con cantadores, músicos, danzantes y los narradores de los mitos correspondientes. Se ofrenda comida y objetos sagrados tales como maíz rojo, algodón, flechas con plumas y agua de la laguna de Santa Teresa. En este espacio se narran los mitos de origen y las historias antiguas.

Si la economía del pueblo nayeri está sustentada en la agricultura, su actividad artesanal ha sido restringida prácticamente al autoconsumo. Sobresalen los huaraches de piel con suela de llanta y los sombreros de yute.

Fuente: www.ini.gob.mx
Investigación: Margot Q. Heras

sábado, 17 de julio de 2010

El tema náhoa

Actualmente trabajo en la comunidad de Tzicatlacoyan un experimento artístico promovido por la ONG española Ayuda en Acción. Los sábados salgo por el sur de la ciudad de Puebla hacia la Presa Manuel Ávila Camacho y unos veinte kilómetros adelante se encuentra la comunidad, cuyo topónimo significa “hormigas guerreras” en náhuatl, aunque este es un idioma olvidado. Prácticamente nadie lo habla y sólo los más viejos lo escucharon hablar a sus mayores. El “tema náhoa” no es bienvenido, no les interesa como tema de conversación, a pesar de que las costumbres cotidianas como el baño temascal que sin excepción todos tienen en sus patios y la manufactura de petates de palma y canastos de otate que casi todas las familias elaboran en faena familiar.

No he insistido en un tema que no se quiere abordar, pero sí me he preguntado repetidamente las razones que tienen para separarse de él, para enfatizar que sólo son poblanos, unos mexicanos más, como tú y como yo. Mientras conduzco por la raquítica carretera que sigue a la autopista que sólo llega al famoso zoológico Africam Safari, los anuncios que indican la desviación a Huatlatlauca me recuerdan una nota periodística de Arturo Alfaro Galán que leí en La Jornada de Oriente el viernes 27 de marzo de 2009 titulada “Indios de mierda”, que tal vez ofrezca alguna pista a mis interrogantes. La reproduzco íntegra para la discusión:

“Indios de mierda, les vamos a partir la madre”, entre los insultos que profirieron policías judiciales a pobladores de Tochmatzintla

“Hijos de la chingada”, “maricones de mierda”, “coyones calienta pollas” y “pinches indios, les vamos a partir la madre” fueron algunos de los insultos que profirieron los integrantes de la Policía Judicial (PJ) desde la noche del miércoles hasta el mediodía de ayer a los pobladores de la comunidad de Tochmatzintla, perteneciente al municipio de Huatlatlauca, en donde detuvieron a tres judiciales y a cinco policías municipales.

Desde su llegada a la localidad, situada en la región de Tecali de Herrera –a 120 kilómetros de Puebla–, los judiciales comenzaron una serie de provocaciones contra los pobladores a fin de “tronar” la situación y justificar la incursión de un acto violento para atacar a los lugareños. Y es que la madrugada del pasado jueves, los oficiales comandados por el director de la PJ, Hugo Issac Arzola Muñoz, intentaron penetrar las barreras de los habitantes con la finalidad de lograr la liberación de los tres judiciales detenidos en la cárcel de la comunidad y resguardada por más de 50 pobladores de Tochmatzintla, quienes al ver los intentos de hostigamiento en su contra prefirieron resguardarse y controlar la situación para evitar enfrentamientos.

Los policías caminaban con las armas desenfundadas, a paso firme y con una actitud retadora, en las afueras de la presidencia de la comunidad agraria en Huatlatlauca. Pese a estar en servicio público, algunos ingerían bebidas alcohólicas que se repartían gratuitamente en el centro de la comunidad por el festejo patronal que comenzó ese día y terminará mañana.

La actitud de los oficiales tomó otra cara cuando aproximadamente a las 2 de la mañana arribó al lugar la gente de TV Azteca. El director de la Policía Judicial ofreció declaraciones a los medios de comunicación presentes y precisó que “agotarán” el diálogo con los inconformes antes de pensar en una acción “agresiva”, cuando minutos antes se habían enfrentado con los pobladores en por lo menos dos ocasiones.

domingo, 11 de julio de 2010

Los ayuuk

Los mixes se llaman a sí mismos ayuuk, que significa “gente del idioma florido”. La lengua que hablan es ayuuk, el nombre con que históricamente se conoce al grupo. La palabra mixes, por su parte, es una derivación del vocablo mixy: “varón-hombre”, pronunciada en plural.

La región mixe se encuentra al noreste del estado de Oaxaca, en un territorio que abarca una superficie de 4 700 kilómetros cuadrados de topografía accidentada, varios microclimas y 19 municipios.

El ayuuk está formado por dos almas, Tona, una mortal y otra inmortal. La Tona se adquiere cuando coincide el nacimiento de un individuo y el de un animal, por lo que Tona e individuo correrán durante toda su existencia suertes paralelas, llamada sincretismo. La religión que practican los ayuuk es resultado de la mezcla de la religión originaria y la católica. Actualmente se pueden observar ceremonias donde se hacen invocaciones a los dioses antiguos, mezcladas con oraciones cristianas en ritos de fertilidad, mortuorios y de curaciones, como ocurre en tantos otros pueblos originarios.

Para los ayuuk la salud es resultado del equilibrio y la armonía, del buen comportamiento, así como del respeto a las deidades ancestrales y cristianas.
Entre los ayuuk existen tres tipos de enfermedades: las de origen "natural" como empacho y estreñimiento; las de origen "sobrenatural" que se cree surgen por el desequilibrio del hombre con la naturaleza y con la sociedad, como "el mal de ojo" o "la tristeza", y los padecimientos que no tienen un origen causal "bien definido", como son el alcoholismo crónico, el tabaquismo y la drogadicción.

Para iniciarse en la práctica médica, los terapeutas ayuuk afirman que los candidatos deben pasar por una serie de pruebas enviadas por Dios, así como aprender las técnicas curativas a través de visiones y sueños. Dentro de los especialistas tradicionales encontramos limpiadores, yerberos, sobadores, hueseros, chupadores, culebreros, comadronas, hechiceros y rezadores. Dentro de estos especialistas destaca la figura del xëëmapyé, sacerdote lector del calendario, quien es consultado para saber acerca de la suerte y el destino.

La música puede considerarse como la principal actividad artística que cultivan los ayuuk, representada por sus numerosas y bien nutridas bandas en donde participan niños, adultos y ancianos. En cuanto a las artesanías, destacan el telar de cintura y la producción de alfarería.

Investigación: Laureano Reyes Gómez
http://www.ini.gob.mx/ en 2002

martes, 6 de julio de 2010

Nacionalismo y antropología

El nacionalismo es una necesidad de los habitantes de un territorio por definir rasgos comunes que protejan un patrimonio cultural heredado por sus antepasados, sea una lengua, unas edificaciones o simplemente una manera de ver el mundo, es decir, una lengua. El nacionalismo ha sido el pretexto para centenares de conflictos bélicos a lo largo de la historia, pero también el motor para que muchos pueblos hayan podido superar algunos de sus problemas sociales más básicos; ha sido útil para la invención y consolidación de las leyes, la división política y la creación de una abstracta, pero útil, conciencia nacional. Siempre ha tenido como víctimas a las minorías heterogéneas, aquellas que escapan a la homologación por sus propias costumbres, lenguas, edificaciones o, simplemente, por su manera diferente de ver el mundo y sus confines. Un círculo vicioso que arrasa con la diferencia, que empareja visiones, costumbres y habilidades –también defectos- y aniquila, o al menos busca aniquilar, cualquier obstáculo que se interponga en la edificación de su ideal.

Para Roger Bartra, que ha insistido sobre este fenómeno, sin duda el nacionalismo ha contribuido a la legitimación del sistema político, pero se estableció como una forma mítica poco coherente con el desarrollo del capitalismo occidental, típico del siglo XX.

Para algunos estudiosos del nacionalismo en el mundo, que tan bien ha ilustrado el antropólogo argentino Carlos Floria en su obra, la politización de las religiones y la etnicidad constituyen las fracturas más visibles para su sobrevivencia; para otros, el nacionalismo es un refugio frente a las amenazas de la globalización. Sin embargo, todos coinciden en que es uno de los fenómenos políticos más importantes del siglo XX, que persistirá en el nuevo milenio a pesar de sus contradicciones.

El nacionalismo reaparece en los debates sobre migración y sus reacciones xenófobas, así como en los esfuerzos casi desesperados de algunos gobiernos por crear instrumentos jurídicos para preservar a sus minorías étnicas. “Sea como sea, -afirma Floria en Pasiones Nacionalistas - es el mundo el que cambia y su centro es el hombre, no el hecho nacional”. (Floria:12-13)

De ahí que la pregunta esencial que se hicieron los antropólogos de los años sesenta sigue siendo hoy el paradigma del indígena asumido pero a la vez ignorado. ¿Es incompatible la idea de la patria y la presencia de diversas identidades étnicas? ¿Toca a la comunidad mestiza culturalmente esa condición multifacética? Múltiples evidencias de una reacción distinta es la que vemos hoy, cuando, al menos en la capital del país, los funcionarios son obligados a estudiar el idioma náhuatl, los grupos artísticos “mexicanistas” son estimulados por los dineros públicos y se crean universidades indígenas en muchos puntos de la geografía. Es posible palpar que los mexicanos ya no se conforman con un modelo acartonado de “habitantes occidentales” y comienzan a voltear hacia su interior, a su genealogía. El origen de sus padres y de sus abuelos que ya no los sonroja. Incluso el gobierno federal, habiendo abatido la caduca institución indigenista y sus prácticas asimilatorias, divulga mensajes de concordia y comprensión hacia los pueblos originarios. ¿Es el principio de una nueva (o el fortalecimiento de una vieja) identidad?