martes, 21 de diciembre de 2010

Mano de León

Recorrimos la población de Huehuetonoc, Guerrero en escasas dos horas. Es la segunda población del municipio de Tlacuachistlahuaca, uno de los más deprimidos de la costa chica guerrerense. Era el momento de decidir la conveniencia de ascender la montaña para llegar a la última población municipal del oriente municipal, en su parte baja, a un poblado de enigmático nombre: Guadalupe Mano de León, debido a la patrona Virgen de Guadalupe y a una extraña piedra ubicada a un kilómetro con forma de garra de león.

Partimos el doctor Montero, urbanista del equipo, Gonzalo Añorbe, nuestro guía y yo por un camino tapizado de un polvo fino y rojo que nos espolvoreó por unos kilómetros. Muy pronto pudimos ver, en la cima de una montaña vecina, el pueblo de Guadalupe, lo que nos hizo confiar que los 13 kilómetros que nos separaban de ella eran, no un recorrido de una hora como había dicho el guía, sino de media o menos, toda vez que el poblado estaba ahí, a la vista de nuestro camino. Pasados dos kilómetros de polvo, tras bajar la primera pendiente, atravesamos uno de los muchos ríos y arroyos que nos toparíamos en lo sucesivo, aunque lo más inquietante no eran esos ligeros cuerpos de agua, al menos en tiempo de secas, sino que la montaña comenzó a mostrarnos de qué estaba hecha y el esfuerzo humano por abrirse camino puso en evidencia el carácter de la naturaleza. Rocas a la altura de nuestras defensas, vados tan profundos como las llantas de nuestra camioneta. El rigor creció según ascendíamos y descendíamos la decena de cerros que había que cruzar para alcanzar la cima, un vaivén violento que nos sacudía contra las puertas del vehículo, nos zarandeaba como muñecos colgados en un espejo retrovisor. Eran los 13 kilómetros que indicaba el mapa, pero ya había pasado una hora y nosotros seguíamos ascendiendo.

Al llegar por fin a nuestra meta el sol brillaba guerrerense en su mediodía, caía a plomo sobre un disperso caserío de adobes erosionados, hogares silenciosos de donde emergían cabezas infantiles que nos miraban desconfiadas detrás de sus bigotes de tierra; una que otra mujer con atuendo mixteco que no respondía nuestros saludos, pueblo sin hombres y sin autoridad visible que transmitía un mensaje de soledad y abandono. Nuestra sed no sería saciada en Guadalupe, tomar de su agua o de sus refrescos era limitar en una unidad la hidratación de un habitante necesitado.

Tomamos unas fotos, hablamos con un solitario borrachito en lo que parecía ser el centro del pueblito; vimos la piedra manos de león a lo lejos y, preocupados por el camino de regreso, nos lanzamos al descenso.

Hay muchas formas de describir la pobreza en México, la conocemos en alguna versión desde muy pequeños. Pero esta soledad, este silencio, este abandono fueron condiciones que nunca había experimentado.

Enero, 2007

lunes, 13 de diciembre de 2010

Los xi'úi

Los pames se llaman a sí mismos xi'úi, que significa "indígena", viven en un territorio de superficie irregular que comprende cinco municipios de San Luis Potosí, en áreas de ciudad del Maíz, Alaquines, La Palma y Santa María Acapulco.

La región xi'úi comprende una extensión de poco más de 70 mil hectáreas, áridas y erosionadas al norte y al sur y fértiles y cultivables en el centro, donde los hombres xi'úi cultivan maíz, frijol, caña, café y árboles frutales como mango, papaya y plátano.

Los médicos xi'úi no sólo curan los males que aquejan a la gente, sus acciones tienen proporciones que el mundo moderno ubicaría fuera de la medicina. Estos especialistas tienen injerencia en el equilibrio natural, logrando la restitución del equilibrio en sistemas orgánicos de otro tipo, como son las milpas y los jagüeyes.

Los rezanderos y los cantadores xi úi juegan un papel importante en la organización religiosa y en el entorno simbólico de las comunidades, así como los danzantes y los músicos que los acompañan. Con ellos se recrea cíclicamente todo el sistema de creencias del pueblo xi úi, en exacta concordancia con las autoridades religiosas representadas por las mayordomías.

La creatividad del pueblo xi úi se manifiesta en la elaboración de artesanías; con las fibras de la palma las mujeres hacen chiquihuites, petates y aventadores; de barro, piezas de alfarería como comales, cántaros y enseres de cocina. Los hombres, por su parte, elaboran canastos y colotes de carrizo, además de fabricar en madera máscaras ceremoniales y una serie de implementos necesarios para las labores agrícolas y el menaje doméstico.

Investigación: María Eugenia Olavaria
Fuente: www.ini.gob.mx

sábado, 4 de diciembre de 2010

¿Por qué no me interesa?

La mayoría de los mexicanos proviene de la mezcla del español con los pueblos originarios; el mexicano pertenece incuestionablemente a la descendencia de decenas de pueblos originarios que en el periodo colonial procrean un subproducto de sí mismos que Julio de la Fuente bautizó como ladinos, los mestizos mexicanos que hoy somos una inmensa mayoría. Cultivamos nuestra lengua española, la mexicanizamos, y estudiamos bien la cultura occidental. Sin embargo, por alguna extraña razón, desairamos nuestra parte originaria.

Mi inquietud es por esa otra mitad de lo que también somos. Porque no somos europeos, a pesar de nuestra intención intelectual. Somos mitad indígenas, aunque eso pueda llegar a incomodar. Es relativamente sencillo descubrir tus propias raíces tepanecas en gente tan cercana como tus abuelos, basta con mirar sus orígenes en los pueblitos del DF ubicados en las cuatro principales delegaciones políticas que son Xochimilco, Tlalpan, Tláhuac, Milpa Alta y Contreras. Toda una historia familiar qué contar. ¿Por qué no nos interesa? ¿Por qué nunca nos ha interesado? Por ejemplo, la historia de los tepanecas que con tanto tino ha trabajado el historiador Enrique Florescano, que fueron tan importantes a finales de la era precortesana. La mayoría de los habitantes del Valle de México es descendiente parcial de los tepanecas, ¿por qué nadie se los ha dicho? ¿Por qué esto no se sabe, no está en los libros de primaria, no hay conferencias, anuncios en el metro, escuelas o equipos de futbol con ese nombre?

Los tepanecas cohabitaron con los chichimecas. El actual territorio de esas delegaciones del sur del Distrito Federal perteneció a la nación tepaneca, formando parte del Señorío de Coyoacán. Los tepanecas fueron una de las siete tribus nahuatlacas que se establecieron en la Cuenca de México, su centro rector era Azcapotzalco y sus dominios territoriales comprendían Tenayuca, Tlalnepantla, Tacuba, Tacubaya y Coyoacán, colindando con la cordillera que corre hasta los confines de los otomíes.

El primer rey tepaneca fue Acolhuatzin, que se casó con la hija de Xólotl. Al trono le sucedió Tezozómoc, quien tuvo cinco hijos: Moquihuiztli, Ecatliztac, Cuacuacpitzáhuac, Maztlatzin y Acolhuácatl. Durante su reinado, Tezozómoc extendió el dominio tepaneca nombrando a sus hijos señores de distintos lugares. Maztlatzin reinó Coyoacán, donde se incluían los poblados. Al fallecer Tezozómoc, en el año 1426, le sucedió en el reinado Maztlatzin, enemigo acérrimo de los aztecas. Una de sus primeras acciones fue la de someterlos, matando a Chimalpopoca.

Los mexicanos, en medio de la crisis y del yugo chichimeca, eligieron a su cuarto emperador: Itzcoatl, que no tardó en exhortar a su pueblo para liberarse del yugo tepaneca, y da así principio la "Guerra de la Triple Alianza"; es decir, se unen los de Tacuba, Texcoco y México contra los Tepanecas.

Después de varios hechos de armas, vencieron por completo a Maztlatzin de Azcapotzalco y Coyoacán. Así es como dio principio la sujeción de los habitantes del territorio de la hoy Delegación La Magdalena Contreras, quienes pagaron tributo a los mexicas hasta la llegada de los españoles, nuestros ancestros por exacta mitad.

En Milpa Alta están los pueblos de San Juan Tepenahuac, San Pedro Atocpan, San Bartolomé Xicomulco, San Antonio Tecómitl, San Pablo Oztotepec, San Salvador Cuauhtenco, San Jerónimo Miacatlán, San Agustín Ohtenco, Santa Ana Tlacotenco, San Lorenzo Tlacoyucan y San Francisco Tecoxpa, de donde puede ser alguno de tus familiares. El vocablo nahua Milpa hace referencia a una serie de tribus que poblaron el valle de México. En este idioma significa "hombre verdadero", y es el nombre con que históricamente se conoce a los pobladores de la región más rural del Distrito Federal, junto con Xochimilco. La lengua náhuatl de Milpa Alta pertenece a la familia lingüística yuto-azteca, que es considerada como la más extensa del país.

Los primeros habitantes de la región pertenecieron a familias cazadoras-recolectoras chichimecas que se asentaron al sur de los "lagos centrales" entre los siglos XII y XIII.
Los nahuas de esta zona fueron tributarios de los mexicas, quienes en la consolidación de su imperio los sometieron a través del señorío de Xochimilco; el tributo consistía en bienes y fuerza de trabajo. Posteriormente fueron sometidos por nuestros otros ancestros, la mitad, los españoles.

En la Delegación Xochimilco los pueblos de San Francisco Tlalnepantla, Santiago Tepalcatlalpan, Huichapan, San Luis Tlaxialtemalco, Santa Cecilia Tepetlapa,
San Mateo Xalpa, Santa Cruz Acalpixca, Santa Cruz Xochitepec, Tepepan, San Lucas Xochimanca, San Andrés, Xochimilco, San Gregorio Atlapulco, San Lorenzo Atemoaya, Santa María Nativitas y Santiago Tulyehualco.

El lugar donde se cultivan las flores, origen del nombre de Xochimilco, es en donde se enmarca la pasarela de la flor-mujer, la feminidad-tradición, la representante de la madre tierra, la fertilidad, la diosa, rodeada de una estela de neblina-misterio, de árboles, hortalizas y animales, el símbolo de la belleza, la tierra que cuenta con la bendición de la abundancia, en una tradición que también nos pertenece, claro, en una mitad. En 919, cuando las tribus que venían de Chicomoztoc se asentaron en los verdes parajes de Xochimilco; hasta ahora se desconoce quiénes vivían antes de que llegaran estas tribus mexicas. Xochimilco contaba con una flora y una fauna de las más ricas y variadas. En las montañas existían densos bosques mixtos, con árboles de madera dura, como el encino, y blanda como el pino, y extensas poblaciones de oyamel, la conífera más típica de esas montañas

En la Delegación Tláhuac los pueblos de San Andrés Mixquic, San Nicolás Tetelco, San Francisco Tlaltenco, Santiago Zapotitlán, Santa Catarina Yecahuizotl, San Juan Ixtayopan y San Pedro Tláhuac podrían ser la cuna de alguno de nuestros ancestros.
Los primeros pobladores de lo que hoy son esos pueblos originarios ocuparon hacia 1,500 a.C. las faldas orientales del volcán Guadalupe, dedicados a la pesca y a actividades agrícolas incipientes. La aldea lacustre mantenía relaciones con otras poblaciones ribereñas y así permanecieron por siglos. Hacia el siglo XII d. C. existe en la isla de Tláhuac un centro de población que domina a los poblados y aldeas vecinos, localizados en las orillas del lago de Chalco. Su población chichimeca es vencida por las siete tribus aztecas a mitad del siglo XV, a quienes pagaron tributo en adelante, hasta la llegada de los españoles en el siglo XVI.

En Tlalpan, los montañosos Santo Tomás Ajusco, San Miguel Ajusco, Magdalena Petlacalco, San Miguel Xicalco, San Miguel Topilejo, San Pedro Mártir, San Andrés Totoltepec y Parres el Guarda, pertenecen a los asentamientos humanos más antiguos en el Valle de México, localizados en el territorio que comprende actualmente la Delegación Tlalpan. Sus centros ceremoniales estaban en Cuicuilco, Ajusco y Topilejo. El más antiguo de estos tres y el que alcanzó una mayor importancia en la región fue el de Cuicuilco.

Diversos investigadores coinciden en ubicar la población de Cuicuilco entre los años 650 a. C. y 100 a. C., aunque la mayoría supone que fue antes de mediados del milenio, pues su esplendor ha sido ubicado alrededor del año 500 antes de la era cristiana. Cuicuilco fue un grupo que se desarrolló de manera notable gracias a que basó su economía en la agricultura, en la cual utilizó técnicas para aumentar la productividad como canales de riego, la construcción de terrazas y el báculo de punta endurecida al fuego. Su población se calcula que llegó a los 20, 000 habitantes en su época de mayor desarrollo.

Por último, de la Delegación Contreras, también boscosos, los pueblos de Ocotepec,
Atlitic, Aculco y Totolapan. La presencia del hombre en el territorio de la hoy Delegación Magdalena Contreras se remonta al periodo que abarca del año 500 al 200 antes de nuestra era. A esta época se le conoce como Preclásico Superior, caracterizado por una sobrepoblación extendida territorialmente en el área de Contreras y Anzaldo. Los asentamientos allí localizados también dependían del Centro Ceremonial Cuicuilco, de origen tolteca. El desarrollo de esta cultura se interrumpió debido a la erupción del Xitle. Los habitantes huyeron a las partes más altas de la Sierra de las Cruces, buscando salir de la zona afectada, que se cubrió de lava hace aproximadamente 2,400 años. Aún en nuestros días siguen descubriéndose muestras de esta cultura debajo de la lava, en los pedregales del sur de la ciudad.

Es una historia apasionante como la griega o la romana o la china, sólo que esta historia nos pertenece, al menos en una mitad. Es muy extraño que no nos interese. Para saber más de ella hay que acudir a don Enrique Florescano, que ha escarbado con detalle esta historia de apenas ayer, el escenario que encontraron los españoles a su llegada a México.

Ref. www.pueblosoriginarios.df.gob.mx