jueves, 22 de junio de 2017

Miguel Othón de Mendizábal, vida, obra.


Cómo se ha insistido en este sitio que la calidad de la obra de Miguel Othón de Mendizábal no coincide con la indiferencia que ha mostrado por ella la divulgación antropológica en México. Esto ha motivado que, a setenta años de su muerte estas reflexiones se aúnan a las contadas publicaciones sobre MOM. En la ENAH hallé una tesis de licenciatura presentada en 1974 por Dora Kanoussi con el nombre de Miguel Othón de Mendizábal y la Revolución Mexicana de 1910, pero no mucho más. 

Miguel Othón de Mendizábal nace en la ciudad de México en 1890. Fue destacado estudiante de la Escuela Nacional Preparatoria, en donde al terminar recibió una beca para continuar sus estudios en el Museo Nacional de Arqueología, Historia y Etnografía.

De acuerdo con Arturo España Caballero en La práctica social y el populismo nacionalista, 1935-1940, que aparece en La Antropología en México del INAH, a Mendizábal jamás le interesó la ciencia por la ciencia, sino la ciencia como un medio para descubrir nuevos horizontes y nuevas fórmulas de convivencia humana.

Don Jesús Silva Herzog afirma que MOM se unió al movimiento revolucionario de 1910, consecuente con sus ideas. Gonzalo Aguirre Beltrán, sin embargo, dice en su Obra Polémica que Mendizábal estuvo en “sus años mozos sirviendo al régimen ilegítimo de Victoriano Huerta y por ello sufrió el destierro”; pero es Federico Gamboa quien explica con más detalle el derrotero de Mendizábal en la lucha armada porque se lo encontró en La Habana en marzo de 1915 y le sacó la sopa: “… estoy frente a don Miguel Mendizábal, hijo del honorable director de nuestra Casa de Moneda. Viene de Guatemala, donde lo cogió el terremoto que acabó con ella; y es, según confesión propia, revolucionario impenitente y de armas tomar. Véase si no: siendo empleado de Fomento y muy consagrado a trabajos de etnografía a las órdenes de Andrés Molina Enríquez –de quien hace encomiásticas ausencias-, se opuso de hecho, y sucesivamente al general Díaz y a Madero; estuvo en lo de la Ciudadela; es signatario del Plan de Ayala y luego ha corrido de la Ceca a la Meca, dentro de su actual carácter de felicista”. (Aguirre Beltrán, 1992: 190-191) Así que su participación en la lucha armada tiene esa ambigüedad.

España Caballero complementa la biografía de Miguel Othón de Mendizábal: posteriormente, por oposición, obtuvo el puesto de ayudante de etnología aborigen. Más tarde ocupó el puesto de Jefe del departamento de Etnología, y fue miembro del grupo que, bajo la dirección de José Núñez y Domínguez y de Manuel del Ponce, fundó la Segunda Sociedad Folklórica Mexicana. Trabajó en la Universidad Nacional como jefe de investigadores en el Valle del Mezquital y después como director del Instituto de Investigaciones Sociales. Participó activamente en la fundación de la Universidad Obrera, donde se incluyó la antropología; también participó en la fundación del Departamento de Antropología de la Escuela de Ciencias Biológicas del IPN. Asimismo, fundó la Escuela de Medicina Rural del IPN, y colaboró en la creación de la Escuela Nacional de Antropología e Historia. Fue Jefe del Laboratorio de Antropología del IPN y, más tarde, director del Instituto de Investigaciones Económicas.

En 1932, colaboró con Moisés Sáenz en el centro de incorporación indígena de la Cañada de los Once Pueblos de Michoacán. Fue miembro del Consejo Superior de la Investigación Científica y creador y jefe del Departamento de Educación Audiovisual, así como Asesor del Departamento de Asuntos Indígenas y, durante un tiempo, rector de la Universidad Obrera. Impartió las cátedras de etnología, antropología, economía e historia de México, asociándolas con las ciencias aplicadas, la geografía y la política, en el Museo, las escuelas de economía de la Universidad y del IPN, y la Escuela Normal Superior. Murió el 6 de diciembre de 1945 y, en una velada del 22 de febrero de 1946, el INAH entregó a sus familiares su título de etnólogo. (España Caballero, 1987:248)

Las Obras Completas de Mendizábal, publicadas por sus amigos en 1947, se componen de seis tomos de aproximadamente 500 páginas cada uno, el primero es de homenajes al autor y los cinco restantes dedicados a las tres disciplinas que cultivó con mayor interés: la historia, la economía y la antropología. Esta investigación se encarga de la obra de Mendizábal relacionada con el indígena, pero es pertinente apuntar que sus escritos navegan en temas diversos como estudios jurídicos sobre estados, municipios; problemas y reformas en el agro (fue asesor de Lázaro Cárdenas del Río), estudió sobre monopolio colonial, minería y proteccionismo económico en la Independencia de México, en lo que se podría llamar estudios de historia económica; respecto a la Historia propiamente dicha, Mendizábal trabajó el poblamiento del valle de México, monografías sobre Zacatecas, Santa María Tepeji y Capula, Hidalgo; y temas sueltos como demografía, religión, noroeste de México, industria textil, prehistoria de América; cultura, arte, ciencia, juegos populares; poesía, danza, música, el Jardín de Netzahualcóyotl y la división del trabajo; de las instituciones opinó en sus escritos sobre la UNAM, el Instituto Politécnico Nacional, el Museo Nacional de Historia, la Escuela Nacional de Antropología y el Instituto Indigenista Interamericano, muchas de las cuales ayudó a fundar.

Fue miembro del Instituto de Estudios Sociales, Políticos y estadísticos del PNR; de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística; de la Sociedad de Antropología; Vicepresidente de la Comisión de Ayuda a los refugiados españoles; jefe de la Sección de antropología del Instituto de Relaciones Culturales México-Ruso y miembro del Comité Antirracista. Por último, organizó el Congreso Indigenista Interamericano llevado a cabo en Pátzcuaro, Michoacán, donde, por cierto, Lázaro Cárdenas definió la política excluyente del indigenismo oficial.

El doctor Ignacio Millán dice en un escrito incluido en las Obras Completas que fue uno de los asesores más cercanos a Cárdenas: “el más allegado, respetado y atendido consejero del presidente Lázaro Cárdenas y del ingeniero Juan de Dios Batis”; que estaba siempre en contacto con los centros rurales, “pareciendo que no quisiera salir de ellos y sí fundirse en el alma misma de la masa campesina”.

Mendizábal fue muy cuidadoso en dejar asentadas en sus escritos las amplias bibliografías que respaldaron su opinión. Por ejemplo, para su estudio histórico sobre los pueblos prehispánicos, afirma haberse fundado en la interpretación del Códice Vaticano, inspirado en la cosmogonía tolteca, en cuanto al orden de las edades; y por lo que se refiere a su duración –dice en uno de sus escritos-, “me atendré a las cifras del Calendario Azteca, según la descifración de Enrique Juan Palacios, de acuerdo ambas, en lo esencial, con las relaciones de don Fernando de Alba Ixtlichóxitl” (MOM II, 1947:24-25)

En su ensayo sobre las civilizaciones aborígenes americanas, Mendizábal afirma haberse basado en el Popol-Vhu, la Historia de Yucatán de Cogoyudo para el caso de los mayas y en Garcilazo de la Vega y José María Camacho para los incas. Cita el Calendario ritual de Fray Diego de Landa; el Códice Mendocino; Sahagún, Motolinía y Olmos; el códice Ramírez, Tezozómoc, Durán, Orozco y Berra y el doctor León; a del Paso y Troncoso, Muños Camacho, Ramón Mena y Mariano Rojas.

En su influyente trabajo sobre la sal, el único texto de MOM en la currícula de la carrera de antropología de los años ochenta, cita 114 textos, que incluyen Atlas, cartas de relación coloniales, documentos del Real Archivo de Indias, archivos parroquiales, Anales y textos científicos. Todos los cronistas españoles conocidos y muchos otros desconocidos, como memorias de almirantes de la Conquista. Destaca que la cita más cercana a su tiempo corresponde al año 1926.

Mendizábal no duda en tomar para sí la experiencia y la visión de lo mejor del siglo XIX, lo que lo convierte, creo, en un pensador decimonónico. Al apreciar el perfil de sus empresas y la creencia fiel de una suerte de socialismo, que le hacen pensar, en muchos momentos de su vida, que era posible alcanzar la utopía. “Hagámoslo así”: llevemos caminos, procuremos sus industrias, preocupémonos por ellos. Leyó con atención a Manuel Orozco y Berra, Francisco del Paso y Troncoso, José María Regil y Francisco Urbina; de sus contemporáneos, autores que escribieron sus ensayos después de 1920, se encuentran Franz Boas y Manuel Gamio en primer sitio; Enrique Díaz Lozano, Matías Escobar, Eusebio Francisco Kino (o Kühn), Juan Mateo Mange, Baltasar de Obregón, José C. Zárate, el colombiano Miguel Triana y el chileno Ricardo Latcham. (MOM II, 1947:330) Era el suyo, como bien lo dijo el Dr Atl, un entusiasmo teleológico que movía a Miguel Othón de Mendizábal.

Una anécdota lo pinta de cuerpo entero como estratega de la discusión y como practicante de la antropología como compromiso, como misión y no sólo como discusión académica. La cuenta el Dr. Ignacio Millán en una nota infiltrada en el tomo IV de nuestro autor, de la que hago un resumen:

Habiendo gran rivalidad de los miembros de la UNAM con los del recién creado Politécnico -cuenta Millán-, la gota que derramó el vaso de las controversias fue la creación de la Escuela de Medicina Rural perteneciente a este último instituto, que incrementó “la intriga y la chismografía” en todos los periódicos por parte de los universitarios. Se temió que con motivo del segundo congreso nacional de higiene rural, las dos partes contendientes tuvieran roces o enfrentamientos. Persuadido de ello, Mendizábal se concretó a mostrar estudios propios de estadísticas de mortalidad y distribución geográfica de los médicos en la república. “No tuvo un contendiente a la altura de su vigor mental -cuenta el Dr. Millán-, pues su potencial adversario se presentó listo para la pelea, pero con las manos vacías, por lo que la contundencia de los datos llevados por Mendizábal, que mostraba con crudeza de los números del catastrófico panorama de la higiene nacional, dejó a los universitarios, con sus absurdas rivalidades académicas, sin ningún argumento. La lucha, les indicó, no es entre nosotros sino de nosotros. Un rasgo casi conmovedor de su inteligencia, su pacifismo y ecuanimidad, indicador de que las divisiones académicas no estaban a la altura de las circunstancias, y que mostraban, cuando mucho, la pobreza moral de nuestro medio”. (MOM 1V, 1947:346)

Las universidades mexicanas, pensó Mendizábal, nunca se han preocupado por el pasado, remoto o próximo, de ninguno de los problemas nacionales; tampoco del más trascendental: el campesino (MOM IV, 1947:348)

“Existen dentro de las universidades extremistas de izquierda y derecha que, aunque forman una minoría respecto al conjunto del estudiantado, han propiciado actitudes violentas y desordenadas, de tendencia notoriamente política. Estos activistas no hacen nada por ayudar a remediar los problemas, más aun, los incrementan o desvían la atención de quienes queremos resolverlos. El problema campesino, desprovisto de atención, resalta entre los principales puntos de su indiferencia”. Ojalá, afirma MOM, que la Universidad Autónoma perfeccione e intensifique su acción a favor del campesino y el indígena, para que su lema vasconceliano: “Por mi raza hablará el espíritu”, que solo interesa a los privilegiados de la cultura, pueda añadir: “Por mi espíritu y por la acción de mis investigadores, profesores y profesionistas, mejorarán las condiciones de vida del venero más potente de nuestra raza, la población campesina de México”, en cuyo caso, don Miguel, no cabría en el escudo universitario.

lunes, 19 de junio de 2017

Los indígenas mexicanos y la ley

El problema de las leyes en México es que son menos importantes que otras ordenanzas fácticas que ejercen su poder con diversos mecanismos que van del convencimiento a la violencia, pasando por la dádiva, la coerción, el amedrentamiento y el asesinato. Pero las leyes importan, sobre todo para unos pueblos que permanecieron durante 170 años de vida nacional independiente ignorados y ninguneados por el poder, tratados como pueblos indígenas a conveniencia, sin una ley que los amparara cualitativamente del campesino mestizo y el pobre mexicano. Ahí estaban ellos, todos los veíamos, pero sin derechos para defender y conservar sus culturas.


Esta situación cambió, al menos en el texto de la ley, a partir de la década de los años noventa. En 2005 este fue un resumen que hizo la Unidad de Planeación y Consulta
Del CDI sobre las leyes que amparan a los llamados indígenas mexicanos:

La multinación mexicana ocupa el octavo lugar en el mundo en cuanto a diversidad cultural, los pueblos indígenas integran el 12.7% de la población nacional, distribuidos en unas 20 mil localidades.

Los pueblos indígenas poseen cerca de la quinta parte de la superficie total del país y son dueños de 28% de los bosques templados y 50% de selvas que existen en propiedad social en México, además, las principales presas hidroeléctricas del país: La Angostura, Malpaso, Chicoasén, Aguamilpa y Presidente Alemán, se ubican y abastecen de agua desde territorios indígenas. Asimismo, las principales áreas naturales protegidas se encuentran en municipios indígenas consideradas muchas de ellas como territorios sagrados y ceremoniales.

Las culturas indígenas enriquecen a la multinación con su música, artesanías, ceremonias rituales, medicina tradicional y una cosmovisión plena de valores y significados. Asociado a ello, encontramos una gran diversidad de sistemas normativos internos que permiten la convivencia de los integrantes de las comunidades y la resolución de sus conflictos internos, contribuyendo con ello a la paz social.

En México, desde 1990 se firmó el Convenio 169 sobre Pueblos Indígenas y Tribales de la Organización Internacional del Trabajo que por remisión al artículo 133 Constitucional forma parte de la ley suprema de nuestro país. La Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos reconoce, en el artículo 2º, los derechos de a los Pueblos Indígenas y señala las obligaciones que corresponden a la Federación, los Estados y los Municipios para el ejercicio efectivo de los mismos.

El reconocimiento de la composición pluricultural de la nación mexicana, sustentada en sus pueblos indígenas tiene gran relevancia porque eleva a rango constitucional los derechos de los pueblos indígenas. Estos derechos tienen la característica específica de dirigirse a un sujeto colectivo que mantiene su identidad cultural diferenciada.

En México, a partir del año 2001 se han modificado varias leyes reglamentarias con el objetivo de reconocer los derechos de los pueblos indígenas e instrumentar los mecanismos jurídicos que permitan su ejercicio.

La Ley de la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CDI), transforma al Instituto Nacional Indigenista para que se consolide una nueva institución cuya misión es orientar, coordinar, promover, apoyar, fomentar, dar seguimiento y evaluar los programas, proyectos, estrategias y acciones públicas para alcanzar el desarrollo integral y sustentable y el ejercicio pleno de los derechos de los pueblos y comunidades indígenas.

Por ello la CDI encamina sus acciones, por un lado, a dar protección a los derechos individuales y por el otro, al reconocimiento y vigencia de los derechos que, como ente colectivo reivindican los pueblos indígenas, tales como la personalidad jurídica, la libre determinación y autonomía, el acceso pleno a la jurisdicción del estado y el respeto a su cultura.

Ordenamientos jurídicos, derechos indígenas


Como parte del esfuerzo para generar una cultura de respeto a los derechos indígenas y promover el efectivo acceso de los indígenas a la jurisdicción del Estado, esta es una compilación de ordenamientos jurídicos en los que se reconocen los derechos indígenas:

Constitución, leyes, códigos, reglamentos, acuerdos:

Primera fecha: Última Reforma en Materia de Derecho Indígena
Segunda fecha: Última Reforma a los Ordenamientos Jurídicos

  
 ÁMBITO FEDERAL    
     
1. Constitución   
Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos
 14/08/2001
 02/08/2004
      
2. Leyes   
Ley de la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas
 21/05/2003
 21/05/2003

Ley Federal de Fomento a las Actividades Realizadas por Organizaciónes de la Sociedad Civil
 09/02/2004
 09/02/2004

Ley Federal de las Entidades Paraestatales
 21/05/2003
 21/05/2003

Ley Federal para Prevenir y Eliminar la Discriminación
 11/06/2003
 11/06/2003

Ley General de Derechos Lingüísticos de los Pueblos Indígenas
 13/03/2003
 13/03/2003

Ley General de Desarrollo Social
 20/01/2004
 20/01/2004

Ley General de Educación
 13/03/2003
 13/03/2003

Ley Orgánica de la Procuraduría General de la Republica
 11/02/2003
 27/12/2002

Ley General de Salud
Sólo segunda fecha: 02/06/2004

Ley Federal de Armas de Fuego y Explosivos
Sólo segunda fecha: 23/01/2004

Ley Orgánica de la Administración Pública Federal
Sólo segunda fecha: 21/05/2003

Ley para el Tratamiento de Menores infractores
25/06/2003
25/06/2003
      
3. Códigos   
Código Federal de Procedimientos Civiles
18/12/2002
18/12/2002

Código Federal de Procedimientos Penales
18/12/2002
18/12/2002

Código Penal Federal
26/05/2004
26/05/2004
      
4. Reglamentos   
Estatuto Orgánico de la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas
23/04/2004
23/04/2004

Reglamento de la Ley Orgánica de la Procuraduría General de la República
25/06/2003
25/06/2003
      
5. Acuerdos   
Acuerdo No. A/067/03 con la PGR
24/07/2003
24/07/2003

     

Reformas

  
Reforma a la Ley Orgánica de la PGR (artículo 5)
Primera fecha: 11/02/2003
Segunda fecha: 27/12/2002

Reforma a la Ley para el Tratamiento de Menores Infractores
Sólo primera fecha: 25/06/2003
 
Reforma a la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos
Sólo primera fecha: 14/08/2001
 
Reforma al Código Federal Penal y del Código Federal de Procedimientos Penales
Sólo primera fecha: 18/12/2002
 
Reforma Código Federal de Procedimientos Civiles
 Sólo primera fecha: 18/12/2002



1.- Legislación Federal y por entidad federativa, que reconoce derechos indígenas, en este sentido, se pueden encontrar los textos completos de la legislación, los artículos específicos en materia indígena y una escueto análisis de su contenido.

2.- Normatividad Internacional, que contiene Convenios Internacionales, Tratados y Recomendaciones de Organismos Internacionales que tienen relación con los Derechos Indígenas.

3.- Artículos académicos, que contienen conceptos, temas y reflexiones respecto al tema de los derechos indígenas. (Próximamente)

4.- Materiales audiovisuales, fotográficos y enlaces a otras páginas relacionadas con el tema.(Próximamente)


Reformas constituciones estatales


A partir de la reforma al Artículo 2° de la Constitución de los Estados Unidos Mexicanos, el 14 de agosto de 2001, con relación al reconocimiento de derechos indígenas, algunas entidades federativas han impulsado reformas a sus constituciones locales para adecuarlas a lo establecido en el precepto señalado.

Es importante mencionar que varias entidades ya reconocían los derechos indígenas en sus constituciones, ello con base a lo establecido con la ratificación del Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y anteriores, también en el primer párrafo del Artículo 4° Constitucional (actualmente derogado), y que aún no han sido actualizadas. Asimismo algunas Constituciones que fueron reformadas después de 2001 en relación con el contenido del último párrafo del Artículo 1° de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.

Encontramos que dentro de las entidades federativas que tiene un reconocimiento sobre derechos indígenas y que no han sido reformadas para adecuarlas a la reforma de 2001:

Tratados internacionales


Convención contra la Tortura y Otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes
   Ratificada por México en 1986

Convención Internacional sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación Racial
   Ratificada por México en 1975

Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer
   Ratificada por México en 1981

Convención sobre los Derechos del Niño
   Ratificada por México en 1990

Convenio sobre la Diversidad Biológica Artículo 8 j)
   Suscrito por México en 1992

Convenio169 sobre Pueblos Indígenas y Tribales de la Organización Internacional del Trabajo
   Ratificada por México en 1990

Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos
   Ratificada por México en 1981

Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales
   Ratificada por México en 1981



Los derechos de los niños indígenas

El documento refleja el empeño de UNICEF por defender la causa de los niños indígenas, con la certeza cabal de que promover los derechos de los niños indígenas es una de las mejores maneras de promover los derechos de todos los miembros de las comunidades indígenas y, de tal modo, garantizar la perpetuación de su estilo de vida, de sus costumbres y creencias.



CRÉDITOS
Unidad de Planeación y Consulta
Dirección General de Estrategia y Planeación
Reconocimiento y Vigencia de Derechos de los Pueblos Indígenas

Consulta en: e-mexico.gob.mx

lunes, 12 de junio de 2017

Cementerio marino


En Tenaún, el pequeño y antiguo puerto en la costa Este de la isla chilena de Chiloé, un pescador de Punta Arenas, llegado hasta aquí por la vía Argentina* a visitar a su hermana, nos platicó durante una amena comida sobre su trabajo en el sur, donde su principal presa de pesca, la centolla, ha ido disminuyendo a causa de la contaminación provocada por las salmoneras noruegas que llegaron a Chile, así como, por supuesto, la pesca inmoderada del crustáceo.

Las salmoneras noruegas, después de depredar los ecosistemas de su país, llegaron a Chile a depredar los lagos y las zonas costeras del mar del sur.

El sedimento de los salmones, altamente contaminante, desertifica el fondo lacustre y oceánico. Como sea, según pudimos ver, las empresas salmoneras en el sur chileno tienen instalada una gran infraestructura en los lagos y el océano, pues parte de su metodología es dar a las crías de salmón en cautiverio las variantes comunes a la vida libre de los salmones, que retornan del océano al río para desovar.

Este pescador nos contó en esa comida que, durante las dictadura de Pinochet, a unos kilómetros de la isla Dawson, mientras efectuaba pesca submarina, fue testigo de un cementerio marino menos poético que el poemario de Paul Valeri que he hurtado para nombrar esta entrada, pues se trataba de un cementerio de opositores al régimen que los militares tenían bajo el mar en esas latitudes, decenas de cuerpos suspendidos con algún peso en el fondo marino y, para su infortunio, también advirtió desde el fondo la quilla y el timón de una lancha militar aparcada junto a la suya en la superficie.

Fuera del agua, los militares lo interrogaron sobre su presencia en ese lugar, preocupados por lo que habría visto, que el pescador insistió que se debía a una falla mecánica de su lancha, averiada de las hélices, y gracias a la demostración documental de que en verdad se trataba de un pescador de la vecina Punta Arenas, pudo salir indemne del aprieto.
Mientras comíamos borrego a las brasas, le pregunté si su alimentación en Punta Arenas se componía básicamente de productos del mar, su respuesta fue inesperada: nunca comen del mar, su comida estaba compuesta, casi completamente, de carne vacuna y capril.


*La vía Argentina desde Punta Arenas es la forma más expedita de viajar a otras ciudades de su propio país, como la isla de Chiloé. El pescador puntarenense nos explicó el itinerario que por tierra los pone relativamente pronto en la frontera argentina, en Gaypón, y de ahí al norte hasta alcanzar la altura de un paso que los conduzca a su destino en Chile.

lunes, 5 de junio de 2017

Mi bibliografía


Mi modesta aportación en la mayoría de las sesudas reflexiones antropológicas de este blog se reduce a un recuento de las ideas originales de los antropólogos mexicanos, en especial de Miguel Othón de Mendizábal, basándome en sus libros o tomándolos de antologías o referencias de lecturas afines, para definir los antecedentes del indigenismo oficial del siglo XIX, cuando pensadores como Guillermo Prieto, Francisco Zayas, Ignacio Ramírez, Gabino Barreda, Francisco Bulnes y Justo Sierra, entre otros, definen la educación pública de México, y cuyas reflexiones sobre el indígena concluyeron en la práctica indigenista que los “científicos” implementaron décadas después: Manuel Gamio y Miguel Othón de Mendizábal, como las visiones más inteligentes del origen del indigenismo institucional, y sus contemporáneos Rafael Ramírez, Moisés Sáenz que lo llevaron a la práctica, aderezados con voces críticas como las de Vicente Lombardo Toledano y Julio de la Fuente. Y posteriormente, en los años setenta, intento analizar las observaciones aún más críticas de Guillermo Bonfil Batalla, Arturo Warman y Margarita Nolasco, que desataron la emisión de otras voces importantes como Luis Villoro, Roger Bartra, Daniel Casez, Enrique Guerrero, Héctor Díaz Polanco o Aguirre Beltrán, entre muchos otros, así como de otras lecturas importantes y posturas críticas como las de Daniel Cosío Villegas, Octavio Paz, José Fuentes Mares, Miguel León Portilla, Enrique Florescano, Rolando Cordera, Carlos Monsiváis, Héctor Aguilar Camín, Herman Bellinhausen, Enrique Krauze y Carlos Puig, entre otros, en revistas y diarios como Nexos, Procesos, Letras Libres, Jornadas, Ojarascas, El Universal, Milenio, El País español; los pueblos, los mercados, los peones, la estudiante; otras experiencias derivadas de mi visita a las comunidades de la sierra norte de Puebla y Guerrero, donde conocí a don Juan, don Jacinto, don Filiberto, doña Judith, personas que también merecen mención en esta reflexión bibliográfica, que no puede estar constreñida a hojas de papel, pues en el horizonte antropológico se mezclan todas las sustancias vitales, como el mole de olla de doña Angelina, los archivos podridos de Zautla o los papás de mi compadre, totonacas de Ixtepec. Mi tío Jesús de Zacatecas, hermano de mi papá, huichol por su cuenta. A todos los que uno tiene que dar crédito en el tema de los pueblos y las lenguas de las culturas originarias. Por último, elegí a Fernando Benítez como catalizador del indigenismo desde su visión periodística y profundamente criolla, contemporáneo de la acción estelar del instituto indigenista, que no es la visión del antropólogo comprometido con una acción oficial o una disciplina científica, sino la de un mexicano común, bien intencionado, inteligente, que expresa lo que vio y lo presenta en sus dos tomos de Los indios de México.

Lecturas de lecturas que yo pongo aquí como evidencia de un fracaso anunciado por mi autor, Miguel Othón de Mendizábal, en una lectura que busca rescatarlo de la completa indiferencia que mereció su obra y, a la vez, acercarse al sentido del ser del mexicano, que aún hoy busca la cuadratura en el triángulo de su genealogía. Y sí, volver a mirar a esos habitantes mexicanos, aún llamados indios, que cada vez adquieren mayor personalidad en el imaginario colectivo de los mestizos mexicanos, pues a querer o no, representan parte de su propio pasado.

Busco, pues, analizar el fenómeno general del nacionalismo, el patriotismo mexicano y la gran deuda que la cultura actual tiene con el universo múltiple de lo originario. La creación y sustento de las instituciones, empezando por el Instituto Nacional Indigenista, el INAH y la Escuela Nacional de Antropología e Historia. Para ello hice una investigación detallada sobre Los magníficos (Bonfil, Warman, Nolasco, et al) con el objeto de aquilatar, a los ojos de la historia, la gran deuda que terminaron teniendo los antropólogos con su principal objeto de estudio, al grado de seguir llamándoles indígenas –equivocada nominación que arrastramos desde el siglo XVI– , en una espiral de contradicciones con la que los mexicanos arribamos al nuevo milenio, con sus mismos graves problemas de identidad, que contribuyen a agudizar asuntos perentorios como las permanentes crisis económicas y políticas, aderezadas con una creciente corrupción que desata guerras de narcos y huachicoleros que tienen postrado a nuestro gran país –porque en efecto es grande-, cuando podría ser una potencia mundial en tantos aspectos. De ahí la rabia y la impotencia.


Bibliografía (propiamente dicha)

Aguirre Beltrán, Gonzalo: Integración regional, UNAM, México, 1957.
Artaud, Antonin: México y viaje al país de los tarahumaras, FCE, Colección Popular 242, México, 1984.
Bartra, Roger: Oficio mexicano, Ed. Grijalbo, 1993.
Benítez, Fernando: Los indios de México, Tomo 1, ERA, 1990.
Bonfil Batalla, Guillermo: Eso que llaman antropología mexicana. Ensayo: Del indigenismo de la revolución a la antropología crítica.
Bonfil Batalla, Guillermo, La pluralidad étnica, Nexos, Cabos sueltos, Noviembre de 1988
Carballo, Emmanuel, Protagonistas de la literatura mexicana, SEP/El ermitaño, Lecturas mexicanas 48, México, 1986.
Caso, Alfonso: Los ideales de la acción indigenista, Instituto Nacional Indigenista, México, 1962.
Comas, Juan, La antropología social aplicada en México, (trayectoria y antología), Instituto Indigenista Interamericano, Serie Antropología social I, México, 1964. Los textos:

-          Gamio, Manuel: Introducción a la Población del Valle de Teotihuacan, 1922, Tomo I, pgs. IX a CII.
-          De la Fuente, Julio: Relaciones interétnicas en Mesoamérica, traducción de un artículo aparecido en inglés en Handbook of Middle American Indians, publicado por la University of Texas Press, Austin, 1960.
-          León Portilla, Miguel: Conferencia en la XXX Sesión del Instituto Internacional de Civilizaciones Diferentes, aparecido en inglés en 1957.


ENAH, Cuatro décadas de la Escuela Nacional de Antropología e Historia, INAH, 1982.
Florescano, Enrique: Evanescencia de las imágenes de la patria y crisis del proyecto nacionalista 1980-2000, Revista Nexos 331, Julio, 2005.
Floria, Carlos: Pasiones Nacionalistas, Fondo de Cultura Económica, 1998
Fuentes Mares, José, Intravagario, Grijalvo, 1986.
Gamio, Manuel: Consideraciones sobre el problema indígena, Instituto Indigenista Interamericano, México, 1966.
García Mora,  Carlos (coordinador): La antropología en México, Tomo II, el ensayo: La visión integral de la sociedad nacional, de Jaime Noyola Rocha, Col. Biblioteca del INAH, México, 1987, p. 132-208.
Kanoussi, Dora: Tesis Miguel Othón de Mendizábal y la Revolución Mexicana de 1910, sustentada en la ENAH en 1974 y consultada en la biblioteca central de la institución.
Krauze, Enrique: Biografía del poder, varios números
Lombardo Toledano, Vicente: El problema del indio, SepSetentas, México, 1973 e Independencia por dentro y por fuera, discurso pronunciado en el Congreso Indigenista Interamericano, Pátzcuaro, Anales, 1940.
Malinowski, Bronislaw: Los argonautas del Pacífico occidental, Ed. Península, Serie universitaria num. 97.
Mendizábal, Miguel Othón de: Obras completas, México, 1947, seis tomos. Los textos:

-          Ensayo sobre las civilizaciones aborígenes mexicanas, Tomo II
-          Influencia de la sal en la distribución geográfica de los grupos indígenas de México, Tomo II
-          La evolución de las culturas indígenas de México y la división del trabajo, Tomo II
-          Ética indígena, Tomo II
-          La poesía indígena y las canciones populares, Tomo II
-          Los cuatro problemas fundamentales del indígena, Tomo II
-          Las artes aborígenes mexicanas, Tomo II
-          La evolución religiosa de los pueblos indígenas de México, Tomo III
-          La etnología, Tomo IV
-          Esbozos etnográficos, Tomo IV
-          La antropología y el problema indígena, Tomo IV
-          Historia económica y social de México, Tomo IV
-          El problema social de las lenguas indígenas, Tomo IV
-          Pequeñas industrias indias y manufacturas populares, Tomo IV
-          La estadística de las industrias y manufacturas populares, Tomo IV
-          Pólvora que mata y pólvora que divierte, Tomo IV
-          La producción rural, Tomo IV
-          La reforma agraria desde el punto de vista económico, Tomo IV
-          Turismo y miseria, Tomo IV
-          Los vicios de indígena son una calumnia centenaria, Tomo IV
-          El Departamento Autónomo Indígena, sus fines, su táctica y su organización, Tomo IV
-          Eduquemos al indígena, Tomo IV
-          La cultura como privilegio y como patrimonio colectivo, Tomo IV
-          La universidad y los campesinos, Tomo IV
-          El socialismo y la educación, Tomo IV
-          El problema de las nacionalidades oprimidas y su resolución en la URSS, Tomo IV
-          Problemas indígenas y su más urgente tratamiento, Tomo V
-          Las industrias indígenas, Tomo VI
-          Situación actual de los indígenas de México, Tomo VI

Moch, Jorge: Mentiras patrioteras, Suplemento La Jornada Semanal num. 550, Domingo 18 de septiembre de 2005
Monroy Huitrón, Guadalupe, Política educativa de la Revolución, 1910-1940, Cien de México, SEP, México, 1985.
Monsiváis, Carlos: Aires de familia, cultura y sociedad en América Latina, Anagrama, 2000.
Nolasco Armas, Margarita: Eso que llaman antropología mexicana. Ensayo: La antropología aplicada en México y su destino final: el indigenismo.
Noyola, Leopoldo, Memorias Magisteriales, SEP, Puebla, 2001.
Paz, Octavio, El laberinto de la soledad, FCE, 5ª Edición, México, 1967.
Pérez Monfort, Ricardo: Estampas del nacionalismo popular mexicano, ensayos sobre cultura popular y nacionalismo, SEP/CIESAS, Col. Miguel Otón de Mendizábal, 1994
Puig, Carlos, Milenio Diario, 20 de enero de 2005.
Ramírez, Rafael: La escuela rural mexicana, Sep/80-FCE, número 6, México, 1981.
Sáenz, Moisés, México íntegro, SepSetentas (1981)
Stabb, Martin S., América Latina en busca de una identidad. Modelos del ensayo ideológico hispanoamericano, 1890-1960. Trad. de Mario Giacchino, Caracas, Monte Ávila editores, 1969.
Villoro, Luis, Los grandes momentos del indigenismo en México. Ed. Casa Chata, num. 9, México, 1979.
Ward, Henry George: México en 1827, Lecturas mexicanas num. 73, FCE/SEP, México, 1985.
Warman, Arturo: Eso que llaman antropología mexicana. Ensayo: Todos santos y todos difuntos.
Warman Arturo, La fuerza del pasado, Nexos de abril de 1986
Warman, Arturo, Indios y naciones del indigenismo, Nexos (Historia ideológica y social), febrero de 1978


martes, 30 de mayo de 2017

El curanto

A los pocos minutos de nuestra llegada a Tenaún, el pequeño y antiguo puerto en la costa Este de la isla de Chiloé, al sur de Chile, fuimos advertidos que en algún momento Rosita, la dueña del campamento, prepararía un platillo tradicional llamado curanto, como buena puntarenense que es esta joven ama de casa, administradora y autoridad indiscutible de ese popular campin.

El curanto es un guiso de hoyo que comienza con la recolección de piedras y leña, por lo que debe dedicarse todo un equipo de personas para su elaboración. Hay que recopilar piedras grandes y redondas del tamaño de naranjas, subir al cerro y recopilar unas cincuenta enormes hojas de pangue, de unos sesenta por ochenta centímetros que crecen silvestremente en todo el sur de Chile, una planta de humedad cuyos componentes tienen diferentes nombres y usos: pangue es la gran hoja; nalca es el tallo y depe es el tronco, que llega a medir hasta 5 metros y que sirve para teñir lana de color plomo.
El curanto lleva mariscos como cholgas, locos y almejas; carnes como chorizo, pollo crudo y cerdo ahumado. Mientras Rosita prepara todo eso un hombre ha hecho un hoyo poco profundo en el patio, de un metro de diámetro, en donde ha puesto leña y piedras y le ha prendido fuego con las precauciones pertinentes, pues las piedras suelen reventarse despidiendo fragmentos hacia todos lados como balas ciegas y ardientes. Cuando está la leña prácticamente consumida y las piedras muy calientes se ponen los mariscos y la carne encima, así como caen, acompañados de papas y todo rociado con vino blanco, se tapa muy bien con una o dos capas de hojas de pangue, y sobre ellas se acomoda el chapalel y el milcao, que son tortas de masa de papa y harina y de puré de papa sola, respectivamente, que también son tapadas con otras capas de hoja de pangue, con las que se cubre muy bien toda oquedad. Encima de ese montón se pone una lona y se tapa completamente para evitar que escape el calor. Ahora todos nos retiramos a hacer hambre con alguna cerveza durante 60 minutos, hasta que el guiso esté cocido.
Adicionalmente, Rosita tuvo la amabilidad de hacer un poco de curanto de olla o pulmai, una versión de estufa con todos los mismos ingredientes (excepto chapalel y milcao) que tiene la cualidad de retener el líquido que se convierte en consomé, para que lo probáramos.

El curanto es un platillo chilota tradicional llegado hace muchos siglos de Indonesia, quizás junto con los propios indonesios que algunas versiones indican que llegaron mucho antes que los españoles a estas tierras y cuyos rasgos es posible adivinar en las facciones de algunos agentes locales, como la señora Rosita, que ha hecho del curanto una especialidad, y a la que solo le faltan los tatuajes para parecer de “allá”.
Luego de una hora, la docena de comensales retornamos al curanto y desandamos los últimos pasos de la preparación, es decir, destapamos la lona y las hojas de pangue, ponemos sillas alrededor, y con un tenedor y un plato comenzamos a atacar el curanto con entusiasmo polinesio. Nadie mide ni cuenta lo que comes, pero más te vale no caer en remilgos porque esto se acaba. Delicioso.

Una santiguina solemne le expresaba a una joven alemana que no entendía español que este no era un simple platillo sino el alma misma de Chile. Yo, que sí hablo español, pensaba mientras extirpaba un molusquito de su concha que los chilenos son poetas aunque no lo quieran. Y que el curanto era un extraño privilegio que no merecía, pero que aceptaba con el hambre y la gratitud de un náufrago.
Quiso la suerte de que fuimos a caminar al centro de Tenaún y nos tocó observar cómo en el edificio municipal una docena de hombres y mujeres preparaban un curanto para decenas de personas. El proceso fue el mismo, pero en un hoyo de dos metros, donde echaron seis costales de moluscos, otros tantos de papas, varios kilos de pollo y cerdo ahumado en trozos y taparon aquello en medio de una gran expectación.


Fotos cortesía de Malú Méndez Lavielle.

lunes, 22 de mayo de 2017

Reflexión metodológica


En este blog he tratado de revisar tres inquietudes en torno a la antropología mexicana: la temática indigenista; Miguel Othón de Mendizábal y la antropología, y la cosa ontológica que nos compete a todos los mexicanos en nuestro “ser nacional”, así como el compromiso y la responsabilidad de revisar el mundo originario, pasado y presente, y nuestra situación en él.

Busco analizar eso que terminó llamándose indigenismo. Su relación al nacionalismo que derivó en la epopeya mitológica de nuestra historia, más o menos basada en una secuencia de derrotas, de donde presuntamente sacamos fuerzas para fundar una raza de bronce que le dio sentido a las instituciones que se encargaron de construir un muro entre el mundo originario y la creciente sociedad mestiza, que ha evolucionado en la ignorancia de la mitad de su pasado. Dizque. En su historia de sesenta años del indigenismo institucional, antes de su liquidación en el foxismo por esclerosis burocrática, he buscado comprender el decidido pero fugaz tránsito de los Magníficos, en los años setenta, que deriva necesariamente a la academia y a mi propia experiencia en el reparto de responsabilidades.

Arribamos al siglo XXI con evidencias contundentes sobre el fracaso del indigenismo, que no logró asimilar al indígena, borrar la presencia de los idiomas, abatir la miseria y extender los servicios públicos elementales. Discuto la ecuanimidad que, en torno al racismo, tuvieron los principales exponentes de ideas indigenistas, la influencia originaria en la vida real, la presencia del náhuatl en el idioma, en las costumbres, en el marco litúrgico de nuestras tradiciones familiares como son las comidas y sus innumerables moles. ¿En qué porcentaje los mexicanos somos náhoas? ¿Quiénes son los grupos étnicos que conforman el mundo original de México? Si procediéramos de acuerdo a lo políticamente correcto ¿cómo deberíamos llamarles, como los bautizaron los españoles, como los bautizaron los mexicas o como actualmente los pueblos originarios se llaman a sí mismos?

La segunda reflexión corresponde a la revisión puntual de la obra de Miguel Othón de Mendizábal. Su biografía y sus fines sociales y políticos, ampliamente explicitados en los seis tomos de su obra. El origen de las pasiones colectivas que dedujo de sus apasionadas lecturas del pasado histórico y sus actuales vestigios arqueológicos; su papel protagónico en el tema de las migraciones del norte al sur del continente y su hipótesis biologicista del hambre de sal. Estudios sobre las religiones prehispánicas, el derecho, la cultura y la educación, sobre la reforma agraria y el sistema nacional de salud, de la que fue un crítico especializado. A través de ese análisis demostrar que las opiniones de Mendizábal respecto a la creación del instituto Indigenista no estaban basadas en el vacío o la ocurrencia -como sí es visible en protagonistas tan importantes como Rafael Ramírez-, sino en profundos estudios sobre el significado real de la presencia indígena en la cultura mexicana contemporánea. Algo que a la mayoría de sus contemporáneos ni siquiera se le ocurrió.

El rescate del indio que para Mendizábal, siempre analítico, significaba distinguir los problemas fundamentales, tomar una posición avanzada sobre las lenguas indígenas, sobre las características de la educación en las diferentes regiones de México, que no tenía por qué ser una aplanadora uniformizante. Cuando Mendizábal propone observar un patrimonio intangible cuya riqueza serviría para todos nuestros propósitos nacionales. Pero no hubo quién lo escuchara, pues él pronto murió y sus contemporáneos -que después crearon premios, nombres de calles y de auditorios con el nombre de Mendizábal-, se encargaron de echarle tierra a sus ideas que, en efecto, contrastaban con las que terminaron imponiéndose en la práctica del indigenismo, que, como es fácil suponer, no atañe sólo a los especializados antropólogos y a los funcionarios encargados de llevarlo a cabo. Este sí es un asunto nacional.


Finalmente, una tercera reflexión que incluye, además de la Conclusión del estudio, visiones literarias sobre la necesidad actual de observar ese elemento de nuestra historia. El desperdicio de la riqueza cultural y natural, la posible presencia del barro en el arte contemporáneo de los mexicanos y un escenario de ficción sobre la autonomía de las regiones, con el hipotético caso de Oaxaca, buscando expresar que es en la imaginación donde los mexicanos nos hemos de liberar de tantas ataduras vicariales, que es con imaginación histórica y artística como podremos superar nuestra incapacidad para asumir la política y rebasar los lastres, como la corrupción y la violencia, la incapacidad social por la política y la inaplicación de las leyes, que nos tienen sumidos en la desgracia.