jueves, 23 de junio de 2016

Sin nuestra madre tierra no vivimos


Hace unos diez años Gabriel Sainos Guzmán me recibió en su pequeño consultorio en una de las tantas subidas y bajadas que tiene el pueblo tutunakú de Ixtepec, Puebla, ubicado en la cima de un cerro desde donde se domina un buen fragmento de la majestuosa Sierra Norte. Gabriel entonces era miembro de la organización de campesinos médicos tradicionales  de Ixtepec, denominada Hormigas Trabajadoras. Apenas necesité preguntarle nada.

Yo atiendo únicamente los sábados. Vendemos pomadas, medicinas y plantas tradicionales curativas. Aquí se practica la curación y la prevención de enfermedades. No sólo es curar, curar, curar, y no prevenir. Nuestro enfoque como indígenas es coordinar ese tipo de actividades.

Somos varios médicos tradicionales y nosotros mismos hacemos los medicamentos. Elaboramos tinturas, microdosis, pomadas, jabones y aplicamos masajes tipo asiático y tipo autóctono, totonaco. Tipo.

Pero además entre los compañeros estamos formando nuestro pequeño banco de ahorro, sin depender de nadie. Hasta la fecha estamos registrados como 17 integrantes en la organización, pero últimamente se acercó gente nueva de varias regiones.

Pensamos trabajar en otros proyectos agropecuarios como la producción de plantas medicinales a través de abono orgánico. Somos campesinos normales, dedicados, además de la tierra, a sembrar y cosechar plantas medicinales tradicionales. Sembrar la tierra es lo básico porque de lo contrario no vivimos. Sin nuestra madre tierra no vivimos. Sí no hay plantas no hay oxígeno, nuestra principal preocupación es la gente. Es importante sembrar árboles y sembrar plantas para poder vivir, porque sin comer uno puede pasarse hasta un día, pero eso no sucede con el oxígeno.


Sobre una mesa hay pequeños montículos de plantas trituradas; hojas verdes mezcladas con flores; palos, cortezas.

-- ¿Normalmente qué medicinas utilizan y qué es lo que la gente viene a curarse?

-- Por lo regular, primero mucha gente acude a ver al doctor. Después de espantarse viene con nosotros. Incluso ha llegado gente de la ciudad a atenderse cálculos viliares o males hepáticos. A veces necesitan una operación, tienen miedo y llegan hasta aquí. Y los resultados son positivos. Manejamos todos los aspectos requeridos por la gente. Se realizan diagnósticos clínicos, estamos preparados para eso, y después se receta. 
 
-- ¿Qué tipo de plantas utilizan?

-- Manejamos el tipo de planta de acuerdo a las enfermedades de la gente. Pero son comunes el astafiate, la gobernadora y el cocticomate. La mayoría son plantas de Ixtepec, aunque por ejemplo importamos algunas como la valeriana, la paciflora, el cuachalalate y el matarique, que son traídas del sur del estado de Puebla, de Michoacán o Tlaxcala.

 Las plantas adaptadas y cosechadas en Ixtepec son el toronjil, orégano, tomillo y hierbabuena. También existen las plantas nativas del municipio como el quelite, la hierbasanta, guayabas, papaya cimarrona y el té limón. Hay otras plantas ancestrales como la matanzin y la tepocilla de nombres en náhuatl que son utilizadas.

-- ¿Hacen remedios en líquido o en pomadas?

-- Tenemos aquí nuestros métodos. Contamos con tónicos, jarabes, microdosis, tinturas, pomadas, cápsulas y jabones. Eso hacemos por lo mientras.

-- ¿La gente acude con ustedes porque es más barato o por la efectividad de su servicio?

-- Es más barato, pero también somos efectivos. Un doctor en una consulta puede cobrar 400 o 500 pesos. Pero nosotros cobramos por muy caro 100 pesos. Cuando hacemos promociones viene la gente. Pero en días normales, acude poca gente. Entre semana pueden llegar uno, dos o tres y el sábado son diez.

Un frasco de medicina vale 12 pesos. El precio de la pomada depende de la cantidad contenida, pero alcanza los 8, 10 o 15 pesos y eso mismo ocurre con los jabones. Los jarabes de 125 milímetros cuestan 15 pesos. Elaborar las tinturas lleva un mes, microdosis un poquito más, las pomadas son rápidas.    

-- ¿Compartes la idea de que en Ixtepec está en riesgo la práctica de la medicina tradicional y, en consecuencia, también las plantas?

-- Cuando inició la organización sí. Pero después por la radio y por otras cosas se está dando mucho valor a los conocimientos de nuestros antepasados. Cuando llegó la farmacia alopática se fue abajo la medicina tradicional. Pero como los dos tipos de curaciones se deben llevar de la mano, la mejor en muchas ocasiones es la natural, esto porque los medicamentos de las farmacias ya contienen muchos tóxicos y químicos que consumirlos de más provocan peores reacciones. La medicina tradicional es más lenta, pero más segura y no te provoca otra enfermedad.

Además de espacio, a la organización le hace falta ayuda. Hemos recibido apoyo pero sobre aspectos relacionados con la cultura y no con la medicina tradicional. Hacemos un llamado a Culturas Populares y al Fondo Indígena manejado por el Comité de Desarrollo Indígena del gobierno federal para contribuir a rescatar esa tradición. Para eso es necesario un financiamiento, hasta el momento nulo, para más infraestructura como el jardín botánico.


Y tenemos un pensamiento más grande. Se trata de poder contar en Ixtepec con un consultorio adecuado y con un hospital de medicina tradicional que tenga temaxcal, servicio de hidroterapia, y un espacio para el estudio científico de esta rama.   

jueves, 16 de junio de 2016

Las pasiones colectivas según Mendizábal


El origen de las pasiones colectivas lo dedujo Miguel Othón de Mendizábal de sus apasionadas y minuciosas lecturas del pasado histórico, sus viajes por las sierras mexicanas y el estudio de los vestigios arqueológicos; de ahí se deriva su papel protagónico en el tema de las migraciones del norte al sur del continente y su hipótesis biológica del hambre de sal; también de sus estudios sobre las religiones prehispánicas, el derecho, la cultura y la educación, la reforma agraria y el sistema nacional de salud, de la que fue un crítico especializado. Sus opiniones sobre la creación de un Instituto Indigenista no estaban basadas en la ocurrencia -como sí es visible en protagonistas tan importantes como Rafael Ramírez-, sino en profundos estudios sobre el significado real de la presencia indígena en la cultura mexicana contemporánea, prolijamente expuestos en la bibliografía consignada en los seis tomos de su obra.

El rescate del indio para Mendizábal, siempre analítico y práctico, significaba distinguir los problemas fundamentales: la comunicación, en primer lugar, teníamos que estar comunicados y para eso habría que llevar los caminos hasta las sierras; propone cultivar de alguna forma las lenguas indígenas, sobre las características de la educación en las diferentes regiones de México, que no tenía por qué ser una aplanadora uniformadora.

Es cuando Mendizábal propone observar un patrimonio intangible cuya riqueza serviría para todos nuestros propósitos nacionales. Pero no hubo quién lo escuchara, pues él pronto murió y sus contemporáneos -que después crearon premios, nombres de calles y de auditorios con su nombre-, se encargaron de echarle tierra a sus ideas que, en efecto, contrastaban con las que terminaron imponiéndose en la práctica del indigenismo que, como es fácil suponer, no atañe solo a los especializados antropólogos y a los funcionarios encargados de llevarlo a cabo. Este sí es un asunto nacional.


A través de una visión integral del mundo indígena, Mendizábal tiene la virtud de ser realista. Basado en sus estudios de la historia y la antropología, que incluía análisis de producción agrícola, medicina natural, religiones y mitos; derecho, educación y lenguas, MOM se atreve a hacer una sugerencia original, que hasta hoy nos parecería moderna, sobre observar más detenidamente las características de los pueblos originarios. Comprenderlos. Dejar a la “vida misma” su aceptación o su rechazo. Él quiso hacer una síntesis que convenciera a los mestizos de que las culturas autóctonas eran más interesantes de lo que parecían, y que, al conocerlas, eran muchos los beneficios para el mestizo, pues podría fortalecer su sentido de pertenencia, servirse de ellas, incluso apropiárselas. El mundo originario podría tener otro papel en la conciencia colectiva de los mexicanos, podría ayudar a resolver el insoluble asunto de la identidad, observado desde entonces a través de laberintos, jaulas melancólicas e inconfesables complejos que cargamos, como una cruz, bajo el inclemente sol de la mexicanidad. Pero sus frutos han alcanzado apenas para proferir insultos al portero visitante en los partidos de futbol y desahogarnos tequileramente las madrugadas de los 15 de septiembre.

Se trata de imaginar lo que hubiera sido de México con un indigenismo más co-activo, en términos antropológicos, y que en lugar de mexicanizar a los indígenas, México se hubiera indianizado un poco, como proponía Mendizábal. En los albores del siglo XXI esta parece ser una tendencia de los mexicanos, amplios sectores de México tienden a indianizarse porque es históricamente necesario que busquemos en esa herencia respuestas a preguntas reiteradas sobre nuestra capacidad y los límites de nuestra cultura; el mexicano del mañana estará más completo al haber aceptado su implicación en la genética nacional, y esa, bajo ninguna circunstancia, puede disociarse de sus raíces originarias.


La pobre contribución indigenista miró más bien al lado contrario: no había nada qué conocerles, los indígenas debían asimilarse, hablar español y formar parte del campesinado mexicano. Debían desaparecer como indígenas, convertirse en obreros de las ciudades, ser domesticados como las clases populares de Europa y Norteamérica. Y eso, como podemos ver, no ocurrió.


Miguel Othón de Mendizábal propuso, en el momento clave de la discusión a finales de los años 20, una práctica indigenista distinta a la que finalmente se constituyó en el INI. La marginación a la que este importante antropólogo fue sometido muestra el tamaño del miedo oficial al prolongarse por décadas el boicot a sus numerosos escritos, solo publicados por los amigos de su viuda en 1947, a dos años de su muerte. Fue la única edición de sus obras completas, en tanto que la academia solamente incluyó en sus estudios el trabajo sobre la influencia de la sal en el poblamiento de América, texto interesante, pero relacionado únicamente con  nuestra historia más antigua. La opinión de Mendizábal sobre los problemas fundamentales del indígena y sus propuestas para solucionarlos fue sacada de la mesa de análisis y discusión lo mismo en los institutos que en la academia. 

jueves, 9 de junio de 2016

Evitar que el antropólogo se salga del redil



1

En 2012 intenté infructuosamente titularme como antropólogo en la Escuela Nacional de Antropología e Historia. No es la primera cosa que dejo inconclusa en mi vida, pero sí importante, pues desde mi egreso en el año de 1986 tuve pretexto permanente para estudiar, redactar, corregir y repensar diez veces mi llevada y traída tesis de licenciatura sobre mi admirado Miguel Othón de Mendizábal y su enorme fracaso en los albores del indigenismo institucional mexicano.

Mi tesis: Pasiones Colectivas. Mendizábal y la acción indigenista en México, cuyas discusiones esenciales han sido publicadas a lo largo de los años en este blog, fue enviada a revisión con el famoso antropólogo Andrés Medina, héroe de mil batallas y vaca sagrada de la antropología académica e institucional contemporánea, lo que yo comúnmente hubiera considerado un privilegio pero que en este caso resultó fatal; cometí el mismo error que Ícaro: me acerqué demasiado al sol.

Con inesperada saña, el Doctor Medina no dejó hueso bueno al esfuerzo desarrollado en mi texto, calificando de “insuficiente” todas y cada una de las premisas de la evaluación y encontrando “muy difícil hacer proposiciones constructivas” de ese conjunto de trivialidades y anacronismos que dice haber leído en mi propuesta.

Aquí pongo mi respuesta con los fragmentos esenciales de su crítica. Agárrate.


 A. Medina/Foto de: www.losmacehualtindelmuseo.com

2

Para el doctor Medina “la formulación precisa y puntual del tema de investigación es insuficiente. El tema planteado es ambiguo, “pasiones colectivas” no dice nada significativo, y “la acción indigenista en México” es muy vago, pues, como se advierte en el contenido, no se atiene a una precisión conceptual, ubicada en un contexto teórico específico.”

Las pasiones colectivas es una metáfora de Mendizábal para referir al nacionalismo y basta leer esa referencia en la tesis para entenderla, alude a esa sustancia mil veces nombrada (laberintos, jaulas melancólicas) que representa sentimientos comunes, conflictos, movimientos migratorios, reacciones xenófobas y luchas étnicas que buscan definir a la política como creadora de espacios públicos capaces de guarecer minorías culturales en un entorno mayor. O nacionalismo.

El origen de las pasiones colectivas es un título que atañe a un supuesto mucho más general, que bien podría ser el sentido de la antropología mexicana, desde la conquista y aun antes de ella, cuando las pasiones colectivas son las que definen la relación de conquistado y conquistador que ha prevalecido en México por casi mil años. Las pasiones colectivas de los mexicanos que definen el gusto y orgullo por los valores intangibles de la patria y nuestro paradójico desprecio por lo que somos y representamos en nuestra realidad mexicana.

No veo por qué considerarlo ambiguo, en todo caso figura literaria, licencia lingüística para nominar un importante documento de mi vida, como le ocurre a casi todos los escritores. Tampoco me parece justo viniendo de un escritor, como Medina, que tiene títulos bibliográficos como: “En las cuatro esquinas, en el centro” y “Recuentos y figuraciones”; aplica el precepto bíblico de la paja en el ojo ajeno.


El doctor Medina ve insuficiente mi Exposición   de   aspectos   teórico- metodológicos    y   del   diseño  de  la investigación  (objetivos, conceptos y técnicas). “No hay ninguna referencia puntual a los aspectos teóricos, ni hay un diseño de investigación. Se trata de un texto superficial, una narrativa muy personal sin ningún aparato crítico.”

Me deja sin aliento esa aseveración, y debe dejar a la Subdirección de Investigación de la Escuela Nacional de Antropología e Historia en una situación comprometida. Hay un proyecto de tesis aprobado en donde se sustenta la exposición teórico-metodológica y el diseño de la investigación (objetivos, conceptos y técnicas), que no deseo poner aquí in extenso, pero basta con  mencionar sus parámetros plenamente respondidos: Introducción y razones de la investigación; planteamiento del problema o pregunta central de la investigación o fundamentación; cuerpo de estudio y sus antecedentes; importancia o justificación del tema; aportaciones o aplicaciones de la misma; objetivos; resultados, hipótesis o premisa; afirmación a priori que se pretende probar con la investigación; marco teórico o revisión de fuentes y bases conceptuales (autores, teorías, posiciones o referencias) que situará el trabajo de indagación; metodología o diseño. El proyecto incluye un guión del capitulado o índice tentativo, un esquema y un Cronograma o Plan de trabajo. Por supuesto la bibliografía y fuentes que incluyen 71 obras y ensayos de antropología consultadas, incluido el prólogo de Andrés Medina sobre Gonzalo Aguirre Beltrán y su pobre apreciación sobre Miguel Othón de Mendizábal, así como numerosos reportes periodísticos, reportes de campo propios y elucubraciones en torno a la antropología.

Desarrollo coherente, fundamentado y fluido del tema propuesto insuficiente, dictamina el doctor Medina, argumentando que “no hay un desarrollo coherente, sino una serie de afirmaciones, muchas veces sin sustento. Carece de fundamentos teóricos y metodológicos.”

Entiendo que las características de una investigación incluyen que esté planificada con métodos confiables, que sea original, con datos objetivos, resultados comprobables y verificables y que apunte a principios generales. Con todo respeto creo que mi tesis cumple, en la medida de mis posibilidades, con esas especificaciones: eligió un tema: Mendizábal (MOM) y el origen del indigenismo institucional; Objetivo: demostrar cómo MOM intuyó el error de un indigenismo que no contemplara los atributos de los pueblos originarios y que ahora ”seguimos pagando”, como afirmó Warman décadas después; delimitación del tema en los problemas principales que MOM observó en la aplicación del indigenismo y sus circunstancias setenta años después; planteamiento del problema: el fracaso del indigenismo institucional que no siguió sus sabios consejos; marco teórico: un marco teórico se refiere a las ideas esenciales que forman la base para los argumentos, un argumento global que se apoya en cierta literatura. Mi bibliografía no está ahí de adorno, sino integrada a un texto que busca reflexionar en torno al fracaso del indigenismo, que tenía propósitos relativamente claros y que falló en cada uno de ellos. La metodología que utilizo en la tesis está basada en el análisis de la obra indigenista de MOM, su réplica a treinta años de su muerte en el seno de la ENAH y las condiciones de los indígenas de hoy a través de la visión periodística.
Mi investigación incluye una fase documental o de gabinete manifestada en las setenta obras consultadas y una fase de investigación aplicada en mi trabajo de campo con pueblos originarios en los estados de Puebla, Guerrero, Oaxaca, Veracruz, Hidalgo, Guanajuato, Zacatecas y el Distrito Federal, demostrable en libros, revistas y páginas de internet que resultaron de dichas acciones.
No entiendo las razones para regatear mi esfuerzo de muchos años en el tema indígena mexicano, a menos que sean de otro orden ajeno a lo académico, en donde mi trabajo busca su posición.

El manejo de información  bibliográfica, casuística o testimonial, actualizada y suficiente, del mejor nivel académico le pareció al doctor Medina: Insuficiente. Argumenta que “la información manejada es muy reducida y desigual, la bibliografía es pobre, pues la historiografía de la antropología mexicana posee una amplia y rica producción reciente, la que se ignora en esta tesis, atenida más a una lectura inmediatista de la obra de Mendizábal, sin ubicarla en su respectiva dimensión histórica.

Ya he hablado de la bibliografía y por supuesto no ignoro que existe una producción moderna y rica en Antropología actual, de la que desconozco con toda seguridad la mayor parte. Sin embargo, sobre mi autor hay muy poco. Mi discusión es la obra de Mendizábal y el reflejo en la realidad actual de aquella visión crítica. No es la historia del indigenismo, sino la de Mendizábal y el indigenismo. Mi intención es analizar la obra indigenista de Mendizábal frente al desprecio que mereció de sus contemporáneos y de quienes les precedieron; el miedo, la distancia que hubo que poner entre los entusiastas de la antropología mexicana y la obra de este autor. Hasta hace unos diez años existió un premio INAH a la mejor tesis de licenciatura llamado “Miguel Othón de Mendizábal”, además de la calle frente al Instituto Politécnico Nacional, colecciones editoriales y el auditorio con su nombre ¿no es acaso un despropósito el que no se hayan reeditado nunca sus obras completas y que la única edición existente sea la que hicieron los amigos de su viuda en 1947?

De nada de esto habla el doctor Medina que en cambio me embadurna adjetivos de arriba a abajo. Aunque no resultan dolorosos, sino triviales, quiero detenerme en uno, un adjetivo, que ha llamado mi atención y que refleja, creo, el fondo subjetivo de su antipatía. Habla de mi lectura “inmediatista” de la obra de Mendizábal y en eso permítame coincidir, si vamos a la definición académica del adjetivo. El inmediatismo habla de una interacción libre para autodefinirse frente a la abundancia de regulación y jerarquías. En este mundo que vivimos, donde la nueva realeza son los académicos de alto grado, el inmediatista rechaza el exceso de representación y autorización metropolitana. Así le pasó a Mendizábal y ahora me toca a mí. El inmediatismo, definido por Hakim Bey, que autorizaba a “concentrarse en el presente y extraerse mentalmente de los mecanismos de control social que se le han impuesto”. En efecto, mi modesto manuscrito valora, sobre el rigorismo académico, las relaciones humanas y las condiciones reales de los pueblos originarios de hoy con herramientas como el periodismo o investigaciones llevadas a cabo por periodistas o el propio autor. Y sin desear una práctica antropológica inmediatista, cuántos beneficios traería a nuestro castigado país el que los antropólogos se preocuparan por los indígenas tanto como lo hacen algunos periodistas, medios de comunicación y no pocos librepensadores, gracias a los cuales nos enteramos de su condición, de sus deseos y la desigual situación social que mantienen en sus regiones. Esa información no existe en el trabajo de los antropólogos, aunque el sujeto social sea el mismo. ¿Debemos ignorarla? La única manera de hablar del fracaso del indigenismo institucional es probar, con evidencias periodísticas y vivenciales (sí, autobiográficas), las condiciones en que los pueblos originarios terminaron el siglo XX, luego de más de medio siglo de “indigenismo oficial emancipador”.

La presentación adecuada del aparato crítico (citas, referencias y notas aclaratorias) y consignación de las fuentes de información utilizadas le parecieron al doctor Medina: Insuficientes: “No hay un aparato crítico, se trata de una serie de afirmaciones un tanto circunstanciales y casuísticas; las fuentes de información son limitadas y desiguales, como se advierte en el peso dado a informaciones periodísticas.”

No puedo discutir con suficiencia esta aseveración, con la que coincido parcialmente. Todo en mi vida es inacabado, limitado y desigual, como seguramente les ocurre a muchos de ustedes. Y sobre el periodismo ¿qué decir?, es tan irregular; pero gracias a los medios de comunicación he podido enterarme en las últimas décadas de la condición social, económica y cultural de los indígenas mexicanos. Y sus vidas, despojadas de marcos teóricos, son las que me ha interesado conocer. Los antropólogos y la producción antropológica me proveen de muy pocos elementos relacionados a lo que discuto hoy de los antiguos planteamientos de Mendizábal. Como a él, me interesan las estadísticas y los casos particulares donde se manifiesta un parámetro de convivencia entre el indígena y su contexto. La verdad no entiendo la aversión del doctor Medina por el periodismo, cuando éste es información y noticias sobre los constantes atropellos contra la población originaria mexicana que yo utilizo en mi escrito. Cómo conocer, interpretar y entender hechos como la llegada de la policía judicial al pueblo de Tochmatzintla, Pue., el jueves 26 de marzo de 2009, que demuestran mucho más que una simple represión policial: “Indios de mierda, les vamos a partir la madre” (La Jornada de Oriente 27.3.09), sin acudir al periodismo. ¿De qué otra forma podemos demostrar la razón de las palabras de Mendizábal sino con casos concretos informados por la prensa? Lo único que tengo claro es que con los antropólogos no. No es que haya dado un ”peso” específico al periodismo, sino que es la única forma de hablar de la condición de los indígenas de hoy. Me parece insuficiente la reticencia del doctor Medina.

Respecto a la calificación general que el doctor Medina da a este trabajo, su respuesta es predecible: insuficiente: “No hay una tesis, es decir no hay un planteamiento claro que organize la presentación, no hay una crítica de los conceptos básicos, como lo que es el indigenismo, la política indigenista y la antropología mexicana. Carece de rigor y hay un engolosinamiento de opiniones muy personales, autobiográficas, pero no un discurso sistemático.

Lo que puedo decir sobre lo anterior es que el horizonte indígena mexicano no pertenece a los antropólogos sino a los mexicanos en general. Tal vez mi escrito, en efecto, carezca de organización, de rigor académico y caiga repetidamente en el humor y en la ironía. Pero también creo que hace preguntas fundamentales, esenciales, sobre la hermenéutica que rige el planteamiento antropológico, la ciencia que el doctor Medina defiende con ardor. Creo que la antropología mexicana, o sea, el indigenismo –en realidad no es que lo crea, sino coincido con Mendizábal y sus acólitos posteriores: Bonfil, Warman, Nolasco, et al-, equivocó su elección sobre que no había nada qué comprender y asimilar de las culturas originarias y que los asimilables indígenas tendrían que ser simples mexicanos, ignorantes y manipulables, condenados a un salario de obreros en los suburbios de las ciudades mexicanas. No es un problema de conceptos básicos ni de recitaciones, sino de reflexión, de observación del entorno contemporáneo.
Luego está la experiencia personal (autobiográfica, para el doctor Medina); ahora resulta que las experiencias significativas de nuestras vidas en el entorno del mundo originario o la antropología están proscritas en la academia por quién sabe qué sinuosidades que dicta el doctor Medina. Mi vida como mexicano de casi sesenta años no es explicable sin el horizonte de los pueblos originarios. Nada de lo que diga puede estar disociado de mi experiencia humana. Por lo demás, la vivencia personal es palpable en la antropología clásica desde el mismísimo Malinowski, pasando por Evans-Pritchard, Mead, Levi-Strauss y Clastres.

En los comentarios globales, sugerencias y correcciones pertinentes para mejorar mi trabajo, donde se le pide subrayado: expresar observaciones y comentarios de orden constructivo y propositivo, el doctor Medina se muestra consternado por la mediocridad del exponente, le parece “muy difícil hacer proposiciones constructivas específicas, pues no hay un planteamiento bien diseñado; gran parte del texto me parece trivial, superficial e incluso anacrónico. Las fuentes que maneja son muy limitadas, no hay una bibiografía actual de los temas considerados, como es la discusión teórica contemporánea sobre el estatuto de la antropología mexicana, ni de lo que implica el indigenismo desde la perspectiva de la política estatal.”

Es un tema sensible. No encontré en la “bibliografía actual” opiniones interesantes sobre mi autor: Miguel Othón de Mendizábal, pero lo que hallé tengan por seguro que lo puse en mi tesis debidamente referenciado, como la semblanza biográfica de mi autor y la visión integral de la sociedad nacional que aparecen en el tomo II de La antropología en México del INAH, coordinado por Carlos García Mora. Es una pena que las últimas opiniones interesantes y destacables sobre Mendizábal se hayan expresado en 1970, de acuerdo con mi investigación.

Por poner un ejemplo, podemos ver lo que dice el propio doctor Andrés Medina sobre Mendizábal y por qué no lo tomé en cuenta en mi escrito. Es muy simple: no me pareció relevante como para considerarlo en mi tesis. En “Teoría antropológica y  trabajo de campo en la obra de Miguel Othón de Mendizábal”, que aparece en La investigación social de campo en México, compilada por Jorge Martínez y publicado por la  UNAM, el doctor Andrés Medina afirma que dicha obra “está relacionada directamente con su concepción de los problemas nacionales, con su posición evolucionista y su ideología marxista”. 

Esto me parece discutible, como se puede observar en mi alegato sobre la presunta militancia comunista de Mendizábal. Hay una autora  (Dora Kanoussi) de la ENAH que dedicó toda su tesis para discutir esto, cuando hay tantas cosas interesantes de discutir en Mendizábal. En su favor puedo decir que es la única tesis sobre este autor.

Medina habla de que “los primeros artículos de Miguel Othón de Mendizábal  aparecen en los momentos en que está en sus inicios un fuerte movimiento nacionalista que tiene una actitud utópica y vislumbra la construcción de una nación nueva”. Es la Revolución Mexicana, claro está, aunque es cuestión de enfoque el que estuviera en sus inicios o a punto de cumplir cien años ese movimiento. No queda claro si la “actitud utópica” es del movimiento nacionalista o de Mendizábal.

Como yo mismo lo establezco reiteradamente en mi tesis, Medina afirma que Mendizábal rechaza la opinión de aquellos que rebajan la calidad moral y humana del indio, “pero los diversos aspectos son elegidos de acuerdo con una clara concepción marxista involucrada en su evolucionismo”

Falta meditar en esa insistente reflexión sobre el marxismo de MOM sobre la ideología en que se funda el partido nacido de la Revolución Mexicana, la de sus principales organismos y de sus líderes. Mendizábal tuvo una educación positivista que ve en la ciencia el motor histórico del progreso, basado en una evolución paulatina que culminaría, en palabras de Augusto Comte, en un estado positivo del hombre, o mejor, en un socialismo positivo. Sus ideas se mezclan con las modas, incrementándose su interés por el socialismo debido a las grandes noticias recibidas en los años treinta sobre el “socialismo real” implantado en Rusia. Ignorante, como casi todos en su momento, de los crímenes de Stalin, pero conocedor de la historia, no tiene duda de que la violencia en que ha sido encaminada “la evolución cultural” desde la prehistoria hasta la implacable acción del capitalismo sólo podrá ser modificada “en el futuro, por una organización de vida que permita realizar el progreso material, intelectual e incluso moral, sin castas irredentas y sin clases explotadas”. (MOM II, 1947:440) Hasta ahí llega su comunismo.

Mendizábal, al hablar de dos clases de socialismo: el científico y el de la tercera Internacional, vislumbra genialmente un futuro aún desconocido pero previsible: ese “socialismo real”, como ya le llama, si ejerce una explotación de la fuerza de trabajo del tipo de las clases burguesas capitalistas, “constituirá una economía fascista o hitlerista que, a la postre, es más desfavorable para el proletariado que el libre juego de la lucha de clases dentro de un régimen liberal del más poderoso e implacable capitalismo”. (MOM IV, 1947:381-382)

Sobre si la lucha de Mendizábal estaba encaminada a la creación de un socialismo soviético para los mexicanos, tuvo mucha claridad y cuidado al referirse a ello: país semicolonial, basado en una agricultura raquítica, insuficiente siquiera para sus necesidades internas; con una industria incipiente, mal equipada, a la merced de la protección arancelaria y a los bajos jornales; país de economía centrífuga, minero y productor de materias primas, además de una deficiente organización proletaria, “no está en condiciones de lanzarse, hoy por hoy, a la revolución social”. (MOM IV:382)

Siguiendo el análisis de la opinión del doctor Medina sobre Mendizábal, afirma que en su estudio “la influencia de la sal en la distribución geográfica de los grupos indígenas de México, encontramos la aportación de mayor originalidad en la obra de Mendizábal”. Se podría agregar que sobre todo ocurre si es la única obra disponible del autor.

“Mendizábal hace énfasis en la contribución que tal población (la indígena) hace a las características del moderno país”, esboza sus principales problemas y “para cada uno de ellos ofrece soluciones concretas”, estima el doctor Medina. Pero es en “las artesanías, un campo de la creación que no fue aplastado por los conquistadores, en el que Mendizábal se expresa con mayor originalidad y fuerza sobre la cultura india.” Por desgracia no tiene referencia bibliográfica esta aseveración del doctor Medina, que no comparto en ningún sentido: la opinión de Mendizábal sobre el arte y la artesanía es superficial –él es un economista y un antropólogo estadístico-, por lo demás, encontrar un campo de creación que no haya sido aplastado por los conquistadores es condenadamente difícil, sobre todo hablando de artesanía.

“La conciencia de la responsabilidad ética del investigador social es uno de los rasgos sobresalientes en el trabajo de Mendizábal”, afirma el doctor Medina y esto lo comparto plenamente y lo digo una y otra vez en mi tesis con otras palabras, así como el hecho de que “respeta las formas culturales propias”; eso que ni qué.

Es decir, estas referencias de Medina sobre Mendizábal las leí en su momento y como muchas otras quedaron rezagadas en el material de los lugares comunes, exageraciones o inexactitudes. Hago referencia a muchas otras opiniones que sobre mi autor expresaron decenas de estudiosos mexicanos, fueran antropólogos o no. Pero entre los “modernos”, como reclama el doctor Medina, y perdón por tanta ignorancia, no encontré opiniones interesantes. Me disculpo por no haber buscado más.

Ahora que: apegarse a “como es la discusión teórica contemporánea sobre el estatuto de la antropología mexicana y lo que implica el indigenismo desde la perspectiva de la política estatal”, como lo exige Medina, pues supongo que tiene razón, mi perspectiva es diferente.

A la pregunta de si considera el lector si el manuscrito reúne los requisitos mínimos para ser presentado en examen profesional, el doctor Medina responde que no: “Este manuscrito no está diseñado como una tesis de licenciatura, es un texto con afirmaciones superficiales, sin una propuesta teórica específica, sobre todo que remita a los términos contemporáneos de la discusión. Tiene más un tono periodístico, e incluso autobiográfico, pero no un rigor mínimo en la exposición.”

Estoy de acuerdo en que mi manuscrito no sea un material común entre las tesis de licenciatura que se presentan para Antropología Social. La primera razón es mi edad, que frisa los sesenta; el hecho de que tengo seis libros publicados, cinco de antropología y uno de historia y otros tantos inéditos; en el hecho de que tengo veinte años como profesor universitario –por cierto, de comunicación-, de que corrijo tesis de doctorado y maestría y trabajo como editor. El libro sobre Mendizábal lo he disfrutado de principio a fin en las dos décadas que tengo manoseándolo; aún ahora, con todos estos arrebatos, tengo que confesar que es divertido, emocionante, retador. En ningún lugar dice que el trabajo académico tiene que ser forzosamente aburrido, teórico o mal escrito; en ningún lugar se proscribe la literatura ni el periodismo, en el caso de que fuera tal. Mi texto está cargado de ironía, de tragedia, de circunstancias que competen a todos los mexicanos y no sólo a los antropólogos. Además tiene sentido del humor, seguramente menos afortunado y sistemático que el laureado antropólogo oxfoniano Nigel Barley, pero con la buena intención de hacer reflexionar al lector de que los mexicanos hemos de acopiar toda nuestra tradición humorística para pasar el trago amargo de una frustración más en nuestra historia: un indigenismo hecho para desarticular a nuestros pueblos originarios cuando son ellos el único asidero que nos permitirá convertirnos en algo singular, original, verdadero. Y es con imaginación, con arte, con humor como vamos a lograrlo. Lo contrario al rigorismo, al esquematismo y a la reclamación de exigencias chocarreras que a la hora de reflexionar muchas veces estorban más de lo que ayudan. Tampoco me engolosino. Mis planteamientos, aunque honestos y sinceros, deben contener innumerables defectos. Pero habría que señalarlos con puntualidad, no con adjetivos. El doctor Medina no demuestra nada de lo que afirma. Su lectura es prejuiciada y subjetiva, y en sus breves argumentaciones utiliza adjetivos, no razones. En orden alfabético, Medina encuentra mi tesis: ambigua, anacrónica, desigual (2 veces), inmediatista, limitada (2), pobre, reducida, superficial (3), trivial,  casuística, circunstancial y vaga. No pienso caer en el juego de las adjetivaciones, pero creo que su lectura merecería una consideración igual.

En conclusión, el dictamen del doctor Andrés Medina Hernández es Insuficiente.



3

Solicité desde luego otro lector, otra revisión, pues no podría pensarse en arreglar nada cuando la relación del doctor con mi texto estaba a todas luces viciada. Medina no cumplió con la petición expresa de la academia de detallar ampliamente con fundamentos claros y expresar recomendaciones específicas que permitan al pasante llevar a cabo las correcciones que se requieran; expresar observaciones y comentarios de orden constructivo y propositivo, tomando en cuenta que la imparcialidad es un diálogo sin descalificaciones.”

La academia designó otra persona para una segunda lectura, recayó en una doctora que leyó el texto e hizo algunas observaciones: que había que agregar definiciones convencionales de tópicos como indigenismo, indígena, nacionalismo y quitarle algunos apartados. Cuando lo hice y lo entregué se cumplieron por fin todos los requisitos para la formalización de una fecha para el examen profesional.

Pero mi entusiasmo ya no era el mismo, ya no estaba tan en disposición de formar parte del gremio antropológico mexicano donde figuras centrales como Andrés Medina parten y reparten no solo los presupuestos indispensables para cualquier proyecto sino las concepciones y visiones del actuar antropológico, como lo pude ver en sus recomendaciones. En mi vida he leído muchas tesis de licenciatura con grandes y graves limitaciones de método, sustancia y sintaxis. No recuerdo que ninguno de sus jóvenes autores reprobara o fuera acremente triturado por su revisor. Esos son los licenciados que busca aprobar el doctor Medina: jóvenes y sumisos ante su aplastante fama y cultura, no aspirantes que piensen por sí mismos, que vayan con metodologías heterodoxas y mucho menos que escriban bien. Esos aspirantes son peligrosos para el status quo de los doctores todopoderosos, los nuevos amos del saber.


Más cerca del fin que de la mitad de mi vida, elijo quedarme donde estaba; para qué ser antropólogo titulado si ya la vida se ha encargado de darme mis diplomas en forma de vivencias antropológicas no institucionales; aquí sí ha triunfado la negatividad del doctor Medina que me ha quitado el entusiasmo. Para su desazón he publicado mis ideas aquí y luego lo haré en forma de libro para poner mi equivocado punto de vista a juicio de lectores menos comprometidos con los intereses académicos, pero más comprometidos con su enorme país, este confuso territorio de abundantes pasiones que arrastra siglos de contradicciones y antropologías, aquellas que Mendizábal quiso dilucidar para bien de todos antes de ser aplastado, pero es que el pobre no tenía internet.

jueves, 27 de agosto de 2015

Mendizábal y la influencia de la sal en la distribución geográfica de los pueblos mexicanos


El ensayo en el que Mendizábal trata de demostrar cómo las salineras influyeron en el itinerario de esas migraciones ha sido el único de amplia circulación tras su muerte en 1945. Te presento un resumen.



Para Miguel Othón de Mendizábal la prehistoria y la historia de México se sintetizan en “una oleada de pueblos, tribus y hordas de tres tipos diversos de cultura” que,  procedentes del Norte se dirigen hacia el “mediodía”, obligados por la presión de otros grupos más numerosos o enérgicos, o buscando un clima “más dulce y un medio zoobotánico más propicio a su desarrollo”. (MOM IV, 1947:9-10)

Los cauces migratorios fueron dos, que también explican las diferencias tecnológicas de los pueblos de una misma filiación: una por la vertiente del Pacífico y otra por la vertiente oriental de la Sierra Madre Occidental que, explica en otra parte, es donde se puede percibir claramente “la influencia de los puntos de apoyo salineros en la distribución geográfica de los grupos”. (MOM II, 1947:329)

Las tres corrientes no penetraron simultáneamente al “sistema de valles de México, Puebla, Morelos y Toluca, verdadero crisol donde se condensó una de las más altas civilizaciones del continente americano”, pero fueron iguales en su potencia demográfica y en su trascendencia cultural. (MOM IV, 1947:11)



Primero llegaron los náhoas, los más numerosos, estables y, en consecuencia, “los que ejercieron mayor influencia antropológica, fisiológica y material”. Fueron igualmente los últimos: los aztecas, la postrera tribu de esta filiación, hacia el siglo XII de nuestra Era.

“Los segundos fueron los chichimecas, que chocaron con los náhoas y fueron detenidos en Cuautitlán, de poca significación en tanto aportes culturales, e incluso, colaboración material. La tercera fue la Olmeca, débil numéricamente, pero de cultura espiritual y tecnología superior. No pudieron imponer su lenguaje, tronco común de la familia lingüística maya-quicheana por su reducido número. Su influencia sobre los elementos étnicos que le precedieron, en cuanto al carácter teocrático, fue absoluto y su influencia cultural enorme, incluso para aquellos que poblaron esas tierras mucho tiempo después. Sin embargo su cultura, como tal, fue transitoria. De ellos derivan no obstante las más elevadas manifestaciones espirituales y materiales que se registraron en el curso de los siglos, tanto en el centro de México, como en Oaxaca, Chiapas, Tabasco y Yucatán, marcos geográficos de las altas culturas de México”. (MOM IV, 1947:11)

La conjunción de los olmecas y los náhoas fue bien fácil, afirma Mendizábal, “pues se verificó casi mecánicamente por medio de una yuxtaposición de mitos por afinidad”, quedando con nombres náhoas por ser la lengua dominante. Sería fácil delimitar los atributos de cada una de estas culturas para obtener una idea clara de los dioses primitivos, “anterior a la concreción dogmática tolteca”, pero Mendizábal sólo “sigue” a los dioses fundamentales de las distintas migraciones, con lo cual, dice, “bastará para demostrar la realidad flagrante de nuestra hipótesis”, a saber, la mencionada afinidad entre los pueblos prehispánicos de América. (MOM II, 1947:119)



… hambre de sal.

En su estudio sobre la influencia de la sal en la distribución geográfica de los pueblos mexicanos, Mendizábal retoma sus estudios sobre las migraciones a través de los puntos salineros de las vertientes oriental y occidental. La sal, dice, es una de las “influencias más poderosas” en la distribución de los pueblos pastores y cazadores –los pescadores viven en el mar, fuente inagotable de sal-, y tanto unos como otros, mientras luchan por su territorio, por su dotación de animales de caza o domésticos, e incluso, aunque la desdeñen para sí, “luchan implícitamente por la sal”. (MOM II, 1947:187)

La sal es indispensable para un régimen alimenticio basado en vegetales e innecesaria en la dieta carnívora; mas como no son comunes los pueblos eminentemente carnívoros, y en la mayoría de ellos hay una propensión natural al consumo de vegetales, tanto los pueblos pastores por la necesidad de sus rebaños, como los cazadores, por las costumbres de los animales salvajes, han estado sujetos, también, a la tiránica influencia de la sal. (MOM II,1947:186)

Cualquiera que conozca a los indígenas del centro y sur de México, dice Mendizábal, podrá observar que los vegetales con que suelen complementar sus comidas “no son en realidad sino meros estimulantes de los jugos gástricos y de las glándulas salivales”; es decir, “no van a llenar verdaderamente una necesidad alimenticia, sino una necesidad sensoria, análoga a la de los estimulantes que comúnmente los acompañan: la sal y el chile” (MOM II, 1947:323)

Las civilizaciones indígenas, para Mendizábal, fueron avanzando unas y quedándose en estadios evolutivos medios y bajos, otras. Pero siempre dejando evidente “la tradición de su comunidad de procedencia”; por ejemplo, en las rudimentarias construcciones ópatas-tarahumar-pima con las de la civilización náhua, que será el parangón de todas sus comparaciones.

Mendizábal alude continuamente a una evolución diacrónica de los pueblos americanos, en la que unos quedaron relegados en inicuo avance, mientras otros alcanzaron el esplendor de las ciencias posibles.

“… desde los montículos hasta las pirámides de Teotihuacan… desde las cuencas del Missouri y del Misissipi, hasta la Altiplanicie mexicana podemos seguir paso a paso, en el cauce migratorio de los olmecas, el proceso evolutivo de las pirámides… paralelamente al proceso del estudio de los cuerpos celestes, desde la ingenua reverencia a los seres misteriosos, lumínicos y calóricos que pueblan el cielo, hasta el estudio inteligente de sus movimientos combinados que dio nacimiento a la cronología”. (MOM II, 1947:197)

Las necesidades alimenticias y las posibilidades geográficas dan origen a géneros de vida simples, complejos o mixtos; los géneros de vida producen sistemas y reglas, útiles e implementos “que constituyen, en suma, una cultura”. (MOM II, 1947:185)

Las leyes que rigieron la actitud del hombre frente a la sal, por ejemplo, son las mismas tanto en los viejos continentes como en América. (MOM II, 1947:189)
Todos los grandes centros de civilización de América, así como los pueblos de agricultura avanzada, estuvieron “próvidamente dotados de salinas naturales o de los recursos necesarios para la fabricación de la sal”. (MOM II, 1947:191) El caso de México es particularmente explicativo, dice, por sus dimensiones territoriales, así como la variedad de pueblos que lo habitaron, el estudio de distintas situaciones políticas y económicas; desde la “tribu prepolítica”, la “horda sin arraigo geográfico”, hasta las grandes civilizaciones, el estudio de la sal y la consecuente lucha por obtenerla, ha influido “en el desarrollo histórico de los pueblos, tal vez con la mayor minuciosidad y precisión”; también en la Colonia, donde las minas de plata que demandaban grandes cantidades de sal, hizo que los españoles se vieran precisados a controlar lugares salineros lo más pronto posible. (MOM II, 1947:195)

Para Mendizábal hay ciertas etnias, como los ópatas, los tarahumaras o los pimas, que por “especiales circunstancias” y por el “aislamiento espiritual” en que vivieron, no avanzaron del estado evolutivo que sí alcanzaron los grupos que se les escindieron para marchar al sur. Es más, “retrogradaron notoriamente en cultura al contacto de los grupos nómades y guerreros más primitivos”, como aún en la actualidad es posible observar, puesto que han “permanecido en estado análogo al que guardaban cuando se inició entre ellos la predicación del evangelio”. (MOM II, 1947:88)

Sin embargo, Mendizábal piensa que la relación de los grupos primitivos del Norte y las civilizaciones del Sur “no está basada en similitudes aisladas o fortuitas”; en ellos se pueden percibir “influencias de una misma mentalidad en sus diversos grados de evolución”. (MOM II, 1947:94) De esta forma, insiste en que las “fuentes originales” de las religiones de unos y otros tienen un origen común, a las que estudia con su acostumbrada pasión y profundidad.


Bibliografía

Para este influyente trabajo sobre la sal MOM cita 114 textos que incluyen Atlas, cartas de relación coloniales, documentos del Real Archivo de Indias, archivos parroquiales, Anales y textos científicos. Todos los cronistas españoles conocidos y muchos otros desconocidos, como memorias de almirantes de la Conquista. Destaca que la cita más cercana a su tiempo corresponde al año 1926.:

Mendizábal Miguel Othón, Obras completas, Tomo II y Tomo IV, México, 1947

miércoles, 24 de junio de 2015

Economía y mercado de la alfarería


PARTE DOS

El talón de Aquiles

Ante una ausencia de instancias que certifiquen o valoren la calidad, ésta depende del arbitrio de la suerte o del cliente fijo o esporádico que tiene mayores o menores exigencias, pero en donde la calidad de la pieza no es necesariamente la que marca su precio, sino la oportunidad de venta, la captación incidental de clientes y la oferta frecuentemente castigada por el ofrecimiento del vecino, que trae como consecuencia final una desvalorización del precio de la loza.

El talón de Aquiles de la economía de San Miguel es el precio de sus productos, cazuelas de consumo popular que, ante la desorganización gremial y la necesidad individual que los obliga a negociar de uno por uno el valor de sus ollas con el comerciante, hay una sensación de pérdida en el resultado. Los números que suman la extracción del barro de Las Minas, el molido, amasado, la formación de las piezas, la compra de leña y aserrín, la primera cocción (el jagüeteado), la segunda cocción (el decorado y greteado) y el esfuerzo de venderlas no coinciden con el precio que el cliente les viene pagando al final del proceso. Aunque su versión contrasta con la de los comerciantes, que han visto elevarse sus ganancias con precios locales muy deprimidos, pero una constante demanda de productos a nivel nacional.

Precio justo

Hay gente que conocemos como los viajeros, son los que luego acaparan, compran a un precio muy bajo y lo van a vender a todo los estados. Tiene que haber una comisión que determine los precios. Ahí esta la problemática, apoyarlos en el precio, más que nada. Si hubiera quien los uniera, las tarifas serían más justas. El ejido podría, pero no es su papel, pues la mayoría de los alfareros no son ejidatarios. Hay setecientos ejidatarios campesinos, pero a ellos se agregan trescientos ejidatarios que también son alfareros, son artesanos y campesinos. Y ellos son quienes defienden en las asambleas los intereses de los alfareros, en cuestiones como el cobro de derechos. La problemática está en que también está muy dividido el pueblo, nos falta unidad. Eso pega en los precios, que no tienen un mismo criterio, cada quien da su loza a como se pone el cliente. (Comisariado Ejidal del Ejido de San Miguel, Salustio Bonilla)

Ya no sale

 “Como esta cazuela, nos han dicho, se pone negra la comida y con esta de greta no. Y no entendemos el problema de precio, mire, esta canastita, la vendemos a 25 pesos, por la pintura que está un poquito cara, ya la verda, la gente no la paga, y con esta cazuela de greta, pedimos 20 pesos o hasta 15, cómo nos van a pagar 25 por la canastita. Ya no sale. Esa misma canastita, con greta, mínimo vale cinco pesos en el mercado. Esta cazuela con esmalte, mínimo a 45 pesos tenemos que darla, así que la gente prefiere la misma cazuela con greta que nos compra a 20 o 25 pesos. (Alfarero José Marcelino)

El revendedor es el que gana

Sí quisiera estudiar, hace cuatro años salí de la secundaria y quisiera hacer la prepa, pero el asunto económico no resuelve mucho porque, le digo, acá nosotros vendemos la mercancía los martes y el comprador, el revendedor realmente, la quiere muy barata y la vende a un mejor precio. Él sí sale ganando.  Los compradores llegan y quieren comprar todo muy barato, y cuando se van venden nuestros productos a precios altos. Nunca lo dicen, pero es la realidad. Es el negocio de los vendedores. Por eso a veces nosotros somos quienes salimos a vender, he salido a vender loza con mi papá. (Joven alfarero Ramiro Ravelo Hernández)

Los acaparadores

Es la problemática del pueblo, el acaparador, el vendedor se lleva la tajada mayor, pero en el campo es lo mismo, viene la cosecha y quien se lleva la ganancia, pues el acaparador, que ni siquiera son cercanos, vienen de lejos y comprar a los precios que ellos determinan, aunque hay cierta regulación. Pero es lo mismo. Ahí esta todo el problema en todos lados, el productor pierde. Se supone que les están dando las batidoras y los molinos para producir más, entonces si antes de la batidora les duraba una semana el barro, ahora les dura tres días. Esa mayor cantidad de producción también pega al precio, pues hay más. (Comisariado Ejidal del Ejido de San Miguel, Salustio Bonilla)

Compran y se dicen alfareros

Ese comprador viene y encarga –dice--, y no sólo a nosotros, a muchos alfareros. El viene, encarga y luego llega y se la lleva, trae su camión, y ya no sabemos. Aquí cada quien vende a como puede, unos lo vendemos a mejor precio, otros en menos, no estamos todos de acuerdo, el pueblo alfarero no se pone de acuerdo. Nomás nos vamos guiando a como vamos escuchando, los compradores vienen y dicen, fulano nos la da a tal precio, tú me la quieres dar a otro precio, y ahí es donde nos vamos acomodando en el precio. Aquí nos peleamos con el comprador y convenimos, ni muy alto ni muy bajo, así nos vamos. No tenemos precios fijos a nivel pueblo. Somos muy individualistas, cada quien vende a su conveniencia. Esta cazuela, la damos por carga de 48 piezas, unos la pagan a cuatro cincuenta a quinientos pesos. En la plaza, una por una, a veinte pesos. En Puebla, un poquito más, ahí ya vas a pagar el flete. Yo no he intentado ir más lejos. Hay unos que se dicen alfareros, pero no producen, nomás vienen, compran, se la llevan, y ya se dicen alfareros. Mi papá las producía, y se las llevan en sus atados a Zacapoaxtla, yo no pasé de aquí, soy productor, ya otros que la revendan. (Alfarero José Marcelino)



Martes de plaza

N`ombre, tienen una plaza, se vendía muchísimo, y hasta ahora, cuando quieras ven un martes, pero temprano, amaneciendo, hay hotel, no se preocupe, porque amaneciendo ya están comerciando aquí en el parque. Y trae su cámara, para sacar lo que usté busca.
Lo que llevaba uno, todo lo que se hace aquí. Yo tuve un puesto aquí en la carretera, pero no me gustó, ya estaba acostumbrado a la manejada ¿no?, estar todo el día ahí para vender cualquier cosa. Venga usté tempranito un martes, y verá qué plazón. Vienen de todos lados, de México vienen. (Comerciante de loza Salomón Contreras)

Para hacerlo mejor

La cuestión es que lo que yo produzca realmente me paguen lo que vale. Voy a trabajar, pero a la mejor ya no tengo que matarme para obtener lo mínimo para mi familia. Tal vez con menos trabajo físico, pero con un trabajo más elaborado, pueda yo vivir mejor. Y de esa manera, cuando yo tenga un mejor producto con mejores precios, pues me entusiasmo y lo hago mejor. Pero el mercado a donde yo estoy asistiendo no es el adecuado. (Instructor Cesder Moisés Ramírez Zambrano)

Gobiernos en acción

El carácter individualista de los artesanos de San Miguel, que se analiza más adelante, tiene su explicación en que la producción y mercantilización de sus productos fueron actos de sobrevivencia personal o familiar. Tanto las fórmulas técnicas del amasado y el cocido de sus piezas, como la clientela que fue incrementándose debido al arrojo y el riesgo individual, sólo pudieron reproducirse en familia, lejos de cualquier intento de organización comunitaria.

Por lo uno y por lo otro la alfarería en San Miguel ha crecido como planta silvestre, con nula organización, sin una clara prospección, sin horizonte técnico, ni comercial, ni artístico. Incluso su fuente básica de producción, que es el banco de barro ejidal de donde todos se proveen, es explotada a la buena de Dios, sin planeación y sin un criterio de racionamiento.
Las administraciones de gobierno hablan de organización, de organizaciones. Seferino Ortega, ex consejero del Consejo municipal de San Miguel Tenextatiloyan, afirma que entre 2008 y 2009 hubo 83 grupos organizados por el citado Consejo que contaban con reglamento interno, pero que el cambio de trienio deshizo casi todas las organizaciones. (4) “En el periodo del presidente municipal, Enrique Iglesias Contreras, que abarca del 2008 al 2011, se introducen dos máquinas que sustituyen a la fuerza ya sea de animales de tiro o a la humana: el molino y las batidoras. (…) Un sondeo entre los mismos alfareros afirman que un 90% de ellos cuenta con alguna de estas dos máquinas.” (5)

En el 2011, primer año de gobierno del Ing. Víctor Manuel Iglecias Parra, el Ayuntamiento informa la existencia de 149 grupos organizados, 80 de los cuales pertenecen a San Miguel. La organización de esos grupos probablemente funciona a la hora de recibir los apoyos que el Ayuntamiento reparte año con año a los alfareros, pero no se sabe que sesionen, que se manejen en base a reglamentos, que acuerden precios o políticas de producción. Con todo, el gobierno municipal otorgó este año de 2011 la siguiente lista de productos a esos grupos con recursos del Ramo 33: 101 molinos de barro; 140 batidoras de barro; 238 láminas para galeras; 29 tornos y 14 tapas de horno. Las ayudas abarcaron a 12 comunidades por un monto de 2 582 000.00 pesos, beneficiando a 1 476 personas, 663 de los cuales fueron de San Miguel Tenextatiloyan, 11 de San Francisco, 3 de Cruz Blanca, 12 de San Isidro, 4 de Tepeyac, 7 de Huitzi, 4 de Oxpantla, 6 de Tagcotepec, 19 de Emilio Carranza, 2 de Apantzingo y 1 de Ocopipila.

Las batidoras y los molinos han incrementado la producción de cazuelas, como observa el comisariado ejidal: “lo que estamos viendo es que en los últimos tres años que llevamos, a través de los apoyos que hubo de diferente maquinaria, desde molinos, batidoras, tapas para hornos, aumentó mucha la producción y así también aumentó la extracción de barro”. (6)

Los testimonios de los alfareros sobre la intervención de los gobiernos, sin embargo, es ambivalente: les ha ido bien y no tan bien. Con el gobierno federal su principal relación es a través de Fonart, que en coordinación con el Ayuntamiento ha beneficiado a los alfareros con cursos sobre la sustitución de la greta y el manejo de hornos de gas, que en muchos casos permanece en el escepticismo; con el gobierno municipal la relación ha sido más directa, con ayudas tangibles, como se menciona arriba, por lo que las opiniones de los productores dependen de si se han visto beneficiados o no por algunos de los programas y son, en todo caso, divergentes.

Fonart

En 1994 emiten el decreto para cambiar los esmaltes, quitar el plomo y meter unos que no tengan plomo. Yo, hace diez años me metí en la cerámica de baja temperatura, que es lo que hacemos aquí. Fonart nos compró solamente dos veces. Oiga, pero yo estoy produciendo cosas de calidad, vajillas y cosas así. “Sí, sólo que nada más se les compra por el hecho de haber entrado a los cursos de capacitación de sustitución del plomo, ya para ventas posteriores tienen que entrar a otra área, tienen que hacerte un estudio” y bueno. Pero cuál será la sorpresa cuando uno ve que gente que trabaja en Fonart tienen  negocios en cerámica y que son los ganones, son los que venden más. Gente que está encargada de la administración técnica, pues tienen ahí sus negocios. Uno, como no tiene contactos, como vulgarmente se dice, no tiene palancas, queda fuera.

Las piezas que elaboramos en este taller educativo están enfocadas para otro mercado, no se puede vender aquí en los puestos de la carretera. De hecho, a la mejor pecamos de modestos, pero creo que hemos entendido aquí, en el Centro Alfarero, que la capacitación debe ser integral. No nada más para enseñarles a decorar, hay que enseñarles a hacer sus pinceles, hay que enseñarles a que esa creatividad que tiene dormida, que la saque. (Instructor Cesder Moisés Ramírez Zambrano)

Vean nuestras necesidades

Que el gobierno se fije más en la comunidad alfarera, que pongan un poco más de atención a sus necesidades, igual que como lo hacen en otras partes. Estamos aquí con la necesidad de que se nos apoye, que se busque la manera de hacerlo en sus posibilidades, que no se deje al abandono la cuestión alfarera que, después de todo, también pueden salir cosas interesantes, algunas piezas muy buenas, incluso artísticas. Pero no tenemos un escaparate, eso es otro problemas, no tenemos dónde ponerlas, que las vea otro tipo de gente, que las vean en otro mercado, pero primero hay que hacer las piezas para lograr eso. Necesitamos apoyo, hay muchísimas maneras de apoyar al alfarero. (Alfarero Alejandro Rivera de los Santos)

Que vean cómo vivimos

Lo importante es que nos echaran la mano en verdad, que no pase el tiempo. Porque a veces nos hacen promesas, que vamos a apoyar a la alfarería, a la artesanía, y sí apoyan, pero no como debe de ser. Es un municipio marginado, de bajos recursos, pobre, se necesita el apoyo del gobierno, de las dependencias, nosotros estamos en la mejor disposición, es lo que esperamos, que nos echen la mano. Que haiga maquinaria, pos gente así como ustedes que vengan a enseñarnos, pero que vean qué hacemos, que el gobierno diga los vamos a apoyar, pero que investigue qué en verdad hacemos, qué es lo que nos hace falta. Qué le pido al gobierno: nosotros ya estamos avanzados, ya sacamos el producto sin plomo, entonces, ya sabemos trabajar… Nos hace falta aquí a nuestra familia un horno de gas para estar al cien por ciento. Nos hace falta buscar más mercado, donde ya directamente entréguemos para no andar malbaratando nuestro por ducto que ya está bien hecho, que ya no contamina, que ya no tiene plomo, necesitamos alguien que nos diga, gente de fuera que nos conozca más, que nos ayude a buscar mercado para nuestras artesanías. Ahora nosotros mismos lo hacemos, nosotros lo vamos a vender, así no avanzamos.
La gente tiene ganas de trabajar, pero necesitamos ayuda del gobierno, para que los trabajos sean menos cansados, para que nuestro trabajo sea reconocido, que tengamos mercado, porque no tenemos quién nos compre. Ahí es donde necesitamos la ayuda.
Estas ollas las damos a cincuenta pesos, por eso hace falta que la gente valore nuestro trabajo, y saliendo sí lo compra. Necesitamos apoyo económico, con un bajo porcentaje, financiamiento para talleres, necesitamos que venga gente de gobierno y vea cuál es el nivel, que vea la realidad, que vea cómo se vive aquí. (Alfarero Andrés Bonilla)

Nunca me han tomado en cuenta

Al menos hasta ahorita nunca me han tomado en cuenta. No sé por qué, tal vez porque soy muy exigente. Yo he recibido capacitaciones pero por mi propia cuenta, he buscado por todos lados, pero no, nunca he tenido la oportunidad de que me apoyen. Más que nada yo necesito ayuda económica para mejorar mi horno, porque es demasiado trabajo para mí, el horno no llega a la temperatura que debe de llegar. Espero que algún día alguien me escuche, es lo que yo deseo. Más que nada que nos escuchen a nosotras como mujeres, invitar a más personas, a los funcionarios, que nos echen la mano y que nos apoyen, porque vienen las campañas y nada más nos prometen y a la mera hora no vemos nada. Y yo quisiera ver y creer. Yo he esperado algún apoyo pero nunca se me ha concedido. Lo único que me dan es Oportunidades, pero cuánto me vienen dando. Bueno, como quiera es algo, pero al menos yo necesito maquinaria. Mi equipo, vamos. (Alfarera Gregoria Rojas Jiménez)

Que se cumpla

Aquí nosotros lo que nos falta es platicar para poder moverse, para ver si se puede mejorar el trabajo ya, como en Dolores Hidalgo, donde tienen todo. Lo que necesitamos es capital para poder movernos. Hay que hablar claro, tratan de ayudar pero no deben aprovecharse, se trata de ayudar a la persona para que se mejore. Ya hasta el último, si ya se mejoró, pues muchas gracias. Pero que sea de a de veras aquella voluntad, que ayuden. Prometen muchas cosas, llegan a un pueblito y que van a hacer esto,  “apóyenme”, y hasta el último: no hay nada. Entonces que se cumpla. Por eso a veces nos desanimamos, eso de que nos den ánimo y no se hace nada, pues mejor no hacemos nada. Eso es lo que pensamos, que sea una cosa que se cumpla lo que están diciendo. A veces nomás nos vienen a engañar. (Alfarero Bernardo Arriaga Degollado)

Cómo ayudarnos

Bueno, en mi caso, pues quisiera que nos ayude con algunos recursos para seguir adelante. Algún recurso o, por decir, alguna tarraja, todo eso, que es para trabajar, hacer algunos moldes. Esa es nuestra ansiedad, nuestro deseo, a ver si nos pueden ayudar.
Si me ayudaran, por ejemplo, haría una galera para poder trabajar, porque ahorita trabajamos en estas galeritas que son de lámina de cartón y en cualquier momento que llega una granizada, si hay material adentro, ya se perdió. Entonces, si nos dieran un recurso lo utilizaríamos ahí. Con una tarraja para poder seguir trabajando, o algún torno ya eléctrico. Y con lo demás, por decir, ya el material, como es la greta, pinturas y eso. También un horno, cómo no. En este caso el horno es para hacer las quemas y sacar la loza. Ahorita tenemos un hornito común y corriente, entonces si hubiera manera de tener uno más mejor, con ladrillos refractarios, todo eso mejoraría. Eso es todo por el momento. A la mejor, enseguida, si ya hubiera alguna capacidad, usar otro tipo de material ¿verdad? Podría trabajarse con esmalte, pero para eso necesitamos que nos preparen. Por ahora este horno no da la temperatura para quemar esmalte. Pero la galera es lo más importante, pues viene una granizada y ya no podemos trabajar. (Alfarero Flavio Arriaga Degollado)

Piensan ayudar pero no

El problema es que el dinero del gobierno ya viene destinado para algo, etiquetado como le llaman. Es más fácil pensar en un piso firme o un cuarto adicional que darse cuenta de la problemática que implicaría la sustitución de un horno, que resolvería el problema de sustituir el plomo con el esmalte.  Es falta de conocimiento de lo que requiere la población. Si la población se dedica, pienso yo, a hacer sombreros, ah, bueno, vamos a ver qué es lo que necesitan para hacer más o mejores sombreros. Pero no. Vienen y ponen el techo de alguien y piensan que con eso va a mejorar la familia y no es cierto. (Alfarero Zinoé Miranda Rojas)
La política y la alfarería
Se requiere que la presidencia auxiliar, que la presidencia municipal haga algo al respecto. Yo no he visto en la autopista un anuncio donde se diga aquí se produce alfarería: macetas, vajillas, “aquí es San Miguel, la tierra de la alfarería”. En el sistema de comunicación del estado, que tiene radio masiva en todo el Estado, la presidencia nunca ha dicho voy a invertir una lana para que se dé a conocer mi municipio. No, no hay nada. Ahora, por ejemplo, muchas veces lo vemos desde el punto de vista político: qué es lo que reditúa más, pero al político, no a la alfarería. (Instructor Cesder Moisés Ramírez Zambrano)

Obras y transparencia

El gobierno dice: invierto cien millones de pesos, doscientos, veinte millones, un millón, no importa, pero no hay una manera de darle seguimiento a si realmente se aplicó donde dijeron que se iban a aplicar. El que invirtió el dinero dijo: me gasté cien millones de pesos, cuando en realidad invirtió diez millones. ¿Y lo demás? Ah, pero está justificado ¿eh? Cómo le puedo decir que no, si me está comprobando con papeles lo que invirtió; sí, en papel, pero no en los hechos. Entonces es un círculo vicioso porque el alfarero no ve esa inversión, no le llega. El viejo cuento de: “a mi póngame donde hay”, ya no importa el color político.
Aquí, desgraciadamente, ha habido casos donde la gente, cuando lo manifiesta, se le dice “eso no es así”. Hace cinco, seis años, en mi pueblo, fui comisionado del agua potable. Solicitamos cuatro kilómetros de tubería, una bomba nueva y una caja de agua. A la mera hora nos salen con que no alcanzó. “Te vamos a dar dos kilómetros y medio porque no alcanzó”. Pero yo le digo: pues sabes qué, yo creo que está muy sobrevaluada la obra. “¿Y tú cómo sabes, me vas a enseñar a mi?” Pues no sé mucho, pero sí sé que no se gastó bien; es más, aquí tienes una cotización, tú estás pagando diecisiete pesos por tubo, cuando en realidad cuesta ocho. Llévate la lana que quieras pero cumple con la obra. Cómo es posible que ya se esté haciendo la obra y ahora salgan con que no hay dinero. Mira, pido una suspensión de la obra, que se revise. “Mira, si tú haces eso, me llevo la pobra a otro lado, hago una asamblea y digo que por tu culpa me la llevo, me estás faltando al respeto y me la llevo”. Pues tómalo como quieras,  a mí el pueblo me puso para defenderlo, no para estar de acuerdo contigo. Pero muchas veces uno arriesga hasta el pellejo al hacer eso. Desgraciadamente no hay mecanismos reales y efectivos donde yo pueda decir: sabes que, el presidente municipal dijo que costó tanto y no costó eso. “Ah ¿quién fue el que dijo eso?”, no, pues que Fulano. Aquiétamelo, y en cuanto puedan, aplíquenlo. Que quiero una ayuda en la comunidad “no, no hay”, entonces muchas veces, para todo: divide y vencerás, que es lo que han hecho los partidos. “Estamos en el poder, cada quien tiene sus allegados, los que realmente se van a beneficiar, y los otros no existen porque no me apoyaron”. Por desgracia la gente, cuando llega a presidente o llega a diputado, se comporta así. (Instructor Cesder Moisés Ramírez Zambrano)

Problemas principales

El principal problema para la gente que se dedica a la elaboración de artesanías son los recursos económicos, es gente que se autoemplea y ahí generan cierto ingreso para mantener las familias. A veces se dificulta cuando viene el cambio de clima, se nubla y ya no se puede trabajar, se estanca la producción; después de eso, como que ya se saturó mucho el mercado de artículos de barro, y eso hace que ya los precios anden muy por debajo de lo que debe de ser su costo normal. Porque se va uno a vender precisamente en lo que llamamos bodegas, hemos visto que llegan a ofrecer el producto y no se la compran a uno. Inclusive hay aprovechados que les dicen: “déjamela y te la pago a tanto”, o “déjamela y te la pago en quince días”, lo que es un problemas para el alfarero porque ya no tiene ingresos, ya no les llega, hasta los ocho días, si les va bien les paga, sino nada. Eso es el problema más grande, vemos que el mercado se saturó de esa artesanía. (Presidente Auxiliar de San Miguel Tenextatiloyan, Bulmaro Iglesias Contreras)


4) Manuel Luna Angoa, "Cambio sociocultural, innovaciones tecnológicas en grupos domésticos dedicados a la alfarería, San Miguel Tenextatiloyan. 2010-2013" BUAP, Colegio de Antropología Social. 2011, p. 4
5) Ibid., p. 4

6) Ibid., p. 7