domingo, 14 de octubre de 2018

Venimos a trabajar y vamos llegando


La colonia La Peña, en el norte del municipio de Mixquiahuala de Juárez, Hidalgo, se alcanza tras tomar la carretera México-Laredo hasta el quicio mismo del Valle del Mezquital. Los pequeños propietarios que siembran básicamente ejote, reciben a familias jornaleras provenientes de los estados de Guerrero, Morelos y Oaxaca. Todas estas tierras son regadas con aguas residuales del Distrito Federal, por eso está prohibida la siembra de hortalizas, aunque en este mes de agosto de 2012 se ve bastante maíz y no pocos campos de alfalfa regados con eficientes máquinas dispensadoras de agua. Pero aquí lo fuerte es el ejote, a eso vienen los jornaleros agrícolas con sus numerosas familias, los puede uno ver descansando a la sombra de las casuarinas que proporcionan una modesta y solapada sombra al mediodía.

La profesora Ana Lydia Benítez Hernández, egresada de la Universidad Pedagógica Nacional, me recibe en un salón del Preescolar del campamento La Cruz en donde procura la educación a un grupo de niños móvil, de tiempo parcial, trabajadores del campo sin apenas apoyo de los padres, migrantes temporales que se emplean como jornaleros en las cosechas de ejote y maíz.

¿Qué la tiene trabajando en este lejano lugar, maestra?

Me acabo de inmiscuir al programa, pero mi hermana lleva diez años aquí, entonces no me era desconocido el programa, yo ya sabía cómo trabajaba por mi hermana, me platicaba qué es lo que hacía, entonces no se me hizo tan complicado; a la mejor el idioma, la lengua de los niños, en este caso porque había niños que no hablaban español, pero me apoyo con otros niños para que les puedan traducir.

Platíqueme del programa.

El Pronim es un programa muy ambicioso porque sirve a los niños sin ningún lucro, son niños que también tienen la necesidad, quieren seguir preparándose, y si yo puedo contribuir a esa formación, a poner un granito a mis niños, aunque sea que puedan sobresalir terminando primaria, ¿por qué no ayudar?

Yo le voy a hablar del reto del preescolar de aquí. El reto en preescolar es que tengamos un libro que nos apoye más, lograr que los niños sean más independientes. Yo creo que a los niños los he hecho más independientes, he logrado que los niños canten delante de personas, he logrado que los niños bailen frente a las personas, hay muchas cosas que se han logrado y eso lo que voy a seguir haciendo, si seguimos trabajando y ponemos ese empeño. Yo bailo, canto, me pongo de cabeza para que ellos despierten y se contagien de la alegría de la escuela.

¿A qué libro se refiere, profesora?

Cuando le hablo del libro, un libro que esté más adaptado a sus condiciones: ¡un libro Pronim! Nosotros tenemos guías, pero, por ejemplo, en caso de preescolar, siento que la guía no está muy bien adaptada al contexto. Sí, tenemos la guía y nos proporciona ciertas fichas, pero no cubre las expectativas. Entonces yo me refiero a cuando trabajamos con el libro oficial que, claro, no toma en cuenta las características de nuestros niños, pero es con el que trabajamos. Pero sí sería bueno contar con un libro que sea para ellos, exclusivamente para ellos y que realmente, pues, tomen en cuenta estas necesidades.

Platíqueme de sus niños.

Ellos se van a trabajar con sus papás, la mayoría de los niños pequeños se va con sus papás. ¿Qué hacen?, hay niños, por ejemplo, que sí trabajan; muy pequeños, de cinco años; hay niños que vienen y me platican: fuimos a cortar ejotes. Ellos también cortan ejote, pizcan elote. Pocos niños son los que no lo hacen. Muy pocos niños son los que no llegan a cortar. Pero sí, ellos también cortan a pesar de su edad. Imagínese, cómo no venir a dar lo mejor de nosotros. Yo sé que ellos vienen cansados, vienen: ¿maestra, me deja ir a comer? Claro, ve. Se van a comer. Regresan. ¿Qué sigue, maestra? No los puedo detener, porque es ilógico. Maestra voy llegando, pero voy a ir a comer. Sí, ve a comer, aquí te espero.

¿En qué se diferencian estos niños de los de escuelas regulares, profesora?

El contraste con los niños de escuelas regular es muy grande, pero metodológicamente menos. Con los niños migrantes llegamos, saludamos, pregunto: ¿cómo estamos?, ¿qué hicieron?, me platican. Cantamos, buscan su nombre en su sillita, porque ya lo identifican, les pregunto qué día es hoy, que día fue ayer, hacemos el ejercicio de recordar, qué hicimos ayer. Que los monitos, maestra. Se refieren a que jugamos a las sombras en la pared. Entonces con esas temáticas ya se empieza a trabajar, le damos continuidad a la actividad de lo que hicimos un día anterior. Pero el aprendizaje es igual, su nombre, los números, las palabras, porque ya no son letras, sino palabras: puerta. Tampoco sílabas, sino palabras concretas: ventana, ¿qué dice ahí? Ventana. Puerta, carro, pizarrón. Procuramos etiquetar los nombres de las cosas para que ellos vayan reconociéndolo, pero igual se trabaja.

¿Cuál es el papel de los papás en todo esto, maestra?

Nosotros qué más quisiéramos que los papás nos apoyaran, pero ellos cumplen con ir a trabajar y trabajan, trabajan mucho, me impresiona cómo trabajan. Se lo avientan corridito, por eso no vienen a la escuela, nada más vienen los niños, llegan solitos, no vienen a dejarlos, no vienen de la manita. Viven cerca la mayoría, otros más retirado que vienen con sus hermanitos más grandecitos. A veces cuando nosotros llegamos a mandar llamar a un papá, sí vienen, pero llega, se para y ¿qué quiere? Pero hay otros papás, que es la gran mayoría, que están muy cerrados. Por ejemplo, la mamá de esta niña sí viene, pero una vez al mes. Digo, bueno, al menos la señora procura venir. No es que tengan miedo, pero sí son desconfiados. Son desconfiados. Desconfiados en el sentido de que no cualquiera viene, por eso nosotros vamos y les explicamos. Llegamos hasta sus casas y nos presentamos, les decimos que somos las maestras de Pronim, que por favor nos manden a los niños a la escuela, y ya nos van identificando, “ah, esa es la maestra”; los más grandecitos también nos anuncian cuando nos ven venir: “ahí vienen las maestras”. Entonces los papás nos ven. Pero si llega una persona extraña son muy callados, no le cuentan más que: venimos a trabajar y vamos llegando.

¿Cuáles son sus principales necesidades?

Necesidades muchas, a la mejor un salón amplio. Yo quisiera tener mi salón súper bien, ahora lo comparto con otras dos maestras y sus grupos, pero nos vamos adaptando con lo que tenemos aquí, finalmente no nos quedamos con los brazos cruzados, buscamos la manera y nos adaptamos “a”. Pero si usted me pregunta qué es lo que quiero, pues eso es lo que yo quisiera: un salón, más material, aulas para cada grado.

Platíqueme del lado agradable de estar aquí en La Peña.

Mi satisfacción más grande es ver a los niños que se desenvuelven, que vengan y que vengan contentos, que digan: maestra, vamos a cantar, sí, vamos a cantar; maestra, vamos a bailar, sí hija, vamos a bailar; que ya les interese estudiar. Maestra, vamos a trabajar en la libreta. Sí, hija, vamos a trabajar en la libreta. Que lleguen y empiecen a interesarse por la escuela, que quieran progresar; nosotros aquí les preguntamos a los chiquitos: ¿qué quieres ser de grande?, ellos a veces todavía no se ubican y dicen que cortar ejote, le decimos: no, hijo, mira, hay cosas… y les empezamos a platicar, que ellos vean que hay otras cosas, y aquí se los estamos proporcionando, aquí les estamos diciendo eso. Yo quiero ser como tú, maestra. Bueno ¿quieres ser maestro? ¿Me falta mucho?  Sí, hijo, sí te falta mucho, pero lo puedes lograr. Pero al menos ya empieza a decir quiero ser como tú. Es un gran, grandísimo avance.

Muchas gracias, profesora.

Gracias a usted.

 .

miércoles, 10 de octubre de 2018

Hermanas por la educación



Para Abel Aguilar, que me llevó con sus mujeres

En torno a la mesa del comedor seis mujeres me reciben para hablar de sus experiencias en el magisterio. Cuatro de ellas son maestras jubiladas: Yolanda, Estela, Juana y Martha Galeana Tabe, su hermana Bertha y su madre Victoria Tabe, maestra culinaria que me demostró su doctorado al darme a probar unos deliciosos Yeprajes.

El origen

VICTORIA TABE, MAMÁ: Ay, señor, pues yo vine aquí a las edad de seis años, en 1923, llegamos de Siria. Yo nací en Rusia, en un pueblo de Rusia, estuvimos allí mucho tiempo, luego en Francia. Ya, en 1923, venimos aquí a Puebla, directamente de Siria, que era nuestra tierra, donde había una guerra. Hablábamos sirio-caldeo. Aquí crecimos y la ciudad era muy distinta. Había carretas de caballos y muy pocos coches. Vivíamos en la 5 de Mayo y el Paseo Bravo estaba lejísimos. Dicen que inventamos el taco árabe, pero en realidad es de unos… ¿cómo se llaman? unos “harbanos”, pues nosotros no sabíamos hacer nada cuando llegamos. Entonces estas personas le enseñaron a un pariente el taco árabe. Empezamos a hacerlos, el primero fue el papá de mis hijas, era muy trabajador, y pusieron una taquería llamada La Oriental. Actualmente son mis sobrinos los propietarios. Pero la primera taquería fue la Bagdad en la 2 Poniente, primero en Catedral y luego en la 2 Poniente. Ahí puso el papá de mis hijas y su hermano una taquería: Bagdad. Ahí está todavía, con los sobrinos. Así es que de ahí empezamos a trabajar.

Es una satisfacción muy grande tener a cuatro maestras. Vivimos mejor, porque cuando estudiaron costó mucho trabajo porque no había manera, pero gracias a Dios salieron mis hijas adelante porque ellas pusieron mucho empeño. Gracias a Dios estoy satisfecha.

Nace una vocación

ESTELA: Nosotros convivimos cuando éramos pequeñas con maestros. Una familia muy allegada a nosotros. Por cierto, una integrante de esa familia, fue amiga de una hermana de nosotros que falleció, Olga, que era la mayor. Entonces nos interesó mucho la carrera de maestras porque vinos el desenvolvimiento de esa familia y nos interesó.
A mí, en lo particular, una de ellas me dio clases. Antes de que entrara yo al kínder ella me enseñó prácticamente a leer, de ahí nació nuestro interés por el magisterio. Y créame que nos agradó tanto ver a esa familia, que nos invitó a estudiar esta carrera, de la cual nunca nos arrepentimos. Ahora ya estamos jubiladas, pero de ahí nació el interés por el magisterio.

YOLANDA: Yo fui la primera que empecé entrando a la Normal  y a mí gustó mucho la carrera. Y como ellas vieron que a mí me gustó, pues me fueron siguiendo. Fui más o menos la guía de ellas, porque yo fui la que empecé. Es una carrera muy bonita y no nos arrepentimos de ella. Lo que más extraña uno como jubilado son las risas, los niños, los juegos, las caricias y el gusto de estar cerca de los niños. Es lo más bonito que puede haber en la carrera de magisterio. Yo, cuando me jubilé, estuve a punto de enfermarme, porque a mí me gustó mucho la carrera.

JUANA: Desde que salí de la Normal, quizás antes, porque ya lo traía yo de vocación. Sobre todo en los niños, donde se refleja la maternidad. Los niños son el futuro, el futuro de la nación y están en nuestras manos, los moldeamos nosotros. Llegan como un papel en blanco, sin saber nada, entonces los vamos moldeando, como plastilina. Ya, los vamos llevando. Yo siempre tuve primer año, toda la vida.

MARTHA: La motivación que experimentaron mis hermanas fue la  misma mía, en la práctica el estar con los alumnos, el convivir con ellos hace más grande ese amor, esa entrega total. La ilusión más grande era empezar a trabajar, empezar a convivir con los alumnos. Y así fue, lo hice en mi primer año de trabajo, en Atlixco, en la escuela Lázaro Cárdenas, con niños de primer año, 78 alumnos en aquel entonces. En Atlixco, en aquellos años estaban las fábricas en su apogeo. La fábrica de Metepec, la de la Concha, la Concepción, es decir, que Atlixco se movía por el medio obrero. Teníamos alumnos de todos los obreros que estaban por ahí. Claro está que en ese tiempo veíamos muy bonito a Atlixco, todavía lo está, pero hoy ya no se mueve, ya no existe la influencia de las fábricas de ese tiempo.

JUANA: Estudiamos las cuatro en la Normal del Estado de la 11 Sur, del Paseo Bravo. Al salir yo me fui a un pueblito que se llama San Lucas el Grande, que pertenece a San Martín Texmelucan. Mi primera impresión es la de llegar y ver una escuelita chiquita, “qué voy a hacer acá”. Pues ya, teniendo el material humano se desenvuelve uno y lo primero que uno hace es entablar con los niños una amistad, para que ellos no le tomen a uno miedo de ver una persona extraña y mayor. Entonces entablamos una amistad desde el momento en que nos entregan a los niños. No somos maestra y alumnos, somos amigos. Siempre fui de amistad, no fui de una tiranía o una autoridad, amistad de maestro y alumno, con su distancia.

YOLANDA: Cuando salí de la Normal mi mamá me fue a dejar a San Martín. A mí se me hizo que era un lugar lejísimos a donde me habían mandado. Como estaba joven y un poquito tonta, pues nunca había salido de Puebla, mi mamá me recomendó con unos maestros que conocía allá. “Que se vaya con ustedes, que la acompañen, que la lleven”. Y así fue como empecé a tener amistad con los maestros, con los niños, con los padres de familia. Así fue como estuvimos.  Llevé yo un portafolio y ahí empezaron a  decirnos qué material era para trabajar. Muchas veces uno se arrima a los maestros mayores para que la vayan ayudando a uno, porque no sale uno con la experiencia de un maestro. Uno sale con lo que le enseñan en la Normal, pero ya el maestro se va haciendo en el trabajo, en la práctica.

No todo es miel sobre hojuelas…

ESTELA: Lo mío fue diferente, porque yo para que me dieran mi plaza dilaté dos años, entonces, cuando a mí me mandan a Cholula, junto a un grupo de jovencitas maestras, nos dicen que vamos a ir a fundar una escuela. Yo fundé una escuela, no crea que un edificio nuevo, no, era un edificio antiguo. Antes estábamos separados el sistema federal y el sistema estatal. Mi hermana Juana y yo respondemos al sistema federal. Y mis otras dos hermanas al sistema estatal. Llegamos a fundar una escuela, que era la antigua Bonilla, pero ahí no teníamos alumnos, sino que nosotras fuimos al mercado a sentarnos a captar alumnos, porque no teníamos ni uno. Ahí estábamos sentados en el mercado, unas nos poníamos a escribir, y las otras a hacer proselitismo. Llegábamos y les decíamos: “Somos maestras, venimos a fundar una escuela. Ustedes la conocen como la antigua Bonilla que ahora se va a llamar Celerino Cano, nosotras venimos con la finalidad de que vayan, que nos tengan confianza, que manden a sus hijos, no los vamos a defraudar”. Pues la mayor propaganda fue en el mercado, dos semanas y captamos muchos. El primer año que yo tuve fue primer grado, tuve alumnos hasta de 14, 15 años. Y nos lo permitieron. Ahora no, no permiten eso. Pero nos lo permitieron porque apenas estábamos nosotras fundando esa escuela. Así pudimos captar la población escolar, doce o trece alumnos por cada grupo. Luego fuimos incrementando los grupos a través del tiempo. Mi situación fue un poco diferente que la de mis hermanas, porque yo no tenía alumnos que correspondieran en edad cronológica a la edad escolar, pero fue bonito, porque ahí tuve diferentes experiencias. Una vez fui a la gasolinera y un señor de bigote que me dice: “Usted fue mi maestra de primer año”. ¿Dónde? “En Cholula, cuando empezaron. Se acuerda usted, andaban en el  mercado…” Esas experiencias son muy bonitas: el llegar y fundar una escuela, el que los padres de familia le tengan a uno la confianza de poner en manos de unas jovencitas que andan en el mercado consiguiendo alumnos para su escuela. Ahí estuve cinco años, después a toda la escuela nos pasaron a la Chicalotera, que es actualmente por Salubridad. Eso eran sembradíos, ahora está Salubridad, antes nada más exclusivamente la escuela rodeada de milpas. Pero ahí ya nos fuimos a un edificio nuevo. Y como siempre, uno estudió por el cariño, el acercamiento hacia los alumnos, que yo le voy a decir, no sé si esto lo edite o no, pero en ciertas ocasiones no siempre es uno bien correspondido, ni con los padres de familia ni con los alumnos. Es mucha la entrega, el apostolado del maestro con los alumnos, y en algunas ocasiones, aunque no trabaja uno con la finalidad de que sea recíproco el pago, hay situaciones que le duelen a uno, ciertas actitudes a veces de los alumnos y a veces de los padres de familia. Así como habemos maestros que muchas veces no sabemos corresponder a la confianza que los padres de familia nos dan. Pero sí, en ciertas ocasiones, duelen las actitudes.  Por ejemplo, una vez, y ya aquí en Puebla, a mí me tocó, porque casi siempre tenía sexto año, una vez me tocó el vestuario de los alumnos, ya ve que es lo que se estila. Y llega una señora que no fue a la junta general. Ese siempre fue el error de los padres de familia, no asistir a las asambleas y discutir sin bases. Llega una vez una madre de familia y me dice: “maestra, vengo a ver por qué razón le van a poner este vestido a mi hija”. Le digo: señora, ese vestido se le va a poner porque fue el que se acordó en junta de padres y maestros. “Pues no estoy de acuerdo”. Bueno, si no está usted de acuerdo, hubiera asistido a la junta. “No tengo tiempo”. Pero agresiva, agresiva. “No tengo tiempo de venir”. Entonces le digo: si no tiene usted tiempo, ni modo, tiene usted que unirse a la decisión de los demás padres de familia. “Pues no, y sabe lo que le voy a hacer, la voy a ir a acusar a la SEP”. Por qué esa es la amenaza. “La voy a ir a acusar a la SEP”. Vaya usted a donde guste y acúseme con quien quiera, hay un acta firmada por los demás padres de familia que sí aceptan el vestuario. Me aventó la puerta y me dijo hasta de lo que me iba yo a morir. Es nada más una probadita de los tragos amargos que pasamos en el magisterio. Es bonito, es muy bonito, pero es una carrera con muchas amarguras, con muchos sinsabores. Es bonito cuando ve uno que el alumno aprende, es bonito cuando ve uno que el alumno se porta bien, que el alumno sigue los consejos que le damos. Pero los padres de familia creen que nosotros vamos a educar a los hijos y ese es un error muy grande. La educación la llevan del hogar, nosotros vamos a colaborar con los padres de familia, si se puede, si ellos permiten, la educación de sus hijos, más no es la obligación del maestro. Muchas veces, también, yo le soy sincera, no es la obligación de los padres enseñarles a los alumnos sus tareas. Ahí andan las mamás investigando la tarea. No, no, no. Tampoco. Yo nunca fui partidaria de eso. Siempre les dije a los padres de familia: “estoy aquí para enseñarle a sus hijos, ustedes no tienen la obligación de hacerlo, ustedes tienen la obligación de vigilar que el alumno cumpla, que el alumno venga bien presentado a la escuela, que venga con sus tareas, que usted firme de que revisó la tarea de su hijo ¿no es cierto? Pero hay medios en que no, hay medios en que el padre de familia llega sin saber a lo que va, se le manda un citatorio y se le dice: junta de padres de familia para tal, tal y tal asunto. Pues ni lee el citatorio. Yo creo que el niño le insiste y llega sin saber a lo que va. Llega a hablar lo que no debe hablar, llega a agredir porque quiere agredir al maestro. Llega con la espada desenvainada. Así como hay maestros que se lo ganan, hay veces que no. Es como en todo. Hay maestros, la mayoría, que somos maestros muy competentes, muy buenos, pero hay veces en que, vamos ser realistas, de que hay maestros malos.

Pero sí hay miel…

YOLANDA: Recuerdo… aquí en la Juan C. Bonilla, recuerdo a la maestra Rosario Rodríguez Zayas, que se portó muy bien conmigo y a todos los maestros nos quería mucho. Me ayudó. Junto a ella fue cuando empecé a saber trabajar. En San Martín estuve como año y medio, pero aquí en la Juan C. Bonilla estuve 28 años, y aquí fue donde ella me enseñó a trabajar y me enseñó a llevar a los niños por el buen camino. Cada año uno inicia el mismo ciclo, se acostumbra uno a cierta rutina, pero sí se tiene uno que ir renovando conforme a los planes, los programas, todo lo que nos van pidiendo, porque antes de entrar al trabajo tenemos junta, tenemos cursos, y con eso nos vamos renovando.

ESTELA: Cada ciclo escolar que inicia es diferente al anterior. Los alumnos que ingresan son diferentes a los anteriores, los padres de familia también. Cada ciclo escolar que inicia es un cambio y son experiencias que tenemos los maestros, lógicamente uno emplea diferentes técnicas para impartir los conocimientos. No siempre es lo mismo. La técnica que emplee en este ciclo escolar me va a servir para el siguiente, conforme se presente el grupo, en el sentido de cómo vienen los alumnos, que es muy importante. Cómo recibe uno a un grupo, qué adelanto tiene, qué costumbres van teniendo de los grados anteriores, qué hábitos traen de esos grados, con eso uno va adaptando el proceso de enseñanza-aprendizaje.

JUANA: Siempre en el primer año, 31 veces contados desde el primero al último. La distinción entre ellos es que la edad de los niños no siempre es la misma. En los pueblos los meten antes de la edad reglamentaria, que es a los seis, bueno, pues los meten a los cinco años y medio, entonces cuesta más trabajo, no llevan kínder y cuesta más trabajo para enseñarles. Se tiene uno que adaptar a ello, a su nivel en todos los aspectos. El primer año es muy valioso, porque llega el niño sin saber nada, entonces uno lo tiene que ir llevándolos por el camino. Yo tuve una alumna que le decía: a ver léeme, vamos a leer tal o cual página. Empezaba a ver los dibujos y me empezaba a decir lo que veía, no lo que leía: “el niño está caminando, el niño corre, el niño se está bañando”, tal como lo veía en los dibujos lo describía. No leía, desde luego que no, sólo por las imágenes.  Me acuerdo de cuando llegué, una niña se acercó a decirme, con sus manos todas cochinas: “Maestra ¿comemos esta torta de frijoles? Me la comí, porque yo quería que la niña viera que soy igual a ella, que no hay distinción entre maestros y alumnos. La comí porque tenía que comerla y porque me dio gusto comerla con ella. No le podía hacer a un niño un feo, ni de mí salía. Primero enseñaba el método fonético, hace muchos años, por sonido. Cuando vine a Puebla empezaron los proyectos. La diferencia es que en el primero se visualiza la palabra, entonces se separa por sílabas, hasta llegar a la letra. Ese es el fonético. Y el de Proyectos, se presenta la letra y se va por sílabas, ya no por sonidos.

MARTHA: Para completar lo que mis hermanas han dicho, sobre la experiencias de tener un contacto directo con el niño. Por ejemplo, tuve una experiencia muy grande, de un chiquito de primero. A la hermana la llevaron al kínder y él llegó tarde. Le digo: sabes qué, que ahora no te vas. “Ay, nomás déjeme usted ir por mi hermanita al kínder y regreso a quedarme acá”. Muy listo el chiquillo, hoy ya es un hombre, ya lo he visto de grande. Muchas veces, ya las caritas no las recordamos, pero por algo que nos dicen recordamos que son ellos. No lo dejé ir. “Sabes qué, te vas a ir con la empleada de servicio, ella nos trae a tu hermanita y aquí esperamos a tu mamá”. “No, dice, porque mi mamá no viene, yo soy el hombre de la casa, tengo que ir a traerla”.  A tres calles de la escuela que estaba el kínder. No era posible, teníamos que ver a los niños. En otra ocasión iban a llegar de Salubridad a hacer un programa, entonces dice el director: “Sabe qué maestra, deme a tres de los niños, nos van a leer la lección que usted les ponga”. Bien, tú vas a leer de aquí a acá, y así tú y tú... Así, veo que pasa el chiquito, luego pasa el otro y luego el otro, los tres muy bien. “¿Maestra, pues qué usted ya terminó el programa? El niño está leyendo perfectamente bien”. Sabe qué maestro, le digo, es que nosotros, después de haber terminado con las letras, principiamos ya con la lectura completa, por eso es que el niño lee en esa forma.

Experiencias hermosas, muchas amargas, pero muchas más las buenas.  Un niño debe aprender a leer a los tres meses, pero hay niños que tardan más. Se tiene uno que ir más lento y tiene que volver a empezar, para que todo el grupo se empareje. Es idéntico a comenzar a hablar, el proceso mental es el mismo.

YOLANDA: El aprendizaje depende de la alimentación y del medio donde se desenvuelvan los niños. Porque hay unos que tienen mejor medio de vida y aprenden más rápido, porque están mejor alimentados o porque sus padres están más al pendientes de ellos. Porque a otros de les deja por el trabajo o por problemas familiares, tienen  a los niños un poco abandonados y eso no les ayuda lo suficiente en el aprendizaje.

ESTELA: El magisterio es precioso, pero no todo es color de rosa. Mire usted, en la Normal, donde estudiamos, nos pintaban todo perfecto, nos pintaban todo bonito, que no íbamos a tener problemas, y la realidad, ya en el trabajo, en la práctica, es muy diferente. En la práctica nos encontramos con muchos tropiezos, yo creo que como todo profesionista ¿verdad? Con muchas situaciones difíciles de resolver, que las resolvimos, pues. Gracias al grupo de maestros del que formé parte, puras jovencitas con ganas de trabajar, con ganas de conocer a los niños, con ganas de conocer un nuevo mundo, que era lo que íbamos a conocer, orientamos adecuadamente nuestro trabajo. En primer lugar describir y en segundo lugar ejecutar. Pero, realmente, cuando llega uno con los alumnos, la situación es muy diferente. Cuando yo llegué a Cholula, de ir a conseguir alumnos que no tenían escuela, alumnos expulsados, alumnos de hogares desintegrados ¡imagínese lo difícil que es! No es lo mismo que cuando llega a uno a una escuela y sale un director muy amable que dice: “buenos días maestra, la voy a presentar su grupo. Niños, está va a ser su maestra”, a lo que yo viví. Yo, por los 28 años que trabajé le doy gracias a Dios de que fui maestra, de que no elegí otra carrera más que esa, porque es muy bonita. Pero no todo es color de rosa. No todo es llego, imparto mi clase con la participación de los alumnos, y todo queda claro. No, no, no. El niño que trabaja llega a la escuela a dormir. El niño ya fue al Seguro Social, el niño ya hizo el quehacer de la casa, el niño ya cuidó a sus hermanitos. Yo les decía a las mamás: la obligación es de ustedes, a ellos déjenlos vivir su edad, no los responsabilicen como padres de familia, porque había niños que lavaban, planchaban, iban al mercado, resolvían el problema de los padres. Esas son situaciones difíciles.

Sindicatos y anexas

YOLANDA: El sindicato fue de apoyo, claro que nosotros nunca lo necesitamos mucho, más bien las maestras que son problemáticas, pero como nosotros en realidad nunca tuvimos problemas, nunca tuvimos a qué acercarnos. Es o era para apoyo del magisterio, pero que yo le diga “sabe que me apoyaron en esto o en lo otro”, no. Cuando murió mi esposo me dijeron que me iban a dar otra plaza, pero no me la dieron. En ese sentido no hubo apoyo. Fuimos muy cumplidas y no tuvimos problemas.

MARTHA: Nunca hubo apoyo para uno, en particular para mí, pero maestros con problemas son los que están ahí, Y maestros que se quieren acomodar dentro del sindicato, son los que están recurriendo a él. Yo pienso que todos los sindicatos son iguales, buscan el medio para acercarse al trabajador, pero ya cuando no les parece, lo jubilan porque ya no les conviene. Lo han hecho con varios compañeros. Pero que esté pendiente el sindicato del maestro o de cualquier trabajador, no.

JUANA: Yo, como nunca tuve problemas, nunca me presenté al sindicato. Cuando cumplimos treinta años nos dieron nuestro reconocimiento de 30 años. La delegación. Porque nosotras nunca faltamos.

ESTELA: El sindicato es una organización para unos cuantos maestros, para unos cuantos nada más. Para los que están allegados al secretario general, para el que le maneja el coche al sectario general, para el que le sirve a la esposa del secretario general. Eso es el sindicato. Los estímulos porque ya vienen establecidos desde el gobierno, eso ya está de acuerdo a los estatutos, ya no se pueden quitar, pero de que el sindicato apoye a la base, no. Definitivamente, nunca apoyó el sindicato a la base. Los logros que tuvimos fueron por nosotros, hay hasta cierto punto obstáculos del propio sindicato y de la parte oficial tampoco. Es de que padecimos mucho en algunas cuestiones, cuando no tiene lo que se llama la “palanquita”, sufre uno mucho. Pisotean los derechos de los maestros, pasan sobre los derechos de los maestros, la persona que es la amiguita del secretario general, usted me entiende, trabaja en tres niveles, pero… (sí, mamá, no hay problema, estamos hablando en confianza, es la verdad. Es de que, si vamos a disfrazar esto no tiene caso, sería una mentira si usted escribe que el sindicato es lo máximo, es una mentira). Ya no estamos nosotras sindicalizadas, y es una realidad que tiene sus preferencias, por eso le digo que el sindicato es nada más de unos cuantos, no es de todos los maestros, y los logros que obtenemos unos cuántos han sido con mucho esfuerzo, la doble plaza la conseguí a base de mucho esfuerzo, de mucho sufrir y de mucho tocar puertas, porque no me la querían dar. ¿Por qué? porque yo soy una maestra que me dediqué a estar en la escuela, a estar en mi grupo, a no tener palancas, entonces es muy difícil, a base de escalafón, ir subiendo. Solamente así crece uno. Y por el lado oficial, pues a veces los supervisores lo obstaculizan a uno. ¿Te puedes cambiar? “No, porque ahorita está Fulana De tal”. No maestro, usted está pisoteando mis derechos, porque yo metí mis documentos en tal fecha, esta maestra llegó después de mí y no es correcto que ella la cambie primero. ¿por qué razón?. Yo siempre defendí mucho mis derechos, siempre estuve en contra de la injusticia. Siempre estuve en contra de que a los maestros se les pidiera dinero para cooperaciones, que a los alumnos se les pidiera dinero para cooperaciones ¿por qué? si no están justificadas. Es de que, cuando uno es honesto se lo toman a mal como rebelde. Y yo fui una persona honesta, no fui rebelde, pero siempre estuve en contra de las injusticias. Por qué pedir cooperaciones a los padres si tienen menos que usted, que yo y que todos. Hay padres de familia que no tienen  un sueldo. Yo siempre fui una maestra incómoda en contra de las in justicias. Y siempre fui una maestra incómoda para el sindicato y la parte oficial, cuando no estaba de acuerdo en lo que yo pensaba. Es imposible que piense uno igual que los demás, que si el inspector está pidiendo grandes cantidades de dinero, yo voy a dar la cara por el inspector y decir: “Niños, den la cooperación”. Yo que sé qué manejos haya. Y si el sindicato pide dinero, yo ¿cómo voy a estar dando la cara por el sindicato? Va de por medio mi prestigio. Yo siempre fui una maestra incómoda en ese sentido. Siempre defendí a mis alumnos, yo siempre defendí el dinero de mis padres de familia, siempre. ¿Por qué? porque son gentes que no tienen, solamente Dios sabe con qué sacrificios mandan a la escuela a sus hijos, con qué sacrificios les compran una libreta, un lápiz ¿verdad?

JUANA: Aquí siempre nosotras tuvimos esa bandera, la de la honestidad. Principalmente mi madre nos lo ha enseñado, la honestidad ante todo. Pueden preguntar por las maestras Galeana Tabe, quiénes fuimos y qué honestas hemos sido en todos los aspectos. Y es lo que nos gusta defender eso. La honestidad en la educación es ser honesta con los padres de familia, con los alumnos, con uno mismo, con los compañeros, porque de eso depende la buena marcha. Ante el robo decir: voy a revisarlos, revisar las mochilas, en primer lugar. Como eran chiquitos, les decía: les voy a poner una marquita, al que se le ponga negra, será el culpable. Y así los engañaba. Todos empezaban a buscar en las mochilas y generalmente aparecía el objetito robado. Luego, hacerle conciencia del robo, por qué es malo, que perjudica a sus compañeros, a los papás también los desfalca porque van a tener que comprar otros útiles. Así habla uno con ellos.

ESTELA: La honestidad es hablar con la verdad aunque muchas veces lastime uno a ciertas personas, pero lo honesto es decir, por ejemplo, a mí no me parece tal o cual situación de la escuela. Yo tuve experiencias difíciles por ser honesta, por hablar con la verdad. No me parece eso, por eso y esto. No es muy político pero es honesto. Lo político no va conmigo porque no sé disfrazar las cosas, a mí me gusta hablar las cosas tal y como son, se moleste quien se moleste. El político es el diplomático, que le da a las gentes por su lado y yo no soy así.

Las palabras y las cosas

ESTELA: Yo tuve sexto año y ahí se presentan algunos problemas de sexualidad. Lo primero que hacía era reunir a los padres de familia y explicarles, desde principios de año, que se iba a tratar un tema en ciencias naturales respecto a la sexualidad. Se iba a tocar en la forma más decente y más científica que puede haber, para no agredir la moral de los niños, porque también eso es básico ¿eh? Yo inicié eso desde que estaba en Cholula, después en la Miguel Negrete. Lo inicié porque empezaron los problemas. Le dije a la directora: lo importante es hacer la reunión con los padres de familia, explicarles de  qué se va a tratar eso, dependiendo de eso ellos van a tener un antecedente y ya no nos van a tomar a mal. Se reunía a los padres de familia, se les explicaba de lo que se iba a tratar y yo les decía: si ustedes tienen la capacidad, apóyenos en su casa, si no, déjenlo en nuestras manos. Lo que yo hacía es que, después, cuando me tocaba dar el tema, nada que separar a niños y niñas, todos, el grupo tal y como es, lo sentaba, y les decía: niños, yo ya platiqué con sus papás, ahora voy a platicar con ustedes. Porque les reparte uno el libro de Ciencias Naturales y lo primero que hace el niño es buscar la página donde está lo de sexualidad y empiezan: “mira, mira…” Yo les decía: eso lo vamos a ver en su momento. Ya cuando tocaba el tema, lo platicábamos con tanta naturalidad que los niños se paraban y empezaban a preguntar: “¿por qué esto?; oiga, ¿por qué mi hermana menstruó?”. Con una naturalidad que lo trataban los niños, nunca hubo nada de morbo, ni de padres ni de alumnos, son temas muy bonitos, son temas muy naturales y que se ven perfecto. Todo depende de la forma en que el maestro lo trate. Si el maestro lo trata con morbosidad, los niños lo tratan con morbididad y las familias se le vienen encima a uno. Y con razón.

JUANA: Si el problema de la sexualidad en México sigue en tan mala forma, con tantos embarazos y abortos, se debe  a la falta de comunicación, de orientación, tanto al adulto como al joven o a la pequeña en muchos casos. Yo pienso que es eso. Falta de comunicación.

ESTELA: Afortunada o desafortunadamente todo proviene del hogar. Entonces, si en el hogar no hay base, mal. Los padres de familia en el hogar deben de tener comunicación con los hijos y hablarles ampliamente lo que es la sexualidad, hablarle cuando la niña va a menstruar y decirle “te va a pasar esto y eso”. Que no sea un tabú, pues se maneja como tal. Todavía no se hace nada. Los medios de comunicación ya lo externan, pero en la casa, donde debe de iniciarse esto, no lo hay. Deben de hablarle a los niños, a los muchachos hay que decirles que deben usar condón, así como se debe hablar de la drogadicción, los peligros que hay en una disco, donde se les puede poner substancias a las bebidas de las chicas, el peligro que hay de que embaracen a una niña. Todo eso debe partir del hogar, porque de ahí parte todo, es la base de la sociedad. Si en el núcleo familiar se ve todo esto, si hay comunicación, le garantizo que tendríamos un México mejor. Pero si en el hogar no hay el fundamento no se hace nada. Y es lo que falta: cultura en los hogares.

YOLANDA: Hay hogares donde viven todos en la misma pieza. Muchas veces yo digo que sí ven a los padres de familia, entonces quién sabe si la mente como que se les va trastornando o adelantando, de que no tienen los padres de familia cuidado en lo que hacen. Así es como viven.

Hermanas maestras

YOLANDA: Aquí en casa hicimos un equipo coordinado, un equipo muy bonito, porque cuando una no sabía alguna cosa, le preguntaba a otra. “A mí me lo enseñaron así, enséñalo de ese modo”. “Te ayudo en otra cosa”. Entonces entre las cuatro nos ayudábamos. A fin de año era un desbarajuste porque teníamos lleno de papeles. “Yo te dicto, tú me ayudas en las calificaciones”. Una cosa muy bonita.

JUANA: Intercambiamos opiniones y experiencias a través de los años.

ESTELA: Mi hermana Juanita y yo estuvimos como catorce años juntas, en la misma escuela. Se apoya uno mucho, es algo positivo. Hay matrimonios que dicen que no les gusta, pero en cuestión de hermanas sí se apoya uno mucho. Es bonito.

La misión

ESTELA: Mi mensaje: a todas las personas que quieran estudiar para maestras, que lo hagan. Es una carrera muy bonita, muy noble, una carrera que a través del tiempo le deja a uno experiencias, en general, buenas, Yo ya hablé de las amargas, pero las experiencias son buenas. Formar gente que no sabe nada y que salen con conocimientos, con hábitos, con habilidades. Es muy bonito. Pero los que van a estudiar para maestras que lo sientan. No porque “cuánto me van a pagar, cuanto voy a ganar, voy a quedar cerca o voy a quedar aquí en la ciudad”. No, que sean maestros natos, que tengan la convicción de estudiar esa carrera. Para mí el magisterio ha sido lo mejor, ya no volví a trabajar en otra cosa. Yo me dediqué al magisterio, yo soy maestra, yo siempre fui maestra y creo que voy a morir siendo maestra.

YOLANDA: Para mí fue algo hermosísimo haber tenido a los niños que llegaban con los padres de familia, se los dejaban a uno sin saber nada. Después llega uno a grande y ve uno doctores, licenciados y dice uno, bueno, la base se las di yo. Y es muy bonito todo eso. Eso es lo máximo.

JUANA: Para mí fue un peldaño para formar nuevas generaciones. Es lo más bonito que pude tener en la vida, el ser maestra. Formar nuevos ciudadanos y nuevos individuos para ser buenos a la patria. Hombres y mujeres de bien. Nada más.

MARTHA: ¿Qué podemos decir? una gran felicidad, un gran sentido de responsabilidad para haber tratado a tantas generaciones y … qué más, doy gracias  a Dios de haber cumplido. Nada más. Ahorita ya estamos jubiladas.

Muchas gracias, maestras; doña Victoria, están deliciosos sus yeprajes.


miércoles, 26 de septiembre de 2018

Memoria, oralidad e historia



Nada, en lo que constituye la memoria, sobra o estorba, su bagaje incrementa el sentido y la responsabilidad social de los ciudadanos, ilustra sobre nuestros defectos e ilumina las virtudes de un pueblo que, como el nuestro, está urgido de antecedentes positivos y de optimismo social.
                      
La entrevista es un producto intelectual, un producto de conocimiento. La fuente oral es la memoria, que tiene un carácter subjetivo y tendencia a interpretar la historia más que a reflejarla. La clave de la oralidad radica en encontrar sentido no solo a lo que la gente dice, también a lo que calla, lo que mantiene oculto o mira de soslayo.

La oralidad indaga sobre las representaciones sociales del amor, la pareja, la niñez, la sexualidad, la familia, el honor o el gusto, tratando de verificar y explicar sus transformaciones. Ofrece a la historia de la sociedad la posibilidad de comprender las experiencias, valores y gustos, de conectar aspectos simbólicos e imaginarios con las condiciones materiales y relaciones sociales.

La Oralidad es un territorio discursivo y político que da sentido a los debates, a las reivindicaciones, a las políticas afirmativas y, consecuentemente, a la transformación social. La oralidad presupone un espacio de democracia y debe ser capaz de elaborar proyectos útiles a la sociedad, como la inclusión social basada en la expresión de la memoria y la identidad grupal. 

El testimonio, más que una imposible objetividad, busca apreciar una polifonía de interpretaciones posibles, procedentes de nuestras observaciones: rostros, personas, espacios, grupos, barrios o ciudades. La literatura testimonial debe construir su difícil camino entre el objetivismo y el subjetivismo.

El resultado no es una memoria bruta, sino una memoria formalizada por el escritor, lo que impone que este actúe no solo como científico, sino como un artista que, en palabras de Pierre Vidal Naquet, creará “una historia-memoria, obra de investigación, obra de arte”.

Las fuentes de la oralidad son fuentes narrativas; por lo tanto, su análisis requiere de una combinación de herramientas analíticas y perspectivas teórico-metodológicas de otras disciplinas como la crítica literaria, la antropología, la sociología y la psicología.



Foto de Tzicatlacoyan, Pue. del autor
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jueves, 21 de junio de 2018

Aquí los niños llegan sin nada


Santiago Yosondúa es un municipio de la parte sur de la Región Mixteca, a una altura de 2,200 msnm. Para llegar hasta allí desde la ciudad de Oaxaca, hay que ir por la autopista a Nochistlán y se sigue hacia Yanhuitlán, donde se toma la desviación a Tlaxiaco, se pasa por Teposcolula, por Yolomécatl y de Tlaxiaco se toma un camino de terracería hasta Santiago Yosondúa, donde se encuentra el internado bilingüe “Mi Patria”, Centro de Integración Social número 20, un conjunto de pulcros edificios en un impresionante jardín de pasto y flores. Al descender las escalinatas de la entrada un ojo de agua; palmillas y cucharillas, flores de cartucho, alcatraces y rosas, donde entrevisto a la profesora Alejandra Mendoza Cortés, que ingresó aquí mediante un examen de conocimiento y por su dominio del idioma ñuu savi, el mixteco.


Profesora Alejandra Mendoza Cortés
15 de Junio de 2011

Yo puedo hablar bien el mixteco, mi familia lo habla y por medio de un examen entré a trabajar aquí. Soy originaria de Xalcatongo de Hidalgo, un pueblo vecino, presto mis servicios en este internado como maestra de danza, pero mi labor empieza desde las diez de la mañana cuando atiendo la biblioteca, y por la tarde me voy con los niños de primero a sexto, los que están en este taller de danza.

Nos ponemos a ensayar bailes nacionales y de la región. Ahorita estamos ensayando un baile de aquí de la Región Mixteca que se llama Sones de Tlaxiaco, que es nuestro distrito. Los niños bailan también bailes nacionales, como son los bailes del estado de Jalisco, el Son de la Negra y otros. Muchos sones.

Se trata de rescatar las costumbres de nuestros antepasados, porque la verdad ya se están perdiendo aquí, pues llegan muchos niños que ya no hablan la lengua originaria de su pueblo. Yo me siento orgullosa porque crecí con esas costumbres de la lenguas, de lo que es la gastronomía. Por eso me da gusto cuando los niños empiezan a preguntar,  algunos tienen deseos de aprender la lengua originaria, las historias y las costumbres de los mixtecos. Muy poquitos, unos cuantos nada más, lo hablan, y otros el triqui, de la región alta. El triqui es totalmente diferente al mixteco, en la entonación y todo; también se escribe completamente diferente a la lengua mixteca.

Ahorita, un obstáculo que encontramos aquí es que no contamos con algún equipo de video o de sonido para que los niños tengan referencias visuales y vean otros bailables, que vean cómo es. Un poco de tecnología y equipo es nuestra principal carencia. Al ver videos los niños se motivarían más. Muchos de ellos, cuando llegaron en este internado, pues, la verdad, no podían bailar y poco a poco fueron aprendiendo. Ahorita bailan muy bonito, fuimos a presentarnos a un pueblo en una actividad, un evento estatal, llevamos a los niños y lo hicieron muy bien. A mí me dejó muy satisfecha porque sí bailan bien los niños. Fuimos a un festival el 20 de noviembre, el 10 de mayo aquí en el pueblo y lo hacen bien. Algunos padres de familia nos han felicitado porque sí bailan.

Ahora, el otro problema, aprovechando que está usted aquí –pues nunca se sabe–, para que nos pudieran apoyar en los vestuarios, porque aquí los niños llegan sin nada, aquí hay que conseguirle desde un pasador hasta sus zapatos; hay que conseguir, rentar o mandar a hacer algunos trajes del estado de Veracruz, de Chiapas, el del jarabe mixteco, que es el original de la región. Y no contamos con eso, no sé si por medio de ustedes nos apoyarían para tenerlo.

Necesitamos telas, pues la verdad han salido muy caros los vestidos. Le digo al director: “quisiera poner otro baile”, pero el problema es que no hay forma de vestirlos. Aquí nos hemos organizado, yo principalmente con mis niños, en sembrar hortaliza, rábanos, lechuga, cilandro. Y salen a vender, han recolectado algún fondo económico y de ahí pudimos hacer vestidos; la dirección también, vendiendo avena, alfalfa. Ahora vamos a mandar hacer el traje de Jalisco, sí, pero nos ha costado demasiado. Ojalá ustedes nos pudieran apoyar. Gracias a la venta de los marranitos tuvimos uno de los vestuarios. Ahorita tenemos en el invernadero rabanitos, son tres cosechas, ahora vamos a sacar la cuarta cosecha, hacemos los manojitos y se van los niños a la población a venderlos a cinco pesos: rábanos, lechuga, cilandro. Y col, pero la verdad desconocemos la técnica de la col, como que no resultó, pero ahí está. Ejote también hemos salido a vender. Por esos medios hemos adquirido algunas ropas de las regiones que ya tenemos.




Foto: Sones de Tlaxiaco,tomada de Google

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martes, 12 de junio de 2018

Manías o necedades


Seríamos un país mucho más interesante si se hubieran seguido las recomendaciones de Miguel Othón de Mendizábal, que tras la Revolución los mestizos mexicanos se hubieran “indianizado” un poco en lugar de tratar de “mexicanizar” a los indios mexicanos.

De veras creo que en algún momento del siglo XXI los mexicanos retomarán aquella inquietud de Mendizábal, reconociendo a los pueblos originarios como un legado cultural antes que una vergüenza que hay que esconder a las miradas extranjeras; que el náhuatl crecerá en hablantes antes que desaparecer, como vaticinan muchos alarmistas; que ciertas costumbres naturistas, cosmogonías sobre la naturaleza y otros misticismos “indígenas” cobrarán importancia en las próximas décadas. Es decir, religiones reinventadas como todas ellas, pero con aquella inspiración, religiones de aquí, basadas en los elementos de México encabezadas por el culto a Quetzalcóatl; a la Luna y la rehabilitación de los templos del culto que son las pirámides ofrendadas al Sol, dador de vida. Esa acumulación de manías y pequeñas religiones que tan bien explica Fernando Savater.

Tal vez sea una argumentación necia, algo prematura e insostenible (aún), bosquejo apenas, pero en todo caso se trata de una primera acechanza epistemológica sobre los quehaceres de una academia antropológica que ha estado como perdida en la concreción de su objeto de estudio, que ha sido incapaz siquiera de transmitir al resto de los mexicanos las características objetivas de los pueblos indígenas, su sabiduría naturista, agrícola, las bondades de pertenecer a un país múltiple donde, paradójicamente, periodistas como Benítez, historiadores como Florescano y documentalistas como Paul Leduc y el Canal 11, así como numerosas revistas de divulgación, entre todos ellos han aportado más a la cultura antropológica de nuestro país que los centenares de profesionales que pueblan el revoltijo institucional.


Foto del autor del blog: Pueblo Nuevo, Tlacoachistlahuaca. Gro.
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miércoles, 6 de junio de 2018

Cultivar huitlacoche


En mi trabajo de la revista Elementos fui comisionado para realizar una entrevista sobre el cultivo de huitlacoche mediante ingeniería genética que se realiza en el Colegio de Postgraduados, campus Puebla. Me puse en contacto con el director de este proyecto, el doctor Daniel Martínez Carrera y el resultado ahora lo comparto con los lectores del blog. Buen provecho.


El Colegio de Postgraduados de Puebla (COLPOS) luce vacío en esta soleada mañana de enero. El doctor Daniel Claudio Martínez Carrera comprueba mi puntualidad en su oficina. Nos sentamos en uno de los pasillos que separan cuatro mesas atiborradas de libros y papeles.
Biólogo por la Universidad Veracruzana, con maestría en el Instituto Nacional de Investigaciones sobre Recursos Bióticos y doctorado en la University of London, Inglaterra, Martínez Carrera es especialista en ciencia de alimentos e ingeniería, biotecnología de hongos comestibles, funcionales y medicinales, que viene bien pues estoy aquí para entrevistarlo sobre la inoculación del hongo huitlacoche en mazorcas “sanas” que hoy reviste en el COLPOS algo más que un experimento: recientemente se ha formalizado el lanzamiento comercial del huitlacoche poblano en busca de certificar su denominación de origen y acarrear ingentes beneficios económicos, sociales y ecológicos. Las investigaciones del equipo del doctor Martínez Carrera han documentado 600 formas diferentes de aprovechar el huitlacoche en tortillas, tamales, atoles, menudos, postres y elotes, así como han comprobado propiedades antioxidantes, anticancerígenas, antimicrobianas, antidiabéticas y antihipertensivas en el hongo comestible.

El conocimiento y las tecnologías se desarrollaron con financiamiento del CONACYT, a través del Proyecto FORDDECYT 273647, denominado “Estrategia para fortalecer la competitividad de la cadena agroalimentaria microbiana emergente de los hongos comestibles, funcionales y medicinales en los estados de Puebla, Veracruz y Oaxaca” (2016-2019).

Se trata de una relación huésped (maíz) – parásito (hongo) en la que las semillas de maíz se deforman por el crecimiento del hongo generando estructuras denominadas agallas. Desde épocas prehispánicas las diversas culturas establecidas en México han valorado y consumido estas agallas como un excelente alimento tradicional.


¿Cuáles son las dificultades del estudio del huitlacoche?

Es muy importante entender primero el reino de los hongos comestibles, que hasta el siglo XX empezó a tomar una dinámica interesante en términos de su estudio, su investigación; la grandes desventajas es que no es macroscópico, sino que es microscópico –en realidad son microbios–,  y por esa razón se tardaron en ser abordados por los científicos y evolucionar en su conocimiento para poderlos manejar y utilizar en beneficio de la sociedad; además de entenderlos, porque entenderlos ya es en sí mismo importante. Entonces es un reino componente de la biosfera y una parte de este reino puede ser utilizado como alimento. Curiosamente en México los hongos son un reino con una diversidad impresionante.

Un detalle que llama la atención del estudio donde participa,1 es que hay evidencias de que el huitlacoche comienza a consumirse durante la colonia española,  o sea, no era un alimento predilecto de los habitantes prehispánicos, como lo expresa el significado de la palabra huitlacoche (“mugre que crece encima del maíz” o “mierda dormida”; algo “no muy grato o molesto del maíz”). La gente común creemos que es un alimento milenario en México, le llaman “alimento de los dioses” y es materia gourmet.

Yo creo que en Mesoamérica el ambiente era una cuestión importante para la alimentación, de hecho hay por ahí estudios históricos muy buenos donde demuestran que el colapso de alguno de los imperios que tuvimos en Mesoamérica se debió a cuestiones de alimentación; es decir, había cambios en el ambiente que finalmente impactaron en la producción  de alimentos y eso afectó a las sociedades y se disgregaron. El maíz era la pieza central de la alimentación y era natural que tuvieran años buenos y años malos, de modo que al ser atacado en alguno de esos años –porque no había en ese momento plaguicidas ni herramientas para controlar plagas y enfermedades–, quizá tuvieron una plaga de huitlacoche, es posible, y que eso redujera la producción de alimentos. Entonces eso afectaba a las sociedades y la reacción de esas sociedades fue decir, bueno, pues si no podemos contra la plaga nos la podemos comer. Seguramente por ensayo y error descubrieron que, aunque no se veía bien, como lo expresa su raíz etimológica, en la realidad es un manjar y al comerlo uno lo aprecia así. Es un sabor muy original, no es maíz, no es un hongo, es algo intermedio que los mexicanos aprendimos a valorar. Tenemos uno de los paladares más exigentes del mundo, es increíble, y uno lo descubre cuando sale de México. Somos una sociedad exigente en términos sensoriales, de alimentación, porque aquí la alimentación no nada más cumple una función biológica sino también social, familiar, todo un entorno. Y los pueblos originarios de nuestro país vieron claramente eso en el huitlacoche y lo aprovecharon como alimento. Pero hay un trabajo reciente que da una versión distinta, dice que comienza a consumirse en la colonia española. Yo creo que es, en realidad, una mezcla de las dos: en su momento no lo veían bien, pues es una plaga y les mete ruido, pues dejan de producir el maíz que necesitaban. Algo hizo que la sociedad descubriera este alimento, lo probara y ensayara y terminara creyendo que vale la pena, pero yo creo que el consumo del huitlacoche como alimento sí es prehispánico. Pudo haberse exacerbado en la colonia, pero tendría que investigarse. La realidad es que hay pocos estudios. Pero creo que era valorado desde antes. Mi modo de ver es que se descubrió por la presión alimentaria que había en la época prehispánica, cuando se descubre que se puede comer, como sucedió con otros alimentos, por ejemplo los insectos, pues este también es un país donde se come una cantidad impresionante de insectos.

Una condición de los pueblos antiguos, como los chinos, que se comen todo.

Exactamente, con vocación a diversificarse, y dentro de esa diversificación creo que entró el huitlacoche. Y una vez que fue apreciado por esas sociedades se dio un paso trascendental. Hasta llegar al siglo XX, cuando la globalización del mundo hizo que alimentos mexicanos pudieran tener un impacto a nivel global. Y creo yo que el huitlacoche es uno de esos alimentos que nos distingue, no nada más porque hay un soporte histórico-cultural, sino porque es un alimento muy rico, que pocas veces ves. El huitlacoche es una mezcla de dos reinos: del reino vegetal, de las plantas, que los junta con el reino de los hongos y que, al unirlos, posees un alimento que tiene de todo: propiedades nutricionales, funcionales, medicinales; un gran alimento. Claro, hoy lo sabemos con evidencia científicas, eso no lo sabían hace cien años. Solo tenían el sabor. Por eso te das cuenta que eso tiene otro trasfondo, el huitlacoche es algo diferente, no es común, es de los pocos alimentos que junta lo mejor de dos reinos. Eso es algo interesantísimo y lo que nos motivó a nosotros. Ahora, no es un hongo fácil de producir de manera controlada.


¿Qué tan abundante es el huitlacoche natural?

Históricamente esta especie se producía naturalmente en ciertas épocas del año, en lluvias; a veces sí, a veces no; a veces muy poquito, a veces más. Un porcentaje de infección natural que va del 0.2 % hasta un poquito arriba del 1 %. Entonces era algo no común, relativamente raro; sin embargo, a finales del siglo pasado y sobre todo con el mejoramiento de la tecnología, cuando tienes herramientas muy poderosas que te permiten abordar la parte microscópica, microbiana, metabólica a un nivel de profundidad que antes ni soñabas, pues fue natural reflexionar que teníamos un alimento único y estábamos en México, su centro de origen, por lo que teníamos que estudiarlo. Y luego en Puebla, uno de los centros generadores del maíz.

¿En su parte científica qué es lo que había que indagar del huitlacoche?

Hasta recientemente ha sido posible conocer el ciclo, entender cómo empieza esta especie a diseminarse, cómo crece, cómo se reproduce, cómo se relaciona con la planta y con el ambiente para sobrevivir como especie. Esto solo recientemente se ha llegado a conocer de manera profunda y toda esa información ha hecho posible que tengamos, en un país como este, la posibilidad técnica, cultural y social de dar ese paso y decir: esto lo vamos a volver un alimento que se pueda producir de manera controlada.

¿Cuántos años lleva este proceso?

Mira, ha habido interés de producir huitlacoche de manera controlada desde los años 60, un interés puntual. La factibilidad de producir y consumir hongos comestibles, que es un grupo muy amplio dentro del reino de los hongos, los comestibles cultivados, realmente data de la posguerra del siglo pasado; después de la Segunda Guerra Mundial (1945). Antes de eso, la forma de producir algunas especies era realmente muy primitiva, muy rústica, tecnológicamente muy poco avanzada. Sin embargo, a partir de aquella guerra empiezan a surgir técnicas microbiológicas que permitieron empezar a manejarlos; o sea, producir hongos comestibles cultivados tiene unos 60 años, cuando mucho. Estamos en un campo de conocimiento bastante reciente, pero lo que viene con todas las tecnologías es impresionante.

En su estudio menciona intentos europeos desde el siglo XIX.

El cultivo de hongos inicia en varias regiones de Europa, en Francia, en el siglo XVIII, cuando se empezaron a producir rústicamente los champiñones. Desde ahí esa tecnología se fue perfeccionando muy lentamente hasta que se tecnificó después de la Segunda Guerra Mundial. Y en Estados Unidos, con todos los inmigrantes que llegaron de Europa, es ahora donde más se produce. En México esa tecnología llegó en 1933, empresas como Monte Blanco, conocida también como Hongos de México, empezó a producir estos champiñones y lo sorprendente es que fue increíblemente exitosa, a tal grado que actualmente es una de las empresas más grandes del mundo.
Entonces esta empresa, cuando vio que el champiñón era un éxito, concluyó que el huitlacoche era una especie que tenía que producir, y ellos se interesaron en hacerlo, pero no tenían todavía el nivel de conocimiento para poderlo inocular. Lo cierto es que ese interés viene desde los años 70, cincuenta años de interés, porque es evidente que el huitlacoche tiene un potencial muy grande.
Para darte una idea, nuestro país es el más avanzado de Latinoamérica en producción de hongos, producimos más del 80 % de los hongos comestibles de toda la región, y tecnológicamente somos el país que ha dado más pasos. La técnica ha ido evolucionando porque obviamente las evidencias muestran que tienes cultura, tienes un alimento único, tienes técnicos y hay formación de recursos humanos, hay inversión; pues vemos cómo podemos llevar adelante este alimento tradicional mexicano. Y eso es lo que estamos haciendo actualmente, con una idea a largo plazo, pues la evidencia nos indica que este reino de los hongos comestibles aporta riquezas no nada más nutricionales, no solo proteínas, carbohidratos y grasas, aporta elementos que ahora se llaman compuestos activos, que son fundamentales para la salud humana.

¿La tarea no es nada más científica?

Definitivamente. Cómo hacemos para que la sociedad mexicana valore, reconozca mejor las aportaciones que hace este reino de los hongos comestibles, particularmente los hongos cultivados, a la alimentación Es decir, cómo diversificamos e incrementamos la producción y el consumo de los hongos comestibles para que la sociedad se vea beneficiada en su dieta y tenga una dieta sana, equilibrada, rica y diversa; sensorialmente importante, culturalmente apropiada y que todo esto permita que la sociedad se vea beneficiada en sus recursos y sus avances tanto tecnológicos como científicos.

Crear una cultura del huitlacoche.

Exactamente, hay que trabajar mucho. De hecho estamos trabajando en un recetario, donde hemos integrado no solo recetas tradicionales, también estimulamos la innovación, es decir, lo que los chefs con su creatividad pueden hacer. El año pasado hicimos un evento en la Casa de los Muñecos que se llamó precisamente “La cosecha del huitlacoche” y se trató de dar a conocer a la sociedad poblana que aquí se puede producir huitlacoche, pensamos obviamente atender la denominación de origen y todo esto, para que con todas esas herramientas pueda seguir creciendo. Ahí presentamos por primera vez bebidas de huitlacoche que resultaron increíblemente deliciosas; otro chef hizo barbacoa de pato con huitlacoche, solo para darnos una idea de hasta dónde puede llegar esto. Obviamente estamos arrancando y el camino es largo.
El punto central de todo esto es de que, como tú sabes, a partir de los años noventa este país tuvo un modelo de inserción en la economía global impulsado por un grupo en el poder que se casó con esa idea, gobernantes que estudiaron en el extranjero, los hijos de los políticos de esa época que trajeron esas ideas, las implementaron y algunos ganaron, pero hoy vemos que muchos otros perdieron. Aquí el que perdió, creo, fue el campo del país, la agricultura nacional.

La dilapidaron.

No nada más nos cambiaron el sistema agrícola, el campo, nos cambiaron también nuestros patrones alimentarios. Y eso llevó a una sociedad que tenía una dieta sana y equilibrada, a tener otra dieta, porque nos inundaron de comida rápida, de productos baratos, importados, que son sabrosos y lo que tú quieras, pero que finalmente nos movieron de una dieta que traíamos desde la colonia, con toda la combinación que se dio entre los prehispánico y lo español, y nos la cambiaron. Eso produjo una sociedad enferma, ahora somos un país de gorditos con todo lo que eso implica. Una crisis civilizatoria que dicen los expertos que está ocurriendo globalmente y que yo he retomado para decir lo que nos corresponde hacer desde el ángulo nuestro. ¿Qué vías tenemos?; lo discutimos y llegamos a la conclusión de que hay que retomar lo bueno que teníamos para plantear un nuevo paradigma, porque esto no nos está conduciendo a nada, nos está conduciendo a una sociedad enferma. Entonces lo primero que tenemos que hacer es retomar los valores que tenía la dieta original, los vegetales y los animales, y la propuesta de incorporar a los hongos como un elemento central que puede ayudar a la alimentación nacional desde muchos ángulos. Los hongos aportan compuestos reactivos que no tienen ni las plantas ni los animales, a la hora que los agregas tienes un alimento más sano, una dieta más equilibrada. Y eso lo tenemos demostradísimo.

El año pasado le dieron el Premio de Nutrición 2017, quiere decir que hubo una atenta atención a su propuesta. 

Fuimos premonitorios, porque esto fue antes de todo el pleito que ha iniciado Trump: “Te saco del TLC o me salgo yo y a ver qué haces”; ya destruimos todo un sistema alimentario que teníamos y que estaba funcionando, y ahora dice que siempre no, te doy una patada y hasta luego. Nos dejó sin salidas. Ese es el contexto importante.

Hubo necesidad de encontrar nuevas vías.

El huitlacoche es un elemento de toda esta estrategia: cómo diseñamos un nuevo paradigma en el sistema alimentario nacional, cómo desde el ángulo de un reino que apenas estamos descubriendo a profundidad puede ayudarse a que esa alimentación sea más sana, sea mejor.

Y si es propio, más conveniente aún.

Ahora, dentro de los hongos cultivados, además del champiñón que es una especie importada, porque aunque hay champiñones silvestres en México, la realidad es que toda esa tecnología la trajimos de Estados Unidos y de Europa, entonces dijimos: oye, bueno, eso está bien, qué bueno que enriquezcamos nuestro sistema alimentario con esas especies, pero aquí tenemos para dar y prestar. Entonces agarremos el huitlacoche, estudiémoslo y demostrémosle al mundo que es una aportación que podemos hacer como las que ya hemos hecho con el aguacate, el chocolate, todo lo que actualmente es reconocido en el mundo como una maravilla. En su momento lo vamos a hacer, tenemos toda la tecnología para hacerlo y para promoverlo. Lo que necesitamos son básicamente ideas que nos permitan innovar.

Todo está muy bien, pero lo cierto es que los mexicanos tampoco comemos tanto huitlacoche. Tendrá que hacerse una campaña muy grande para que lo aceptemos más allá de las quesadillas. ¿Cuáles son los pasos y los plazos que hay que considerar?

Ante todo entender que son cosas emergentes. Visto como alimento es algo emergente en términos de su producción, tenemos que trabajar en varios frentes: primero, por supuesto, la ciencia, la tecnología y la innovación, que son los ejes que van a detonar el potencial que tiene este alimento que ha sido poco estudiado realmente; a pesar de que lo hemos consumido por siglos, la profundidad de la investigación científica y tecnológica apenas está iniciando. Prevemos, mínimo, unos cincuenta años por delante para poder llegar a decir que tenemos un nivel de conocimiento como el que se tiene, por ejemplo, del trigo, del maíz o del vino. Entonces nos falta mucho, hay que trabajar en la generación de conocimiento, creo que al ser México centro de origen del maíz tenemos un gran potencial para producirlo y exportarlo al mundo. Y ahí es donde vienen otros componentes que hay que trabajar. No me queda duda de que en toda la región central del país hay una demanda de huitlacoche, sobre todo por las clases populares y también por las comunidades, ahí lo que tienes que hacer es llevar el producto y ofrecerlo a un precio razonable para que la gente pueda adquirirlo y consumirlo. Ahí no le veo tanto problema. En otros sectores sí.


Háblame de las características del producto en sí.

Una vez que cosechas la mazorca hay varias maneras de consumirlo, una es que lo vendas en mazorca o lo desgranes y lo vendas empacado. Te dura aproximadamente, una vez que cosechas, hasta ocho días fácilmente, sin problema, pero en refrigeración; si no lo refrigeras, pues máximo tres días, dependiendo del clima. Lo que pasa es que los hongos son microbios y una vez que los cosechas siguen creciendo, aunque lo cosechas el hongo sigue metabolizando y sigue creciendo. Y es importante que tengamos esto en cuenta porque el huitlacoche sigue creciendo y en consecuencia se va deteriorando. Una fruta que se va madurando pierde poco a poco la mayor parte de sus propiedades y ya no es agradable. Entonces es muy importante que se trabaje la parte científica y tecnológica de generación de conocimiento para su mejor manejo.

La parte científica ya nos permitió el cultivo del huitlacoche, ahora la propia ciencia debe atender una etapa posterior.

Una vez que cosechas puedes procesar el producto, hay toda una variedad de tecnología por utilizar, desde envasar, cocinar, precocinar para venderlo ya totalmente elaborado; hay mil cosas, pero eso hay que desarrollarlo. Ya se hace algo, pero se está empezando, hace falta todavía llegar a un nivel y un estándar que permita que este producto se pueda incluso exportar, que es –yo creo– uno de los grandes potenciales que tiene. Confío en que este producto puede llegar fácilmente a ser como el tequila, ampliamente apreciado en el mundo, valorado y consumido, y uno de los productos que más exportamos. El tequila es un ejemplo, ahora están haciendo lo mismo con el mezcal. Entonces depende mucho de la estrategia que sigamos, pero creo que el huitlacoche tiene un enorme potencial, pero para ello hay que desarrollar toda la tecnología postcosecha.

Y luego convencernos de que es delicioso y sano.

Así es, tenemos que trabajar muchísimo en el consumo, cómo lo vamos a consumir. Este año vamos a hacer un recetario, llevamos 40 recetas que ya tenemos probadas, algunos análisis nos han mostrado que hay potencial y creemos que ese es un primer paso. Hay que diversificar, estamos planteando una feria gastronómica de hongos comestibles donde haya una sección de huitlacoche, pues queremos demostrar algo que no se ha hecho en el país: que la mayor parte de la población mexicana ha consumido hongos comestibles alguna vez en su vida más bien por el sabor, no por todas las propiedades que tienen. Lo que queremos demostrar con esa feria es que los hongos comestibles son algo más que el sabor, te dan algo más, y también queremos documentar cuál ha sido la aportación, primero histórica, y cuál es el potencial de la aportación que puede hacer este reino en términos de alimentación a la sociedad, primero mexicana y después a la gastronomía internacional. Tú sabes que nuestra gastronomía mexicana ha sido reconocida como patrimonio inmaterial de la humanidad y vemos que no existe un registro que haya documentado cómo ha aportado este reino lo poco o lo mucho que haya hecho a la gastronomía nacional. Y es algo que queremos hacer como parte de este esfuerzo.

A consumir hongos, pues.

Los estudios que hemos hecho muestran que no todos los mexicanos consumen hongos, aproximadamente el 51 %, pero sigue creciendo. Empezamos con el 49 % en el primer estudio que hicimos en 2004, y lo hemos venido monitoreando y ha ido creciendo. Y algo que creo que va a hacer que crezca de manera importante es esto que hemos descubierto de sus propiedades únicas, de su aportación a la salud una vez que los ingieres, inducir la expresión de genes específicos en el organismo humano, que está demostrado que tiene un impacto directo en la salud. Eso es algo que no se ve tan claro en el resto de los alimentos, aquí lo tenemos y va a ser un impulso muy importante.
Por ello tenemos que trabajar en la ciencia y en la tecnología, en diversificar todo lo que es innovación a nivel postcosecha, es decir, desde cómo lo incorporamos de manera inteligente a la gastronomía nacional, diversificamos la forma de consumirlo, de prepararlo, generando productos a base de huitlacoche –bebidas, por ejemplo–, demostrando que los hongos comestibles son importantes en la gastronomía nacional.

Gracias, doctor.

Nota
1 Castañeda de León, Vladimir, Martínez-Carrera, Daniel, Morales Almora, Porfirio, Sobal Cruz, Mercedes, Gil Muñoz, Abel y Leal Lara, Hermilo, 2016. El cuitlacoche, producto de la interacción Ustilago maydis - maíz, una aportación de México al mundo en el sistema agroalimentario microbiano. Capítulo 31, pp. 641-694. En Ciencia, Tecnología e Innovación en el Sistema Agroalimentario de México, COLPOS, 2016.

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