jueves, 14 de septiembre de 2017

Educación indígena en San Miguel Chicahua, Oaxaca

Quinta entrega de la serie sobre educación indígena


15 de Junio de 2011

Para llegar a Fortín Alto, donde se encuentra un albergue y un preescolar de educación bilingüe, hay que salir de la ciudad de Oaxaca por la autopista a Puebla hasta Nochistlán, de ahí a la ciudad de Amatlán, de donde un camino de terracería lo lleva a uno a San Miguel Chicahua, muy cerca está la comunidad de Fortín Alto, un pueblo con arquitectura contrastante, pues lo mismo es posible ver casas antiguas de adobe y tejas, que modernas de enormes construcciones con diseños espectaculares, aunque casi siempre inacabadas.

El municipio de San Miguel Chicahua se ubica en el extremo sureste de la Región Mixteca, a una altura de 2,300 metros sobre el nivel del mar. El territorio está poblado de ocotes y encinos, principalmente, pero también hay abundantes palmas, espinos, guajales, tepehuajes y pastizales.  Se caracteriza por ser una región de emigrantes y quienes permanecen en ella siembran maíz, trigo, fríjol y garbanzo, que cosechan principalmente para su autoconsumo.

Ahí me recibieron un eficiente profesor de preescolar Indígena y el director de un albergue indígena muy deteriorado por la falta de mantenimiento y de atención.


Escuela Preescolar Indígena “Miguel Alemán”, de Fortín Alto, municipio de San Miguel Chicahua, Oaxaca

Prof. Javier Hernández López

Mi nombre es Javier Hernández López, estoy comisionado como director sin grupo de la Escuela Preescolar Indígena “Miguel Alemán”, de la comunidad de El Fortín Alto que pertenece al  municipio de San Miguel Chicahua del estado de Oaxaca.

El sistema educativo del cual nosotros dependemos es el de educación indígena, nosotros dependemos de la supervisión escolar con sede en San Diego Apoala, esta supervisión pertenece, a su vez, a la jefatura de zona de Nochistlán, que depende de la Dirección de Educación Indígena en el estado de Oaxaca y, de ahí, de la Dirección General de Educación Indígena de la SEP.

En esta comunidad somos de la etnia mixteca, de la región mixteca, y atendemos a los niños hoy en día con cinco docentes, que atienden un grupo cada quien; hay dos grupos de primer año, hay uno de segundo y dos de tercero. Debo enfatizar que aquí en esta comunidad hay mucha migración, aquí la mayoría de los vecinos se van a los Estados Unidos, y esto se ha reflejado un tanto en el sistema escolar, toda vez que los niños ya no practican regularmente la lengua indígena, que es el ñuu savi, entonces el papel de nosotros, los trabajadores del sistema educativo indígena, es ir rescatando, reforzando y fortaleciendo la lengua indígena. Aquí, el fundamento de nuestras actividades es el sistema bilingüe, aunque nos cuesta un poco llevarlos de esa manera, toda vez que los niños por lo regular ya son hablantes del español, hablan ya muy poco la lengua mixteca; sin embargo, el esfuerzo se está haciendo y justamente en este ciclo escolar trabajamos sobre un proyecto denominado “hongos zeta”, un proyecto didáctico y productivo. Ese proyecto lo culminamos precisamente en el mes de marzo y nos dimos cuenta que sí se está perdiendo la lengua mixteca, el ñuu savi. Porque los jóvenes, los adultos que se van a los Estados Unidos traen otras costumbres, otros hábitos, otras formas de vida, a eso se debe a que se esté perdiendo la práctica de la lengua en la comunidad.

Cuando yo iba en la primaria, cursando el sexto grado, se fundó un albergue escolar en mi municipio, que es la comunidad de Santiago Apoala; se funda el albergue escolar y por medio de las autoridades municipales se tuvo que citar a los padres de familia para que inscribieran a sus hijos, y es así como me inscriben mis papás y es cuando tengo mi primer acercamiento con el sistema de educación indígena.

Después de ese ciclo escolar, como fue la primera generación ingresada de la escuela primaria -antes no había, esta fue la primera-, vino el que era titular de esa dependencia y prometió a los de sexto grado de esa generación algunas becas para los alumnos más destacados, para que continuaran sus estudios a nivel secundaria. Y es así como nos motivan a muchos de los alumnos. Entonces me tocó la suerte de ser uno de los alumnos elegidos para este estímulo, para la beca. Es así como me voy al distrito, porque en esa parte de la mixteca no había alguna institución en la que pudiésemos inscribirnos, me tuve que trasladar hasta el distrito para hacer la secundaria y gozar la beca, en ese tiempo del área indigenista, hoy CDI. Teníamos que entregar como requisito nuestro promedio y a los muchachos que bajaban de promedio se les quitaba la beca. En el caso mío, afortunadamente, tuve la suerte de conservar mi promedio y tuve forma de disfrutar la beca los tres periodos de educación secundaria.

Una vez culminada la secundaria, me dirigí al profesor Pedro Maldonado, que era director regional en ese entonces -hoy se llama jefatura-, en Nochistlán, y lo invité a mi graduación. Y él me dice: “si tú tienes todavía ganas, la voluntad de seguir estudiando, sigues”. Estaba cerca de Nochistlán, aproximadamente a unos 17 kilómetros, una comunidad que se llama Santo Domingo, donde funcionaba el CEA, Centro de Estudios Agropecuarios. Me dijo que me inscribiera y que me iban a asignar una beca por parte del INI, pero estar ahí implicaba pagar todos mis gastos: alimentación, renta, todo; entonces platiqué con mis padres y me dijeron que no tenían la posibilidad de apoyarme, ya que la beca por sí sola no era suficiente. 

Entonces fui y le dije eso al profesor Pedro, que no teníamos posibilidades y que si había una oportunidad de poder ingresar al sistema de educación indígena, pues estaba en disposición de hacerlo, solo que necesitaba el apoyo de él. Y me dice: “pues haz tu solicitud porque no solo eres tú; así como tú quieres, hay muchísimos que también quieren”. Hice mi solicitud, nos fuimos a Oaxaca a que nos examinaran, sobre todo en lengua mixteca y, pues, tuve la suerte de quedar entre muchos jóvenes, no recuerdo cuántos, que no eran solo mixtecos, eran de otras etnias, pero éramos varios, de Huajuapan, de Tlaxiaco, de Putla de Guerrero. 

Finalmente presentamos el examen y como al mes, mes y medio, ya me comunicaron que fui uno de los elegidos para ingresar, pero para ello tenía que ir al Curso de Capacitación, como se llamaba en ese tiempo un curso de inducción para ingresar como educador. Entonces es cuando me voy a un centro de integración social de San Antonio de Eloxochitlán de Flores Magón, perteneciente a la Región de la Cañada, y ahí en ese lugar estuve durante los meses de octubre, noviembre y diciembre, dos meses y medio; incluso ahí hubo otro filtro, los que no respondieron quedaron fuera. Era un curso intensivo que nos daba una embarradita y vámonos.

Regresamos y nos dieron una constancia de conducta y de aprovechamiento. Retornamos varios, todos los hombres que pudimos aguantar los dos meses, porque muchos se fueron antes. En diciembre de 1979 ingreso con mi orden de comisión para ir a trabajar a una comunidad a partir del 15 de enero de 1980; es así como entro a la educación preescolar, dentro de un sistema de castellanización, como se llamaba entonces. Hace 31 años. Por contrato, no por plaza, y es hasta marzo de 1981, cuando me dan una clave, a partir de entonces cuentan mis años de servicio, por ello acabo de cumplir 30 años de manera oficial.

Muchos de mis compañeros se fueron a otros niveles, se fueron a primaria en el mismo sistema, otros a telesecundarias, y yo fui de los pocos varones de preescolar, porque normalmente las mujeres son las que han ocupado los cargos en este nivel. La satisfacción es que me inicié en el nivel de preescolar y me voy a retirar en este mismo nivel.

Hongos setas

El proyecto del cultivo de hongos setas. Al inicio del ciclo escolar la supervisión escolar nos pidió a nosotros que pudiéramos convencer a los padres de familia para formar comités de padres y docentes con el fin de armar un proyecto sobre el que queríamos trabajar con el sistema bilingüe. Una vez reunida la comunidad, hubieron varias participaciones, varias intervenciones y, finalmente, por mayoría, se decidió por el proyecto de hongo seta. Un proyecto educativo y productivo a la vez. Un proyecto desconocido para la mayoría, pero también por ello quisieron involucrarse, y así es como en esa reunión se creó un taller de trabajo. Así estuvimos trabajando con los padres de familia y alumnos aunque, ya en el proceso, nos encontramos con necesidades que tuvimos que ir consiguiendo, así como algunos procedimientos con cierto riesgo para los alumnos, por lo que tuvimos que tomar medidas. Se llevó a cabo y finalmente quedaron de alguna forma satisfechos con el resultado. Iniciamos en el mes de octubre y lo culminamos en el mes de marzo. Fue un tanto tardado, ya que primeramente tuvimos que hacer acopio de los materiales, hicimos un calendario. La participación de los niños fue fundamental, tuvieron que traer paja, totomoxtle, algunos utensilios necesarios y los docentes también contribuimos con olotes. 

En la investigación decidimos que lo haríamos con paja, pero nos dijeron que si mezclábamos la paja con el totomoxtle y el olote funcionaba mejor, que íbamos a obtener más producción. Conseguimos esos materiales, un tambo grande para ponerlo al fuego pero, ya que todo el proceso fue amplio y detallado, en algunos momentos hubo que tener mucho cuidado porque era peligroso; tuvimos que adecuar el proceso de acuerdo a nuestras condiciones y el nivel de desarrollo de los niños, que aquí son pequeños. En algunas actividades solo participaron como observadores y de esa forma no representó ningún riesgo para ellos. Todo era bastante desconocido, nadie tenía experiencia, pero a partir de ese proyecto pudimos aprender. En la valoración del consejo técnico consideramos que el resultado fue bastante positivo, tanto en el ámbito educativo como en el productivo, considero que el logro de los objetivos anduvo en un 82, 83%, lo que nos parece bien.

Algo que vamos a defender. El sistema bilingüe es, en mi experiencia, creo, un tanto poquito complicado, puesto que hay que alternar la lengua madre con una segunda lengua. Pero a la vez también es motivante, porque eso nos conduce a que también nosotros como trabajadores hagamos conciencia de que nuestra cultura tiene un valor incalculable y está viva, la estamos nosotros conservando y nadie nos la puede quitar, es algo muy nuestro. Yo soy de una comunidad vecina, estamos cerca de la gente, somos mixtecos todos, hay una mínima diferencia, una variante, pero nos entendemos perfectamente y estamos, quiero pensar, estamos trabajando para mantener y fortalecer nuestra cultura, recrear nuestra lengua indígena que es el mixteco.

El principal obstáculo pienso que es la pobreza, ya que aquí mis paisanos emigran, y siento que ese es el obstáculo. Incluso muchos padres de familia ya vienen con otra ideología, ya no quieren que sus hijos hablen el mixteco, porque para ellos hablar la lengua mixteca, mantener vivas las costumbres y los valores de los pueblos, es un sinónimo de atraso, de ignorancia, de estancamiento. Así lo ven. Tal vez por ignorancia, por desconocimiento. Yo siento que ese es el mayor de los obstáculos. Hemos sido testigos de que los jóvenes que están regresando traen esa mentalidad; hoy son otros tiempos, “hoy en día hay que ver el inglés y el español”, así lo ven ellos. Pero nos corresponde a nosotros, a los viejos en el servicio, seguir insistiendo en que nuestra cultura, como la lengua en este caso, debe prevalecer, desconocerla es como perder nuestra identidad.

Si mañana me voy, por decir, la satisfacción que me queda a mí es haber contribuido con un granito de arena para apoyar de alguna forma mi cultura, trabajar con mis paisanos, con mis gentes los mixtecos; que en algunas ocasiones hemos podido aportar, mínimamente, pero hemos podido aportar en favor de este subsistema de educación indígena. En algún momento hubieron ofertas, de otro nivel, pero yo me sentí muy satisfecho con los niños de este nivel, de cuatro y cinco años, porque es muy noble la labor, los niños están inquietos de saber, ávidos de saber, de conocer y de descubrir. Y cuando uno trabaja con esos niños, pues, a mi manera de ver, es muy satisfactorio, ya que ellos no conocen lo que es el odio.

Me iré muy satisfecho, muy contento y porque de alguna forma contribuí en esto, apoyé a mis paisanos, a mis gentes, incluso a mis compañeros. Por el nivel ya no tuvimos acceso a otras claves directivas, siempre con clave como docente, sin embargo ya recorrí algunas comisiones, fui auxiliar administrativo de la zona, fui secretario general de la delegación, ya estuve comisionado como representante de mis compañeros en Oaxaca, ya estuve apoyando como responsable del área, de la jefaturas; estuve un rato como responsable de la supervisión escolar y aquí seguimos. Si al rato me dicen que me voy a trabajar en otro lado voy y lo hago, porque ya tuve esa experiencia y volver a vivir esa experiencia es como volver a vivir, para mí es satisfactorio.




Albergue de Fortín Alto, municipio de San Miguel Chicahua, Oaxaca

Prof. Saúl Cruz García

Mi nombre es Saúl Cruz García, estamos aquí en el Albergue Escolar “Ita yuyu”, en la comunidad del Fortín Alto Chicahua, Nochistlán, Oaxaca.

Ahorita estamos con el fortalecimiento de la lengua mixteca, en ocasiones se hacen textos literarios que son traducciones. Por lo que  yo he diagnosticado en el albergue solo un 60, 70 por ciento de los alumnos hablan el mixteco, con el resto la lengua se ha estado perdiendo su uso en las casas. Ese es uno de los propósitos del albergue, aparte de brindar alimentación y hospedaje, pues como su nombre lo dice: “albergue escolar indígena”, aquí se alberga a niños hablantes del mixteco y también aquí se les fortalece la lengua. Claro que nos queda muy poco tiempo para a hacerlo, porque van a la escuela y tienen bastantes tareas de sus maestros; sin embargo, se ha estado trabajado en lo poco que se pueda. Ahorita tenemos cuarenta becas, cuarenta alumnos. Aquí es su casa, aquí se quedan, se hospedan, solamente acuden a su casa cuando van a bañarse, porque aquí no tenemos las condiciones para que se bañen, los baños están deteriorados, están cancelados, y por ese motivo muchos de ellos se van a su casa en las tardes.

Necesidades ingentes. Habitan el albergue, en primera, los niños que carecen de recursos económicos en su casa; o bien, lo que son de rancherías o de parajes distantes a una o dos horas de distancia, por lo que ellos necesitan el servicio del albergue para poder estudiar.

Urge una remodelación de todo el edificio, ahorita en los dormitorios la lluvia gotea demasiado, a veces tenemos que enviar a los niños a su casa para que no se queden en las noches, porque se mojan las camas; a veces tenemos que juntar todas las camas o los chamacos se tienen que quedar de dos o tres en cada una porque si no se mojan con la lluvia. El techo está muy deteriorado.

Aparte de ello, quisiéramos que en el albergue se creara un centro de estudio, como el del proyecto de hongos. A largo plazo, ojalá podamos tener una línea de internet para los alumnos; en este ciclo se consiguió la computadora, se estuvo gestionando con el ayuntamiento y los padres de familia y es como se consiguió este pequeño equipo de cómputo, pero hace falta una línea de internet, más computadoras; la biblioteca está en pésimas condiciones; de hecho, no está trabajando, no se ha terminado.

De mi trabajo me gusta sobre todo el reconocimiento de los niños y de los padres de familia, mi satisfacción más grande es ver que ellos lo aprecian, ojalá lo sigan haciendo, sobre todo los comités, con los que hay una buena comunicación; con las autoridades municipales, que son unas personas que no nos han negado los apoyos que se han pedido. Esa es mi principal satisfacción.


Lo que pediría a la mejor es que nos visiten más, estamos muy abandonados, a veces hay trabajos que se realizan en los albergues, en un informe sugería un estímulo para los padres de familia, para los alumnos, para los docentes de los albergues, para que le echen más ganas, entonces se valoriza más. 

miércoles, 6 de septiembre de 2017

Educación indígena en Tejería, Pantepec, Puebla

Cuarta entrega del trabajo de campo realizado en las sierras de Puebla, Veracruz y Oaxaca, a propósito de la educación indígena.



6 de junio de 2011

Para llegar a la Escuela Primaria de enseñanza bilingüe “Aquiles Serdán” de Tejería, en el municipio de Pantepec, Puebla, es necesario ir de Huauchinango a Xicotepec de Juárez –o Villa Juárez, como la llaman aún los mayores-, sigue uno por Villa Ávila Camacho, luego Apapantla, Agua Linda y finalmente se arriba a las inmediaciones de Pantepec. Antes de llegar a la cabecera municipal, se toma un camino de terracería, a la derecha, rumbo a Tejería.

Este municipio poblano se encuentra en el declive septentrional de la Sierra Norte de Puebla y mira hacia la llanura costera del Golfo de México, lo cruzan dos enormes complejos montañosos divididos por el río Pantepec que lleva sus abundantes aguas para depositarlas en el río Tuxpan.

El clima, el sol, la humedad de esta zona de México facilita la producción de muchos cultivos y frutos, pero destacan el maíz, el frijol, el trigo, el cacahuate y el café; se cultivan hortalizas como calabacita y chile verde, en tanto que abundan huertas de mango, piña, aguacate, plátano, lima y limón. Por eso más del 80 % de la población se dedica a la agricultura.

En la comunidad tutunakú de Tejería, de unos 500 habitantes, nos recibe el orgulloso maestro Miguel Santiago María, director de la escuela, y nos acomodamos a la sombra de un enorme árbol, rodeado por un muro de sesenta centímetros, que es el centro de reunión de los recreos, de las juntas de madres de familia e improvisado comedor comunitario. Sobre el muro, uno de los maestros explica las bondades de la limpieza y la organización comunitaria, secundado minutos después por una madre de familia que hace lo propio, con singular elocuencia, desde su perspectiva doméstica. Una vez despejada el área, en dos sillas traídas a propósito, el director Santiago María me explica los pormenores de su actividad docente y el profesor Miguel Luis Aparicio me da una brillante descripción de la enseñanza, no solo de la formalidad académica, sino de una cosmovisión largamente vilipendiada y combatida por las tendencias reaccionarias de la educación.



Profesor Miguel Santiago María, director de la Escuela “Aquiles Serdán”
Comunidad totonaca de Tejería, Municipio de Pantepec, Pue.

El nombre de la comunidad es Tejería, pertenece al municipio de Pantepec, Puebla. El nombre de la escuela es Aquiles Serdán. Mi nombres es Miguel Santiago María, estoy a cargo de la escuela, soy el director comisionado, llevo un año de dar mi servicio aquí.
En primera, pues la opción o la oportunidad, porque yo hablo la lengua indígena totonaca, y eso es lo que me facilitó para presentar examen en Huauchinango y, posteriormente, los que aprobaban tuvieron cita en la ciudad de Puebla. Yo hablo totonaca porque es la raíz de mis papás, de mi mamá, de mi familia y siempre he practicado la lengua indígena.

Soy parte de la educación  indígena, mis primeros maestros lo fueron, estudié aquí y por suerte doy mi servicio aquí también. La comunidad tiene cuarenta y dos años desde que se fundó y la escuela lleva treinta y dos años con su sistema de educación indígena, de maestros bilingües, hablantes del totonaco.

Como no hay referencias, yo les doy ideas a los niños: “si ustedes quieren ser maestros o futuros ciudadanos que tengan más espacios, deben de valorar su lengua, deben de valorar su cultura, porque el que habla dos lenguas tiene más oportunidad de participar, quizás en las empresas o en otro lado”. Aquí hubo un joven que tuvo la oportunidad de estar en Colombia, porque la comunidad pertenece a una organización que la está apoyando con el bambú. Entonces trabajaron con los jóvenes de la prepa para ponerles su conejo, su panadería y su invernadero, pero fue un fracaso porque no había experiencias. Pero dentro de esa organización, un joven de la prepa tuvo esa oportunidad de irse a Colombia, porque el joven de preparatoria, que domina una lengua indígena igual, tuvo esa opción. Entonces les hago ver a los pequeños de primaria: “vean a este muchacho, por dominar una lengua, no solo el español, tuvo esa oportunidad, digamos, de volar -porque yo nunca he tenido la oportunidad de volar ni a México, ni siquiera a Poza Rica- y se fue muy lejos”. Regresó y nos explicó y comentó de su experiencia. Eso fue a raíz de su dominio de dos lenguas. Fue a dar una conferencia sobre la importancia de la lengua indígena.

En primera, hay competencias, hay retos, hay críticas, entonces nosotros seguimos defendiendo nuestro sistema, nuestra escuela es lo mejor para nosotros. Cada quien defiende su escuela. Por ser bilingüe, los alumnos se dan cuenta a través del libro de atlas, a través del libro de geografía universal y a través de Internet, se dan cuenta que las lenguas existen, entonces hay que seguir valorando la nuestra. Claro que si nuestras mamás, nuestros abuelos, dejan de platicar a sus hijos y a sus nietos, contribuyen a que se pierda. No será ni el Estado ni nadie el que venga a acabar con nuestra cultura, los mismos papás jóvenes son quienes van a hacer que la lengua se vaya perdiendo, se vaya opacando. Deben tener mucha conciencia los papás jóvenes, porque son ellos los que nos deben de dar fuerza para que la lengua se vaya conservando, porque los abuelos se van acabando, cuando un abuelo muere se pierde una parte de la lengua de una familia. Entonces los que nos pueden respaldar son los papás jóvenes, para que pueda prevalecer nuestra cultura, nuestra lengua.

Entre los obstáculos de nuestro sistema de enseñanza, el papel más importante es el que hacen algunos de los papás jóvenes que ya casi no platican con sus hijos en la lengua materna, ese es un primer reto. A través de pláticas les decimos: “son ustedes mismos responsables que sus hijos vayan perdiendo la lengua, que se hable nomás en español.” Otro obstáculo enorme es el de la tecnología, la computadora, el Internet, la televisión, los medios, la publicidad, todo está en puro español o está en inglés. Eso es lo que nos está opacando, nos está dominando, eso es. La publicidad nos está opacando, por eso nosotros, como escuela, tratamos de hacer publicidad, digamos, local, porque no podemos meternos más allá, porque implicaría otros gastos. Y con la ayuda del Ayuntamiento, que nos va a respaldar con carteles, con lonas, con bardas, al igual que con anuncios como rutas de evacuación, de bienvenida, mensajes sociales y centros recreativos en nuestro idioma, pensamos luchar contra eso, para que la gente que venga también tenga una probada de nuestro idioma. Nuestro nombre dice “educación indígena”, “educación bilingüe” y no se ve.

Con las clases los niños responden, las actividades escolares ayudan a que la comunidad se meta en la cultura local, que es lo que ha faltado. La cultura que estamos impulsando es no quemar los plásticos, tratar de reciclar y venderlo, generar algo de monedas para necesidades de la escuela como papel, marcadores, en algo nos va a servir. Esa actividad es la que están haciendo los pequeños.

Bueno, en el caso de sexto grado, como solo somos tres maestros, en cada actividad se escoge un tema; digamos, ahorita, es sobre la basura: cómo concentrar la basura, luego se clasifica: nombres, tipos, entonces todo lo hacemos en totonaco. Hay niños que no entienden muy bien el totonaco, se le dan instrucciones. Pero sí se llega a meter el español como aclaración. También me da mucho gusto con el curso que recibimos en Puebla, el de parámetros, que lleva el maestro Miguel Luis, donde se ve que hay más futuro, hay más esperanzas con los niños de primero y segundo, porque como están empezando, a pesar de que la lengua es de aquí, para ellos es una novedad porque a la mayoría les hablan en sus casas en español. Pero la actividad en lengua indígena, para mí no es problema porque yo lo hablo y la mayoría de los niños lo hablan, pero casi no lo quieren escribir, o al revés, y eso es un problema, son las consecuencias o son los retos que tenemos que superar.

A veces vemos otra clase de problemas y les hablo a las mamás para señalarles dónde está el problema. Así, entre ambos, con la ayuda de ustedes, vamos a superar el problema, vamos a solucionarlo, porque aquí todas las mamás, todas las familias, hablan el idioma tutunakú.

Otra actividad es la elaboración de libros. A través de la organización del supervisor se distribuyeron temas, a nosotros nos tocó variedades de camotes, entonces los alumnos hicieron una investigación, sacaron variedades de camotes, se tomaron fotos, se fueron armando y ahí están los libritos de los niños que se van a quedar en la biblioteca como parte de una actividad. Como nos decía el maestro Arturo, si nosotros somos la educación indígena, debe haber sustento en la biblioteca, debe haber memoria, porque los abuelos saben mucho, pero no les preguntamos, o si les preguntamos no lo escribimos, entonces se nos está escapando la biblioteca. Algo importante, y qué bueno que a través de la visita de usted nos sentimos más estimulados, porque cuando viene gente importante, como es el caso de ustedes, o en el caso de otras visitas que tuvimos el viernes, a la gente le da gusto, qué bueno que somos tomados en cuenta, porque aparentemente dicen: “no, Tejería es un pueblo pequeño, quién lo conoce, quién lo sabe”; pero les digo, si ustedes van al Internet, buscan Tejería en Internet, le dan clic, ahí está Tejería.

El vestido tradicional se está perdiendo. Hay una sola persona, que es mi tía, es la única persona que porta tu traje típico. Ya no hay. Mi papá así era, tengo una foto, pero hoy mi tía es la única que porta su ropa indumentaria. Les digo a los niños: “vean, nosotros mismos acabamos con nuestra cultura, el mismo sistema”. Mi esposa me decía: por qué no se platica con los alumnos, con los padres de familia, que todos porten en vez de pants, que se pusieran su calzoncito tradicional de manta para hacer ejercicio. Sería mejor. Eso está pendiente, revalorar de nuevo y revivir la indumentaria, porque nos queda solamente un por ciento del total del pueblo. Nosotros hemos participado en eventos, yo tengo mi traje típico, pero… hay un pero. No lo porto porque estoy más cómodo así, nos acostumbraron desde pequeños, pantalón, zapatos. Pero nunca es tarde para empezar.

En el caso de nosotros, de los que hemos aprendido del campo, tenemos cierta relación con la naturaleza, la mayoría de los niños saben de la siembra, eso es una herencia de los abuelos, la selección de semillas, cuándo se va a limpiar el montecito para sembrar el maíz; todos esos valores de nuestros abuelos, los niños aún los tienen en el corazón, en la mente. Yo es lo que veo, porque aman a la naturaleza y conviven con los abuelitos. Por ejemplo, cuando hay un difuntito, digamos, ahí están, yo pienso que ahí es donde todavía se está demostrando ese valor cultural, porque hay otros lugares donde no, el trasporte por ejemplo, ahora los llevan en carro, pero antes no, los llevaban en el hombro. Ahora lo llevan en camioneta, como que se va perdiendo por ese lado; pero del sentir humano, del afecto, de la convivencia, pues yo veo que no se ha perdido, lo único que se ha modernizado es el transporte, es más rápido, menos peso; pero en la convivencia, yo veo que ahí no se ha perdido nada. En otro caso, vemos que las mamás van a traer sus taquitos después de la jornada que están haciendo por lo limpieza de la comunidad, y conviven, o sea “de traje”, y es bonito. Pero a veces hay otros momentos donde el niño trae el taquito pero es para él, no comparte, y eso no se inculca aquí, pues si traes cinco taquitos, debes compartir. Eso también yo siento que son valores que desde la familia se les han inculcado, porque ese afecto de familia, ese afecto de compañerismo no se debe de perder. ¿Quién nos va a valorar más que nosotros? Como vecinos, somos un pueblo pequeño y por eso es cuando se debe de estar más unido, porque todo eso perjudica otras situaciones, como la política, pero eso los niños todavía no lo ven. Los adultos quizás sí lo observan, pero ese es el detalle. Ahorita se fueron todos a limpiar al río, en grupo todavía hay solidaridad. Eso es muy importante para nosotros, de manera personal para mí, y a nombre de mis compañeros que trabajan aquí, que también dominan la lengua indígena, también aman su trabajo, porque es nuestro sustento, de él vivimos, gracias a la lengua indígena. Eso es lo que a mí me hizo incorporarme al sistema.

Nosotros tenemos el rescate de nuestra cultura como proyecto. No lo tenemos por escrito, solamente es un enunciado de rescate de nuestra cultura, lo tenemos en mente pero no lo hemos armado. Si no escribimos, puede haber muchas cosas en la comunidad, pero mientras no se escribe, no existe nada. El tiempo se va pasando, y el día de mañana a los maestros nos cambian, somos rotativos, ya estamos en otra escuela, allá el proyecto puede ser otro, entonces las cosas se pierden.

Un proyecto más grande es lo que ha faltado, pero nunca es tarde para plasmarlo y para escribirlo, porque yo creo que eso es importante y a través de ese documento, de ese escrito, si llegara a existir, gente como usted vería que ese texto viene de Tejería y se dará cuenta de que coincide con lo que dice el director, como que se asemeja, hay una congruencia con lo que dice después de una visita ocular como la que están haciendo ustedes.

Lo que estamos viendo más de cerca es la escritura, eso es permanente, se escribe, hay textos de los niños sobre su vida; lo escrito es como ver a los niños directo. Algo importante también es la etnomatemática; por ejemplo, el comercio, el rollo, digamos de cilantro; un rollo, son diez pesos. Porque no dicen “medio kilo”, aquí es por rollo, el rollo es lo de la comunidad; por ejemplo, un montón de mangos son diez pesos, ¿por qué no un kilo?, no, por montoncito, si va al mercado todo es por báscula, ahí no se regala ni un gramo, son exactos. Al contrario, ahí te roban, pero aquí todavía, para vender, es por rollos, por montoncito o por puños, así se acostumbra vender las cositas. Por ejemplo, una familia vende su pollo, ochenta pesos, y no lo pesan, porque si lo pesan entran los cuartos, medios, y ahí no se pierde nada; o sea, el comerciante que maneja números no pierde nada, y en el caso de la comunidad todavía como que le regala un poquito. Yo pienso que eso también es muy importante, los niños lo saben, pero no va escrito. Por eso, a través del impulso de la escritura, con la ayuda de papás, hacer una antología sobre el comercio y dejarla aquí en la dirección, para mí eso es importante.

En esta escuela yo convivo con mis hijos, con mis primos, con mis alumnos, y ellos son más como mi familia. Yo aquí tengo a mis hijos, a mis sobrinos, es una escuela familiar.



Prof. Miguel Luis Aparicio
Escuela “Aquiles Serdán” de Tejería, Municipio de Pantepec, Puebla.

Mi nombre es Miguel Luis Aparicio, trabajo en la zona escolar número 307 de Pantepec, con sede oficial el Pantepec, Puebla; llevo 21 años de servicio, actualmente tengo 43 años y me desempeño como asesor técnico pedagógico en esta zona.

Para que la educación sea bilingüe, en primera, tomamos en cuenta la lengua materna de los niños, en estos lugares la lengua predominante es el tutunakú, que en español le llamamos totonaco. Para abordar una educación bilingüe empezamos con su lengua materna, para que las instrucciones y toda la clase y la comunicación con los niños sea factible. Porque si nosotros llegamos hablándoles en español y ellos hablan tutunakú, la verdad no hay comunicación, cada quien habla su propio lenguaje y no hay esa comunicación que uno quisiera. Pero si nosotros llegamos al aula hablando su lengua materna la cosa cambia, de igual forma abordamos los contenidos del programa en su lengua. En el caso de un servidor, estamos trabajando en el diseño de proyectos didácticos en tutunakú; en esos proyectos didácticos el punto de partida es la lengua. Entonces iniciamos los proyectos didácticos a nivel de lengua, están hechos ya los del primer ciclo, ya están terminados, entonces esto se inicia con el nombre propio y se hacen ya cuando estamos trabajando la clase en lengua indígena. La clase es cien por ciento en tutunakú pero, para que el alumno transite de su lengua al español, el español no se deja a un lado, sino que se le enseña al alumno. Después de que tiene su clase de tutunakú pasa a su otra clase, que es la enseñanza del español como segunda lengua. En esa clase los alumnos aprenden a decir: “yo me llamo Juan, yo me llamo Pedro”. Conocen a los maestros, conocen a la escuela en español. Todo ese trabajo se da en el primer bimestre, en el segundo bimestre los alumnos empiezan a trabajar el álbum de letras para los de primer grado. Y para los de segundo trabajan el álbum personal. Y cuando ya empezamos a trabajar eso, los chicos conversan en su lengua y también van aprendiendo conceptos del español, porque hay algunos conceptos que no existen en su lengua y tienen que decirse en español, o en inglés, como es el caso del Internet. Y claro, nos regimos en una norma de escritura.

Las matemáticas. En estos últimos tiempos tenemos un buen avance en cuanto a las normas de escritura del idioma tutunakú, dónde están las reglas, cómo se debe escribir, por ejemplo, cuando estamos hablando de objetos en matemáticas. Hay clasificadores numerales en tutunakú. Cuando es español contamos: uno, dos tres, cuatro, cinco… no tenemos problemas, pero cuando estamos en la clase de tutunakú y el maestro no es hablante de la lengua tutunakú, enfrenta problemas, porque en tutunakú hay clasificadores numerales, en tutunakú no puedo decir “un árbol”,  en tutunakú digo “una planta de árbol”; o digo: una vara, o un poste, pero no lo digo igual que como lo digo en español. Cuando digo “ese es un poste”, en tutunakú, digo: “eso que vemos allá está largo y es un poste”. O sea, como que vemos todo demasiado descriptivo. Entonces, cuando contamos cosas esféricas, contamos de manera diferente, decimos: “lakatil”, o cuando contamos hojas de papel, decimos “ojtil”. En el tutunakú es muy importante que el maestro sepa y conozca los clasificadores generales porque, si no, no va a poder dar su clase de matemáticas, porque el alumno, en lugar de entenderlo de manera clara, se va a confundir. También lo aprenden en español, cuando el maestro ve que el alumno lo ha aprendido en tutunakú, entonces se cuenta todo en español, de otra manera.

Por ejemplo, en la clase de tutunakú, cuando se trata de dar órdenes, vamos a pensar que a un alumno le decimos: “ve a la dirección a  traer el reloj”, así lo decimos en español, de manera muy general, ve por el reloj, pero no le decimos en qué parte precisa está el reloj. En tutunakú le vamos a decir: “niño, ve a la dirección y me traes el reloj que está en la pared de color azul”. Entonces el niño va, ve la pared y ahí está. O le decimos que busque el martillo, le decimos: “hijo, ve por el martillo, que está debajo de la mesa en la cocina”; o sea, el tutunakú es específico, es directo.

Ahora vamos a pensar en la poesía, que en tutunakú se describe tal cual es, como que es más realista. Por ejemplo, nos vamos a una poesía antigua en español, vemos como que hay demasiada metáfora; en lengua no hay mucha metáfora, es directa. No necesita metáforas porque se va directo. Claro, hay algunas metáforas, pero aquí la luna es la luna, y el árbol, árbol; es muy descriptivo y directo.

Hay diferencias porque en cuanto, por ejemplo, a los pronombres, pueden ir juntos al sustantivo, o sea, ir como si fueran prefijos; en cambio, en español forzosamente hay que tenerlos aparte; en la lengua tutunakú se junta el pronombre personal con el sustantivo o el adjetivo, lo que le da dinámica. Hay cosas que se dicen en tutunakú que en español no es fácil explicar. Por ello es que en estos últimos tiempos le estamos apostando mucho a la alfabetización inicial en lengua tutunakú. Claro, para los hablantes en lengua tutunakú. Algunos niños llegan en tutunakú y otros llegan en español, como el 50 y 50. La edad de los padres es muy importante, con padres más jóvenes los hijos hablan español, en padres más grandes o con abuelos, los niños hablan tutunakú.

Hay un proyecto específico a nivel nacional, estamos trabajando la asignatura en lengua tutunakú; en la zona el año pasado lo trabajamos a nivel piloto, este año ya lo estamos trabajando en su etapa de generalización, pero es un primer intento, pues cuando ya se habla de generalización tenemos muchos pros y muchos contras. A veces, cuando se va a la generalización, es más difícil. Abarcar como asesor técnico, pues, dar seguimiento a una escuela y a otra, a uno le implica mucho desplazamiento. Por ejemplo, en mi caso, que estoy llevando la generalización tutunakú en mi zona, entonces igual tengo que coordinarme con la parte regional y yo soy el asesor en la parte regional y en mi zona. O sea que se me duplica el trabajo. Entonces, si aquí están trabajando el tercer proyecto, en la escuela de Ejido Cañada también deben de estar trabajando el tercer proyecto, pero a veces los tiempos, las características de los alumnos no son iguales, hay alumnos que avanzan muy rápido y hay otros que avanzan muy lento.

El obstáculo serían aquí los estilos de enseñanza de los profesores, porque ha habido de profesores a profesores, hay profesores que todavía gustan de trabajar al estilo tradicional, en lo que siempre se ha enseñado: los niños en fila, calladitos y en todo momento se la quieren pasar explicando. Entonces, pobres niños, pues están sentaditos todo el día. Y hay otros en donde ya empieza a meterse la innovación, trabajan por equipos, exponen, hacen paneles, los alumnos como que se ponen más activos. Entonces depende mucho del estilo de enseñanza de cada profesor. Otro de los obstáculos es la distribución del tiempo; a veces, cuando un maestro es tradicionalista planea, pero como que todo es expositivo, a veces se lleva mucho tiempo en estar exponiendo, se explaya, porque el conocimiento está centrado en él, él es quien posee el conocimiento y por lo tanto él debe dárselo a los chiquillos. Y cuando el conocimiento se centra en los alumnos el maestro solo coordina, tiene que coordinar actividades, está ahí apoyando. Para mí, con el trabajo que estamos haciendo con la generalización de la asignatura tutunakú, la segunda opción es más factible. De hecho, los proyectos didácticos están hechos bajo ese enfoque, donde los maestros reciben su libro para el maestro y ahí vienen descritas las actividades bien pensadas para que se trabajen de manera individual, por equipos, por exposición, pero hechos por los alumnos, en ningún momento por el maestro. El maestro solo está allí para apoyar, para guiar, para animar a los estudiantes, él se convierte en tutor del aprendizaje.

Visión del mundo. Los niños, cuando son hablantes tutunakú, traen una visión del mundo. La visión de mundo que traen desde sus casas es diferente a la de los niños que hablan español,  entonces lo que estamos haciendo aquí es que esos niños conserven su lengua, pero al mismo tiempo conserven su cultura, su forma de entender el mundo, el universo y su relación con la naturaleza, porque el niño que habla español, su forma de ver el mundo es diferente, él se va a la tecnología, los adelantos tecnológicos; el niño que habla tutunakú vive pensando en otras cosas, el niño tutunakú ve el agua y sabe que al agua hay que respetarla, las siembras, el maíz, todo merece un respeto. El niño tutunakú no es dueño de la tierra, es parte de la tierra, él pertenece a esa naturaleza; en cambio, el que es hablante en español dice: “ese terrenito que ves ahí es de mi papá y también es mío, todo lo que sale de ahí es mío, el dinero que salga de ahí es mi dinero”. En cambio, el niño tutunakú no viene pensando en dinero, está pensando en la tierra misma, en él pero como parte de ella, él cuida todo lo que hay ahí, él no lo destruye, no viene pensando en destruir. Esa es la parte fundamental que estamos trabajando, que estamos tomando en cuenta, retomar la cosmovisión de ellos para que, al mismo tiempo, cuando ya sean grandes, comparen esas cosmovisiones. No quiere decir que van a desvalorar lo que ellos tienen ni que van a rechazar todo lo que hace la gente que habla español, sino que va a ser una mejor forma de entender el mundo.


Lo que más me ha gustado. Llevo tres años en este programa; en un principio, cuando comencé, lo veía yo demasiado utópico, lo que me parecía realizable era enseñar a leer y escribir en lengua, solamente, pero ahora estoy viendo que va más allá, que después de haberle entrado a este programa estoy encontrando que los niños se valoran más. Cuando hacen su álbum personal es lo que más me ha impactado. Les digo a los niños: “regálame tu álbum”. “No, maestro, es que es mío, no se lo puedo regalar, me dio trabajo hacerlo y ahí dice muy bonito todo lo que yo he hecho desde que nací”. Y me lo dicen en tutunakú. Son los primeros esbozos de hacer un libro personal, pero ellos están entrando también a la cultura del libro. No es fácil que las culturas indígenas entren a la cultura del libro en su propia lengua. Porque el álbum que están haciendo es en su propia lengua. Y luego, claro, aquí hay algo bien importante, para que los niños lo hagan, el maestro, antes de decirles que ellos van a hacer un álbum personal, él ya debe llevar un álbum personal hecho, él debe narrar su vida para que ellos lo vean. “Esto es cuando yo era bebé…”, y así se va narrando en lengua tutunakú. Y los niños se entusiasman y se dan cuenta de quién es verdaderamente su profesor, se dan cuenta que su maestro también es alguien que salió de la comunidad, pero que ahora es profesor y es quien les da clases. Y así es como se animan a escribir. Eso es lo más agradable y grandioso que he visto. Y los padres. Hay unos padres que dicen: “profe, pero por qué apenas hasta ahora, si nosotros hubiéramos decidido hablar tutunakú de niños sería otra cosa, pero no hemos tenido ese privilegio”. Y les decimos, “nunca es tarde, señores”. Ahora, incluso, muchos de ellos están aprendiendo a escribir en su lengua porque ven que sus hijos lo están haciendo. Y están muy contentos. Ellos fueron reprimidos para que no hablaran su lengua, incluso en la actualidad hay quejas a nivel de derechos humanos, de manera oficial, hay gente que se ha quejado de esa represión y están demandando que se les enseñe en su propia lengua. Eso es bueno, porque hace diez o quince años se estaba perdiendo de manera vertiginosa, las lenguas indígenas iban en picada. Ahora, con este trabajo que estamos haciendo se empiezan a revitalizar. Una señora que trabaja en Teziutlán, que habla tutunakú al cien por ciento, me acuerdo de su nombre, se llama Elsa, es presidenta del comité de padres de familia de Zihuateutla, cuando le preguntamos qué sentía ella en el hecho de que su pueblo hubiera sido la sede para la normalización de la escritura en lengua tutunakú, ella nos decía de manera muy gestual: “me siento orgullosa, porque con esto vamos a revitalizar nuestra lengua, la vamos a elevar, la vamos a poner en un rango alto de nuevo, como estaba antes”. A la señora se le ilumina la cara y se ve contenta cuando empieza a hablar de esto. Tiene razón, tiene bastante razón.

miércoles, 30 de agosto de 2017

Educación indígena en La Escalera, Mecatlán, Ver.

Tercera entrega del trabajo de campo realizado en las sierras de Puebla, Veracruz y Oaxaca, a propósito de la educación indígena.



8 de junio de 2011

Comunidad totonaca de La Escalera, Municipio de Mecatlán, Veracruz

De Papantla se llega a Entabladero, de ahí se sube una sierra por Arenal, Las Lomas, Coyutla y se llega hasta las alturas, donde está Mecatlán, la cabecera municipal. Del otro lado del cañón nos fueron señaladas algunas poblaciones del estado de Puebla.

De ahí hay que bajar hasta el fondo, al valle, donde se encuentra la escuela bilingüe. En la larga comunidad de La Cruz termina el pavimento, se toma una brecha rodeada de vegetación hasta las cercanías de La Escalera. En esa ocasión hubo que caminar un kilómetro a pie, pues el camino estaba cerrado. A la vera de la terracería los maestros guías señalaron ruinas prehispánicas cubiertas de vegetación, también diversas plantas medicinales como la baquetilla o el chotomitillo, que son dos poderosos antibióticos.

Mecatlán está ubicada en la zona norte del Estado de Veracruz, dentro de la Región Totonaca, a 860 metros sobre el nivel del mar. Domina las alturas con Filomeno Mata, municipio vecino que comparte las estribaciones de la sierra de Papantla. Su territorio es cruzado por el río Laxaxapan, tributario del río Espinal o Tecolutla. Sobresalen las maderas preciosas, pero sobre todo abundan árboles con nombres locales como choncarro, jonote, guanacaxtle y sangregado, bajo cuyas sombras corretea fauna silvestre como un conejito miniatura que se atravesó en el camino, o invisibles armadillos, ardillas,  mapaches y reptiles. La siembra municipal es dominada por el maíz  y el café.

En la escuela primaria entrevisté a los maestros Juan Domínguez Pérez, director, y al profesor Austreberto Álvarez López sobre la educación bilingüe que imparten.

Prof. Juan Domínguez Pérez
Escuela primaria “Juan Sarabia” de la comunidad La Escalera, Municipio de Mecatlán, Veracruz

Soy director comisionado de esta escuela que se llama “Juan Sarabia”, de la comunidad de La Escalera, Mecatlán, Veracruz. Aquí llegué en 1996, voy a cumplir quince años. Venía de otra comunidad que se llama Las Flores, de esta misma zona de Mecatlán. Ahí también fui maestro bilingüe, estuve dos años y medio y de ahí me pasaron a este centro de trabajo.
Yo estudié en escuela estatal, en español nada más. La lengua simplemente no la hablábamos. En lo personal no fue traumático. Mi mamá habla la lengua materna, que es el totonaco, mi papá también, así que yo aprendí en español. Soy de una comunidad que se llama Rodolfo Curtín, allá por El Remolino, yendo a San Andrés, donde algunas personas hablan totonaco, otras español. No se me dificultó.

Fui a la primaria en mi comunidad, hasta tercer grado, hasta ahí llegaba; fui  a otra comunidad, ahí terminé la primaria. Fui después a Santa Rosa, ahí estudié telesecundaria, luego fui a  estudiar la prepa, que era de dos años todavía. Una vez que terminé, no entré luego a trabajar porque no se podía. Posteriormente empecé a estudiar pedagogía, en Poza Rica, en la Universidad Veracruzana, llegué al tercer semestre, entonces entré al examen del tema indígena, me fui a Jalapa y pasé el examen; me fui a un curso en Tlaxcala, ahí estuve ocho meses tomando el curso. Cuando terminé, pues no estaba fácil entrar a trabajar, porque no me conocían. Estuve un año descansando sin nada, esperando que me hablaran, y volví a ir a Jalapa, estuve un mes, otra vez tomé un curso propedéutico ahí, y ya posteriormente me dieron la plaza. Ya, empecé a trabajar. Ya estando aquí, pues hice la licenciatura en educación primaria, en la UPN, con sede en Poza Rica, entonces ya me titulé como licenciado en educación primaria en el medio indígena.

Cuando llegué a la primera comunidad, a Las Flores, al igual que aquí, pues los niños eran cien por ciento totonacos, el problema para mí fue la variante dialectal, porque no es lo mismo como se habla el totonaco allá en mi región a como se habla aquí o en Filomeno Mata. Yo hablo totonaco, pero había palabras que no entendía, ¿qué será? Conforme pasó el tiempo me fui adaptando, fui escuchando y también, fui pronunciando las palabras y entendiendo a la vez. De esa manera fui comunicándome con las personas de esta comunidad, con los niños. Y la ventaja de ser maestro de educación indígena bilingüe, es de que te comunicas con la comunidad, hay una comunicación más abierta con la gente del pueblo, con los niños.  Los maestros bilingües les enseñamos a escribir y a leer en la lengua materna del niño, y así hay más comprensión, porque entienden más. Porque si nosotros le habláramos nada más en español, el niño no te entiende. Y lo he comprobado, a veces hay un texto y no saben qué dice ahí. Pero si yo lo explico en totonaco entonces sí entienden. Esa es la ventaja.

Trabajamos el libro cartonero, la coordinación escolar nos convocó a empastar los libros. En ese libro vienen las normas actualizadas de la lengua tutunakú, cómo se debe escribir, cuáles son las reglas. Ahí se ven oraciones, textos en totonaco. Las variantes dialectales están englobadas, porque hay palabras que cambian. Aquí en la zona se reúnen cada año, van a un congreso. Se reúnen todos los que hablamos la lengua tutunakú y ven qué problemas hay, que hay que rescatar palabras porque algunas se han ido perdiendo, hay que incorporarlas para darlas a conocer a los alumnos, a escribirlas porque si no se pierden. Así se está trabajando, nomás que a esta escuela se le eligió como una escuela piloto. Le tocó a nuestra comunidad, allá en el municipio de Filomeno también se está ejercitando, en todas las demás escuelas también, solo que esta fue seleccionada.

Describir una lengua como que se complica un poco, pero yo le diría que la lenguas maternas, sobre todo la lengua tutunakú. En esta región de Totonacapan, los que vivieron anteriormente se comunicaban en esta lengua, todos hablaban totonaco, como otras lengua que existen, pero como que son por regiones; entonces ellos hablaron, tenían su lengua tutunakú, se comunicaban, tenían sus propias normas, su propio gobierno, lo que es el grupo totonaco. Y posteriormente, con la llegada de la conquista, empezaron a imponer la lengua española.

Me gusta cuando veo que los niños saben escribir en tutunakú, hay nombres, personas, lugares, que elaboren textos y los escriban. Para mí eso es muy grande. Yo, en lo personal, estoy a gusto, estoy contento, con mis quince años aquí. Me gusta el pueblito, yo soy de Papantla, llego los lunes y me quedo toda la semana. Aquí vivo, vivía en aquella casita, pero ahorita me cambie acá, donde hay menos moscos. Sí, estoy a gusto, toda la gente me conoce, me llevo con ellos. A veces hay problemas o necesitan una orientación y yo los apoyo. Por ejemplo, ahorita el compañero presidente municipal llegó con que: “hazme un oficio”, a ver cómo se ve. Adelante, les echo la mano. Soy amigo del pueblo, pues. El camino está suspendido momentáneamente porque están haciendo un puentecito, pero lo van a abrir pronto. Antes no había camino y había que venir caminando. Hoy ya hay carros de transporte, llegan, pero anteriormente no había por la brecha, no había, eran veredas empedradas y tenías que caminar de Mecatlán para acá y de aquí a Mecatlán. De aquí al municipio se hacía una hora, porque se tiene que subir. Tarda uno mucho. Por eso se llama La Escalera, porque es pura subida, hay que escalar. Eso se encuentra por este lado, no por donde bajaron ustedes. Hay otras subidas más accesibles; en cambio, de aquel lado, si está más alto. Por eso le pusieron el nombre de La Escalera.

Prof. Austreberto Álvarez  López, Supervisor escolar de zona
Escuela Juan Sarabia” de La Escalera, Municipio de Mecatlán, Veracruz

El maestro que yo tuve en primer año era un maestro federal, en español, en la década de los sesenta, tenía yo diez años cuando entré a la primaria y me llevaron a la fuerza. Mi idioma materno es el español, por mis padres, y ya el aditivo fue el tutunakú, que aprendí jugando con los niños, primero a través de señas.
El tutunakú es un poco difícil, la pronunciación y la escritura, es más fácil el náhuatl. El tutunakú se parece al japonés y a la gente mestiza que quiere aprender el idioma nuestro se le dificulta la guturación, la pronunciación. Es muy difícil. La “kg” se les dificulta, pues es gutural.

La bondad que yo veo en el idioma tutunakú es que si el maestro que va a enseñar a los niños lo hace en su idioma tiene una gran ventaja, inspira confianza, les da seguridad y les levanta la autoestima a los niños; los eleva, los niños se sienten bien. Se sienten ambientados y aprenden mejor. Cuando la enseñanza es en un idioma ajeno al contexto de los niños hay problemas, eso es lo que hemos visto en la zona. Cuando vienen maestros que no tienen la vocación de servicio, aparte de que no hablan nuestro idioma, que es el tutunakú, hay muchas dificultades en el aprovechamiento. Hay mucha incomprensión. Esos son los problemas con los que hemos tropezado. Y los maestros que se desempeñan en la lengua materna del niño tienen grandes ventajas, como es el caso de La Escalera, donde los maestros son bilingües. Pero todo termina en sexto año.

Al haber solo primaria en lengua tutunakú hay una interrupción brusca dentro de la lingüística de los estudiantes, porque no hay una articulación de esa lengua en otros niveles. Estuvimos hace veinte años pidiendo que se instituyera una escuela teleseceundaria en tutunakú, estaba el proyecto,  pero hasta ahorita no hemos tenido resultados. Sería lo máximo porque se continuaría con el idioma, se continuaría con el mundo del niño, pero ampliando más el panorama del aprendizaje. Sería una gran ventaja. Como ahora le están dando mucha importancia a la educación indígena, pienso que sí será una realidad; sería magnífico, lo mejor.

Porque lo que me he dado cuenta en la región del Totonacapan, el niño termina la primaria o la secundaria y se va, se van al otro lado, porque los padres traen la idea de que aprender el totonaco es malo. “¿De qué les va a servir si van al otro lado?, allá se habla el inglés.” Hasta los propios maestros tienen esa idea, de que el totonaco no les sirve, pero para mí es una ventaja para quien lo aprende muy bien, pues al viajar al otro lado se les facilita más aprender otro idioma. Hay dos grupos de gente en Estados Unidos que demuestra eso, tienen sus tres modos de hablar con el español, el totonaco y el inglés. Una gran ventaja, ese ejemplo lo he dado a conocer en las comunidades. Que no nos avergoncemos. Hay en Canadá, en Carolina del Norte, por ahí han ido a trabajar. De esa manera, dicen que es una ventaja, se les facilita aprender más el inglés, y allá son representantes del grupo de trabajadores.


Mi mensaje es invitar a todos los maestros que están en la educación –no importa que sean federales, que no sean bilíngües–, para que tengan un efecto positivo en la enseñanza, en el proceso de enseñanza aprendizaje, deben de aprovechar de aprender el idioma que se habla en el contexto escolar donde están trabajando. Y el avance va a ser más provechoso. Eso es lo que yo recomiendo. Te enseña a valorar lo nuestro, te enseña a levantar la autoestima, la equidad de género, porque aquí tienen todavía la idea de que la mujer vale menos que el hombre, y los maestros de educación indígena estamos pugnando por buscar la equidad de género, de que todos somos iguales, pero tenemos diferencias en la forma. 

viernes, 25 de agosto de 2017

Educación indígena en Espinal, Veracruz

Prosigue la serie del trabajo de campo realizado a mediados del 2011 por las sierras de Puebla, Veracruz y Oaxaca, a propósito de la educación indígena.


Comunidad totonaca de Santa Isabel el Mango, municipio de Espinal, Veracruz.

7 de Junio de 2011

Para ir a Espinal, Veracruz, se parte de la histórica Papantla hacia El Chote, se pasa Arroyo del Arco, San Lorenzo y Paso de Valencia, entonces se llega a Espinal, en donde realizo la primera entrevista; posteriormente, hay que trasladarse a la comunidad de Santa Isabel el Mango donde se halla la escuela primaria bilingüe “Miguel Hidalgo y Costilla”.

El municipio de Espinal está ubicado en la zona central de Veracruz, en la región totonaca, en los límites de la Sierra de Papantla, con solo 100 metros sobre el nivel del mar. Estas condiciones le permiten el cultivo de enormes huertos de naranja, limón, plátano y mango petacón, pero también se distingue por su producción de maíz, frijol y chile.

Camino a la comunidad de Santa Isabel el Mango, flanqueado por framboyanes color naranja, se atraviesa un enorme río llamado Jajalpa, que da al Necaxa y se junta con el Río Tecolutla. Se cruzan montañas con diversas especies arbóreas: chalahuites, sangregada, laurel, cedro rojo, caoba y jonote. A finales de primavera hace mucho calor, los niños juegan guarecidos bajo el enorme techo que protege la cancha de la escuela, que recibe al visitante con un letrero sorprendente: Pukgalhtawakga xa tipatuy tachiwin (escuela bilingüe).

Ahí entrevisté al director de la Escuela “Miguel Hidalgo y Costilla”, profesor Martiniano Reyes Pérez y al profesor Alberto Olarte Tiburcio sobre sus experiencias en torno a la educación bilíngüe.


Prof. Alberto Olarte Tiburcio
Jefatura del Sector en Espinal, Ver.

Mi nombre es Alberto Olarte Tiburcio, tengo la función de supervisor escolar de educación indígena y mi perfil académico es la licenciatura en educación básica, la Normal básica y una especialidad en psicología. Llevo 32 años dedicado a la educación bilingüe, mi lugar de origen es El Palmar, municipio de Papantla, pero ahorita estamos laborando en el municipio de Espinal, donde nos encontramos.

Mi formación fue muy difícil, porque cuando yo ingresé a la escuela primaria, yo era hablante al 100 por ciento de la lengua tutunakú, mis profesores no hablaban mi lengua, por lo tanto no había entendimiento. La consecuencia fue estar cuatro años en Primer grado, mi profesor me mandó a Segundo grado cuando me aprendí de memoria mi libro de español, se llamaba Lengua Nacional; cuando me aprendo desde la primera hasta la lección número 24, de memoria, es cuando pude pasar a Segundo año.

Sobre todo por mi experiencia me doy cuenta qué sucede en el niño cuando su profesor da un mensaje y tú no puedes interpretar, es donde viene el bloqueo, el choque, porque te sientes impotente. Tu profesor te da instrucciones y tú no las puedes interpretar. Y el mensaje que tú das tu profesor tampoco lo entiende, por lo tanto hay un choque y se siente uno impotente, hasta llegas al grado de decir: “mi lengua no es funcional para la escuela, para la sociedad”, y por eso es que a muchos adultos de mi edad les ha entrado en el cerebro la idea de que la lengua indígena no tiene tanta funcionalidad.

Construir conocimiento en la lengua propia

En la actualidad mostramos que para poder aprender, para poder construir el conocimiento, debe el mensaje, la instrucción, la comunicación debe ser en nuestra lengua. Si el niño habla totonaco, debe trabajar con su profesor en totonaco, si el niño es hablante de español de igual manera, no se puede aprender en otra lengua. Esto es lo que tengo bien entendido de que no puedo construir conocimiento si no es en mi propia lengua.

Por ello el trabajo que realizamos con los profesores es el de tener una metodología de enseñanza, tanto de lectura como de escritura, en nuestra propia lengua. Tenemos un método que nos permite, primero, la comunicación del profesor con los niños, y luego, de manera gradual, nos vamos adentrando a la escritura, pero de la escritura propia, de la lengua propia que es el tutunakú.

Nuestra lengua es muy rica, explica de manera muy amplia. Inclusive tenemos escritos de los propios niños, varios trabajos que han llegado inclusive a la Dirección General de Educación Indígena, composiciones de los niños que han sido premiadas y han sido seleccionadas. Aquí en esta zona tenemos quince niños cuyos trabajos han sido seleccionados a nivel nacional. Yo veía uno de los trabajos de los niños que me explica cómo es la siembra del maíz, todo el ritual que se hace, el conocimiento que adquiere el niño, cómo el padre escoge, selecciona la semilla, cómo lo prepara, cómo invita a la gente para que lleguen a la siembra, que a los cuantos días nace, brota y el cuidado que se le debe dar. Y cuando tiene ya la semilla en un saco, no se puede sentar sobre ese bulto, ese saco que tiene maíz, pues le tiene mucho respeto, porque todo lo que existe a su alrededor tiene vida. Entonces no se sienta sobre el bulto de maíz, no escupe en el agua o le echa basura. Entonces, cuando un niño escribe así se da uno cuenta la magnitud, la sabiduría, la importancia que tiene para el niño su lengua y su cultura.
Cuando yo estaba realizando mis estudios de secundaria vi la oportunidad de ingresar al sistema bilingüe de educación indígena, en primera porque veía yo a mis compañeros, a mis tíos, a mis abuelos cuando los acompañaba, iban a vender su producto del campo y les decían “esto pesa tanto, tanto pesa tu maíz, tanto tu frijol, tanto pesa el grano que traes” y no era cierto, pesaba más. Entonces dije, en primera fue esa la idea, de entrar al magisterio y tratar de trabajar con los niños para que ellos se prepararan y no vivieran la misma situación que sus padres; en segundo, la experiencia que yo había vivido en Primer grado, cuatro años de no poder pasar al siguiente grado. La enseñanza me iba a permitir estar con ellos y empezar a trabajar. Ese fue mi inicio. Y ya estando dentro del magisterio, hubo la oportunidad de hacer una Normal, porque tenía que prepararme para poder enseñar de manera correcta. Hice mi Normal en Jalapa, terminé, presenté mi examen, lo pasé; luego hice una especialidad en la Normal Superior, psicología, terminé, todo en cursos de verano; luego vino la licenciatura del UPN, de igual forma, adquirimos el título. Todo esto me ha permitido tener claro cómo trabajar con los niños. Fui maestro de preescolar, posteriormente fui maestro de primaria, luego me dan una dirección de escuela y de ahí me comisioné para estar aquí. Ese es el historial, por eso le comento ahora, veo que no se puede aprender en otra lengua.

Obstáculos

El niño sale de la primaria y va a la secundaria tradicional, se va a la prepa, el bachillerato, de igual forma, entonces su educación bilingüe no tiene seguimiento. Ese es el primer obstáculo que hay, simple, tajante. Otro de los obstáculos que hay es el que al magisterio van ingresando jóvenes que no hablan lengua alguna, y eso es una anomalía, lo hemos indicado, lo hemos reclamado. Ese es un problema que tengo a nivel zona, de que varios maestros no hablan lengua indígena, qué hago con ellos, estamos con la capacitación. Tengo que seguir trabajando con los maestros que hablan lengua indígena porque tenemos niños que atender. Porque fuera de ahí, en los periódicos, en la televisión, en todos lados encontramos el español. Esa es la lucha que hay, es lo que nuestro jóvenes deben ver con claridad, lo importante, ese es el reto.

Las matemática, el lenguaje, la reflexión, en análisis es lo primero. Si yo no analizo, si yo no reflexiono, si yo no tengo ideas, voy a reprobar, hable la lengua que hable, en la universidad. Si yo soy indígena y me preparo bien, en la universidad tendré más facilidad para aprender incluso otra lengua, estaré yo más potencializado, porque sé el tutunakú, el español y con facilidad puedo aprender el inglés.

La asignatura de lengua tutunakú la estamos piloteando en tres escuelas, en primero y segundo grado. Es el segundo año que estamos piloteando, trabajando con niños hablantes de lengua tutunakú, para poder desarrollar la asignatura tenemos que trabajar con ellos, que hablan la lengua tutunakú; para comprobar que el programa que tiene el maestro, que se fundamenta en parámetros curriculares, para poder probar que sí funciona, tengo que trabajar con niños tutunakú, estos resultados nos han mostrado, nos han sorprendido, en que los niños, con mucha rapidez, aprenden a leer, aprenden a escribir y hacen sus composiciones. Esto lo estamos desarrollando ahorita.

Este programa de la DGEI nos ha dado la oportunidad, pues se sustenta en todos estos proyectos que se tiene que desarrollar, eso es lo que se está haciendo. En primero y segundo. Y tenemos la intención de llegar a tercero y cuatro y, posteriormente, con  quinto y sexto.

La satisfacción

Cuando veo a un niño hablando en lengua tutunakú se puede expresar ante los padres de familia, ante la comunidad escolar y puede comunicarse con mucha facilidad, y puede tomar un escrito y lo puede leer, eso es lo más gratificante para mí. Cuando los niños se expresan, se comunican en su lengua.

Siempre pediré que en el magisterio bilingüe haya maestros bilingües, no monolingües, en español. Es una exigencia, no es un ruego, porque hay documentos, tan sólo el Artículo Segundo constitucional lo está ordenando, la Ley General de Educación lo está ordenando, el Derecho lingüístico de los pueblos indígenas lo está ordenando, solamente queremos el respaldo de nuestras autoridades, quienes contratan a este maestro monolingüe que hace tanto daño. La comunicación  nos está bombardeando permanentemente con español y luego viene un profesor que no habla la lengua de la comunidad, es un etnocidio.


Prof. Martiniano Reyes Pérez
Escuela Primaria “Miguel Hidalgo y Costilla” de la Comunidad Santa Isabel el Mango, Espinal Veracruz

Mi nombre es Martiniano Reyes Pérez, estamos en la comunidad de Santa Isabel, Espinal, Veracruz, el nombre de nuestra escuela es Miguel Hidalgo y Costilla, soy el director de la escuela.

La educación bilingüe tiene un claro fundamento: no hay mejor forma de aprender que en la lengua materna de los niños. Cometemos el error de venir y hablarles en español, cuando todos los niños hablan en tutunakú; entonces el argumento, fuerte, fortísimo, para sustentar nuestro sistema, es enseñarles a los niños a leer y escribir, pero sobre todo, a comprender en su propia lengua. Ese es el argumento número uno, el argumento número dos es el hecho de ser parte de la sociedad mexicana, lo que nos lleva a observar que tenemos nuestra propia forma de ver la vida, una forma de ver, de sentir, tenemos nuestra propia cosmovisión. Entonces le pedimos al la nación, a los gobernantes, que nos sigan respectando ¿no? La palabra mágica sería que un niño no puede entender si no es en su propia lengua.

Recuerdo cuando mis padres vivían en la comunidad. Yo nací en El Palomar, municipio de Papantla, en aquellos tiempos la educación indígena aun no existía, en mi pueblo había maestras estatales o federales que nos enseñaban en español, e incluso nos prohibían hablar totonaco. “Está prohibido hablar totonaco”. Entonces, cuando nosotros hablábamos tutunakú nos castigaban físicamente. Recuerdo cuando fuimos al primer año, segundo año, en la misma escuela, pues tuvimos ese choque lingüístico, eso nos conllevó a que por mucho tiempo, en la secundaria, en la prepa tenía muchos problemas de vocablo. Tartamudeaba, porque era un choque lingüístico. Todo mundo me decía: “hablas como gente de rancho”, pero era por lo mismo, porque no se nos valoró, tampoco nos dieron elementos para sentirnos bien, orgullosos de nuestro patrimonio lingüístico. Quedamos ahí.

En el contexto maternal, pues mis padres afortunadamente hasta la fecha hablan totonaco; después también nos aculturamos, porque mi padre nos saca del pueblo. En afán de mejorarnos nos lleva a un pueblo vecino, que es Papantla, y ahí ya crecimos, fuimos a la escuela estatal, a la secundaria del estado, a la prepa del estado y ahí fue un choque peor todavía. No fue sino hasta que entramos nuevamente, regresamos a nuestro contexto, cuando afortunadamente llegamos a recuperar lo nuestro.

Estando en el magisterio me metí al sistema bilingüe. Al principio, pues sí, es un mundo raro, ingresamos al magisterio solamente con la preparatoria, no estábamos preparados para la labor que nos tocaba hacer. Estudié la prepa nocturna. Después, ya dentro del magisterio, el mismo sistema nos manda al UPN. De ahí nos mandan al campo, yo llevo aquí casi veinte años, y vi que aquí el mundo hace veinte años era monolingüe. Nos dimos a la tarea de entenderles y de que nos entendieran. Entonces concluimos que había que aprender su lengua. Nosotros traíamos una aculturación, digamos que hablábamos el totonaco, pero un poco diferente a ellos, una porque somos de la parte costa, dos porque habíamos dejado de practicar un buen tiempo. Entonces, al llegar, hubieron de pasar cinco-seis meses para volver as aprender.

Sentido de pertenencia

Lo primero que encontré fue comunicación con mis semejantes, lo segundo el orgullo de poder hablar totunakú y español. Ahora, afortunadamente, lo que antes me decían mis maestros de que “eso no sirve”, ahora veo que sí sirve, y veo que sí le sirve a los niños. Ahí sentí orgullo, sentí pertenencia, sentí que yo era “parte de…” ¿no?

La parte funcional, la función social de la educación indígena es preservar su totonaco. Desafortunadamente la educación va de la mano con la parte económica. Entonces, muchos de nuestros jóvenes emigran, terminan la secundaria, la prepa y emigran a las ciudades. Algunos orgullosamente regresan para crecer y hacerse viejos aquí, entonces la parte funcional de nuestra educación es la de crecer dentro del grupo, ser parte del grupo. Si se pudiera ejercer aquí culturalmente, socialmente, económicamente, sería lo ideal ¿no? Desgraciadamente el contexto no nos da para crecer económicamente, entonces tenemos que salir, pero sin olvidar lo nuestro. Podemos ir por muchos lados, podemos ir a otras culturas, podemos convivir con ellas, pero jamás debemos olvidar lo nuestro. No debemos avergonzarnos de nuestra lengua, de nuestra forma de ser, de nuestra forma de hablar, de nuestra forma de ver las cosas. Entonces, lo que veamos allá podremos aprovecharlo para que, cuando regresemos, crezcamos todos, sin olvidar nunca nuestra raíz.

El obstáculo aquí es la economía. La economía conlleva de que nuestro padres, muchos, se vayan. Se aculturan y, de veinte que se van, dos o tres regresan y regresan a veces con ideas ya, no diría que capitalistas pero sí retrógradas, pensando en que “eso me sirve y eso no me sirve. Mi lengua totonaca, cuando voy para allá, no me sirve tanto. A mi hijo no le quiero enseñar”. Entonces el primer obstáculo es la economía, el segundo es el bombardeo tremendo de los medios de comunicación, del camino, de la tele y el periódico, donde todo es en español. Quisiéramos cambiar eso para decir que estamos orgullosos de lo que somos, pero eso no está ahí.

Quiero invitar a los que en su momento nos escuchen que valoren la educación indígena, porque la educación indígena tiene su historia; esto no ha sido gratuito, para que se dé la educación indígena ha habido revoluciones, guerras; ha habido gente que ha dado la vida por nuestra patria, por los indígenas. Y también valorarlo en su sentido pedagógico, en su sentido estricto de la pedagogía, nadie comprender en una lengua ajena, entonces eso lo justifica. Si vamos a un pueblito donde se habla náhuatl y les hablamos español, pues probablemente con el paso del tiempo le entiendan algunas palabras, pero nada más como una acción de repetir, pero ya la comprensión del texto y del contexto, pues no. Entonces la invitación es que las autoridades nos escuchen, y a los que estén en los lugares de decisión que inculquemos más este tipo de educación. Que no se pierda, que no se vuelva celular, que no sólo se de en la célula de la primaria, que vaya a la secundaria, que permee en el bachillerato, y por qué no, hablar de universidades plurilingües o bilingües. Un detallito que nos pide nuestra educación bilingüe es de que no tenemos Normales formadoras de maestros bilingües, no las tenemos. Hay universidades que facilitan esa labor, pero no tienen esa característica. Nos expiden un documento que dice “eres licenciado para el medio de educación indígena”, pero no nos educaron, no nos dieron las herramientas para poder laborar, material didáctico adecuado para trabajar en una situación indígena. No nos lo da. Y eso es algo que me gustaría que madurara más.

Metodologías…

Tenemos una metodología, claro, hace apenas unos años. Hay una metodología de cómo enseñar el tutunakú. Hay escuelas en las que estamos viendo la lengua tutunakú como asignatura, como si fuera español o geografía. Los resultados que encontramos son positivos, porque los niños, los de primer año que habla tutunakú, los enseñamos a leer y escribir en tutunakú, y ya no con el método anterior, el método silábico, sino ya con un método general, global, un método en el cual se persigue la comprensión del texto. Y eso ante no lo había. Entonces, en el piloteo tenemos la fortuna de aplicarlo y estamos encontrando cosas positivas. Es algo que nos alienta también, algo que nos da fuerza para continuar, a pesar de que el mundo está tan global. Y regresando a lo empírico, yo me refería a la cuestión, especialmente, de que no tenemos universidades donde crezcan esos métodos. Y eso se entiende porque en la ciudad en la que nos desenvolvemos pues está hecho más desde el punto de vista del mundo, cómo decirlo, del mundo general, entonces las cosmovisiones particulares de las lenguas no es su principal preocupación, las universidades no están hechas para ello. Las universidades se dan por servido con que nos den las herramientas metodológicas para entender los textos, pero no tenemos una universidad que nos lleve de la mano para trabajar una formación netamente, exclusivamente, bilingüe. Eso nos gustaría que hubiera, que estuviera permeado hacia las culturas. Es el gran reto.