jueves, 27 de agosto de 2015

Mendizábal y la influencia de la sal en la distribución geográfica de los pueblos mexicanos


El ensayo en el que Mendizábal trata de demostrar cómo las salineras influyeron en el itinerario de esas migraciones ha sido el único de amplia circulación tras su muerte en 1945. Te presento un resumen.



Para Miguel Othón de Mendizábal la prehistoria y la historia de México se sintetizan en “una oleada de pueblos, tribus y hordas de tres tipos diversos de cultura” que,  procedentes del Norte se dirigen hacia el “mediodía”, obligados por la presión de otros grupos más numerosos o enérgicos, o buscando un clima “más dulce y un medio zoobotánico más propicio a su desarrollo”. (MOM IV, 1947:9-10)

Los cauces migratorios fueron dos, que también explican las diferencias tecnológicas de los pueblos de una misma filiación: una por la vertiente del Pacífico y otra por la vertiente oriental de la Sierra Madre Occidental que, explica en otra parte, es donde se puede percibir claramente “la influencia de los puntos de apoyo salineros en la distribución geográfica de los grupos”. (MOM II, 1947:329)

Las tres corrientes no penetraron simultáneamente al “sistema de valles de México, Puebla, Morelos y Toluca, verdadero crisol donde se condensó una de las más altas civilizaciones del continente americano”, pero fueron iguales en su potencia demográfica y en su trascendencia cultural. (MOM IV, 1947:11)



Primero llegaron los náhoas, los más numerosos, estables y, en consecuencia, “los que ejercieron mayor influencia antropológica, fisiológica y material”. Fueron igualmente los últimos: los aztecas, la postrera tribu de esta filiación, hacia el siglo XII de nuestra Era.

“Los segundos fueron los chichimecas, que chocaron con los náhoas y fueron detenidos en Cuautitlán, de poca significación en tanto aportes culturales, e incluso, colaboración material. La tercera fue la Olmeca, débil numéricamente, pero de cultura espiritual y tecnología superior. No pudieron imponer su lenguaje, tronco común de la familia lingüística maya-quicheana por su reducido número. Su influencia sobre los elementos étnicos que le precedieron, en cuanto al carácter teocrático, fue absoluto y su influencia cultural enorme, incluso para aquellos que poblaron esas tierras mucho tiempo después. Sin embargo su cultura, como tal, fue transitoria. De ellos derivan no obstante las más elevadas manifestaciones espirituales y materiales que se registraron en el curso de los siglos, tanto en el centro de México, como en Oaxaca, Chiapas, Tabasco y Yucatán, marcos geográficos de las altas culturas de México”. (MOM IV, 1947:11)

La conjunción de los olmecas y los náhoas fue bien fácil, afirma Mendizábal, “pues se verificó casi mecánicamente por medio de una yuxtaposición de mitos por afinidad”, quedando con nombres náhoas por ser la lengua dominante. Sería fácil delimitar los atributos de cada una de estas culturas para obtener una idea clara de los dioses primitivos, “anterior a la concreción dogmática tolteca”, pero Mendizábal sólo “sigue” a los dioses fundamentales de las distintas migraciones, con lo cual, dice, “bastará para demostrar la realidad flagrante de nuestra hipótesis”, a saber, la mencionada afinidad entre los pueblos prehispánicos de América. (MOM II, 1947:119)



… hambre de sal.

En su estudio sobre la influencia de la sal en la distribución geográfica de los pueblos mexicanos, Mendizábal retoma sus estudios sobre las migraciones a través de los puntos salineros de las vertientes oriental y occidental. La sal, dice, es una de las “influencias más poderosas” en la distribución de los pueblos pastores y cazadores –los pescadores viven en el mar, fuente inagotable de sal-, y tanto unos como otros, mientras luchan por su territorio, por su dotación de animales de caza o domésticos, e incluso, aunque la desdeñen para sí, “luchan implícitamente por la sal”. (MOM II, 1947:187)

La sal es indispensable para un régimen alimenticio basado en vegetales e innecesaria en la dieta carnívora; mas como no son comunes los pueblos eminentemente carnívoros, y en la mayoría de ellos hay una propensión natural al consumo de vegetales, tanto los pueblos pastores por la necesidad de sus rebaños, como los cazadores, por las costumbres de los animales salvajes, han estado sujetos, también, a la tiránica influencia de la sal. (MOM II,1947:186)

Cualquiera que conozca a los indígenas del centro y sur de México, dice Mendizábal, podrá observar que los vegetales con que suelen complementar sus comidas “no son en realidad sino meros estimulantes de los jugos gástricos y de las glándulas salivales”; es decir, “no van a llenar verdaderamente una necesidad alimenticia, sino una necesidad sensoria, análoga a la de los estimulantes que comúnmente los acompañan: la sal y el chile” (MOM II, 1947:323)

Las civilizaciones indígenas, para Mendizábal, fueron avanzando unas y quedándose en estadios evolutivos medios y bajos, otras. Pero siempre dejando evidente “la tradición de su comunidad de procedencia”; por ejemplo, en las rudimentarias construcciones ópatas-tarahumar-pima con las de la civilización náhua, que será el parangón de todas sus comparaciones.

Mendizábal alude continuamente a una evolución diacrónica de los pueblos americanos, en la que unos quedaron relegados en inicuo avance, mientras otros alcanzaron el esplendor de las ciencias posibles.

“… desde los montículos hasta las pirámides de Teotihuacan… desde las cuencas del Missouri y del Misissipi, hasta la Altiplanicie mexicana podemos seguir paso a paso, en el cauce migratorio de los olmecas, el proceso evolutivo de las pirámides… paralelamente al proceso del estudio de los cuerpos celestes, desde la ingenua reverencia a los seres misteriosos, lumínicos y calóricos que pueblan el cielo, hasta el estudio inteligente de sus movimientos combinados que dio nacimiento a la cronología”. (MOM II, 1947:197)

Las necesidades alimenticias y las posibilidades geográficas dan origen a géneros de vida simples, complejos o mixtos; los géneros de vida producen sistemas y reglas, útiles e implementos “que constituyen, en suma, una cultura”. (MOM II, 1947:185)

Las leyes que rigieron la actitud del hombre frente a la sal, por ejemplo, son las mismas tanto en los viejos continentes como en América. (MOM II, 1947:189)
Todos los grandes centros de civilización de América, así como los pueblos de agricultura avanzada, estuvieron “próvidamente dotados de salinas naturales o de los recursos necesarios para la fabricación de la sal”. (MOM II, 1947:191) El caso de México es particularmente explicativo, dice, por sus dimensiones territoriales, así como la variedad de pueblos que lo habitaron, el estudio de distintas situaciones políticas y económicas; desde la “tribu prepolítica”, la “horda sin arraigo geográfico”, hasta las grandes civilizaciones, el estudio de la sal y la consecuente lucha por obtenerla, ha influido “en el desarrollo histórico de los pueblos, tal vez con la mayor minuciosidad y precisión”; también en la Colonia, donde las minas de plata que demandaban grandes cantidades de sal, hizo que los españoles se vieran precisados a controlar lugares salineros lo más pronto posible. (MOM II, 1947:195)

Para Mendizábal hay ciertas etnias, como los ópatas, los tarahumaras o los pimas, que por “especiales circunstancias” y por el “aislamiento espiritual” en que vivieron, no avanzaron del estado evolutivo que sí alcanzaron los grupos que se les escindieron para marchar al sur. Es más, “retrogradaron notoriamente en cultura al contacto de los grupos nómades y guerreros más primitivos”, como aún en la actualidad es posible observar, puesto que han “permanecido en estado análogo al que guardaban cuando se inició entre ellos la predicación del evangelio”. (MOM II, 1947:88)

Sin embargo, Mendizábal piensa que la relación de los grupos primitivos del Norte y las civilizaciones del Sur “no está basada en similitudes aisladas o fortuitas”; en ellos se pueden percibir “influencias de una misma mentalidad en sus diversos grados de evolución”. (MOM II, 1947:94) De esta forma, insiste en que las “fuentes originales” de las religiones de unos y otros tienen un origen común, a las que estudia con su acostumbrada pasión y profundidad.


Bibliografía

Para este influyente trabajo sobre la sal MOM cita 114 textos que incluyen Atlas, cartas de relación coloniales, documentos del Real Archivo de Indias, archivos parroquiales, Anales y textos científicos. Todos los cronistas españoles conocidos y muchos otros desconocidos, como memorias de almirantes de la Conquista. Destaca que la cita más cercana a su tiempo corresponde al año 1926.:

Mendizábal Miguel Othón, Obras completas, Tomo II y Tomo IV, México, 1947

miércoles, 24 de junio de 2015

Economía y mercado de la alfarería


PARTE DOS

El talón de Aquiles

Ante una ausencia de instancias que certifiquen o valoren la calidad, ésta depende del arbitrio de la suerte o del cliente fijo o esporádico que tiene mayores o menores exigencias, pero en donde la calidad de la pieza no es necesariamente la que marca su precio, sino la oportunidad de venta, la captación incidental de clientes y la oferta frecuentemente castigada por el ofrecimiento del vecino, que trae como consecuencia final una desvalorización del precio de la loza.

El talón de Aquiles de la economía de San Miguel es el precio de sus productos, cazuelas de consumo popular que, ante la desorganización gremial y la necesidad individual que los obliga a negociar de uno por uno el valor de sus ollas con el comerciante, hay una sensación de pérdida en el resultado. Los números que suman la extracción del barro de Las Minas, el molido, amasado, la formación de las piezas, la compra de leña y aserrín, la primera cocción (el jagüeteado), la segunda cocción (el decorado y greteado) y el esfuerzo de venderlas no coinciden con el precio que el cliente les viene pagando al final del proceso. Aunque su versión contrasta con la de los comerciantes, que han visto elevarse sus ganancias con precios locales muy deprimidos, pero una constante demanda de productos a nivel nacional.

Precio justo

Hay gente que conocemos como los viajeros, son los que luego acaparan, compran a un precio muy bajo y lo van a vender a todo los estados. Tiene que haber una comisión que determine los precios. Ahí esta la problemática, apoyarlos en el precio, más que nada. Si hubiera quien los uniera, las tarifas serían más justas. El ejido podría, pero no es su papel, pues la mayoría de los alfareros no son ejidatarios. Hay setecientos ejidatarios campesinos, pero a ellos se agregan trescientos ejidatarios que también son alfareros, son artesanos y campesinos. Y ellos son quienes defienden en las asambleas los intereses de los alfareros, en cuestiones como el cobro de derechos. La problemática está en que también está muy dividido el pueblo, nos falta unidad. Eso pega en los precios, que no tienen un mismo criterio, cada quien da su loza a como se pone el cliente. (Comisariado Ejidal del Ejido de San Miguel, Salustio Bonilla)

Ya no sale

 “Como esta cazuela, nos han dicho, se pone negra la comida y con esta de greta no. Y no entendemos el problema de precio, mire, esta canastita, la vendemos a 25 pesos, por la pintura que está un poquito cara, ya la verda, la gente no la paga, y con esta cazuela de greta, pedimos 20 pesos o hasta 15, cómo nos van a pagar 25 por la canastita. Ya no sale. Esa misma canastita, con greta, mínimo vale cinco pesos en el mercado. Esta cazuela con esmalte, mínimo a 45 pesos tenemos que darla, así que la gente prefiere la misma cazuela con greta que nos compra a 20 o 25 pesos. (Alfarero José Marcelino)

El revendedor es el que gana

Sí quisiera estudiar, hace cuatro años salí de la secundaria y quisiera hacer la prepa, pero el asunto económico no resuelve mucho porque, le digo, acá nosotros vendemos la mercancía los martes y el comprador, el revendedor realmente, la quiere muy barata y la vende a un mejor precio. Él sí sale ganando.  Los compradores llegan y quieren comprar todo muy barato, y cuando se van venden nuestros productos a precios altos. Nunca lo dicen, pero es la realidad. Es el negocio de los vendedores. Por eso a veces nosotros somos quienes salimos a vender, he salido a vender loza con mi papá. (Joven alfarero Ramiro Ravelo Hernández)

Los acaparadores

Es la problemática del pueblo, el acaparador, el vendedor se lleva la tajada mayor, pero en el campo es lo mismo, viene la cosecha y quien se lleva la ganancia, pues el acaparador, que ni siquiera son cercanos, vienen de lejos y comprar a los precios que ellos determinan, aunque hay cierta regulación. Pero es lo mismo. Ahí esta todo el problema en todos lados, el productor pierde. Se supone que les están dando las batidoras y los molinos para producir más, entonces si antes de la batidora les duraba una semana el barro, ahora les dura tres días. Esa mayor cantidad de producción también pega al precio, pues hay más. (Comisariado Ejidal del Ejido de San Miguel, Salustio Bonilla)

Compran y se dicen alfareros

Ese comprador viene y encarga –dice--, y no sólo a nosotros, a muchos alfareros. El viene, encarga y luego llega y se la lleva, trae su camión, y ya no sabemos. Aquí cada quien vende a como puede, unos lo vendemos a mejor precio, otros en menos, no estamos todos de acuerdo, el pueblo alfarero no se pone de acuerdo. Nomás nos vamos guiando a como vamos escuchando, los compradores vienen y dicen, fulano nos la da a tal precio, tú me la quieres dar a otro precio, y ahí es donde nos vamos acomodando en el precio. Aquí nos peleamos con el comprador y convenimos, ni muy alto ni muy bajo, así nos vamos. No tenemos precios fijos a nivel pueblo. Somos muy individualistas, cada quien vende a su conveniencia. Esta cazuela, la damos por carga de 48 piezas, unos la pagan a cuatro cincuenta a quinientos pesos. En la plaza, una por una, a veinte pesos. En Puebla, un poquito más, ahí ya vas a pagar el flete. Yo no he intentado ir más lejos. Hay unos que se dicen alfareros, pero no producen, nomás vienen, compran, se la llevan, y ya se dicen alfareros. Mi papá las producía, y se las llevan en sus atados a Zacapoaxtla, yo no pasé de aquí, soy productor, ya otros que la revendan. (Alfarero José Marcelino)



Martes de plaza

N`ombre, tienen una plaza, se vendía muchísimo, y hasta ahora, cuando quieras ven un martes, pero temprano, amaneciendo, hay hotel, no se preocupe, porque amaneciendo ya están comerciando aquí en el parque. Y trae su cámara, para sacar lo que usté busca.
Lo que llevaba uno, todo lo que se hace aquí. Yo tuve un puesto aquí en la carretera, pero no me gustó, ya estaba acostumbrado a la manejada ¿no?, estar todo el día ahí para vender cualquier cosa. Venga usté tempranito un martes, y verá qué plazón. Vienen de todos lados, de México vienen. (Comerciante de loza Salomón Contreras)

Para hacerlo mejor

La cuestión es que lo que yo produzca realmente me paguen lo que vale. Voy a trabajar, pero a la mejor ya no tengo que matarme para obtener lo mínimo para mi familia. Tal vez con menos trabajo físico, pero con un trabajo más elaborado, pueda yo vivir mejor. Y de esa manera, cuando yo tenga un mejor producto con mejores precios, pues me entusiasmo y lo hago mejor. Pero el mercado a donde yo estoy asistiendo no es el adecuado. (Instructor Cesder Moisés Ramírez Zambrano)

Gobiernos en acción

El carácter individualista de los artesanos de San Miguel, que se analiza más adelante, tiene su explicación en que la producción y mercantilización de sus productos fueron actos de sobrevivencia personal o familiar. Tanto las fórmulas técnicas del amasado y el cocido de sus piezas, como la clientela que fue incrementándose debido al arrojo y el riesgo individual, sólo pudieron reproducirse en familia, lejos de cualquier intento de organización comunitaria.

Por lo uno y por lo otro la alfarería en San Miguel ha crecido como planta silvestre, con nula organización, sin una clara prospección, sin horizonte técnico, ni comercial, ni artístico. Incluso su fuente básica de producción, que es el banco de barro ejidal de donde todos se proveen, es explotada a la buena de Dios, sin planeación y sin un criterio de racionamiento.
Las administraciones de gobierno hablan de organización, de organizaciones. Seferino Ortega, ex consejero del Consejo municipal de San Miguel Tenextatiloyan, afirma que entre 2008 y 2009 hubo 83 grupos organizados por el citado Consejo que contaban con reglamento interno, pero que el cambio de trienio deshizo casi todas las organizaciones. (4) “En el periodo del presidente municipal, Enrique Iglesias Contreras, que abarca del 2008 al 2011, se introducen dos máquinas que sustituyen a la fuerza ya sea de animales de tiro o a la humana: el molino y las batidoras. (…) Un sondeo entre los mismos alfareros afirman que un 90% de ellos cuenta con alguna de estas dos máquinas.” (5)

En el 2011, primer año de gobierno del Ing. Víctor Manuel Iglecias Parra, el Ayuntamiento informa la existencia de 149 grupos organizados, 80 de los cuales pertenecen a San Miguel. La organización de esos grupos probablemente funciona a la hora de recibir los apoyos que el Ayuntamiento reparte año con año a los alfareros, pero no se sabe que sesionen, que se manejen en base a reglamentos, que acuerden precios o políticas de producción. Con todo, el gobierno municipal otorgó este año de 2011 la siguiente lista de productos a esos grupos con recursos del Ramo 33: 101 molinos de barro; 140 batidoras de barro; 238 láminas para galeras; 29 tornos y 14 tapas de horno. Las ayudas abarcaron a 12 comunidades por un monto de 2 582 000.00 pesos, beneficiando a 1 476 personas, 663 de los cuales fueron de San Miguel Tenextatiloyan, 11 de San Francisco, 3 de Cruz Blanca, 12 de San Isidro, 4 de Tepeyac, 7 de Huitzi, 4 de Oxpantla, 6 de Tagcotepec, 19 de Emilio Carranza, 2 de Apantzingo y 1 de Ocopipila.

Las batidoras y los molinos han incrementado la producción de cazuelas, como observa el comisariado ejidal: “lo que estamos viendo es que en los últimos tres años que llevamos, a través de los apoyos que hubo de diferente maquinaria, desde molinos, batidoras, tapas para hornos, aumentó mucha la producción y así también aumentó la extracción de barro”. (6)

Los testimonios de los alfareros sobre la intervención de los gobiernos, sin embargo, es ambivalente: les ha ido bien y no tan bien. Con el gobierno federal su principal relación es a través de Fonart, que en coordinación con el Ayuntamiento ha beneficiado a los alfareros con cursos sobre la sustitución de la greta y el manejo de hornos de gas, que en muchos casos permanece en el escepticismo; con el gobierno municipal la relación ha sido más directa, con ayudas tangibles, como se menciona arriba, por lo que las opiniones de los productores dependen de si se han visto beneficiados o no por algunos de los programas y son, en todo caso, divergentes.

Fonart

En 1994 emiten el decreto para cambiar los esmaltes, quitar el plomo y meter unos que no tengan plomo. Yo, hace diez años me metí en la cerámica de baja temperatura, que es lo que hacemos aquí. Fonart nos compró solamente dos veces. Oiga, pero yo estoy produciendo cosas de calidad, vajillas y cosas así. “Sí, sólo que nada más se les compra por el hecho de haber entrado a los cursos de capacitación de sustitución del plomo, ya para ventas posteriores tienen que entrar a otra área, tienen que hacerte un estudio” y bueno. Pero cuál será la sorpresa cuando uno ve que gente que trabaja en Fonart tienen  negocios en cerámica y que son los ganones, son los que venden más. Gente que está encargada de la administración técnica, pues tienen ahí sus negocios. Uno, como no tiene contactos, como vulgarmente se dice, no tiene palancas, queda fuera.

Las piezas que elaboramos en este taller educativo están enfocadas para otro mercado, no se puede vender aquí en los puestos de la carretera. De hecho, a la mejor pecamos de modestos, pero creo que hemos entendido aquí, en el Centro Alfarero, que la capacitación debe ser integral. No nada más para enseñarles a decorar, hay que enseñarles a hacer sus pinceles, hay que enseñarles a que esa creatividad que tiene dormida, que la saque. (Instructor Cesder Moisés Ramírez Zambrano)

Vean nuestras necesidades

Que el gobierno se fije más en la comunidad alfarera, que pongan un poco más de atención a sus necesidades, igual que como lo hacen en otras partes. Estamos aquí con la necesidad de que se nos apoye, que se busque la manera de hacerlo en sus posibilidades, que no se deje al abandono la cuestión alfarera que, después de todo, también pueden salir cosas interesantes, algunas piezas muy buenas, incluso artísticas. Pero no tenemos un escaparate, eso es otro problemas, no tenemos dónde ponerlas, que las vea otro tipo de gente, que las vean en otro mercado, pero primero hay que hacer las piezas para lograr eso. Necesitamos apoyo, hay muchísimas maneras de apoyar al alfarero. (Alfarero Alejandro Rivera de los Santos)

Que vean cómo vivimos

Lo importante es que nos echaran la mano en verdad, que no pase el tiempo. Porque a veces nos hacen promesas, que vamos a apoyar a la alfarería, a la artesanía, y sí apoyan, pero no como debe de ser. Es un municipio marginado, de bajos recursos, pobre, se necesita el apoyo del gobierno, de las dependencias, nosotros estamos en la mejor disposición, es lo que esperamos, que nos echen la mano. Que haiga maquinaria, pos gente así como ustedes que vengan a enseñarnos, pero que vean qué hacemos, que el gobierno diga los vamos a apoyar, pero que investigue qué en verdad hacemos, qué es lo que nos hace falta. Qué le pido al gobierno: nosotros ya estamos avanzados, ya sacamos el producto sin plomo, entonces, ya sabemos trabajar… Nos hace falta aquí a nuestra familia un horno de gas para estar al cien por ciento. Nos hace falta buscar más mercado, donde ya directamente entréguemos para no andar malbaratando nuestro por ducto que ya está bien hecho, que ya no contamina, que ya no tiene plomo, necesitamos alguien que nos diga, gente de fuera que nos conozca más, que nos ayude a buscar mercado para nuestras artesanías. Ahora nosotros mismos lo hacemos, nosotros lo vamos a vender, así no avanzamos.
La gente tiene ganas de trabajar, pero necesitamos ayuda del gobierno, para que los trabajos sean menos cansados, para que nuestro trabajo sea reconocido, que tengamos mercado, porque no tenemos quién nos compre. Ahí es donde necesitamos la ayuda.
Estas ollas las damos a cincuenta pesos, por eso hace falta que la gente valore nuestro trabajo, y saliendo sí lo compra. Necesitamos apoyo económico, con un bajo porcentaje, financiamiento para talleres, necesitamos que venga gente de gobierno y vea cuál es el nivel, que vea la realidad, que vea cómo se vive aquí. (Alfarero Andrés Bonilla)

Nunca me han tomado en cuenta

Al menos hasta ahorita nunca me han tomado en cuenta. No sé por qué, tal vez porque soy muy exigente. Yo he recibido capacitaciones pero por mi propia cuenta, he buscado por todos lados, pero no, nunca he tenido la oportunidad de que me apoyen. Más que nada yo necesito ayuda económica para mejorar mi horno, porque es demasiado trabajo para mí, el horno no llega a la temperatura que debe de llegar. Espero que algún día alguien me escuche, es lo que yo deseo. Más que nada que nos escuchen a nosotras como mujeres, invitar a más personas, a los funcionarios, que nos echen la mano y que nos apoyen, porque vienen las campañas y nada más nos prometen y a la mera hora no vemos nada. Y yo quisiera ver y creer. Yo he esperado algún apoyo pero nunca se me ha concedido. Lo único que me dan es Oportunidades, pero cuánto me vienen dando. Bueno, como quiera es algo, pero al menos yo necesito maquinaria. Mi equipo, vamos. (Alfarera Gregoria Rojas Jiménez)

Que se cumpla

Aquí nosotros lo que nos falta es platicar para poder moverse, para ver si se puede mejorar el trabajo ya, como en Dolores Hidalgo, donde tienen todo. Lo que necesitamos es capital para poder movernos. Hay que hablar claro, tratan de ayudar pero no deben aprovecharse, se trata de ayudar a la persona para que se mejore. Ya hasta el último, si ya se mejoró, pues muchas gracias. Pero que sea de a de veras aquella voluntad, que ayuden. Prometen muchas cosas, llegan a un pueblito y que van a hacer esto,  “apóyenme”, y hasta el último: no hay nada. Entonces que se cumpla. Por eso a veces nos desanimamos, eso de que nos den ánimo y no se hace nada, pues mejor no hacemos nada. Eso es lo que pensamos, que sea una cosa que se cumpla lo que están diciendo. A veces nomás nos vienen a engañar. (Alfarero Bernardo Arriaga Degollado)

Cómo ayudarnos

Bueno, en mi caso, pues quisiera que nos ayude con algunos recursos para seguir adelante. Algún recurso o, por decir, alguna tarraja, todo eso, que es para trabajar, hacer algunos moldes. Esa es nuestra ansiedad, nuestro deseo, a ver si nos pueden ayudar.
Si me ayudaran, por ejemplo, haría una galera para poder trabajar, porque ahorita trabajamos en estas galeritas que son de lámina de cartón y en cualquier momento que llega una granizada, si hay material adentro, ya se perdió. Entonces, si nos dieran un recurso lo utilizaríamos ahí. Con una tarraja para poder seguir trabajando, o algún torno ya eléctrico. Y con lo demás, por decir, ya el material, como es la greta, pinturas y eso. También un horno, cómo no. En este caso el horno es para hacer las quemas y sacar la loza. Ahorita tenemos un hornito común y corriente, entonces si hubiera manera de tener uno más mejor, con ladrillos refractarios, todo eso mejoraría. Eso es todo por el momento. A la mejor, enseguida, si ya hubiera alguna capacidad, usar otro tipo de material ¿verdad? Podría trabajarse con esmalte, pero para eso necesitamos que nos preparen. Por ahora este horno no da la temperatura para quemar esmalte. Pero la galera es lo más importante, pues viene una granizada y ya no podemos trabajar. (Alfarero Flavio Arriaga Degollado)

Piensan ayudar pero no

El problema es que el dinero del gobierno ya viene destinado para algo, etiquetado como le llaman. Es más fácil pensar en un piso firme o un cuarto adicional que darse cuenta de la problemática que implicaría la sustitución de un horno, que resolvería el problema de sustituir el plomo con el esmalte.  Es falta de conocimiento de lo que requiere la población. Si la población se dedica, pienso yo, a hacer sombreros, ah, bueno, vamos a ver qué es lo que necesitan para hacer más o mejores sombreros. Pero no. Vienen y ponen el techo de alguien y piensan que con eso va a mejorar la familia y no es cierto. (Alfarero Zinoé Miranda Rojas)
La política y la alfarería
Se requiere que la presidencia auxiliar, que la presidencia municipal haga algo al respecto. Yo no he visto en la autopista un anuncio donde se diga aquí se produce alfarería: macetas, vajillas, “aquí es San Miguel, la tierra de la alfarería”. En el sistema de comunicación del estado, que tiene radio masiva en todo el Estado, la presidencia nunca ha dicho voy a invertir una lana para que se dé a conocer mi municipio. No, no hay nada. Ahora, por ejemplo, muchas veces lo vemos desde el punto de vista político: qué es lo que reditúa más, pero al político, no a la alfarería. (Instructor Cesder Moisés Ramírez Zambrano)

Obras y transparencia

El gobierno dice: invierto cien millones de pesos, doscientos, veinte millones, un millón, no importa, pero no hay una manera de darle seguimiento a si realmente se aplicó donde dijeron que se iban a aplicar. El que invirtió el dinero dijo: me gasté cien millones de pesos, cuando en realidad invirtió diez millones. ¿Y lo demás? Ah, pero está justificado ¿eh? Cómo le puedo decir que no, si me está comprobando con papeles lo que invirtió; sí, en papel, pero no en los hechos. Entonces es un círculo vicioso porque el alfarero no ve esa inversión, no le llega. El viejo cuento de: “a mi póngame donde hay”, ya no importa el color político.
Aquí, desgraciadamente, ha habido casos donde la gente, cuando lo manifiesta, se le dice “eso no es así”. Hace cinco, seis años, en mi pueblo, fui comisionado del agua potable. Solicitamos cuatro kilómetros de tubería, una bomba nueva y una caja de agua. A la mera hora nos salen con que no alcanzó. “Te vamos a dar dos kilómetros y medio porque no alcanzó”. Pero yo le digo: pues sabes qué, yo creo que está muy sobrevaluada la obra. “¿Y tú cómo sabes, me vas a enseñar a mi?” Pues no sé mucho, pero sí sé que no se gastó bien; es más, aquí tienes una cotización, tú estás pagando diecisiete pesos por tubo, cuando en realidad cuesta ocho. Llévate la lana que quieras pero cumple con la obra. Cómo es posible que ya se esté haciendo la obra y ahora salgan con que no hay dinero. Mira, pido una suspensión de la obra, que se revise. “Mira, si tú haces eso, me llevo la pobra a otro lado, hago una asamblea y digo que por tu culpa me la llevo, me estás faltando al respeto y me la llevo”. Pues tómalo como quieras,  a mí el pueblo me puso para defenderlo, no para estar de acuerdo contigo. Pero muchas veces uno arriesga hasta el pellejo al hacer eso. Desgraciadamente no hay mecanismos reales y efectivos donde yo pueda decir: sabes que, el presidente municipal dijo que costó tanto y no costó eso. “Ah ¿quién fue el que dijo eso?”, no, pues que Fulano. Aquiétamelo, y en cuanto puedan, aplíquenlo. Que quiero una ayuda en la comunidad “no, no hay”, entonces muchas veces, para todo: divide y vencerás, que es lo que han hecho los partidos. “Estamos en el poder, cada quien tiene sus allegados, los que realmente se van a beneficiar, y los otros no existen porque no me apoyaron”. Por desgracia la gente, cuando llega a presidente o llega a diputado, se comporta así. (Instructor Cesder Moisés Ramírez Zambrano)

Problemas principales

El principal problema para la gente que se dedica a la elaboración de artesanías son los recursos económicos, es gente que se autoemplea y ahí generan cierto ingreso para mantener las familias. A veces se dificulta cuando viene el cambio de clima, se nubla y ya no se puede trabajar, se estanca la producción; después de eso, como que ya se saturó mucho el mercado de artículos de barro, y eso hace que ya los precios anden muy por debajo de lo que debe de ser su costo normal. Porque se va uno a vender precisamente en lo que llamamos bodegas, hemos visto que llegan a ofrecer el producto y no se la compran a uno. Inclusive hay aprovechados que les dicen: “déjamela y te la pago a tanto”, o “déjamela y te la pago en quince días”, lo que es un problemas para el alfarero porque ya no tiene ingresos, ya no les llega, hasta los ocho días, si les va bien les paga, sino nada. Eso es el problema más grande, vemos que el mercado se saturó de esa artesanía. (Presidente Auxiliar de San Miguel Tenextatiloyan, Bulmaro Iglesias Contreras)


4) Manuel Luna Angoa, "Cambio sociocultural, innovaciones tecnológicas en grupos domésticos dedicados a la alfarería, San Miguel Tenextatiloyan. 2010-2013" BUAP, Colegio de Antropología Social. 2011, p. 4
5) Ibid., p. 4

6) Ibid., p. 7

viernes, 12 de junio de 2015

Economía y mercado de la alfarería


PARTE UNO

Como prometí, ventilo una segunda parte de esta investigación testimonial sobre la alfarería de San Miguel Tenextatiloyan, Puebla, realizada en torno a un plan de gobierno en esa población de la sierra norte que felizmente no se realizó. Espero que sea de algún provecho, porque guardada en la computadora no lo es.

Los alfareros

El monto económico de la producción cerámica mundial se estima en siete mil millones de dólares anuales, de los cuales la alfarería vidriada representa una parte importante. Si bien la mayoría de la cerámica vidriada con plomo se produce en países en vías de desarrollo, estos productos también se exportan a países desarrollados como Italia, Japón, Francia y especialmente los Estados Unidos, el mayor importador de alfarería vidriada con plomo. La mayoría de estas piezas son traídas de México e Italia, principalmente a través del turismo, pequeños comerciantes y migrantes. (1)

En nuestro país, las familias dedicadas a la alfarería se localizan en 18 estados, 62 municipios y 95 comunidades. (2) Contabilidades confiables, pero sin un claro sustento documental, afirman que en San Miguel Tenextatoloyan existen entre 2 300 y 2 500 alfareros organizados básicamente en un entorno familiar. Esta población siempre ha estado en aumento, en concierto con el crecimiento poblacional del país y, en consecuencia, del mercado.

Los artesanos de la loza de San Miguel, amén de los rasgos culturales que la sustentan, practican su actividad en el principio básico de la economía: les ofrece un sustento. Lo han hecho así por más de medio siglo, periodo en el que se fueron creando estructuras económicas y sociales capaces de proyectar la actividad y darle viabilidad económica: créditos de producción y distribución, organización de talleres familiares y búsqueda de mercados propicios; en su defecto, trueque de su loza por comida o bienes de consumo,  que enfatiza la indisoluble relación del artesano con el campo, su esfuerzo repartido entre las labores del taller de cazuelas y la milpa, que en San Miguel casi todos practican en el cultivo de maíz y frijol, hortalizas, plantas medicinales, frutales y lo que se aparezca.
La economía se mueve por la loza.

El sustento

El pueblo vive a base de la alfarería, toda la economía que se mueve en el pueblo es de eso, el materialista vende porque ya el señor fue a vender loza, llegó con dinero y va a hacer otro cuartito; la abarrotera igual, todo se mueve con la alfarería. Es nuestra principal fuente de trabajo, sin ella no hay nada. (Alfarero Alejandro Rivera de los Santos)

El que fiaba

El productor no fiaba, era el trabajador. Pero ahí nos la llevamos, una cosa bonita; después de todo he notado que a mí nunca me gustó quedar a deber, siento que no está bien. Sí, me fiaban, Aquí  había un señor que se llamaba Félix Parra, me fiaba hasta una o dos camionetas, pero eso sí, lo primero que hacía era llegar a pagar. Yo nunca le quedé a deber. Él daba a otro precio, a cómo, a tanto, y ya está, pero daba facilidades. De por sí había comerciantes que acaparaban la loza y eran los que le fiaban a uno, claro que le subían un poquito. También les compraba a los alfareros. (Comerciante de loza Salomón Contreras)

La alfarería de San Miguel

Eran unos hornos rústicos que utilizaba la gente de la comunidad para subsistir, para su consumo, dos o tres colonias, que era donde hacían su artesanía, que era el barro. La ponían a vender en los pueblos cercanos; en las ciudades cercanas, a veces, o a la ciudad de México, transbordaban en ferrocarril, en la comunidad de Huitzitzilapa; lo mismo los que iban a Veracruz. Después se trasladaban a Grajales, de ahí a Orizaba y no sé hasta dónde llegaba para el sureste. 
Empezaba la carretera, que se inaugura en 43, y la carretera fue elaborada porque por aquellos años empezaron a  abrir la presa de Mazatepec, que sigue activa; son dos, esa y la de Atotocoya, 20 kilómetros arriba. Aquí, la gente, su fuerte es la artesanía, la cazuela, el pueblo de ollas es Santa Cruz, el pueblo de jarros, Oxpantla.
Así están las cosas, realmente aquí el pueblo su fuerte es la artesanía, aquí le dan razón de que tenemos gente en Villahermosa, en Cancún. En Monterrey hay una colonia de aquí de San Miguel, tenemos gente por Chihuahua, por Saltillo, por Nayarit, dedicados a pura comercialización. Entonces ese es el modo de ingresos para nuestro pueblo.
Hay lugares como Dolores Hidalgo, como Cuernavaca donde hacen otro tipo de material, aquí es rústico, barro natural, el horno rústico quemado con leña, y allí ya es con otros productos finos. Aquí le ponen pintura Comex y la originalidad se pierde, podría ser natural y es lo que ya no se hace. (Comerciante Conrado Arellano Calderón)

Familia y oficio

Yo ahorita tengo mis tres hijos y les digo: “vayan viendo nuestro trabajo, vean cómo se hace la alfarería, quizás a mi no me de tiempo, pero ustedes vivan ese proceso”. La mayor parte de las personas confían  en la profesión y sí, es buena, inclusive yo tengo un hijo estudiando en el Tecnológico. “Sabes qué, papá, yo quiero ser esto”; perfecto, es tu elección, pero vamos a llevar los dos procesos, hacer de lo que yo conozco y lo que tú vas a aprender, y en la vida vas a desarrollar uno de los dos, y si son los dos, qué bueno, magnífico. (Alfarero Andrés Martínez Bravo)

Trueque de loza por alimentos

Mis padres si hicieron un tiempo cazuelas, pero ya hace cuarenta años que no se dedican a eso. Entonces yo no sé, pero si supiera hacer cazuelas yo le entraría. Pero es donde yo veo, le digo, que sí es muy pesado, mal pagado. Y haga de cuenta que luego aquí uno ve que muchas señoras, como no venden nada de las cazuelas que tienen, las cambian por verduras. Las van a cambiar y salen perdiendo porque las cambian por verduras y tortillas y todo lo que es de alimentación. Pero, pues sí es mal pagado. Yo a veces, como ama de casa, digo bueno, sí las comprendo porque hay que buscar cómo darles a los hijos. Y si tengo algo pues voy a cambiarlo para que pueda dar alimentos para ellos. No queda de otra. (Madre de familia Angelina Zacarías Allende)

Comercialización

A la alfarería no se le ha dado la importancia que merece. Se ha demostrado que San Miguel es la zona alfarera más importante del país, por la calidad y la cantidad que se produce para todo el país e, incluso, se sabe que está surtiendo a Centroamérica. Entonces son gente que se lleva un carro de diez, veinte toneladas: ollas, cántaros. La producción de toda una familia va en un  embarque. Es un trabajo durísimo, ahí no hay horario, se dice que “yo trabajo lo que quiero, me levanto a la hora que yo quiero”, pero es muy relativo. La gente que sale a comercializar sus mercancías sabe que es la única manera de obtener un poco más de recursos. Incluso hay gente que dice: “mi rumbo es Tuxpan, Reynosa, Tamaulipas”; otros van a Zacatecas, San Luis Potosí; otros van a Sonora, otros a Baja California, o por el Sureste. Se van identificando zonas de comercialización, incluso por épocas, y cada quien cuida celosamente dónde va a vender y no se lo dice a nadie. (Instructor Cesder Moisés Ramírez Zambrano)

Campesinos

“Ahorita que está madurando el elote, no hay modo de trabajar, hay que ir a cortar, luego se vuelve a la alfarería. Se combina. Eso lo hace la mayoría. Todos tienen su tierrita donde siembran y los que no tienen  se emplean, como una manera de tener sustento.” (Domingo Martínez Romero)

Siembras del campo

La necesidad me metió  a esto, tenía que trabajar. En el campo no, no llovía, y luego nada más sembrar, y hasta cosechar, y entonces no había (signo de dinero con la mano izquierda). Frijol, trigo, todos estos cerros se sembraban de trigo. Y ya la gente tenía que entrarle a lo que fuera, a la loza. Y teníamos los campos de labor, daban para vivir, pero trata uno de avanzar de alguna manera. No le quisiera decir, pero yo aquí llegué a llegar en coche LTD, dos, Ford, un 65 y un 76, es una satisfacción muy grande cuando se lo gana uno a la buena, porque si se lo roba uno, no creo que se tenga satisfacción.
A los productores les iba bien, tenían más trabajo, ya casi tenían su clientela. Ellos se dedicaban a trabajar y de ahí sacaban para irla pasando. Y así es en otros lados, como en la Chona, en Jalisco, Encarnación de Días. Es la necesidad… (Comerciante de loza Salomón Contreras)

Gremio en crecimiento

En Puebla hay 48 municipios en donde se practica la alfarería, 31 de ellos la combinan con otros oficios tradicionales (textiles, madera, jarcería, cestería, etc.), en tanto que 17 se dedican casi exclusivamente a la alfarería, como es el caso de San Miguel Tenextatiloyan. (3)

Las dificultades que se presentan en la producción y comercialización de la loza no oculta, sin embargo, la noción de que San Miguel es el principal polo de producción alfarera del país, como lo han hecho ver diferentes experiencias y solicitudes nacionales e internacionales. Los propios pobladores lo ven con el movimiento de sus mercancías, de dinero, de tráfico vehicular. Ahora se habla de modernizar, de capacitar, de regular; se tiene la certeza de las cantidades precisas para mejorar un horno, sus costos en leña o gas; el precio de una galera, que es una construcción que protege tanto al horno como a los productores de las inclemencias del tiempo. Hay una conciencia clara de muchos avatares que acompañan el oficio artesanal pero, ante todo, de una muy importante: el gremio va en aumento, se agregan cada año más jóvenes al oficio, parejas de recién casados que ponen su taller, los hijos, los nietos; crece la necesidad de materiales, de máquinas, de capacitación.

¿Cómo modernizarnos?

Hablamos de modernizar nuestro sistema, nuestro trabajo, pero ¿cómo? Decía yo es que, por lo regular, el ciudadano o en este caso el alfarero, algunos sí tienen la iniciativa y saben cómo poder modernizarse ¿verdad? Y él impulsa a otros.
Entendemos por modernizarnos como que es dar un giro no de 90 grados, sino de unos 45 grados, pero ¿quién les ayuda a dar ese giro? Creo que el gobierno tiene que poner la economía para el artesano. El artesano tiene experiencia en la labor, pero mientras no se le de un sistema económico y no se le administre bien, no a vamos a tener avance, ni del gobierno como el artesano tampoco. Entonces no va a haber un buen acuerdo.
Yo usaría un recurso para capacitar a los que no saben y, teniendo ya un grupo de artesanos sobresalientes en el ramo, ahora nos vamos a modernizar ¿en qué?, en el horno, porque tenemos hornos obsoletos; ahora vamos a cambiar nuestro sistema de hornear, de hacer. Entonces los grupos que ya están sobresaliendo son los que van a dar el auge para los que vienen, así se genera el empleo. (Alfarero Andrés Martínez Bravo)

¿Cuánto necesito?

Para mi necesito más o menos unos ochenta mil pesos, necesito mi horno bien hecho, porque si lo hago a medias no me va a funcionar; que esté bien reforzado, que tenga mi galera, que tenga mi espacio donde voy a trabajar, porque teniendo eso, yo pienso que sí. Por lo menos unos cuarenta mil, y eso en lo más elemental. Yo no he podido hacer eso, endeudarme, por lo mismo, porque la situación está muy difícil. No he podido hacer eso. Yo trabajo todos los días, todos los días, porque somos cuatro de la familia, tengo mi mamá que ya es mayor de edad, tengo un hermano que sí me ayuda, pero está discapacitado, y yo tengo que hacer todo. Tengo 33 años y soy el motor de la familia.
Mis abuelos no se dedicaban a esto, ellos tenían tierras, eran campesinos, tenían algo de tierras. De eso vivían, pero ve que cuando tienen hijos se dividen todo, entonces empezaron mis papás con la loza, y desde ese tiempo empecé yo a trabajar, a trabajar en serio, ya en cantidad, desde los quince años. (Alfarera Gregoria Rojas Jiménez)

Alfareros en aumento

Se manejan en el municipio un número de alfareros entre los 2, 300 y 2,500, no hay un censo preciso, pero lo que se ve es que la población va en aumento. La actividad, que para algunos lugares va en decadencia, aquí es una estrategia de sobrevivencia, más parejas se juntan más parejas hacen su casa, montan su taller. La población que se está insertando en la alfarería va en aumento. La tendencia es que va a la alta. Eso le da realce a la presencia de la Escuela de Artesanos. Normalmente la gente que se capacita, no sólo aquí, la gente que está entrando al interés de capacitarse, es gente joven. Entonces la gente joven es la que va a experimentar, va a probar. La gente mayor no va a cambiar tan rápidamente. Y hasta algunos adultos también, aquí vemos a unos. Pero el grueso de la población madura ya como que no le apuesta mucho a la capacitación y de tener algunos cambios, pues su horizonte ya no es tan largo como el de un joven. (Director Cesder San Miguel Marco Antonio Comunidad Aguilar)

Arriesgarse a salir

La producción de loza basada en microfábricas familiares de media docena de productos creció a lo largo de las últimas siete décadas con iniciativas personales que produjeron, embalaron, transportaron y vendieron sus productos individualmente, al principio en las cercanías –y en la espalda- y, con el tiempo, en todo el territorio nacional en transportes públicos, propios o rentados. La necesidad y la saturación de los mercados cercanos obligó a los artesanos de San Miguel a buscar nuevos horizontes. Los testimonios dan cuenta de ese crecimiento paulatino de un mercado que tuvieron que descubrir desorganizados, con raquítica información, sin importar género ni edad.

Sacar la loza de San Miguel

Nosotros fuimos los que empezamos a abrir campo para sacar la loza. Estando en Villahermosa anduvimos vendiendo, pero terminamos de vender nuestra loza en Tierra Blanca, Veracruz, después de que anduvimos desde Tabasco, je je. Allí terminamos de venderla porque no la querían, allí reinaba la loza de la rayada, “orejona”, le decían ellos allá; entonces empezamos en Tabasco y terminamos en Tierra Blanca, casi regalada, porque ya andábamos muy cansados de andarla vendiendo. Ya en ese tiempo, en 1952, 53  fue que nos llevó por primera vez el difunto mi tío Ricardo Villegas. Y nosotros sin conocer. Ya después fue el difunto Felipe. (Ex presidente Auxiliar Juvencio Ramírez)

Salir a vender

En caso del comercio, mi papá viajaba, iba a Poza Rica, a Tuxpan. Hace como unos diez años para atrás era común salir a vender, pero de diez años para acá, como se dio el mercado de los martes, pues mucha gente ya no sale, hace cuentas y dice me conviene venderlos aquí, ya no paga flete, comida, riesgos; ora un cincuenta por ciento sale, pero hace unos años la mayoría salía. Mi papá a Poza Rica, el gustaba, pagaba flete. Él llegaba, caminaba casa por casa, caminando, a mí también me tocó caminar el monte, los naranjales, limonares, los ranchos, casa por casa, y si no quiere pues me sigo a la otra, y atravesar los potreros; todavía nos tocó, ahorita ya estamos aquí, y aunque sea poquito, pero sí nos tocó salir a caminar y a vender… Es cansado, pero estaba más ganoso, era joven, las dos cosas, va uno aventurando pero en el negocio. La mayoría de los hermanos salimos, mi papá nos sacaba a vender.
El mayor de mis hermanos, era más grande, viajó con mi papá a vender, se casó, se independizó, empezó a ver por él mismo. Y así el que le siguió. Pero mi papá, al que fue quedando, le enseñó a viajar, vimos cómo se vende, y así cada quien se fue casando y poniendo su tallercito.
Cuando se acumulaba la producción, no había un día específico, pero cuando veíamos que ya había producción, a vender; si el lunes teníamos ya un buen tanto de producción, que ya alcanzaba a pagar el flete, si el clima no ayudaba, teníamos que pasar el tiempo para completar el viaje. No había una fecha, digamos: Todos Santos, Semana Santa; no, era cuando ya había producción.
Era una camioneta pick up. Una chica. Llegábamos a Poza Rica y ya, descargábamos; digamos diez cargas, nos daban permiso en una casa, descargábamos la mercancía y a salir todos los días, diez días, veinte días, hasta que ya terminábamos.
Cuando yo empecé a salir ya mis hermanos estaban aparte. Cada quien agarraba su ruta, a las cinco ya regresábamos, a las seis, uno al norte, otro al sur, casa por casa. (Alfarero Juan Ramírez)

Mecapal

Cargábamos con lacitos, mecapal, acá en este hombro dieciocho piezas, y en este otro, dieciocho piezas, eran treinta y seis piezas. Y acá encima unas cuatro ollas, estamos hablando como de cuarenta piezas. Y si la gente decía “oye, a cómo tus cazuelas”, pues las bajábamos todas y desatábamos y “sabes qué, enséñame aquella” y tendíamos todas enfrente de la señora, y ya compraban una y a amarrar todas otra vez, a otra casa. Y si no nos arreglábamos en el precio, pues ni modo, a amarrar; si se vendía bueno, si no, qué bueno.
Ya llevábamos un precio, a tanto, decíamos, te doy tanto, y no me convenía, no nos arreglábamos. Si nos convenía lo que nos ofrecían ya le dejábamos una o dos piezas, y a la que sigue. Dependiendo el cliente, a como se dejara, había quienes ni siquiera decían nada, vale cincuenta y pagaban, no decían nada, y otros que decían te doy cuarenta, no pues deme cuarenta y cinco, y ai estábamos regateando. Pero el precio era igual para todos, no hacíamos diferencia, no decíamos este tiene dinero entonces le pido doscientos, no, si la pieza valía cincuenta pesos; se pedía parejo, pobre, rico, pero a lo mejor había unos pobres que pagaban más o otros ricos que regateaban más, pero teníamos límites, ya menos de cuarenta no, de ahí ya cuarenta y cinco, cuarenta y ocho, si no regateaban, era bueno para nosotros. (Alfarero Juan Ramírez)

Vender fuera

Ya empezaba yo a ir a vender la loza, por eso me conseguí una camioneta, fiada por supuesto, y ya con ella me empezaba yo a ir por Papantla, Poza Rica, toda la Huasteca. En Tampico no había puentes, puras pangas, allá  iba yo, por muchas plazas de la Huasteca, n`ombre, se vendía muy bien. Nada más llegué hasta Tampico, cada semana salíamos, allá  por Cerro Azul, Tamiahua, y de este lado por Magozal, haciendo la lucha vendiendo, yo tenía que ver por mis hermanos. Iba yo con dos trabajadores, ya después compré un camioncito, y como luego se dice, hacía la roncha. Llegué a tener dos camiones nuevos, chicos, no como ahora que hay carros grandotes, pero siempre en la loza, en mi negocio.
Ya Después empecé  a ir a Guanuajuato, a Dolores Hidalgo, la cerámica, yo fui el primero que trajo cerámica acá a vender. Así quise hacer el negocio más productivo. Sólo dos teníamos carro, un vecino que vivía aquí, vivía, ya no vive, él y yo; n`ombre, casi no nos dábamos abasto después a llevar loza. A Monterrey, tres veces llegué a ir, tres veces seguidas, ni cargábamos allá porque tenía el compromiso aquí de cargar otra vez para allá. Y hasta ahora, hay personas de aquí que viven allá en Monterrey, y siguen llevando loza, a la colonia Caracol, hasta allí llegan a descargar loza, yo ya no voy.
Lo de la cerámica de Dolores, fue la mentalidad. Es más, antes en Dolores no hacían loza, no hacían pocillos, hacían unas cosas así grandes nada más. Yo conocía a un tal Laureano Oláez, de allá, y ya empezaron a hacer loza y la empecé a traer ya con el camión.
Los alfareros le echaron ganas, antes sólo teníamos dos carros, pero ahora no puede usted contar los carros. Y van a toda la república. Yo llegué a Tijuana, a La Paz, a Nuevo Laredo, ahí donde está la presa junto a los Estados Unidos. Yo llegué como ocho días después de que la inauguraron; con Díaz Ordaz, n`ombre, llevó dos trailers de tequila, y la gente, pues hágame usté, allá la gente es de tomar, y nomás de gorrión. Así estuve por la frontera, yo no me crucé, nunca me fui a trabajar allá, hay cosas muy bonitas allá, de veras, pero nadie de uno, qué caso tiene, y el clima extremoso, y pus no. Pero sí me gustó mucho viajar, ahora ya estoy viejo, ya no puedo, ahora sólo puedo estar aquí. (Comerciante de loza Salomón Contreras)

Nos dejan una partecita

Dos formas tenemos para vender nuestras ollas –explica--, una parte con el comprador único aquí en San Miguel, que se lleva que doscientas, trescientas, hasta quinientas piezas, pero tarda dos meses, por eso salimos a los mercados en Zacapoaxtla o Zaragoza, salimos en la camioneta. Es que no podemos esperar dos meses al que nos compra aquí, por la necesidad, así que salimos a las plazas, poquito que vendamos, pero nos ayuda para sostener a la familia, por ejemplo en caso de enfermedad, o para la comida en la cocina. El comprador paga hasta el final, aunque nos deja una partecita, por lo menos para el material, lo que es greta, para un viaje de leña, pero si nos deja el cincuenta por ciento, nos lo acabamos, y el resto hasta dentro de dos meses, ahí es donde no estamos esperanzados a que pasen los dos meses, por eso salimos a las plazas, y va saliendo para comer, para sostener la familia, cualquier gasto que surge aquí en la casa. (Alfarero José Marcelino)

Mentalidad

Hoy, la comercialización de la loza de San Miguel, aunque celosamente guardada en sus libretas personales, goza de un mercado relativamente asegurado en todo el país, a juzgar por estas expresiones coloquiales. Una suerte de sucursales, siempre familiares, se ha establecido en importantes plazas del país con la exclusiva tarea de vender loza de San Miguel Tenextatiloyan. Muchos de los artesanos quieren progresar, tienen idea de qué hacer, pero no encuentran cómo.

Queremos evolucionar

Que yo sepa la familia hace cerámica desde siempre, los abuelos, y los papás de los abuelos. Toda la familia se dedica a esto, ahora nomás vive la mamá, que sigue trabajando. Tengo un hermano que también es muy líder, saca diseños. Queremos cocer, por ejemplo, hacer cerámica, pero nos falta el material. El problema es en lo económico. Eso no es para venderse en la carretera, por eso queremos sacarlo más lejos, fuera del país. Mi hermano es el que se ha metido más. Se necesita evolución, cambio, lo que pasa es que mucha gente aquí se mete nomás a lo que aprendió y ahí se queda. Pero por lo mismo, es la economía lo que nos detiene.
Nosotros queremos dar el paso para que los demás, los hijos que vienen, se vayan por ahí. Necesitaríamos, para empezar, un horno de gas, un horno bien adecuado. Por ejemplo, meterle fibra para que pueda fundir otro tipo de material. A nosotros nos interesaría un préstamo para un horno, eso sería muy bueno, demasiado. Para empezar es el horno. Este tipo de hornos, como el que tenemos, por lo mismo de que está descubierto, no aprovecha bien el calor, entonces debe ser un horno bien adecuadito, bien cerradito, que queme bien el material. Con éste el calor se sale, se escapa. (Alfarero Benigno Martínez Bravo)

Si nos dieran la oportunidad

A veces por falta de economía en lugar de ir para adelante vamos para atrás. A veces por necesidades me pongo a hacer esto, que no va a dejar mucho, pero ese poco es para sobrevivir. Por ejemplo, nosotros tenemos una batidora, no nos costó muy cara, tenemos un molino que fuimos por él hasta Puebla. No hemos tenido oportunidad de que el gobierno nos haya echado la mano. Mucha gente tiene batidoras, molinos láminas que han recibido de apoyo. Nosotros nada, pienso que si podríamos avanzar de esa forma, si nos dieran la oportunidad. (Alfarero Adrián Arriaga Herrera)

Lo que se vende y lo que no

La cerámica fina tiene un trabajo agregado, tiene un trabajo muy meticuloso de control de calidad, de planeación, porque normalmente yo hago cosas que a mi me gustan y las veo muy bonitas, pero no las veo con la mentalidad de los clientes. Llega el cliente y mi pieza no le llama la atención. Entonces nosotros tenemos también que estar de acuerdo con lo que el mercado quiere y cómo lo quiere, porque muchas veces hallamos eso. Yo voy a vender una cazuela en 500 pesos, pues sí, pero el mercado te dice que cuesta veinte pesos. Aun cuando tenga mucho trabajo, no lo lleva implícito. Y peor tantito, todo mundo hace lo mismo que yo.
Durante toda la vida de mis padres, sobre todo de mi mamá, vi que trabajó muy duro para recibir muy poco. ¿Por qué?, pues porque este oficio está muy devaluado, la gente tiene un concepto de la alfarería: “ah, esos es de los pobres, son cacharros, son cosas que no merecen estar en mi mesa”. Es un producto de pobres para pobres, pues lógico que su precio sea muy bajo. No es posible obtener un buen precio por eso, porque lo compra la gente que no tiene muchos recursos. Hay otros mercados, claro. Está Fonart. (Instructor Cesder Moisés Ramírez Zambrano)



1) Informe Fonart 2010
2) Fonart: Cronología de la alfarería y el plomo, en:
http://www.fonart.gob.mx/web/index.php?option=com_content&view=article&id=128:alfareria-libre-de-plomo&catid=37:noticias-de-portada&Itemid=113

3) Información de la página web de la Cámara de diputados del H. Congreso de la Unión: http//www.cddhcu.gob.mx    

continuará...

viernes, 6 de febrero de 2015

Una folclorista singular


La tarde del 5 de febrero de 1967 Violeta Parra estaba sola en su carpa-teatro de la comuna de La Reina, en Santiago de Chile, dispuesta a tener éxito esta vez. No era la primera vez que intentaba morir, pero en esta ocasión, empujada por una pena muy honda que carecía de motivo específico, iba a lograrlo. Era una combinación de muchas cosas, el abandono de Favre, el desprecio del público a su experimento para consolidar el más importante centro de cultura folclórica de América, en el que había puesto el resto de sus fuerzas apenas dos años antes, acompañada de sus hijos Ángel e Isabel y los folcloristas Rolando Alarcón, Víctor Jara y Patricio Manns, para nada. ¿Por qué el público no la apoyó? ¿Por qué se fue Gilbert Favre, el antropólogo y musicólogo suizo, gran amor de su vida, a Ecuador y la dejó sola?

Tenía 49 años, dos hijos hermosos y una larga experiencia de viajes y colores y vino y empanadas y música; una vida entera que en esos instantes una ensoñación que se movió en un vaivén suavecito como una cueca le permitió verla en esa inolvidable tarde de 1967. Pasó su vida así, como en una película, frente a sus ojos obnubilados por las lágrimas que no le permitían ver la pistola con la que apuntaba su sien.

Violeta vio, sin embargo, adentro de su ser. Se vio de niña corriendo en el campo, descalza, con los mofletes manchados de barro; luego las trenzas de su adolescencia, su año en la Normal de maestros, su padre enfermo, el fantasma del hambre familiar y su inicios en el canto junto a sus hermanos, solfeando en donde fuera: restaurantes, posadas, circos, trenes, campos, pueblos, calles, hasta en burdeles.

No lo veían sus ojos pero su dedo acariciaba el frío gatillo de la negra pistola. Ella veía hacia adentro, en su memoria, deambulando por Santiago con su hermana Hilda, guatona de Ángel o Isabel, cantando en bares: Las Hermanas Parra. Ay sí. Grupos de teatro, el Partido Comunista Chileno, su primer matrimonio con Cereceda. ¿Cuándo llegó el amor por lo propio?, ¿antes o después de Luis?, ¿antes o después de Europa?, ¿de su éxito en Louvre?



En defensa de la auténtica música chilena, contra de los estereotipos de la cultura popular. La recopilación de más de tres mil canciones populares chilenas que vinieron a sustituir el falso repertorio de boleros, cantos españoles, corridos mexicanos y valses peruanos para dedicarse en cuerpo y alma, en alma y cuerpo, a las canciones más tradicionales del campo chileno; a su Museo Nacional del Arte Folklórico de Concepción, cuando ya era una brillante constructora de décimas y composiciones poéticas, además de ceramista, pintora y tejedora de arpilleras tradicionales. Gracias hermano Nicanor; gracias Chile; gracias mundo; gracias a la vida, que me ha dado tanto, me dio dos luceros y me ha dado el canto…


Violeta presionó el gatillo y la bala perforó su cráneo, convirtiéndose en leyenda. Adiós Violeta, eres una de las folcloristas más importantes de América y fundadora de la música popular de tu país. Y bueno, nos dejas con la paradoja de haber creado un año antes Gracias a la vida, un himno a la existencia, para luego salir con esto… ¿o era una despedida?