martes, 12 de junio de 2018

Manías o necedades


Seríamos un país mucho más interesante si se hubieran seguido las recomendaciones de Miguel Othón de Mendizábal, que tras la Revolución los mestizos mexicanos se hubieran “indianizado” un poco en lugar de tratar de “mexicanizar” a los indios mexicanos.

De veras creo que en algún momento del siglo XXI los mexicanos retomarán aquella inquietud de Mendizábal, reconociendo a los pueblos originarios como un legado cultural antes que una vergüenza que hay que esconder a las miradas extranjeras; que el náhuatl crecerá en hablantes antes que desaparecer, como vaticinan muchos alarmistas; que ciertas costumbres naturistas, cosmogonías sobre la naturaleza y otros misticismos “indígenas” cobrarán importancia en las próximas décadas. Es decir, religiones reinventadas como todas ellas, pero con aquella inspiración, religiones de aquí, basadas en los elementos de México encabezadas por el culto a Quetzalcóatl; a la Luna y la rehabilitación de los templos del culto que son las pirámides ofrendadas al Sol, dador de vida. Esa acumulación de manías y pequeñas religiones que tan bien explica Fernando Savater.

Tal vez sea una argumentación necia, algo prematura e insostenible (aún), bosquejo apenas, pero en todo caso se trata de una primera acechanza epistemológica sobre los quehaceres de una academia antropológica que ha estado como perdida en la concreción de su objeto de estudio, que ha sido incapaz siquiera de transmitir al resto de los mexicanos las características objetivas de los pueblos indígenas, su sabiduría naturista, agrícola, las bondades de pertenecer a un país múltiple donde, paradójicamente, periodistas como Benítez, historiadores como Florescano y documentalistas como Paul Leduc y el Canal 11, así como numerosas revistas de divulgación, entre todos ellos han aportado más a la cultura antropológica de nuestro país que los centenares de profesionales que pueblan el revoltijo institucional.


Foto del autor del blog: Pueblo Nuevo, Tlacoachistlahuaca. Gro.
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miércoles, 6 de junio de 2018

Cultivar huitlacoche


En mi trabajo de la revista Elementos fui comisionado para realizar una entrevista sobre el cultivo de huitlacoche mediante ingeniería genética que se realiza en el Colegio de Postgraduados, campus Puebla. Me puse en contacto con el director de este proyecto, el doctor Daniel Martínez Carrera y el resultado ahora lo comparto con los lectores del blog. Buen provecho.


El Colegio de Postgraduados de Puebla (COLPOS) luce vacío en esta soleada mañana de enero. El doctor Daniel Claudio Martínez Carrera comprueba mi puntualidad en su oficina. Nos sentamos en uno de los pasillos que separan cuatro mesas atiborradas de libros y papeles.
Biólogo por la Universidad Veracruzana, con maestría en el Instituto Nacional de Investigaciones sobre Recursos Bióticos y doctorado en la University of London, Inglaterra, Martínez Carrera es especialista en ciencia de alimentos e ingeniería, biotecnología de hongos comestibles, funcionales y medicinales, que viene bien pues estoy aquí para entrevistarlo sobre la inoculación del hongo huitlacoche en mazorcas “sanas” que hoy reviste en el COLPOS algo más que un experimento: recientemente se ha formalizado el lanzamiento comercial del huitlacoche poblano en busca de certificar su denominación de origen y acarrear ingentes beneficios económicos, sociales y ecológicos. Las investigaciones del equipo del doctor Martínez Carrera han documentado 600 formas diferentes de aprovechar el huitlacoche en tortillas, tamales, atoles, menudos, postres y elotes, así como han comprobado propiedades antioxidantes, anticancerígenas, antimicrobianas, antidiabéticas y antihipertensivas en el hongo comestible.

El conocimiento y las tecnologías se desarrollaron con financiamiento del CONACYT, a través del Proyecto FORDDECYT 273647, denominado “Estrategia para fortalecer la competitividad de la cadena agroalimentaria microbiana emergente de los hongos comestibles, funcionales y medicinales en los estados de Puebla, Veracruz y Oaxaca” (2016-2019).

Se trata de una relación huésped (maíz) – parásito (hongo) en la que las semillas de maíz se deforman por el crecimiento del hongo generando estructuras denominadas agallas. Desde épocas prehispánicas las diversas culturas establecidas en México han valorado y consumido estas agallas como un excelente alimento tradicional.


¿Cuáles son las dificultades del estudio del huitlacoche?

Es muy importante entender primero el reino de los hongos comestibles, que hasta el siglo XX empezó a tomar una dinámica interesante en términos de su estudio, su investigación; la grandes desventajas es que no es macroscópico, sino que es microscópico –en realidad son microbios–,  y por esa razón se tardaron en ser abordados por los científicos y evolucionar en su conocimiento para poderlos manejar y utilizar en beneficio de la sociedad; además de entenderlos, porque entenderlos ya es en sí mismo importante. Entonces es un reino componente de la biosfera y una parte de este reino puede ser utilizado como alimento. Curiosamente en México los hongos son un reino con una diversidad impresionante.

Un detalle que llama la atención del estudio donde participa,1 es que hay evidencias de que el huitlacoche comienza a consumirse durante la colonia española,  o sea, no era un alimento predilecto de los habitantes prehispánicos, como lo expresa el significado de la palabra huitlacoche (“mugre que crece encima del maíz” o “mierda dormida”; algo “no muy grato o molesto del maíz”). La gente común creemos que es un alimento milenario en México, le llaman “alimento de los dioses” y es materia gourmet.

Yo creo que en Mesoamérica el ambiente era una cuestión importante para la alimentación, de hecho hay por ahí estudios históricos muy buenos donde demuestran que el colapso de alguno de los imperios que tuvimos en Mesoamérica se debió a cuestiones de alimentación; es decir, había cambios en el ambiente que finalmente impactaron en la producción  de alimentos y eso afectó a las sociedades y se disgregaron. El maíz era la pieza central de la alimentación y era natural que tuvieran años buenos y años malos, de modo que al ser atacado en alguno de esos años –porque no había en ese momento plaguicidas ni herramientas para controlar plagas y enfermedades–, quizá tuvieron una plaga de huitlacoche, es posible, y que eso redujera la producción de alimentos. Entonces eso afectaba a las sociedades y la reacción de esas sociedades fue decir, bueno, pues si no podemos contra la plaga nos la podemos comer. Seguramente por ensayo y error descubrieron que, aunque no se veía bien, como lo expresa su raíz etimológica, en la realidad es un manjar y al comerlo uno lo aprecia así. Es un sabor muy original, no es maíz, no es un hongo, es algo intermedio que los mexicanos aprendimos a valorar. Tenemos uno de los paladares más exigentes del mundo, es increíble, y uno lo descubre cuando sale de México. Somos una sociedad exigente en términos sensoriales, de alimentación, porque aquí la alimentación no nada más cumple una función biológica sino también social, familiar, todo un entorno. Y los pueblos originarios de nuestro país vieron claramente eso en el huitlacoche y lo aprovecharon como alimento. Pero hay un trabajo reciente que da una versión distinta, dice que comienza a consumirse en la colonia española. Yo creo que es, en realidad, una mezcla de las dos: en su momento no lo veían bien, pues es una plaga y les mete ruido, pues dejan de producir el maíz que necesitaban. Algo hizo que la sociedad descubriera este alimento, lo probara y ensayara y terminara creyendo que vale la pena, pero yo creo que el consumo del huitlacoche como alimento sí es prehispánico. Pudo haberse exacerbado en la colonia, pero tendría que investigarse. La realidad es que hay pocos estudios. Pero creo que era valorado desde antes. Mi modo de ver es que se descubrió por la presión alimentaria que había en la época prehispánica, cuando se descubre que se puede comer, como sucedió con otros alimentos, por ejemplo los insectos, pues este también es un país donde se come una cantidad impresionante de insectos.

Una condición de los pueblos antiguos, como los chinos, que se comen todo.

Exactamente, con vocación a diversificarse, y dentro de esa diversificación creo que entró el huitlacoche. Y una vez que fue apreciado por esas sociedades se dio un paso trascendental. Hasta llegar al siglo XX, cuando la globalización del mundo hizo que alimentos mexicanos pudieran tener un impacto a nivel global. Y creo yo que el huitlacoche es uno de esos alimentos que nos distingue, no nada más porque hay un soporte histórico-cultural, sino porque es un alimento muy rico, que pocas veces ves. El huitlacoche es una mezcla de dos reinos: del reino vegetal, de las plantas, que los junta con el reino de los hongos y que, al unirlos, posees un alimento que tiene de todo: propiedades nutricionales, funcionales, medicinales; un gran alimento. Claro, hoy lo sabemos con evidencia científicas, eso no lo sabían hace cien años. Solo tenían el sabor. Por eso te das cuenta que eso tiene otro trasfondo, el huitlacoche es algo diferente, no es común, es de los pocos alimentos que junta lo mejor de dos reinos. Eso es algo interesantísimo y lo que nos motivó a nosotros. Ahora, no es un hongo fácil de producir de manera controlada.


¿Qué tan abundante es el huitlacoche natural?

Históricamente esta especie se producía naturalmente en ciertas épocas del año, en lluvias; a veces sí, a veces no; a veces muy poquito, a veces más. Un porcentaje de infección natural que va del 0.2 % hasta un poquito arriba del 1 %. Entonces era algo no común, relativamente raro; sin embargo, a finales del siglo pasado y sobre todo con el mejoramiento de la tecnología, cuando tienes herramientas muy poderosas que te permiten abordar la parte microscópica, microbiana, metabólica a un nivel de profundidad que antes ni soñabas, pues fue natural reflexionar que teníamos un alimento único y estábamos en México, su centro de origen, por lo que teníamos que estudiarlo. Y luego en Puebla, uno de los centros generadores del maíz.

¿En su parte científica qué es lo que había que indagar del huitlacoche?

Hasta recientemente ha sido posible conocer el ciclo, entender cómo empieza esta especie a diseminarse, cómo crece, cómo se reproduce, cómo se relaciona con la planta y con el ambiente para sobrevivir como especie. Esto solo recientemente se ha llegado a conocer de manera profunda y toda esa información ha hecho posible que tengamos, en un país como este, la posibilidad técnica, cultural y social de dar ese paso y decir: esto lo vamos a volver un alimento que se pueda producir de manera controlada.

¿Cuántos años lleva este proceso?

Mira, ha habido interés de producir huitlacoche de manera controlada desde los años 60, un interés puntual. La factibilidad de producir y consumir hongos comestibles, que es un grupo muy amplio dentro del reino de los hongos, los comestibles cultivados, realmente data de la posguerra del siglo pasado; después de la Segunda Guerra Mundial (1945). Antes de eso, la forma de producir algunas especies era realmente muy primitiva, muy rústica, tecnológicamente muy poco avanzada. Sin embargo, a partir de aquella guerra empiezan a surgir técnicas microbiológicas que permitieron empezar a manejarlos; o sea, producir hongos comestibles cultivados tiene unos 60 años, cuando mucho. Estamos en un campo de conocimiento bastante reciente, pero lo que viene con todas las tecnologías es impresionante.

En su estudio menciona intentos europeos desde el siglo XIX.

El cultivo de hongos inicia en varias regiones de Europa, en Francia, en el siglo XVIII, cuando se empezaron a producir rústicamente los champiñones. Desde ahí esa tecnología se fue perfeccionando muy lentamente hasta que se tecnificó después de la Segunda Guerra Mundial. Y en Estados Unidos, con todos los inmigrantes que llegaron de Europa, es ahora donde más se produce. En México esa tecnología llegó en 1933, empresas como Monte Blanco, conocida también como Hongos de México, empezó a producir estos champiñones y lo sorprendente es que fue increíblemente exitosa, a tal grado que actualmente es una de las empresas más grandes del mundo.
Entonces esta empresa, cuando vio que el champiñón era un éxito, concluyó que el huitlacoche era una especie que tenía que producir, y ellos se interesaron en hacerlo, pero no tenían todavía el nivel de conocimiento para poderlo inocular. Lo cierto es que ese interés viene desde los años 70, cincuenta años de interés, porque es evidente que el huitlacoche tiene un potencial muy grande.
Para darte una idea, nuestro país es el más avanzado de Latinoamérica en producción de hongos, producimos más del 80 % de los hongos comestibles de toda la región, y tecnológicamente somos el país que ha dado más pasos. La técnica ha ido evolucionando porque obviamente las evidencias muestran que tienes cultura, tienes un alimento único, tienes técnicos y hay formación de recursos humanos, hay inversión; pues vemos cómo podemos llevar adelante este alimento tradicional mexicano. Y eso es lo que estamos haciendo actualmente, con una idea a largo plazo, pues la evidencia nos indica que este reino de los hongos comestibles aporta riquezas no nada más nutricionales, no solo proteínas, carbohidratos y grasas, aporta elementos que ahora se llaman compuestos activos, que son fundamentales para la salud humana.

¿La tarea no es nada más científica?

Definitivamente. Cómo hacemos para que la sociedad mexicana valore, reconozca mejor las aportaciones que hace este reino de los hongos comestibles, particularmente los hongos cultivados, a la alimentación Es decir, cómo diversificamos e incrementamos la producción y el consumo de los hongos comestibles para que la sociedad se vea beneficiada en su dieta y tenga una dieta sana, equilibrada, rica y diversa; sensorialmente importante, culturalmente apropiada y que todo esto permita que la sociedad se vea beneficiada en sus recursos y sus avances tanto tecnológicos como científicos.

Crear una cultura del huitlacoche.

Exactamente, hay que trabajar mucho. De hecho estamos trabajando en un recetario, donde hemos integrado no solo recetas tradicionales, también estimulamos la innovación, es decir, lo que los chefs con su creatividad pueden hacer. El año pasado hicimos un evento en la Casa de los Muñecos que se llamó precisamente “La cosecha del huitlacoche” y se trató de dar a conocer a la sociedad poblana que aquí se puede producir huitlacoche, pensamos obviamente atender la denominación de origen y todo esto, para que con todas esas herramientas pueda seguir creciendo. Ahí presentamos por primera vez bebidas de huitlacoche que resultaron increíblemente deliciosas; otro chef hizo barbacoa de pato con huitlacoche, solo para darnos una idea de hasta dónde puede llegar esto. Obviamente estamos arrancando y el camino es largo.
El punto central de todo esto es de que, como tú sabes, a partir de los años noventa este país tuvo un modelo de inserción en la economía global impulsado por un grupo en el poder que se casó con esa idea, gobernantes que estudiaron en el extranjero, los hijos de los políticos de esa época que trajeron esas ideas, las implementaron y algunos ganaron, pero hoy vemos que muchos otros perdieron. Aquí el que perdió, creo, fue el campo del país, la agricultura nacional.

La dilapidaron.

No nada más nos cambiaron el sistema agrícola, el campo, nos cambiaron también nuestros patrones alimentarios. Y eso llevó a una sociedad que tenía una dieta sana y equilibrada, a tener otra dieta, porque nos inundaron de comida rápida, de productos baratos, importados, que son sabrosos y lo que tú quieras, pero que finalmente nos movieron de una dieta que traíamos desde la colonia, con toda la combinación que se dio entre los prehispánico y lo español, y nos la cambiaron. Eso produjo una sociedad enferma, ahora somos un país de gorditos con todo lo que eso implica. Una crisis civilizatoria que dicen los expertos que está ocurriendo globalmente y que yo he retomado para decir lo que nos corresponde hacer desde el ángulo nuestro. ¿Qué vías tenemos?; lo discutimos y llegamos a la conclusión de que hay que retomar lo bueno que teníamos para plantear un nuevo paradigma, porque esto no nos está conduciendo a nada, nos está conduciendo a una sociedad enferma. Entonces lo primero que tenemos que hacer es retomar los valores que tenía la dieta original, los vegetales y los animales, y la propuesta de incorporar a los hongos como un elemento central que puede ayudar a la alimentación nacional desde muchos ángulos. Los hongos aportan compuestos reactivos que no tienen ni las plantas ni los animales, a la hora que los agregas tienes un alimento más sano, una dieta más equilibrada. Y eso lo tenemos demostradísimo.

El año pasado le dieron el Premio de Nutrición 2017, quiere decir que hubo una atenta atención a su propuesta. 

Fuimos premonitorios, porque esto fue antes de todo el pleito que ha iniciado Trump: “Te saco del TLC o me salgo yo y a ver qué haces”; ya destruimos todo un sistema alimentario que teníamos y que estaba funcionando, y ahora dice que siempre no, te doy una patada y hasta luego. Nos dejó sin salidas. Ese es el contexto importante.

Hubo necesidad de encontrar nuevas vías.

El huitlacoche es un elemento de toda esta estrategia: cómo diseñamos un nuevo paradigma en el sistema alimentario nacional, cómo desde el ángulo de un reino que apenas estamos descubriendo a profundidad puede ayudarse a que esa alimentación sea más sana, sea mejor.

Y si es propio, más conveniente aún.

Ahora, dentro de los hongos cultivados, además del champiñón que es una especie importada, porque aunque hay champiñones silvestres en México, la realidad es que toda esa tecnología la trajimos de Estados Unidos y de Europa, entonces dijimos: oye, bueno, eso está bien, qué bueno que enriquezcamos nuestro sistema alimentario con esas especies, pero aquí tenemos para dar y prestar. Entonces agarremos el huitlacoche, estudiémoslo y demostrémosle al mundo que es una aportación que podemos hacer como las que ya hemos hecho con el aguacate, el chocolate, todo lo que actualmente es reconocido en el mundo como una maravilla. En su momento lo vamos a hacer, tenemos toda la tecnología para hacerlo y para promoverlo. Lo que necesitamos son básicamente ideas que nos permitan innovar.

Todo está muy bien, pero lo cierto es que los mexicanos tampoco comemos tanto huitlacoche. Tendrá que hacerse una campaña muy grande para que lo aceptemos más allá de las quesadillas. ¿Cuáles son los pasos y los plazos que hay que considerar?

Ante todo entender que son cosas emergentes. Visto como alimento es algo emergente en términos de su producción, tenemos que trabajar en varios frentes: primero, por supuesto, la ciencia, la tecnología y la innovación, que son los ejes que van a detonar el potencial que tiene este alimento que ha sido poco estudiado realmente; a pesar de que lo hemos consumido por siglos, la profundidad de la investigación científica y tecnológica apenas está iniciando. Prevemos, mínimo, unos cincuenta años por delante para poder llegar a decir que tenemos un nivel de conocimiento como el que se tiene, por ejemplo, del trigo, del maíz o del vino. Entonces nos falta mucho, hay que trabajar en la generación de conocimiento, creo que al ser México centro de origen del maíz tenemos un gran potencial para producirlo y exportarlo al mundo. Y ahí es donde vienen otros componentes que hay que trabajar. No me queda duda de que en toda la región central del país hay una demanda de huitlacoche, sobre todo por las clases populares y también por las comunidades, ahí lo que tienes que hacer es llevar el producto y ofrecerlo a un precio razonable para que la gente pueda adquirirlo y consumirlo. Ahí no le veo tanto problema. En otros sectores sí.


Háblame de las características del producto en sí.

Una vez que cosechas la mazorca hay varias maneras de consumirlo, una es que lo vendas en mazorca o lo desgranes y lo vendas empacado. Te dura aproximadamente, una vez que cosechas, hasta ocho días fácilmente, sin problema, pero en refrigeración; si no lo refrigeras, pues máximo tres días, dependiendo del clima. Lo que pasa es que los hongos son microbios y una vez que los cosechas siguen creciendo, aunque lo cosechas el hongo sigue metabolizando y sigue creciendo. Y es importante que tengamos esto en cuenta porque el huitlacoche sigue creciendo y en consecuencia se va deteriorando. Una fruta que se va madurando pierde poco a poco la mayor parte de sus propiedades y ya no es agradable. Entonces es muy importante que se trabaje la parte científica y tecnológica de generación de conocimiento para su mejor manejo.

La parte científica ya nos permitió el cultivo del huitlacoche, ahora la propia ciencia debe atender una etapa posterior.

Una vez que cosechas puedes procesar el producto, hay toda una variedad de tecnología por utilizar, desde envasar, cocinar, precocinar para venderlo ya totalmente elaborado; hay mil cosas, pero eso hay que desarrollarlo. Ya se hace algo, pero se está empezando, hace falta todavía llegar a un nivel y un estándar que permita que este producto se pueda incluso exportar, que es –yo creo– uno de los grandes potenciales que tiene. Confío en que este producto puede llegar fácilmente a ser como el tequila, ampliamente apreciado en el mundo, valorado y consumido, y uno de los productos que más exportamos. El tequila es un ejemplo, ahora están haciendo lo mismo con el mezcal. Entonces depende mucho de la estrategia que sigamos, pero creo que el huitlacoche tiene un enorme potencial, pero para ello hay que desarrollar toda la tecnología postcosecha.

Y luego convencernos de que es delicioso y sano.

Así es, tenemos que trabajar muchísimo en el consumo, cómo lo vamos a consumir. Este año vamos a hacer un recetario, llevamos 40 recetas que ya tenemos probadas, algunos análisis nos han mostrado que hay potencial y creemos que ese es un primer paso. Hay que diversificar, estamos planteando una feria gastronómica de hongos comestibles donde haya una sección de huitlacoche, pues queremos demostrar algo que no se ha hecho en el país: que la mayor parte de la población mexicana ha consumido hongos comestibles alguna vez en su vida más bien por el sabor, no por todas las propiedades que tienen. Lo que queremos demostrar con esa feria es que los hongos comestibles son algo más que el sabor, te dan algo más, y también queremos documentar cuál ha sido la aportación, primero histórica, y cuál es el potencial de la aportación que puede hacer este reino en términos de alimentación a la sociedad, primero mexicana y después a la gastronomía internacional. Tú sabes que nuestra gastronomía mexicana ha sido reconocida como patrimonio inmaterial de la humanidad y vemos que no existe un registro que haya documentado cómo ha aportado este reino lo poco o lo mucho que haya hecho a la gastronomía nacional. Y es algo que queremos hacer como parte de este esfuerzo.

A consumir hongos, pues.

Los estudios que hemos hecho muestran que no todos los mexicanos consumen hongos, aproximadamente el 51 %, pero sigue creciendo. Empezamos con el 49 % en el primer estudio que hicimos en 2004, y lo hemos venido monitoreando y ha ido creciendo. Y algo que creo que va a hacer que crezca de manera importante es esto que hemos descubierto de sus propiedades únicas, de su aportación a la salud una vez que los ingieres, inducir la expresión de genes específicos en el organismo humano, que está demostrado que tiene un impacto directo en la salud. Eso es algo que no se ve tan claro en el resto de los alimentos, aquí lo tenemos y va a ser un impulso muy importante.
Por ello tenemos que trabajar en la ciencia y en la tecnología, en diversificar todo lo que es innovación a nivel postcosecha, es decir, desde cómo lo incorporamos de manera inteligente a la gastronomía nacional, diversificamos la forma de consumirlo, de prepararlo, generando productos a base de huitlacoche –bebidas, por ejemplo–, demostrando que los hongos comestibles son importantes en la gastronomía nacional.

Gracias, doctor.

Nota
1 Castañeda de León, Vladimir, Martínez-Carrera, Daniel, Morales Almora, Porfirio, Sobal Cruz, Mercedes, Gil Muñoz, Abel y Leal Lara, Hermilo, 2016. El cuitlacoche, producto de la interacción Ustilago maydis - maíz, una aportación de México al mundo en el sistema agroalimentario microbiano. Capítulo 31, pp. 641-694. En Ciencia, Tecnología e Innovación en el Sistema Agroalimentario de México, COLPOS, 2016.

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viernes, 1 de junio de 2018

Las mujeres son menos corruptas



Don Héctor Zéleny (Puebla, 1927) me concedió una entrevista en un Italian Coffee del centro de Puebla, íbamos a hablar de sus recuerdos en la ciudad de su niñez y juventud. Y lo hicimos, como se consigna en otra entrada de este blog en la que habla de su infancia en el club deportivo Alfa Uno, donde su padre era el administrador. Ahora habla de la mujer, de los cambios en la percepción de las mujeres en una sociedad tan tradicional como la poblana.

¿Cómo recuerda usted a la mujer de antes, don Héctor?

Antes, en las familias, era la mujer en el hogar, el hombre en el trabajo, pero ya no es posible, hay que salir a trabajar ¿por qué? no lo sé, porque siguen siendo las mismas horas de trabajo, siguen siendo las mismas horas de escuela, sigue siendo todo similar; sin embargo, la mujer participa más porque el poder adquisitivo no es el mismo de antes. Hablábamos del pan de tres por cinco centavos que ya no encontramos por ningún lado. Ahora “el gasto”, como dicen, ya no alcanza, entonces la mujer también tiene que salir.

¿Se refiere a que las mujeres ahora salen de sus casas a trabajar?

Yo creo que toda la vida ha salido la mujer a trabajar, nomás que ahora trabaja en una oficina, trabaja en ventas, trabaja de ejecutiva, trabajada de todo, y antes la mujer iba de sirvienta o lavaba ropa ajena o cuidaba niños ¿qué se yo? Yo creo que la mujer siempre ha trabajado y su condición siento que sí ha mejorado, sobre todo en su presencia en la sociedad. La mujer tiene más oportunidades. Desde que la mujer entró a la escuela, salió de la primaria y continuó en la secundaria, la prepa y la profesional, yo creo que tiene todo el derecho de ocupar un espacio en la sociedad, muy diferente del que ocupaba hace cincuenta años, obviamente.

¿Cómo recuerda usted a aquellas mujeres?

La mujer antes estaba educada para el hogar y desde niña la mamá y el papá le propiciaban todo para que aprendiera a guisar, a planchar a zurcir, a barrer,  a sacudir la casa; estaba educada para eso. Hubo una época en que, por la misma velocidad de la vida, la mujer tuvo que salir y no sabía hacer otra cosa más que eso. Y prueba de ello es que había muchas sirvientas, como dicen, había exceso de trabajo para sirvientas y había poca demanda. Ahora es al revés, ahora para conseguir una sirvienta cuesta un ojo de la cara. Y ponen sus condiciones. Ahora ya no hay sirvientas ¿por qué? porque aquellas sirvientas, aquellas mujeres que antes no sabían hacer otras cosas, hicieron que sus hijas se prepararan. Aquí hay que ver la evolución, no de la mujer de hace cincuenta, sesenta años, sino de la nueva generación, las hijas de esas mujeres, cuando ellas mismas ya no quisieron que estuvieran como ellas, dedicadas al hogar, les dieron la oportunidad de estudiar a esas hijas y las impulsaron a estudiar. Y obviamente no puede haber “dos glorias”, no puede ir a trabajar y hacer los quehaceres de la casa. Eso yo creo que es exigirle demasiado a la mujer. Lo que no queremos entender es la evolución de la mujer.

¿En qué intervienen los hombres para el caso?

El hombre le dio a la mujer el derecho de voto y le propició todas sus libertades. La mujer no lo quiso aceptar por muchos años, se resistía la propia mujer, pero después la misma vorágine, la falta de poder adquisitivo, las crisis económicas que hemos sufrido, influyeron. Eso no lo analizamos. Entonces, el hombre no puede sostener con decoro una familia, habrá quien lo hace, pero la generalidad ya no. La mujer tiene que salir a trabajar. Lo único que sí es cierto, es que la mujer ha ocupado un nuevo espacio. Para los viejos quizás nos cause un cierto resquemor que la mujer tenga ahora un espacio igual que nosotros. Y decimos: “no, es que la mujer nos está quitando espacio”, pero no es eso. Y no es un asunto de la ciudad, que es muy difícil, muy cruel, salgamos al campo. Ahora las famosas maquiladoras ¿por qué están llenas de mujeres? Se supone que en el medio rural la mujer está más acostumbrada a la casa, al cuidado de los hijos, de los pollos, de los cochinos, etcétera. Sin embargo, tiene que salir a trabajar. Hay una gran migración de mano de obra de hombre, entonces la mujer tiene que trabajar y la propia sociedad, la propia economía, ha visto que la mujer es más responsable que el hombre. Le está dando un lugar especial a la mujer, pero no deja de explotarla ¿eh?

Pero la sociedad le ha dado un nuevo lugar, la mujer paulatinamente lo va ocupando. Ahorita, en los partidos políticos las dirigentes son mujeres ¿cuándo se había visto eso?, nunca habíamos visto que una mujer estuviera dirigiendo un partido político ¡y no cualquier partido! Entonces está ocupando la mujer, a grandes pasos, muchos espacios de la sociedad.  Y si en la política los ocupa, pues en el trabajo igual. Vayamos a las grandes empresas y las mejores ejecutivas son mujeres. No podemos negar que los nuevos tiempos, esa apertura de los medios de comunicación, la apertura del comercio, de todo eso, pues le ha estado dando un nuevo lugar a la mujer, que el mismo hombre ha permitido. Que muchos hombres nos resistimos, pues sí, pero es una vorágine que nos está llevando a eso. Hay que reconocerlo, la mujer a veces es más responsable que el hombre, menos corrupta, aún con ese dejo de principios morales que todavía medio heredaron; el hombre no. Y no estoy hablando en contra de los hombres, pero es una realidad. El hombre ha perdido espacios. Y como dicen en Física: “si un espacio se desocupa pasará a ser ocupado por otro”, si el hombre ha perdido sus espacios, alguien los tiene que ocupar, en ese caso la mujer. Las niñas ahora se independizan a los quince, pues aquí en México todavía tenemos tradiciones, y si acaso la mujer se independiza a los veinte, a los veinticinco. En otros países desde los doce años se van, todavía nos falta mucho que ver aquí en México, donde en parte las religiones han sido un freno a ese desborde, pero como vamos esto no tiene paro.

¿Qué puede suceder? 

No sé, eso sí quién sabe, pero ahorita, para mi punto de vista, la mujer todavía sigue siendo el sostén, de una u otra manera, de ese hogar. Ese hogar que ya no es el de antes, pero si no hay una mujer en el hogar, ese hogar no existe.
Sin embargo, la mujer sigue tendiendo todavía más obligaciones que el hombre. Ya no lava la ropa, la manda a la lavandería. Bueno, no se le puede pedir a la mujer que, después de que se va a trabajar ocho horas, diez horas, todavía llegue a lavar ¿no?, llegue a hacer un molito, un guisadito muy sabroso, con sus especias, que se lleva tres horas hacerlo. Pero entonces tenemos que comer comida chatarra, ni modo. Veamos a los niños cómo están. Nosotros todavía tenemos el privilegio, en la casa de usted, de que mi mujer, a pesar de que tiene también una edad avanzada, de repente se le vote la canica y se pone a hacer sus molitos, su molito verde, su molito de pollo muy sabrosos, pero esos son garbanzos de a libra. Ahora más bien me dice: “vámonos a comer al restaurante”. Nos sale más barato.


Fotografía del Archivo Histórico Municipal de Puebla: Desfile de 5 de mayo.
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sábado, 26 de mayo de 2018

Por mi espíritu: Mendizábal y la universidad


Las universidades mexicanas, pensó Miguel Othón de Mendizábal, nunca se han preocupado por el pasado, remoto o próximo, de ninguno de los problemas nacionales; tampoco del más trascendental: el campesino.

Existen dentro de las universidades extremistas de izquierda y derecha que, aunque forman una minoría respecto al conjunto del estudiantado, han propiciado actitudes violentas y desordenadas, de tendencia notoriamente política.

Estos activistas no hacen nada por ayudar a remediar los problemas, más aun, los incrementan o desvían la atención de quienes queremos resolverlos. El problema campesino, desprovisto de atención, resalta entre los principales puntos de su indiferencia. “Ojalá”, afirma Mendizábal, que la Universidad Autónoma perfeccione e intensifique su acción a favor del campesino y el indígena, para que su lema vasconceliano: “Por mi raza hablará el espíritu”, que solo interesa a los privilegiados de la cultura, pueda añadir: “Por mi espíritu y por la acción de mis investigadores, profesores y profesionistas, mejorarán las condiciones de vida del venero más potente de nuestra raza, la población campesina de México”.

Claro, no reflexionó en que la frase no cabría en el escudo universitario.

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martes, 15 de mayo de 2018

Que vengan, que se den cuenta


30 de agosto de 2012. La visita a Guanajuato abarcó dos regiones agrícolas relativamente opuestas. Al Jardín de Niños “Juan Amos Comenio”, de Santiaguillo, Municipio de Guanajuato se llega por la Carretera Guanajuato-Puentecillas, en Molineros se toma una terracería hacia Santiaguillo, luego de pasar por los márgenes de la presa de La Purísima, con poco agua, al grado de que se aprecia buena parte de la torre de la iglesia del pueblo que en algún tiempo estuvo en ese lugar donde ahora es agua social. En Santiaguillo se elaboran las canastas para el tradicional empaque de las fresas de Irapuato.

La segunda parte de nuestra visita fue a dos escuelas en el enorme y rico municipio de León, para lo que tomamos la moderna autopista que lo une a la capital del Estado y pasa por la industriosa Silao. Los sistemas de riego a todo tren humedecen continuamente la tierra en la que crecen rozagantes campos de alfalfa, lechuga, jícama, cebolla, sorgo, chile y tomate.

En el Jardín de niños “Juan Amos Comenio” de Santiaguillo me recibe la animosa profesora Azucena Rodríguez Cisneros. Le hago notar que tiene muy bonitas y limpias las instalaciones. Maneja un grupo mixto de infantes y en ese momento es el único sostén de la escuelita.


Soy la única maestra del jardín; también directora, maestra…, bueno, de todo, pero no afanadora, pues las mamás me echan mucho la mano, son muy responsables y me echan la mano. Yo creo que es un trabajo que se ha dado tanto de padres de familia como, bueno, el mío; es una responsabilidad. Gracias a Dios ellos me han echado mucho la mano. Siempre me ha gustado tener un jardín donde se dé un ambiente tranquilo, un ambiente de aprendizaje, entonces yo creo que esto implica mucho, también, no sé, que el aula esté limpia y bonita.

¿Cuántos alumnos tiene, profesora?

Ahorita es un grupo pequeño, tengo nueve niños nada más; sí, son nueve niños. Llevo ahorita, bueno, aquí en con este jardín solo dos ciclos escolares, contando este, pero anteriormente he estado en otros jardines. Estaba cubriendo un interinato antes en otra comunidad que no estaban dentro del Pronim, y en los otros jardines, como eran particulares, tampoco están dentro de este programa.

¿Cuáles son los retos con estos niños, maestra, si los papás se van?

El reto yo creo que es prepararme primeramente yo para poderles dar una mejor calidad de educación a los niños, porque sí son niños vulnerables, son niños que de repente, al quedarse con sus abuelitos, se enfrentan a muchas situaciones; entonces este reto consiste en prepararme yo para saber cómo atenderlos, qué aprendizajes necesitan los niños para que al llegar aquí sea un lugar diferente, que sientan ellos ese ambiente y que ese mismo ambiente lo lleven a su casa; que no les afecte tanto el estar a la mejor sin papá, sin mamá.

¿A dónde van sus papás?

Los niños en su mayoría se quedan con sus abuelitos porque sus papás salen a trabajar al norte del país. Por eso entran en escuela Pronim, porque sus padres son migrantes que se dirigen a diferentes partes a trabajar, no sé, a San Luis Río Colorado; tienen diferentes destinos, no nada más es uno, sino que van a diferentes lugares: Caborca; no están en un solo lugar. Era lo que comentaba, les afecta la ausencia por la parte de sus padres. El ciclo pasado tuve un niño que sí tuvo la oportunidad de estar allá, entonces él sí hablaba, por ejemplo, de sus experiencias, de que “cuando nos fuimos a Caborca”, de que “se nos descompuso el camión.” Pero ahorita estos chiquitos están aquí. Ellos no son los que se van. Los papás, a lo mejor, no sé, algún día se los lleven, pueda que no. Ahora, por ejemplo, están en La Paz. Apenas ayer se fueron la mayoría. Y como van por temporadas, después de cosechar regresan y vuelven a Caborca una temporada, y así se van. Por el mes de diciembre regresan para acá. También aquí es una comunidad que cuando no tienen trabajo los papás se dedican a las canastas, elaboran las canastas para envolver la fresa. El ciclo pasado nada más duraron… ¿qué sería? como quince días, y se van otra vez, entonces ya se van a Caborca, regresan y se están un tiempo y van a otro lado.

¿Qué dicen los niños, cuál es su situación?

Para los niños sí es un problema la ausencia de los papás, porque los abuelitos de repente algunos ya están grandes y se les dificulta traerlos por algo, por alguna situación, entonces de repente no se tiene el trato directo con los papás sino que es con los abuelitos; sin embargo, hasta hoy, desde el ciclo pasado, he tenido mucho el apoyo de ellos, aunque sean los abuelitos, aunque no se tenga el trato con ellos, sí he tenido su apoyo. Pero nunca será lo mismo.

Hábleme un poco de su metodología, maestra.

Bueno, dentro de las áreas el juego es una estrategia que metemos mucho. No es nada más jugar por jugar; o decir, vamos a entretenerlos. Muchos lo podrían ver así: vamos a entretener a los niños con materias, pero no es eso. Esa es una estrategia de aprendizaje que se nos sugiere mucho. Las áreas para trabajarlo y que dentro de esa misma área se esté dando un aprendizaje, que se lleve con el método del material, no sé, por ejemplo, en otros jardines donde he tenido la oportunidad de estar, no trabajan el material. Si lo trabajan lo ven a la mejor como un poquito para no distraer a los niños, en cambio nosotros lo vemos como una parte donde se trabaje con el material pero que sea un aprendizaje.

¿Qué pediría usted al programa educativo, profesora, si pudiera hacerlo?

Que apoyaran más a los pequeños en el sentido de que muchas veces decimos que el programa tiene muchas cosas, muchos retos, pero es necesario que estén más cerca de lo que realmente son los jardines de este programa. Por ejemplo, me da gusto que se den cuenta de cómo trabajan los niños, que vean que es una comunidad vulnerable, que se vea el trabajo que se realiza tanto con los abuelitos, con los niños, entonces es conveniente que estén un poquito más cerca de esta parte. Que nos sigan apoyando, hay muchísimas necesidades también, yo creo que si ellos se acercan más a los jardines que tiene este programa se van  a dar cuenta que también hay mucha necesidad material dentro del jardín, dentro del aula. Por ejemplo, yo aquí no tengo juegos donde los niños puedan salir a recreo. Por ejemplo: pelotas, todo lo de educación física los papás lo tienen que comprar. Entonces sí pediría el apoyo para todo eso, unos juegos fijos donde los niños puedan divertirse durante el recreo. Dentro del baño los niños no tienen un lavabo. Este techito está aquí por ayuda de los papás; entonces sí, que vengan, que se den cuenta que también los jardines necesitamos más ayuda, económica también, porque es difícil y más en unos jardines tan pequeños, donde solo tengo nueve padres de familia. Es difícil pedirles una cuota alta, entonces sí, pedirles su apoyo para juegos recreativos, dentro del baño, dentro del aula donde hay cosas que hacer. Sería muy, muy gratificante, sería algo que nos apoyaría muchísimo.

Se ven todos muy contentos, profesora, felicidades.

Ver el crecimiento de los pequeños es la más grande satisfacción. Es una alegría, un gusto ver que de repente los chiquitos con los que tú haces, con cada una de sus prácticas, ves el crecimiento de los niños, ves el gusto por la vida, el que el niño se sienta pleno. Entonces eso es muy satisfactorio. Y bueno, el trabajo que realizo, laboralmente me gusta mi trabajo.


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lunes, 7 de mayo de 2018

Vienen de la sierra


Para llegar al centro Pronim* de Palmillas, Municipio de Mixquiahuala de Juárez, Hidalgo, hay que tomar la carretera México-Laredo hasta el umbral mismo del famoso Valle del Mezquital. Aquí, multitud de pequeños propietarios que siembran básicamente ejote, reciben a otra multitud de familias jornaleras provenientes de los estados de Guerrero, Morelos y Oaxaca. Todas estas tierras son regadas con aguas residuales del Distrito Federal, por eso está prohibida la siembra de hortalizas, aunque es posible ver bastante maíz y no pocos campos de alfalfa regados con eficientes máquinas dispensadoras de agua. Pero lo fuerte es el ejote, a eso vienen los jornaleros agrícolas cargando a sus numerosas familias, con un poco de atención los puede uno ver descansando a la sombra de árboles casuarina y de una especie de sauce espigado que, justo es decirlo, proporcionan una modesta y huidiza sombra al mediodía de este caluroso agosto del año 2012.

En la escuela Preescolar Pronim de Palmillas me recibe la profesora Edith Mendoza Barrera, bióloga de profesión que trabaja hace ocho años como asesora y docente, impartiendo clases de preescolar y coordinando a los maestros.

¿Cuál es el reto en su trabajo, maestra?

El reto es trabajar con los niños, es el principal reto, porque ellos vienen aquí con ganas de estudiar, sí, pero también vienen a trabajar; los que están aquí trabajan en la mañana, se van con sus papás a trabajar al campo; entonces el principal reto es adaptar las clases al poco tiempo que ellos están aquí. Por ejemplo, ahorita no han llegado todos y son las cinco de la tarde, solo tengo una niña y ahorita van llegando apenas, entonces hay que adaptar la enseñanza a los tiempos de ellos. La clase normal de una escuela regular se le tiene que dar en el tiempo reglamentario, como debe de ser, aquí la clase debe ser más corta, las actividades más cortas y más lúdicas, sobre todo, porque si nos ponemos nada más a leer toda la tarde, a trabajar, hasta sueño les da, entonces tienen que estar activos para que puedan aprender.

¿Qué es lo que se enseña en este nivel?

Aquí en preescolar se enseñan las competencias básicas, lo que es aprender a conocer los números, a conocer los colores, bueno, a resolver problemáticas pequeñas. Por ejemplo, por qué llueve, ver de dónde viene el agua, la forma los colores, conocer los números, obviamente no todos, nada más del uno al diez, lo que es conocerlos y saber las cantidades.

Hábleme un poco de ellos, ¿de dónde vienen, quiénes son?

Ellos vienen de los estados de Guerrero y de Morelos, de la sierra; generalmente tenemos aquí de lenguas náhuatl y mixteco, de las dos. En algunas pocas ocasiones han llegado tlapanecos. No conozco nada más que palabras que ellos nos van diciendo, ellos nos dicen palabras y nosotros las vamos escribiendo. Los papás son gente humilde pero de carácter fuerte, gente recia, porque ellos son... no les gusta que los engañen, que les mientan, como que crearon un mecanismo de defensa y, por ejemplo, al principio hasta nos dicen que se llaman con otro nombre, porque es un mecanismo de defensa y no nos dicen su verdadero nombre hasta que tienen más confianza, ya cuando nos conocen. Yo creo que porque vienen de la sierra donde mucha gente trata de abusar de ellos; de que, como los ven así humildes, como que los ven menos, indígenas, por eso son así. Por ejemplo, si ellos le ofrecen un taco y usted no se los acepta se lo toman a mal, parece que para ellos es un insulto el que les está haciendo, entonces si usted se adapta a ellos, a su manera de ser, si le convidan algo y lo acepta, van teniendo confianza con usted. Ya ahora conocemos a varios que vienen aquí, o cuando vamos de visita a algún otro campamento encontramos también gente que ya ha venido aquí. Igual los niños, que son muy cariñosos, nos abrazan, nos saludan. Les tienen respeto a sus papás, ellos todavía están formados a la antigua, de que deben de respetar a papá y lo que papá dice: “es”. Sin embargo no vemos signos de maltrato evidente, los regañan y eso, pero que lleguen golpeados o adoloridos no, de hecho los procuran mucho, los cuidan mucho. Hace poco llegaron aquí unos húngaros y a ellos les da miedo esa gente, dicen que se roban a los niños. Entonces durante dos semanas más o menos que estuvieron los gitanos, venían por sus niños porque les daba miedo, y los niños igual, ni siquiera querían salir al recreo porque había gente ahí afuera que se los quería robar; al principio no les comprendía, ya poco a poco me fueron contaron que había gente llamada “húngaros” que robaba niños y que por eso no salían.

¿Cuáles son sus principales obstáculos?

Un problema es el tiempo, porque hay días que trabajan y no vienen a la escuela, lo que es de mayo a octubre, o que siembran; entonces, aparte de eso, el tiempo que le dedican al estudio a veces es nada más una hora, y en esa hora hay que darles un tema. En el caso de la primaria, por ejemplo, podemos tener nueve de segundo año, pero dos van en primer módulo, tres en segundo módulo, cuatro en tercero, estamos hablando de un solo grado, ya que llevan diferentes módulos. Ahora, los que tienen tres grados o cuatro grados, con cinco módulos de cada grado, entonces hay que planear clase todos los días porque los niños están en diferente situación, y ellos también, trabajar todo el tiempo separando sus actividades de las de los demás. Es complicado, pero nos hemos ido adaptando.

Ahorita tengo bastante material, Pronim nos provee de esto. Antes estábamos mal, hace ocho años que yo entré estábamos muy mal, de hecho lo que yo hacía a veces era romper los lápices en dos, partir las gomas en cuatro para repartirlas; los lápices no se los llevan, aquí los dejan, y cuando se pierde uno pues hay que darles otro, pero de preferencia los dejan aquí. Y pues, de un tiempo para acá la coordinación comenzó a dotarnos de material. Pero sí sufrí de material. De hecho, como yo trabajo en la mañana en una escuela regular, pues a veces los colores que aparecen ahí tirados, que papel bond que no ocupamos pues lo traemos para acá. En las mañanas yo doy en primaria, y lo que sobra allá lo traigo para acá, para que no impacte el bolsillo de las maestras, porque hasta eso a veces tuvimos que comprar. Los libros de texto igual, tenemos bastantes. No tenemos libros especiales, trabajamos con libros de texto normales, nos adaptamos de acuerdo a las guías, pues trabajamos con las guías Pronim. Anteriormente pues sí estaban adaptados a los libros, pero con la nueva reforma pues, obviamente que no, nosotras tenemos que adaptarlos.

¿Y de los niños qué me dice, cómo son?

Tenemos la dificultad ahorita en este campamento de los sanitarios; anteriormente el delegado nos prestaba la parte de allá, o sea nos daba la llave para poder entrar a los sanitarios, pero de algún tiempo para acá lo han estado ocupando los adultos mayores y como que son medio….delicados, son personas mayores que tienen  una especie de organización donde les dan clases, talleres, les dan de tejido, de cocina, ahorita está en lo de plantar huerto. Ellos usan los baños y todo el inmueble y ahí están los baños y como que dicen no, no les prestamos los baños, porque no quieren a la gente, porque los ven sucios, porque toman agua de la llave, pero eso no les afecta, ellos están acostumbrados a tomar agua de ahí y no se enferman, a andar descalzos y no se enferman, pero la gente de aquí no los ven bien. Y son bastantes niños, tenemos ciento seis alumnos y tiene que ir allí atrás a lo que son las milpas, en la parte de atrás de la escuela. Los chiquitos van de dos o tres. En grupo para cualquier cosa, aunque se supone que es una comunidad donde no hay tanto peligro, pero igual van dos, tres niños. Una prioridad sí son los sanitarios.  También la luz, a veces nos la cortan, no sabemos si vamos a tener o no. El problema es de apenas, lo que es este ciclo y parte del anterior. Esas son nuestras dificultades que tenemos ahorita aquí.

Hábleme de las satisfacciones, maestra Mendoza.

¿Satisfacciones? El ver a los niños que anteriormente su máximo que tenían ellos era ser capitán de cuadrilla, capitán de cuadrilla con la gente que los trae a trabajar, entonces ahorita ya sus aspiraciones son otras, muchos de los alumnos que ya salieron de sexto vienen  a visitarnos, nos apoyan; por ejemplo, ahorita vamos a tener la tarde mexicana, que es cada año, y nos apoyan los niños a dirigir los programas, niños que ya salieron pero que continuamente están aquí, pues aquí no damos secundaria, pero ellos quieren seguir estudiando, no quieren ser nada más jefes de cuadrilla, quieren algo más. Ellos rentan casas, están regados por toda la comunidad de Palmilla, viven por un tiempo aquí, lo que es de mayo a agosto, después se van a otros lados. Ahorita nos llegó un niño igual, que ya salió de sexto y se fue a Morelos. Ahorita ya terminó la secundaria pero ya no alcanzó a inscribirse y viene a tomar clases con nosotras. Dice que viene a apoyarnos, a seguir aprendiendo, aunque él sabe que, pues, ya sabe lo que podemos enseñarle, pero viene todavía, se pone a jugar con los niños.

¿Qué tan consistente es esta educación, maestra?

La educación que damos es buena. Yo creo que ellos están adaptados, si les pone un examen a un  niño de escuela regular y a un niño Pronim, los dos empatan e incluso el niño Pronim podría sacar mejor calificación. Si les llegan a hacer examen Enlace, como les hacen a los niños de escuela regular, yo digo que sí pasarían sin problema. Pero el tiempo en que se hace el examen Enlace es en mayo y en ese momento apenas van llegando los niños, por eso no se les puede hacer. Claro, en un niño de sexto, pues en un niño de primer año no ocurriría. Los de primero, cuando entran a primero sí se les dificulta mucho la lectura, matemáticas no, tienen mucha habilidad para ello, por lo mismo de su medio de vida, pero lo que es lectura es lo que más les cuesta, y a veces se van rezagando un poco, pero ya después que ellos agarran su ritmo, cuando comienzan a comprender la lectura, entonces sí son más competitivos, en quinto o sexto; antes es un poco más bajo en la lectura, porque ellos tienen el reto de que hablan alguna lengua, entonces para ellos todavía es más difícil comprender la lectura, por ejemplo, al hablar no lo hacen a la manera en que nosotros hablamos, nos dice “el flores”, por ejemplo, en lugar de “las flores”, entonces sí es más difícil. Pero ya una vez que lo hacen es más fácil, sobre todo que tienen mucha habilidad para matemáticas. Ellos cuentan mucho en sus vidas, pero aquí lo vienen a hacer de manera más lúdica; en la escuela regular no hay tanto juego como aquí.

¿Desea agregar algo, profesora?

Debe haber un poco más de recurso, yo creo que si le pusieran un poquito más de atención a lo que es Pronim estaría mejor. Por ejemplo, el sueldo que ganamos aquí es muy… simbólico. Les digo a mis compañeros que trabajamos más que nada por amor al trabajo, porque sí trabajamos a veces más que en la mañana, porque trabajamos hasta sábados; si nos dan curso el domingo pues ahí estamos el domingo; o sea, no nos rajamos como quien dice, y ahí estamos siempre, con los niños igual, trabajando igual, si a veces es necesario venir a hacer algún programa en la mañana aquí estamos, que más temprano, pues venimos antes para llegar más temprano.

Entonces pues yo digo que sería esa parte, de darle más estímulos al programa en sí, ya tenemos material, pero un local propio, porque este es prestado; el terreno, estamos casi invadiendo, como quien dice, parte de lo que es una propiedad que en este caso es de la localidad y cuando ellos digan “ya no los queremos aquí”  ¿qué vamos a hacer? A mí me tocó trabajar en carpas, donde de repente llegaba el agua y el aire y cada quien en una esquina teníamos que agarrar la carpa para que no se fuera con el aire. Entonces, sí, sus propias aulas para que no digan que ya no nos quieren, como nos dijeron con los baños; así estamos ahorita nosotros.

Muchas gracias.

*Pronim: Programa de educación básica para niñas y niños de familias jornaleras, agrícolas migrantes.
Fotografías tomadas de Facebook.


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miércoles, 2 de mayo de 2018

Compromiso axiomático


A principios de septiembre de 2012 fui comisionado para entrevistar al personal de una joven institución de beneficencia llamada La ciudad de los Niños, en Hermosillo, Sonora, que en apenas tres años había provocado reacciones positivas de la comunidad al atender a un sector claramente desamparado como es el de los niños marginales, provenientes de familias violentas, pobres y desarticuladas. Fuimos hasta su lejana sede y la primera impresión de las instalaciones fue muy positiva, pues nos encontramos con un pequeño complejo de edificios muy bien habilitados, agradables y amplios. En primer lugar nos recibió en sus oficinas la directora de ese momento de la Ciudad de los Niños, Olga María Pérez Hernández, que nos ilustró sobre los conceptos básicos que rigen a la institución.


Empezamos hace tres años, empezó con pura primaria, había pocos niños en ese entonces, aunque siempre es un número flotante, no hay un número fijo. Todos los niños que entran aquí tienen una familia que lleva un proceso con la Procuraduría de la defensa del menor, con una problemática de padres con maltrato. Ya que los papás se someten a estudios, a terapias, la Procuraduría decide si los niños regresan a su casa o se quedan en la institución o se dan en adopción. Ninguno de los niños es delincuente, su característica es de niño abandonado y maltratado.

El reto principal es el compromiso que tenemos por una vida digna, una vida sin maltrato; borrar un poco esos malos tratos que han pasado en su corta vida. Ese es el compromiso, todo niño que entra a la institución tiene que entrar estudiando, no tiene otra responsabilidad, otro trabajo que hacer que estudiar. Y luego, seguir sus medicamentos, dentista, el psicólogo.

Háblenos de las condiciones en que ingresan algunos de los niños, por favor.

Cuando recién llegaron los niños el idioma fue un obstáculo. Desgraciadamente tenemos muchos niños que son VIH, que están medicados. Hay que tener mucha paciencia con las criaturas para que tomen su pastilla, para que se concentren; ya mordieron a la maestra, ya le jalaron el pelo. Paciencia es lo que necesitamos, son niños demasiado activos. Todo lo que se necesita para su educación lo aporta Pronim*, cuando hay alguna necesidad especial entonces pedimos donaciones, la Secretaría de Comunicaciones y Transportes nos apoya en todo lo que es artículos escolares.

¿Cómo miden la efectividad de su programa, directora?

Hay que estar aquí para ver cómo llegan las criaturas y cuando desgraciadamente se tienen que ir, cómo regresan a saludarnos, cómo no dicen que se quieren venir aquí otra vez, que quieren vivir con nosotros. Entonces quiere decir que estamos trabajando bien, que estamos haciendo algo buen por ellos, ese es el papel que tenemos que desempeñar. Estamos las 24 horas los 365 días del año con ellos, los queremos mucho, somos maestros, mamás, enfermeras. Siempre estamos para lo que se les ofrezca; quiero platicar, me pasa esto. Si están enojados también van y me dicen. Si hay problemas. Hay mucha comunicación con los 38 niños, tengo doce en lista, nomás que ahorita no tengo mamás sustitutas para recibirlos. La mayor cantidad que hemos tenido son 70 niños, pero a nivel institución hemos tenido hasta 350 niños.

Hábleme de su planta de maestros, ¿quiénes son?

Los maestros que llevan los programas son muy buenos. Tenemos un maestro muy activo y muy creativo, está buscando la manera de enseñar con  teatro, con juegos que motivan a los niños. Lo único malo es que nos los cambian, se encariña uno con los maestros y los niños también, y luego nos los cambian. Llega otra maestra y como que te destantea. Pero todos los maestros que no han tocado, gracias a Dios, han sido muy buenos maestros y no tengo más que agradecimiento para todo el programa.

¿Podríamos ver a alguno de ellos?

Desde luego. Les presentaré al profesor José Luis Parra González, acompáñenme por favor.

Penetramos en las instalaciones y vimos a los primeros grupos de niños y niñas. El profesor José Luis estaba en uno de los salones rodeado de chiquillos. Se hicieron las presentaciones pertinentes y lo primero que le solicitamos es que nos hablara un poco de sí mismo, si su apariencia juvenil correspondía con su edad real, pues en verdad se veía muy joven.


Me llamo José Luis Parra González, profesor de primaria y secundaria, multinivel. Soy licenciado en administración, también ahorita estoy en la especialidad. Llevo en aquí aproximadamente ocho meses y me siento muy bien, es muy bonita experiencia la de estar aquí, uno realmente se da cuenta que tiene una vocación. Estoy maravillado, mi vida ha dado un  giro de 360 grados como no tiene una idea.

¿Es su primera experiencia como profesor?

No, qué va. Ahora estoy en las mejores condiciones dando clases, pero al comenzar lo que es el programa que se maneja en campos agrícolas, yo estaba en una escuela en Santa Rosa, Santa Rosita. Tenía que tomar un camión de aquí de Hermosillo, irme dos horas hacia la costa, en Miguel Alemán tomar otro camión, bajarme en el desierto, caminar 45 minutos por el monte y llegar a lo que era la comunidad.

Toda una travesía ¿cómo lo recibían, profesor?

La gente, los niños allá, qué bárbaro. Eso lo hacía una vez a la semana y luego de regreso. Llegar a una comunidad donde hay mucha pobreza, donde la gente vive en cuartos pequeños, con mucha pobreza. Viven cinco personas en un cuartito de cinco por tres, donde ese cuartito es el baño, cocina, dormitorios. Entonces el contexto, los niños… es algo deprimente. Y sobre todo la escuela también. Uno llega con las ganas de hacer muchas cosas, de cambiar, pero también muchas veces de salir corriendo; pero bueno, uno busca la manera de mejorar tanto a la comunidad como a la escuela, porque una de las cosas es que no había áreas recreativas, áreas de motivación para que el niño fuera a la escuela. Entonces, uno como profesor siempre tiene que andar buscando esa manera de motivar al alumno, y sobre todo influir en la comunidad, de una u otra forma, además que en este pueblo de gente asentada, de gente de Veracruz, de Chiapas, de Guerrero, que viene a trabajar en temporadas, hay gente que se queda ahí y hay gente que va y viene, pues tienen muchos problemas. Tienen ideas muy arraigadas y uno se queda “así…” Hay veces que con impotencia, porque hay que ver con respeto las tradiciones de ellos, pero uno sí se queda pasmado. Y aprende mucho, eso es lo bueno. Esa es la forma de cada día estar aprendiendo.

¿Qué cosas lo marcaron en esa experiencia, José Luis?

Uno como maestro debe ir muy limpio, con su camisa, con sus zapatos muy boleaditos, pero el hecho de que te llegue un niño con una camiseta rota con el frío de diciembre te parte el alma. Luego que un niño te diga ¿maestro, me adopta, no quiere ser mi papá? Son cosas que te marcan, por lo menos a mí me marcaron. Te sientas por las tardes afuera de tu casa y extrañas a tu familia. Hay una gran satisfacción y estás haciendo algo por el lugar, la gente de ahí te ve con un poder, te ve como el padre del pueblo. Cualquier cosa, problema que ellos tienen van a pedirte tu consejo. Y claro, no puedes meterte mucho, haces lo que puedes. Ese tipo de cosas te marcan. Entonces uno tiene que ver qué puedo hacer por la escuela, por el pueblo; incluirse con los padres de familia, motivar a los padres para hacer algo por sus hijos, que sientan la escuela como un punto de reunión. Y en eso, la verdad, uno se siente muy satisfecho cuando ve un éxito. Recuerdo que llegué a esa escuela y que no tenía ninguna área recreativa. Tenemos que hacer algo, no veo ningún tipo de motivación para que los niños vengan a la escuela. Además, en Santa Rosita hay muchos terregales, no se ve nada, hay días que no se ve nada. Entonces se me ocurrió la idea de gestionar unos árboles para la escuela. Tenía un amigo en la Comisión de Desarrollo Sustentable de Ecología y acudí a él, me dijo: yo te voy a ayudar. Me dio ochenta árboles, hicimos una campaña de reforestación maravillosa, gente del gobierno del estado fue a hablarles sobre higiene, que hace mucha falta, hablarles de cuidados, se quedaron sorprendidos. Pero muy padre estuvo la campaña. Y le dio un cambio a la escuela como no tiene una idea. Y los niños los adoptaron, o sea que ellos se encargan de esos árboles, que los riegan con un agua que tienen que traer de muy lejos, y los riegan. Los puse como en febrero y ya están grandecitos. Es una de las cosas que a mí me han dejado una gran satisfacción.

Cuénteme ahora de su experiencia aquí, en la Ciudad de los Niños.

Aquí en la Ciudad de los Niños ya cuento con muy diferentes condiciones, pero también hay muchos problemas. Aquí hay otros retos, tenemos niños con un gran déficit de atención, problemas de aprendizaje; tenemos niños con maltrato infantil, entonces el trato es muy diferente. Hay un giro real. Uno tiene que manejar con mucho tacto a los niños, con mucho criterio. Uno no puede gritarles, porque el niño se siente. Tiene que haber mucho apoyo. Siempre hay que buscar la mejor manera. Ante todo primero llegar con un  diagnóstico a ver cómo están los niños. Muchas veces como maestros tenemos que ser un poco de psicólogos, detectar un problema. Claro, nosotros, al menos yo, no voy a resolverlo, acudimos a los profesionales, pero sí diagnosticar para planificar, sobre todo. Aquí estamos en multinivel, primaria y secundaria, aquí planeamos con tutorías que los niños de secundaria le van a enseñar a los de primaria. Aquí le damos un poder al niño, que se sienta motivado, que se sienta útil, y claro, el niño de primaria, que ya va más adelantado, puede enseñar a los de tercero. El maestro ahí está, pero se le está dando más seguridad al niño. Esas son las formas que yo estoy planeando, hay muchas estrategias, como los juegos; muchas dinámicas, porque hay que buscarle ese lado de la alegría a los niños para que llegue un lunes y ellos digan: quiero ir a clases, que esté emocionado para ir a aprender.

¿Cómo llegan los niños a la institución, profesor?

A nuestros niños la Procuraduría los manda para acá, los canaliza, los envía para acá, algunos por violación de su padrastro, otros por abandono. Sobre todo es la forma donde tenemos que ser sumamente cuidadosos al momento de atenderlos. Uno no sabe de qué forma puedas herirlos. Por ejemplo, hace poco les pedí que me hicieran un árbol, porque hay un diagnóstico de la forma como uno dibuja el árbol, un diagnóstico psicológico. “Enseguida me van a dibujar ustedes y a quien quieran ustedes”. Tenemos niños con cáncer. Y se me acerca una niña: “Maestro ¿me puedo dibujar cuando yo tenía cabello?” Y yo… Sí, hermosa, dibújate como tú gustes. Pero eso ya me dejó marcado. Mas sin embargo la niña no se sintió mal, ella no lo vio mal, pero a mí, como maestro, se me hizo un nudo en la garganta y dije: no, no.

¿Cuáles son sus principales retos?

Aquí hay muchos problemas de aprendizaje, no leen como debe de ser; tengo una niña de tercer año que no lee bien, no sabe escribir. Entonces a ella le estoy poniendo mucha atención, le estoy poniendo juegos dinámicos de video, juegos de palabras. Hay muchos problemas de inseguridad en los niños, no se sienten seguros. Pero bueno, vamos a ver por qué cayeron aquí. Entonces tienen problemas de seguridad y autoestima, hay que darles esa parte de motivación para que ellos se vayan desenvolviendo. El éxito ocurre, de cualquier forma. En un momento dado todo es tranquilo, calmado. Más que nada el maestro se gana la confianza del alumno. Para mí eso es el éxito. Siempre cuidando de no pasar esa línea de maestro-alumno. Para mí lo más importante es la confianza y que ellos tengan seguridad; teniéndome confianza a mí tendrán más seguridad, podrán desenvolverse más. Eso para mí es gratificante. Porque de ahí vamos a partir para que ellos en un futuro tomen una decisión, si no se van a quedar así como que qué hago. Entonces de ahí hay que partir. Para mí desde ahí esto es un hecho. Eso es algo que he logrado en tres semanas que llevo aquí.

¿Tres semanas? Y ya tiene usted toda una pedagogía.

Estoy siguiendo varias estrategias, creo que con estos niños vamos a manejar mucho lo que es el teatro, aprender por medio del teatro, para que ellos vayan sacando eso que llevan dentro, y se les va a hacer una forma muy divertida para aprender. Siempre las artes, las artes plásticas, las artes en general son gratificantes. Entonces vamos a buscarle por ese lado. Los niños necesitan sacar todo eso que tienen dentro. Esa es una estrategia. En una semana más viene la semana de los jóvenes, de los adolescentes, ahí tengo planeado traer unas personas, unos psicólogos para que platiquen con los niños, para hablar de temas de su edad. Los psicólogos que vienen tienen que tomar con mucho tacto los problemas, cuando hablé con ellos quedaron atónitos. Voy a traer gente de teatro con una obra: “Solamente se vive una vez”; van a bailar, voy a traer a una muchacha que está ahorita en Hermosillo trabajando en las colonias. Van a ser dos días en donde juntaremos a las dos casas hogar para que haya más gente, para que haya un convivio entre alumnos y que se sientan a gusto. Y que conozcan el teatro, porque es un teatro profesional y estoy muy emocionado. Va a estar muy padre. Estoy hablando con unas fundaciones para que vengan y vean.

¿Ha cambiado su vida?

La verdad siento una gran satisfacción, son las personas más humanas. En cambio mis amigos dicen que he cambiado mucho: te has vuelto más humano, te has vuelto más sensible, más chillón, hay cosas que ahora sí… En mi opinión, me siento muy contento de estar en este programa, realmente me ha dejado muchas satisfacciones. A mí como persona me ha cambiado la vida. Le da muchísimo valor a muchas cosas. No sé qué más decirle. Mire, ella es la psicóloga, ella le dirá más.

A nuestro lado estaba Sonia María Cázares Miranda, psicóloga por el Instituto Tecnológico de Sonora, con tres años de experiencia en el programa de Pronim. Le preguntamos sobre su quehacer.


Trabajo con primero y segundo de primaria y con primero y tercero de preescolar.  Son muchos retos, más por la situación en la que estamos aquí en esta Casa Hogar. Los niños, tanto a nivel educativo como humano tienen problemas. Hay demasiado rezago educativo, muy bajo aprendizaje; está también la cuestión emocional, afecto, amor, los niños están muy necesitados de cariño, de amor, de atención. Y el reto en la cuestión educativa es ponerlos al nivel en el grado que van, y en la cuestión de la vida en competencias para la vida, para que los niños se desarrollen plenamente, porque muchas veces por estar aquí, cuando salen afuera, piensan que son menos porque estuvieron en una Casa Hogar, entonces hay que borrarles esa idea que asumen desde muy pequeños, y así crecen.

¿Cómo describiría usted esta casa hogar?

La Casa Hogar es como un resguardo para madres y niños maltratados, con violencia de todo tipo, violencia física, psicológica, sexual. Hay casas, hay una madre sustituta que se hace cargo de sus hijos y aparte de otros niños que están aquí resguardados; hasta ocho niños por madre y viven en esas casitas. Tienen iglesia, centro de salud, banco de alimentos; tenemos biblioteca, los baños, las oficinas. Los salones apenas si los estamos acondicionando, ahorita no tengo pizarrón, pero como puede ver me ayudo con láminas, para todo hay que echarle imaginación. Ahorita no tengo pizarrón y sí me hace falta material, cuadernos, libros, mochilas, lápices; material didáctico para los niños de preescolar, no tengo mucho. Pero como le digo, yo me las ingenio y trato de sacar de todos lados. Agarrando recursos, muchas veces no los tenemos y buscamos la manera de cómo llevar a cabo una clase. A veces no tengo con qué contar, vamos a recoger las hojitas tiradas, y sirve que los enseño a contar y también los enseño a limpiar. Son muy pocos los materiales que nos da el programa, lo que nos brindan aquí en la Casa Hogar es por donaciones, pero sí hace falta mucho material.

¿Cómo le sirve la psicología a usted?

Cada niño es muy diferente, pero todos con una problemática que te deja sin palabras, porque no puedes imaginar que niños tan pequeños estén pasando por situaciones tan graves. Yo he vivido en este programa de niños migrantes cosas que te hacen reflexionar mucho, porque muchos piensan que solo es el entorno lo que tiene, pero no, son muchas carencias que nunca te hubieras imaginado que un niño pudiera vivir. Y más que uno hace conciencia de esto y busca la manera de cómo tratar de ayudarlos, por lo menos un poquito, lo que esté en tus manos, pero créame que sí hacemos todo lo posible por brindarles una ayuda.

¿Cómo procede metodológicamente?

Primero es llegar y ver a los niños y decir por dónde empiezo. Cómo saber, pues no sabes por dónde empezar de tanto que les hace falta. Cuando te vas, cuando ya dejas estos niños, te quedas con la satisfacción de saber que contribuiste a mejorar su vida, para que traten de llevar una mejor vida, que tengan calidad de vida. Esa es la mayor satisfacción que yo me he llevado a lo largo de tres años. Son muchos sentimientos que vivo día a día y que a veces me ponen la piel chinita, se me eriza la piel. Y a veces digo, cómo es posible. Y la verdad es que uno sirve como persona, como seres humanos, muchísimo, porque de ahí de ellos se aprende, uno aprende mucho.

¿Es una educación especial?

Definitivamente. Trabajé en una escuela regular, igual con un grupo multigrado, pero la diferencia es grande. Sí es mucha la diferencia que hay entre los niños de una ciudad a los niños de un campo, de un medio rural. Son muy inteligentes, son niños que no necesitan de un libro para escribir, que en la mente te pueden sacar cuentas, siempre y cuando los ubiques en el contexto que ellos viven. En el campo pesquero los ubiqué contando conchitas, contando peces, y en otro lado eran nueces, se trabaja con nueces. Hay que ir ubicando para que los niños reflexionen sobre lo que uno les va a enseñar. Tienes que llevar la planeación al lugar donde ellos viven.

Muchas gracias, licenciada.

Salimos de ahí complacidos con lo que vimos. Había muy poco qué agregar, salvo el gusto de presenciar esfuerzos sociales tan apasionados, tan comprometidos y silenciosos como este. Moviendo nuestras fichas mentales para considerar a profesores y maestras que no entran en el saco del magisterio a secas, se la sección sindical y las reformas estructurales. No, estos jóvenes mexicanos nos muestran un camino que pocos políticos demuestran en su quehacer: compromiso. Dilo de nuevo: compromiso; una vez más: compromiso. Ya tenemos un eslogan que ojalá algún día se cante en las manifestaciones.

*Pronim: Programa de educación básica para niñas y niños de familias jornaleras, agrícolas migrantes.
Fotografías tomadas de su sitio en internet.

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