Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando las entradas etiquetadas como Tradición oral

Orillados de la ciudad

Para llegar a Palmillas, Municipio de Mixquiahuala de Juárez, Hidalgo, se toma la carretera México-Laredo hasta el famoso Valle del Mezquital. Aquí, multitud de pequeños propietarios siembran básicamente ejote. Todas estas tierras son regadas con aguas residuales del Distrito Federal, por eso está prohibida la siembra de hortalizas, aunque es posible ver bastante maíz y no son pocos los campos de alfalfa regados con eficientes máquinas dispensadoras de agua. Pero lo fuerte es el ejote, a eso vienen los jornaleros agrícolas provenientes de los estados de Guerrero, Morelos y Oaxaca cargando a sus numerosas familias, los puede uno ver descansando a la sombra de árboles casuarina y de una especie de sauce espigado que, justo es decirlo, proporcionan una modesta y huidiza sombra al mediodía. La buena noticia para ellos es que en Hidalgo todos trabajan, niños y adultos, no como en otros lugares donde se los prohíben. Me recibe el profesor Juan Carlos Jiménez Barrera en el Centro Educat...

Memoria, oralidad e historia

Nada, en lo que constituye la memoria, sobra o estorba, su bagaje incrementa el sentido y la responsabilidad social de los ciudadanos, ilustra sobre nuestros defectos e ilumina las virtudes de un pueblo que, como el nuestro, está urgido de antecedentes positivos y de optimismo social.                        La entrevista es un producto intelectual, un producto de conocimiento. La fuente oral es la memoria, que tiene un carácter subjetivo y tendencia a interpretar la historia más que a reflejarla. La clave de la oralidad radica en encontrar sentido no solo a lo que la gente dice, también a lo que calla, lo que mantiene oculto o mira de soslayo. La oralidad indaga sobre las representaciones sociales del amor, la pareja, la niñez, la sexualidad, la familia, el honor o el gusto, tratando de verificar y explicar sus transformaciones. Ofrece a la historia de la sociedad ...

Las crisis afectan las tradiciones

Doña María me dio de desayunar y de cenar en mis estancias en Huitzilan, en la sierra norte de Puebla. Cualquier cosa que fuera, huevos revueltos o frijoles o las muy frecuentes gorditas de maíz con café para las primeras horas del día, la comida de doña Mary era notable, siempre acompañada de una salsa verde. Sin embargo, la principal sazón de esta buena señora eran sus historias, la transmisión de sus amplios conocimientos de Huitzilan que antes que un ama de casa anciana parecía antropóloga consumada.  Póngame más frijolitos, pero platíqueme para qué se usan las ceras. ¿Y qué son las ceras en primer lugar? La cera es una ofrenda al patrón o la patrona, es un símbolo religioso como los cirios. El mayordomo tiene que acarrear su leña, de allí tiene que hacer la cera, no sé cuántas ceras chiquitas y aparte son cuatro de las grandotas. Tardan cerca de 15 días en hacerlas. De ahí tiene que ir juntando a los diputados para repartir el trabajo. El de las hojas de papatl...

El remedio te habla

DON AURELIO NICASIO: Le había curado yo su hija. Ya se estaba muriendo y la curé. Y se alivió. Su mujer tenía un granote, por aquí de este lado, nunca se podía aliviar, ya había tardado. Y yo nomás dos veces la curé y se secó. Se alivió. Le eché un remedio. Que le habla ahora su difunto mi hermano. Ya, me habló mi comadre, dice, “te vine a ver”, estábamos en la placita, allá estábamos, con otro amigo ahí estaba yo con él. Le digo, pues pa´qué me quieren. Dice, “vamos a ver un niño, está enfermo”. ¿De quién? “Pues, dice, de fulano, mi compadre. Mira, si no lo crees –porque no quería yo ir, como ya estaba yo medio… tomando tantito- Ya, le digo, pues ai temprano lo voy a ir a ver. Dice “no”, dice, sacó su papelito, dice, mira, me mandan que vaya yo a traer su cajita a Tulcingo”. ¿Sí?, digo, ay, de veras, entonces vamos. Pues me voy con él. Llegué a su casa. La señora, pues ahí lo tiene, lo está abrazando. Ya estaba grandecito. Pues ya ahí le digo, está malo tu hijito. “Sí, ...

Mal del susto

Doña Liboria Lagunes era una ancianita que Ricardo se encontró en una escuela del estado de Morelos en 1980. Llegó muy emocionado a la ciudad de México diciendo que había hecho una grabación sabrosísima, que yo la iba a disfrutar trascribiéndola tanto como él la disfrutó grabándola a ella y a su marido, don Aurelio. Los ancianitos nonagenarios resultaron una mina de historias sorprendentes que iniciaban de niños en la Revolución y simplemente no terminaban. “Podría haberlos grabado ocho horas -me dijo Ricardo-, pero nadie tenía tiempo”. En este fragmento doña Libo platica sobre el mal del susto que aquejó a su hijo y de cómo tuvo que ir a rifar para curarlo. “Uno que está enfermo ¿verdá? Si a uno le duele, dice “ora, vente, vamos a rifar”. Y ahí lo ve todo, mira, que si uno ve una culebra, o lo que pasa si un burro te tumba, o bueno, cualquier cosa, te va a decir. Ven en barajas. Y de veras ven, don usted. “Yo tenía un niño. Ése de por sí es briago, este señor. Y ya de...

Mal del susto

Años ochenta, Cuernavaca, Morelos. En el salón de una escuela, la coordinadora de un seminario le informa a Ricardo Montejano que una ancianita mixteca está dispuesta a platicar con él. Entre otras cosas, doña Liboria Lagunas, a quien acompaña su esposo don Aurelio Nicasio, habla de una experiencia que tuvo con la enfermedad del susto. Montejano me pasó la grabación para que los trascribira, esto es lo que dijo. Uno que está enfermo ¿verdá? Si a uno le duele, dice “ora, vente, vamos a rifar”. Y ahí lo ve todo, mira, que si uno ve una culebra, o lo que pasa si un burro te tumba, o bueno, cualquier cosa, te va a decir. Ven en barajas. Y de veras ven, don usted. Yo tenía un niño. Ése de por sí es briago, este señor. Y ya después me enfermé de mi criatura. Después dice éste: “ora, voy a registrar un niño”. Ándale pues, le digo, todavía estaba yo en cama. Y que se va, pero nomás se fue a emborrachar. Llegando ahí me empezó a maldecir y, bueno, pues anduvo haciendo males. Y ¡jipas!, que ...