Seríamos un país mucho más interesante si se hubieran seguido las recomendaciones de Miguel Othón de Mendizábal, que tras la Revolución los mestizos mexicanos se hubieran “indianizado” un poco en lugar de tratar de “mexicanizar” a los indios mexicanos. De veras creo que en algún momento del siglo XXI los mexicanos retomarán aquella inquietud de Mendizábal, reconociendo a los pueblos originarios como un legado cultural antes que una vergüenza que hay que esconder a las miradas extranjeras; que el náhuatl crecerá en hablantes antes que desaparecer, como vaticinan muchos alarmistas; que ciertas costumbres naturistas, cosmogonías sobre la naturaleza y otros misticismos “indígenas” cobrarán importancia en las próximas décadas. Es decir, religiones reinventadas como todas ellas, pero con aquella inspiración, religiones de aquí, basadas en los elementos de México encabezadas por el culto a Quetzalcóatl; a la Luna y la rehabilitación de los templos del culto que son las pirámides ofren...