En su ensayo: Todos santos y todos difuntos , que forma parte del libro De e so que llaman antropología mexicana , Arturo Warman hace un rápido recuento desde el nacimiento del indigenismo oficial, con Manuel Gamio, hasta la modorra burocrática de sus días en 1972. Para Warman, Gamio sintetizó en su proposición todas las corrientes del indigenismo porfiriano: la racista, la culturalista, la educativa y la economicista. No tuvo más remedio que plantear que el indio debería dejar de serlo, para lo que diseñó un camino original y novedoso: la integración. El indio debía incorporarse aceptando los “valores positivos” de Occidente como la economía, la lengua, la ciencia y la tecnología, la organización política y, por supuesto, la idea del progreso manifiesto. La nación absorbería en cambio los “valores positivos” indígenas como el arte, la sensibilidad y, por supuesto, ya la había tomado de hecho, la historia. De esta fusión “surgirá una cultura nacional, una patria fuerte y equilibra...