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Mostrando las entradas etiquetadas como Sonora

En busca del perfil

  Estoy en la secundaria Nueva Creación del Campo Guadalupe en el municipio de Guaymas, Sonora, es 5 de septiembre de 2012,   me acompaña la maestra Ilse Aidé Magaña Castillo, ella es licenciada en educación de la Universidad Pedagógica Nacional y también tiene estudios de educación técnica, en desarrollo infantil. Es su segundo ciclo escolar completo en Pronim, este programa de la Dirección General de Educación Indígena de la SEP, donde la profesora imparte los tres grados de la secundaria, en la modalidad multigrado como un solo grado. “El reto es que los alumnos aprendan que es importante que estén preparados –afirma la maestra–, que cuando vienen de ese viaje que ellos realizan conozcan el lugar donde van a vivir y debo enseñarles aquí mismo, que no tienen que ir a la ciudad o buscar otros recursos, sino que aquí se les están brindando sus estudios. Y ya cuando están en el aula, el reto es enseñar todo lo que requiere el perfil de egreso de secundaria.” ¿Qué es lo que...

Tráigame al niño

  En el campo Guadalupe del municipio de Guaymas la cosecha de sandías está en su apogeo, es un día soleado y caluroso como son el promedio de los días en estas tierras del noroeste mexicano. Una sandía despanzurrada a la vera del camino  es el festín de unos niños que han comido hasta saciarse y que ahora cometen travesuras clavando palitos en la enorme fruta color  tragedia, que yace despedazada. Una vez que se quita la vista de los verdes campos de ajo o cebolla y se posa la vista en el camino o en el resto de los llanos el panorama es café tierra, amarillo desierto. Huizaches y jaras pueblan las lomas aplanadas por la erosión y el viento de la costa del Mar de Cortés. Las sombras son aquí un oasis de sobrevivencia que la gente valora con naturalidad. Es el 4 de septiembre de 2012. La profesora Carolina Zúñiga López y yo nos acomodamos en una estratégica sombra donde están los bebederos de agua del Preescolar Nueva Creación del Campo Guadalupe, municipio de Guaymas, ...

Es muy poco común que te digan mamá

No son visibles como los internacionales que saltan el muro, no transitan por desiertos en frías madrugadas, no hacen marchas fabulosas bajo la atención del mundo, pero también son migrantes, también son pobres. Tanto, que no pueden dejar a sus familias en el pueblo, a qué, por eso viajan con ellas. Estos migrantes tampoco hacen nada en la penumbra, son documentados, a veces viajan en autobús, frecuentemente en las bateas de vehículos diversos, cientos y hasta miles de kilómetros en busca de trabajo. Son los jornaleros temporales que habitan unos meses los enormes campos de monocultivo en Zacatecas, Sonora, Chihuahua o Coahuila: ajo, cebolla, sandías; o uva y nogal, como en el caso del ejido La Habana, costa de Hermosillo, Sonora, a donde fui a encontrarme con la profesora Aída de Hoyos Oros, que imparte clases a un grupo multigrado de la escuela primaria Venustiano Carranza. ¿Quiénes son esos niños? Son los hijos de aquellos jornaleros migrantes que traen a sus familias a la cosecha...

Compromiso axiomático

A principios de septiembre de 2012 fui comisionado para entrevistar al personal de una joven institución de beneficencia llamada La ciudad de los Niños, en Hermosillo, Sonora, que en apenas tres años había provocado reacciones positivas de la comunidad al atender a un sector claramente desamparado como es el de los niños marginales, provenientes de familias violentas, pobres y desarticuladas. Fuimos hasta su lejana sede y la primera impresión de las instalaciones fue muy positiva, pues nos encontramos con un pequeño complejo de edificios muy bien habilitados, agradables y amplios. En primer lugar nos recibió en sus oficinas la directora de ese momento de la Ciudad de los Niños, Olga María Pérez Hernández, que nos ilustró sobre los conceptos básicos que rigen a la institución. Empezamos hace tres años, empezó con pura primaria, había pocos niños en ese entonces, aunque siempre es un número flotante, no hay un número fijo. Todos los niños que entran aquí tienen una familia que ...

Una familia Ñuu savi

La breve serie de entregas sobre Tlacoachistlahuaca, Guerrero, termina hoy con una historia feliz, contrastante con las dos anteriores. Me la contó el profesor Jesús Adán Méndez Gastélum, asesor escolar de diez escuelas en la región costa de Hermosillo, Pesqueira y Carbó, Sonora, en medio de una nube de moscas y un calor infernal de 42 grados centígrados. Es la historia de una familia de la zona norte de Tlacoachistlahuaca, la región mixteca de la que he hablado antes, que terminó en los campos de cultivo de Sonora bajo el resguardo autoritario de un abuelo que hacía funcionar a la familia como clan. Pero algo ocurrió, una feliz coincidencia de varios hechos que el maestro Méndez Gastélum me platicó a detalle: Había una familia muy numerosa, era un patriarcado en esa familia, el abuelo se hacía cargo de todo, de todo; del sustento familiar, del equilibrio emocional y de la estructura familiar; él era juez, él era todo ahí. Juan Ponce se llamaba el señor y provenían todos d...