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Mostrando las entradas etiquetadas como lenguas

Tepanecas

  ¿Qué tendríamos que saber sobre la mitad de nuestros orígenes como pobladores mestizos del centro de México? ¿Qué necesitamos saber sobre seres que probablemente resulten ser nuestros parientes? Si nos topamos con un antropólogo especializado ¿qué saber sobre los mexicanos que cruzaron sus destinos con los de los españoles que llegaron hace apenas 500 años, dando como fruto al mestizo que ahora somos. Mi pregunta es por esa otra mitad de lo que también somos parte, históricamente. Porque a final de cuentas no somos europeos, a pesar de nuestra orientación intelectual, tan interesada en los griegos, los romanos y la filosofía de los alemanes, los habitantes de la ciudad de México somos mitad indígenas, aunque eso pueda llegar a incomodar. Es relativamente sencillo descubrir tus propias raíces tepanecas en gente tan cercana como tus abuelos, primos, parientes de la esposa; basta con mirar tus orígenes en los pueblos de la CDMX ubicados en alguna de cinco alcaldías profundamente i...

El nacionalismo

El nacionalismo es una necesidad de los habitantes de un territorio por definir rasgos comunes que protejan un patrimonio cultural heredado por sus antepasados, sea una costumbre, unas edificaciones o simplemente una manera de describir el mundo, es decir, una lengua. El nacionalismo ha sido el pretexto para centenares de conflictos bélicos a lo largo de la historia, pero también el motor para que muchos pueblos hayan podido superar algunos de sus problemas sociales más básicos; ha sido útil para la invención y consolidación de las leyes, la división política y la creación de una abstracta, pero útil, conciencia nacional. Siempre ha tenido como víctimas a las minorías heterogéneas, aquellas que escapan a la homologación por sus propias costumbres, lenguas, edificaciones o, simplemente, por su manera diferente de ver el mundo y sus confines. Un círculo vicioso que arrasa con la diferencia, que empareja visiones, costumbres y habilidades –también defectos- y aniquila, o al menos b...

Una familia Ñuu savi

La breve serie de entregas sobre Tlacoachistlahuaca, Guerrero, termina hoy con una historia feliz, contrastante con las dos anteriores. Me la contó el profesor Jesús Adán Méndez Gastélum, asesor escolar de diez escuelas en la región costa de Hermosillo, Pesqueira y Carbó, Sonora, en medio de una nube de moscas y un calor infernal de 42 grados centígrados. Es la historia de una familia de la zona norte de Tlacoachistlahuaca, la región mixteca de la que he hablado antes, que terminó en los campos de cultivo de Sonora bajo el resguardo autoritario de un abuelo que hacía funcionar a la familia como clan. Pero algo ocurrió, una feliz coincidencia de varios hechos que el maestro Méndez Gastélum me platicó a detalle: Había una familia muy numerosa, era un patriarcado en esa familia, el abuelo se hacía cargo de todo, de todo; del sustento familiar, del equilibrio emocional y de la estructura familiar; él era juez, él era todo ahí. Juan Ponce se llamaba el señor y provenían todos d...