Diez años después de la Era Magnífica, cuando estudiaba yo en la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH), la discusión del indigenismo estaba borrada de las preocupaciones y discusiones de la antropología de moda: la filosófica. Entonces discutimos incansablemente a mallarmé, foucauld, heiddegger; nos fascinamos con deleuze y guattarí, ciorán, eco, sabater, trías y una sartre de kosic. La suerte quiso que tomáramos un seminario con Carlos Monsiváis que insistió en llamar “La cuestión nacional”. Fue un año en el que en realidad estudiamos a este famoso intelectual y su graciosa personalidad. Nos reunimos una vez a la semana durante dos semestres en la escuela de restauración de Churubusco –“cerca de una estación del metro” condicionó Monsi–, leímos autores alemanes sobre cuestión nacional y nos hizo muchas recomendaciones de lecturas mexicanas. Nos preguntó sobre los Magníficos y su libro crítico a la antropología mexicana, pero ninguno de los presentes, estudiantes del terc...