En los años treinta el gobierno de México institucionaliza el indigenismo para ser aplicado en lo posterior como estrategia de desarrollo económico de las regiones. El Estado mexicano asume esta dinámica sin siquiera estar de acuerdo respecto a la definición de los indígenas, asumiendo un poco a ciegas la propuesta de la asimilación, que presuntamente uniformaría las diferencias étnicas y por lo tanto culturales de los mexicanos. La asimilación tenía una larga historia desde que en el siglo XIX fue discutida por los educadores y formalizada “científicamente” por Manuel Gamio al término de la revolución. Se implementa como una estrategia a través del Instituto Nacional Indigenista, que asumió demasiado pronto que a los mexicanos no les interesaba la mitad indígena de su pasado, sin importar la multitud de signos culturales que nos identifican con el pasado prehispánico; negándose, además, a escuchar las voces discordantes. La historia del indigenismo oficial es la de un rotundo...