miércoles, 30 de agosto de 2017

Educación indígena en La Escalera, Mecatlán, Ver.

Tercera entrega del trabajo de campo realizado en las sierras de Puebla, Veracruz y Oaxaca, a propósito de la educación indígena.



8 de junio de 2011

Comunidad totonaca de La Escalera, Municipio de Mecatlán, Veracruz

De Papantla se llega a Entabladero, de ahí se sube una sierra por Arenal, Las Lomas, Coyutla y se llega hasta las alturas, donde está Mecatlán, la cabecera municipal. Del otro lado del cañón nos fueron señaladas algunas poblaciones del estado de Puebla.

De ahí hay que bajar hasta el fondo, al valle, donde se encuentra la escuela bilingüe. En la larga comunidad de La Cruz termina el pavimento, se toma una brecha rodeada de vegetación hasta las cercanías de La Escalera. En esa ocasión hubo que caminar un kilómetro a pie, pues el camino estaba cerrado. A la vera de la terracería los maestros guías señalaron ruinas prehispánicas cubiertas de vegetación, también diversas plantas medicinales como la baquetilla o el chotomitillo, que son dos poderosos antibióticos.

Mecatlán está ubicada en la zona norte del Estado de Veracruz, dentro de la Región Totonaca, a 860 metros sobre el nivel del mar. Domina las alturas con Filomeno Mata, municipio vecino que comparte las estribaciones de la sierra de Papantla. Su territorio es cruzado por el río Laxaxapan, tributario del río Espinal o Tecolutla. Sobresalen las maderas preciosas, pero sobre todo abundan árboles con nombres locales como choncarro, jonote, guanacaxtle y sangregado, bajo cuyas sombras corretea fauna silvestre como un conejito miniatura que se atravesó en el camino, o invisibles armadillos, ardillas,  mapaches y reptiles. La siembra municipal es dominada por el maíz  y el café.

En la escuela primaria entrevisté a los maestros Juan Domínguez Pérez, director, y al profesor Austreberto Álvarez López sobre la educación bilingüe que imparten.

Prof. Juan Domínguez Pérez
Escuela primaria “Juan Sarabia” de la comunidad La Escalera, Municipio de Mecatlán, Veracruz

Soy director comisionado de esta escuela que se llama “Juan Sarabia”, de la comunidad de La Escalera, Mecatlán, Veracruz. Aquí llegué en 1996, voy a cumplir quince años. Venía de otra comunidad que se llama Las Flores, de esta misma zona de Mecatlán. Ahí también fui maestro bilingüe, estuve dos años y medio y de ahí me pasaron a este centro de trabajo.
Yo estudié en escuela estatal, en español nada más. La lengua simplemente no la hablábamos. En lo personal no fue traumático. Mi mamá habla la lengua materna, que es el totonaco, mi papá también, así que yo aprendí en español. Soy de una comunidad que se llama Rodolfo Curtín, allá por El Remolino, yendo a San Andrés, donde algunas personas hablan totonaco, otras español. No se me dificultó.

Fui a la primaria en mi comunidad, hasta tercer grado, hasta ahí llegaba; fui  a otra comunidad, ahí terminé la primaria. Fui después a Santa Rosa, ahí estudié telesecundaria, luego fui a  estudiar la prepa, que era de dos años todavía. Una vez que terminé, no entré luego a trabajar porque no se podía. Posteriormente empecé a estudiar pedagogía, en Poza Rica, en la Universidad Veracruzana, llegué al tercer semestre, entonces entré al examen del tema indígena, me fui a Jalapa y pasé el examen; me fui a un curso en Tlaxcala, ahí estuve ocho meses tomando el curso. Cuando terminé, pues no estaba fácil entrar a trabajar, porque no me conocían. Estuve un año descansando sin nada, esperando que me hablaran, y volví a ir a Jalapa, estuve un mes, otra vez tomé un curso propedéutico ahí, y ya posteriormente me dieron la plaza. Ya, empecé a trabajar. Ya estando aquí, pues hice la licenciatura en educación primaria, en la UPN, con sede en Poza Rica, entonces ya me titulé como licenciado en educación primaria en el medio indígena.

Cuando llegué a la primera comunidad, a Las Flores, al igual que aquí, pues los niños eran cien por ciento totonacos, el problema para mí fue la variante dialectal, porque no es lo mismo como se habla el totonaco allá en mi región a como se habla aquí o en Filomeno Mata. Yo hablo totonaco, pero había palabras que no entendía, ¿qué será? Conforme pasó el tiempo me fui adaptando, fui escuchando y también, fui pronunciando las palabras y entendiendo a la vez. De esa manera fui comunicándome con las personas de esta comunidad, con los niños. Y la ventaja de ser maestro de educación indígena bilingüe, es de que te comunicas con la comunidad, hay una comunicación más abierta con la gente del pueblo, con los niños.  Los maestros bilingües les enseñamos a escribir y a leer en la lengua materna del niño, y así hay más comprensión, porque entienden más. Porque si nosotros le habláramos nada más en español, el niño no te entiende. Y lo he comprobado, a veces hay un texto y no saben qué dice ahí. Pero si yo lo explico en totonaco entonces sí entienden. Esa es la ventaja.

Trabajamos el libro cartonero, la coordinación escolar nos convocó a empastar los libros. En ese libro vienen las normas actualizadas de la lengua tutunakú, cómo se debe escribir, cuáles son las reglas. Ahí se ven oraciones, textos en totonaco. Las variantes dialectales están englobadas, porque hay palabras que cambian. Aquí en la zona se reúnen cada año, van a un congreso. Se reúnen todos los que hablamos la lengua tutunakú y ven qué problemas hay, que hay que rescatar palabras porque algunas se han ido perdiendo, hay que incorporarlas para darlas a conocer a los alumnos, a escribirlas porque si no se pierden. Así se está trabajando, nomás que a esta escuela se le eligió como una escuela piloto. Le tocó a nuestra comunidad, allá en el municipio de Filomeno también se está ejercitando, en todas las demás escuelas también, solo que esta fue seleccionada.

Describir una lengua como que se complica un poco, pero yo le diría que la lenguas maternas, sobre todo la lengua tutunakú. En esta región de Totonacapan, los que vivieron anteriormente se comunicaban en esta lengua, todos hablaban totonaco, como otras lengua que existen, pero como que son por regiones; entonces ellos hablaron, tenían su lengua tutunakú, se comunicaban, tenían sus propias normas, su propio gobierno, lo que es el grupo totonaco. Y posteriormente, con la llegada de la conquista, empezaron a imponer la lengua española.

Me gusta cuando veo que los niños saben escribir en tutunakú, hay nombres, personas, lugares, que elaboren textos y los escriban. Para mí eso es muy grande. Yo, en lo personal, estoy a gusto, estoy contento, con mis quince años aquí. Me gusta el pueblito, yo soy de Papantla, llego los lunes y me quedo toda la semana. Aquí vivo, vivía en aquella casita, pero ahorita me cambie acá, donde hay menos moscos. Sí, estoy a gusto, toda la gente me conoce, me llevo con ellos. A veces hay problemas o necesitan una orientación y yo los apoyo. Por ejemplo, ahorita el compañero presidente municipal llegó con que: “hazme un oficio”, a ver cómo se ve. Adelante, les echo la mano. Soy amigo del pueblo, pues. El camino está suspendido momentáneamente porque están haciendo un puentecito, pero lo van a abrir pronto. Antes no había camino y había que venir caminando. Hoy ya hay carros de transporte, llegan, pero anteriormente no había por la brecha, no había, eran veredas empedradas y tenías que caminar de Mecatlán para acá y de aquí a Mecatlán. De aquí al municipio se hacía una hora, porque se tiene que subir. Tarda uno mucho. Por eso se llama La Escalera, porque es pura subida, hay que escalar. Eso se encuentra por este lado, no por donde bajaron ustedes. Hay otras subidas más accesibles; en cambio, de aquel lado, si está más alto. Por eso le pusieron el nombre de La Escalera.

Prof. Austreberto Álvarez  López, Supervisor escolar de zona
Escuela Juan Sarabia” de La Escalera, Municipio de Mecatlán, Veracruz

El maestro que yo tuve en primer año era un maestro federal, en español, en la década de los sesenta, tenía yo diez años cuando entré a la primaria y me llevaron a la fuerza. Mi idioma materno es el español, por mis padres, y ya el aditivo fue el tutunakú, que aprendí jugando con los niños, primero a través de señas.
El tutunakú es un poco difícil, la pronunciación y la escritura, es más fácil el náhuatl. El tutunakú se parece al japonés y a la gente mestiza que quiere aprender el idioma nuestro se le dificulta la guturación, la pronunciación. Es muy difícil. La “kg” se les dificulta, pues es gutural.

La bondad que yo veo en el idioma tutunakú es que si el maestro que va a enseñar a los niños lo hace en su idioma tiene una gran ventaja, inspira confianza, les da seguridad y les levanta la autoestima a los niños; los eleva, los niños se sienten bien. Se sienten ambientados y aprenden mejor. Cuando la enseñanza es en un idioma ajeno al contexto de los niños hay problemas, eso es lo que hemos visto en la zona. Cuando vienen maestros que no tienen la vocación de servicio, aparte de que no hablan nuestro idioma, que es el tutunakú, hay muchas dificultades en el aprovechamiento. Hay mucha incomprensión. Esos son los problemas con los que hemos tropezado. Y los maestros que se desempeñan en la lengua materna del niño tienen grandes ventajas, como es el caso de La Escalera, donde los maestros son bilingües. Pero todo termina en sexto año.

Al haber solo primaria en lengua tutunakú hay una interrupción brusca dentro de la lingüística de los estudiantes, porque no hay una articulación de esa lengua en otros niveles. Estuvimos hace veinte años pidiendo que se instituyera una escuela teleseceundaria en tutunakú, estaba el proyecto,  pero hasta ahorita no hemos tenido resultados. Sería lo máximo porque se continuaría con el idioma, se continuaría con el mundo del niño, pero ampliando más el panorama del aprendizaje. Sería una gran ventaja. Como ahora le están dando mucha importancia a la educación indígena, pienso que sí será una realidad; sería magnífico, lo mejor.

Porque lo que me he dado cuenta en la región del Totonacapan, el niño termina la primaria o la secundaria y se va, se van al otro lado, porque los padres traen la idea de que aprender el totonaco es malo. “¿De qué les va a servir si van al otro lado?, allá se habla el inglés.” Hasta los propios maestros tienen esa idea, de que el totonaco no les sirve, pero para mí es una ventaja para quien lo aprende muy bien, pues al viajar al otro lado se les facilita más aprender otro idioma. Hay dos grupos de gente en Estados Unidos que demuestra eso, tienen sus tres modos de hablar con el español, el totonaco y el inglés. Una gran ventaja, ese ejemplo lo he dado a conocer en las comunidades. Que no nos avergoncemos. Hay en Canadá, en Carolina del Norte, por ahí han ido a trabajar. De esa manera, dicen que es una ventaja, se les facilita aprender más el inglés, y allá son representantes del grupo de trabajadores.


Mi mensaje es invitar a todos los maestros que están en la educación –no importa que sean federales, que no sean bilíngües–, para que tengan un efecto positivo en la enseñanza, en el proceso de enseñanza aprendizaje, deben de aprovechar de aprender el idioma que se habla en el contexto escolar donde están trabajando. Y el avance va a ser más provechoso. Eso es lo que yo recomiendo. Te enseña a valorar lo nuestro, te enseña a levantar la autoestima, la equidad de género, porque aquí tienen todavía la idea de que la mujer vale menos que el hombre, y los maestros de educación indígena estamos pugnando por buscar la equidad de género, de que todos somos iguales, pero tenemos diferencias en la forma. 

viernes, 25 de agosto de 2017

Educación indígena en Espinal, Veracruz

Prosigue la serie del trabajo de campo realizado a mediados del 2011 por las sierras de Puebla, Veracruz y Oaxaca, a propósito de la educación indígena.


Comunidad totonaca de Santa Isabel el Mango, municipio de Espinal, Veracruz.

7 de Junio de 2011

Para ir a Espinal, Veracruz, se parte de la histórica Papantla hacia El Chote, se pasa Arroyo del Arco, San Lorenzo y Paso de Valencia, entonces se llega a Espinal, en donde realizo la primera entrevista; posteriormente, hay que trasladarse a la comunidad de Santa Isabel el Mango donde se halla la escuela primaria bilingüe “Miguel Hidalgo y Costilla”.

El municipio de Espinal está ubicado en la zona central de Veracruz, en la región totonaca, en los límites de la Sierra de Papantla, con solo 100 metros sobre el nivel del mar. Estas condiciones le permiten el cultivo de enormes huertos de naranja, limón, plátano y mango petacón, pero también se distingue por su producción de maíz, frijol y chile.

Camino a la comunidad de Santa Isabel el Mango, flanqueado por framboyanes color naranja, se atraviesa un enorme río llamado Jajalpa, que da al Necaxa y se junta con el Río Tecolutla. Se cruzan montañas con diversas especies arbóreas: chalahuites, sangregada, laurel, cedro rojo, caoba y jonote. A finales de primavera hace mucho calor, los niños juegan guarecidos bajo el enorme techo que protege la cancha de la escuela, que recibe al visitante con un letrero sorprendente: Pukgalhtawakga xa tipatuy tachiwin (escuela bilingüe).

Ahí entrevisté al director de la Escuela “Miguel Hidalgo y Costilla”, profesor Martiniano Reyes Pérez y al profesor Alberto Olarte Tiburcio sobre sus experiencias en torno a la educación bilíngüe.


Prof. Alberto Olarte Tiburcio
Jefatura del Sector en Espinal, Ver.

Mi nombre es Alberto Olarte Tiburcio, tengo la función de supervisor escolar de educación indígena y mi perfil académico es la licenciatura en educación básica, la Normal básica y una especialidad en psicología. Llevo 32 años dedicado a la educación bilingüe, mi lugar de origen es El Palmar, municipio de Papantla, pero ahorita estamos laborando en el municipio de Espinal, donde nos encontramos.

Mi formación fue muy difícil, porque cuando yo ingresé a la escuela primaria, yo era hablante al 100 por ciento de la lengua tutunakú, mis profesores no hablaban mi lengua, por lo tanto no había entendimiento. La consecuencia fue estar cuatro años en Primer grado, mi profesor me mandó a Segundo grado cuando me aprendí de memoria mi libro de español, se llamaba Lengua Nacional; cuando me aprendo desde la primera hasta la lección número 24, de memoria, es cuando pude pasar a Segundo año.

Sobre todo por mi experiencia me doy cuenta qué sucede en el niño cuando su profesor da un mensaje y tú no puedes interpretar, es donde viene el bloqueo, el choque, porque te sientes impotente. Tu profesor te da instrucciones y tú no las puedes interpretar. Y el mensaje que tú das tu profesor tampoco lo entiende, por lo tanto hay un choque y se siente uno impotente, hasta llegas al grado de decir: “mi lengua no es funcional para la escuela, para la sociedad”, y por eso es que a muchos adultos de mi edad les ha entrado en el cerebro la idea de que la lengua indígena no tiene tanta funcionalidad.

Construir conocimiento en la lengua propia

En la actualidad mostramos que para poder aprender, para poder construir el conocimiento, debe el mensaje, la instrucción, la comunicación debe ser en nuestra lengua. Si el niño habla totonaco, debe trabajar con su profesor en totonaco, si el niño es hablante de español de igual manera, no se puede aprender en otra lengua. Esto es lo que tengo bien entendido de que no puedo construir conocimiento si no es en mi propia lengua.

Por ello el trabajo que realizamos con los profesores es el de tener una metodología de enseñanza, tanto de lectura como de escritura, en nuestra propia lengua. Tenemos un método que nos permite, primero, la comunicación del profesor con los niños, y luego, de manera gradual, nos vamos adentrando a la escritura, pero de la escritura propia, de la lengua propia que es el tutunakú.

Nuestra lengua es muy rica, explica de manera muy amplia. Inclusive tenemos escritos de los propios niños, varios trabajos que han llegado inclusive a la Dirección General de Educación Indígena, composiciones de los niños que han sido premiadas y han sido seleccionadas. Aquí en esta zona tenemos quince niños cuyos trabajos han sido seleccionados a nivel nacional. Yo veía uno de los trabajos de los niños que me explica cómo es la siembra del maíz, todo el ritual que se hace, el conocimiento que adquiere el niño, cómo el padre escoge, selecciona la semilla, cómo lo prepara, cómo invita a la gente para que lleguen a la siembra, que a los cuantos días nace, brota y el cuidado que se le debe dar. Y cuando tiene ya la semilla en un saco, no se puede sentar sobre ese bulto, ese saco que tiene maíz, pues le tiene mucho respeto, porque todo lo que existe a su alrededor tiene vida. Entonces no se sienta sobre el bulto de maíz, no escupe en el agua o le echa basura. Entonces, cuando un niño escribe así se da uno cuenta la magnitud, la sabiduría, la importancia que tiene para el niño su lengua y su cultura.
Cuando yo estaba realizando mis estudios de secundaria vi la oportunidad de ingresar al sistema bilingüe de educación indígena, en primera porque veía yo a mis compañeros, a mis tíos, a mis abuelos cuando los acompañaba, iban a vender su producto del campo y les decían “esto pesa tanto, tanto pesa tu maíz, tanto tu frijol, tanto pesa el grano que traes” y no era cierto, pesaba más. Entonces dije, en primera fue esa la idea, de entrar al magisterio y tratar de trabajar con los niños para que ellos se prepararan y no vivieran la misma situación que sus padres; en segundo, la experiencia que yo había vivido en Primer grado, cuatro años de no poder pasar al siguiente grado. La enseñanza me iba a permitir estar con ellos y empezar a trabajar. Ese fue mi inicio. Y ya estando dentro del magisterio, hubo la oportunidad de hacer una Normal, porque tenía que prepararme para poder enseñar de manera correcta. Hice mi Normal en Jalapa, terminé, presenté mi examen, lo pasé; luego hice una especialidad en la Normal Superior, psicología, terminé, todo en cursos de verano; luego vino la licenciatura del UPN, de igual forma, adquirimos el título. Todo esto me ha permitido tener claro cómo trabajar con los niños. Fui maestro de preescolar, posteriormente fui maestro de primaria, luego me dan una dirección de escuela y de ahí me comisioné para estar aquí. Ese es el historial, por eso le comento ahora, veo que no se puede aprender en otra lengua.

Obstáculos

El niño sale de la primaria y va a la secundaria tradicional, se va a la prepa, el bachillerato, de igual forma, entonces su educación bilingüe no tiene seguimiento. Ese es el primer obstáculo que hay, simple, tajante. Otro de los obstáculos que hay es el que al magisterio van ingresando jóvenes que no hablan lengua alguna, y eso es una anomalía, lo hemos indicado, lo hemos reclamado. Ese es un problema que tengo a nivel zona, de que varios maestros no hablan lengua indígena, qué hago con ellos, estamos con la capacitación. Tengo que seguir trabajando con los maestros que hablan lengua indígena porque tenemos niños que atender. Porque fuera de ahí, en los periódicos, en la televisión, en todos lados encontramos el español. Esa es la lucha que hay, es lo que nuestro jóvenes deben ver con claridad, lo importante, ese es el reto.

Las matemática, el lenguaje, la reflexión, en análisis es lo primero. Si yo no analizo, si yo no reflexiono, si yo no tengo ideas, voy a reprobar, hable la lengua que hable, en la universidad. Si yo soy indígena y me preparo bien, en la universidad tendré más facilidad para aprender incluso otra lengua, estaré yo más potencializado, porque sé el tutunakú, el español y con facilidad puedo aprender el inglés.

La asignatura de lengua tutunakú la estamos piloteando en tres escuelas, en primero y segundo grado. Es el segundo año que estamos piloteando, trabajando con niños hablantes de lengua tutunakú, para poder desarrollar la asignatura tenemos que trabajar con ellos, que hablan la lengua tutunakú; para comprobar que el programa que tiene el maestro, que se fundamenta en parámetros curriculares, para poder probar que sí funciona, tengo que trabajar con niños tutunakú, estos resultados nos han mostrado, nos han sorprendido, en que los niños, con mucha rapidez, aprenden a leer, aprenden a escribir y hacen sus composiciones. Esto lo estamos desarrollando ahorita.

Este programa de la DGEI nos ha dado la oportunidad, pues se sustenta en todos estos proyectos que se tiene que desarrollar, eso es lo que se está haciendo. En primero y segundo. Y tenemos la intención de llegar a tercero y cuatro y, posteriormente, con  quinto y sexto.

La satisfacción

Cuando veo a un niño hablando en lengua tutunakú se puede expresar ante los padres de familia, ante la comunidad escolar y puede comunicarse con mucha facilidad, y puede tomar un escrito y lo puede leer, eso es lo más gratificante para mí. Cuando los niños se expresan, se comunican en su lengua.

Siempre pediré que en el magisterio bilingüe haya maestros bilingües, no monolingües, en español. Es una exigencia, no es un ruego, porque hay documentos, tan sólo el Artículo Segundo constitucional lo está ordenando, la Ley General de Educación lo está ordenando, el Derecho lingüístico de los pueblos indígenas lo está ordenando, solamente queremos el respaldo de nuestras autoridades, quienes contratan a este maestro monolingüe que hace tanto daño. La comunicación  nos está bombardeando permanentemente con español y luego viene un profesor que no habla la lengua de la comunidad, es un etnocidio.


Prof. Martiniano Reyes Pérez
Escuela Primaria “Miguel Hidalgo y Costilla” de la Comunidad Santa Isabel el Mango, Espinal Veracruz

Mi nombre es Martiniano Reyes Pérez, estamos en la comunidad de Santa Isabel, Espinal, Veracruz, el nombre de nuestra escuela es Miguel Hidalgo y Costilla, soy el director de la escuela.

La educación bilingüe tiene un claro fundamento: no hay mejor forma de aprender que en la lengua materna de los niños. Cometemos el error de venir y hablarles en español, cuando todos los niños hablan en tutunakú; entonces el argumento, fuerte, fortísimo, para sustentar nuestro sistema, es enseñarles a los niños a leer y escribir, pero sobre todo, a comprender en su propia lengua. Ese es el argumento número uno, el argumento número dos es el hecho de ser parte de la sociedad mexicana, lo que nos lleva a observar que tenemos nuestra propia forma de ver la vida, una forma de ver, de sentir, tenemos nuestra propia cosmovisión. Entonces le pedimos al la nación, a los gobernantes, que nos sigan respectando ¿no? La palabra mágica sería que un niño no puede entender si no es en su propia lengua.

Recuerdo cuando mis padres vivían en la comunidad. Yo nací en El Palomar, municipio de Papantla, en aquellos tiempos la educación indígena aun no existía, en mi pueblo había maestras estatales o federales que nos enseñaban en español, e incluso nos prohibían hablar totonaco. “Está prohibido hablar totonaco”. Entonces, cuando nosotros hablábamos tutunakú nos castigaban físicamente. Recuerdo cuando fuimos al primer año, segundo año, en la misma escuela, pues tuvimos ese choque lingüístico, eso nos conllevó a que por mucho tiempo, en la secundaria, en la prepa tenía muchos problemas de vocablo. Tartamudeaba, porque era un choque lingüístico. Todo mundo me decía: “hablas como gente de rancho”, pero era por lo mismo, porque no se nos valoró, tampoco nos dieron elementos para sentirnos bien, orgullosos de nuestro patrimonio lingüístico. Quedamos ahí.

En el contexto maternal, pues mis padres afortunadamente hasta la fecha hablan totonaco; después también nos aculturamos, porque mi padre nos saca del pueblo. En afán de mejorarnos nos lleva a un pueblo vecino, que es Papantla, y ahí ya crecimos, fuimos a la escuela estatal, a la secundaria del estado, a la prepa del estado y ahí fue un choque peor todavía. No fue sino hasta que entramos nuevamente, regresamos a nuestro contexto, cuando afortunadamente llegamos a recuperar lo nuestro.

Estando en el magisterio me metí al sistema bilingüe. Al principio, pues sí, es un mundo raro, ingresamos al magisterio solamente con la preparatoria, no estábamos preparados para la labor que nos tocaba hacer. Estudié la prepa nocturna. Después, ya dentro del magisterio, el mismo sistema nos manda al UPN. De ahí nos mandan al campo, yo llevo aquí casi veinte años, y vi que aquí el mundo hace veinte años era monolingüe. Nos dimos a la tarea de entenderles y de que nos entendieran. Entonces concluimos que había que aprender su lengua. Nosotros traíamos una aculturación, digamos que hablábamos el totonaco, pero un poco diferente a ellos, una porque somos de la parte costa, dos porque habíamos dejado de practicar un buen tiempo. Entonces, al llegar, hubieron de pasar cinco-seis meses para volver as aprender.

Sentido de pertenencia

Lo primero que encontré fue comunicación con mis semejantes, lo segundo el orgullo de poder hablar totunakú y español. Ahora, afortunadamente, lo que antes me decían mis maestros de que “eso no sirve”, ahora veo que sí sirve, y veo que sí le sirve a los niños. Ahí sentí orgullo, sentí pertenencia, sentí que yo era “parte de…” ¿no?

La parte funcional, la función social de la educación indígena es preservar su totonaco. Desafortunadamente la educación va de la mano con la parte económica. Entonces, muchos de nuestros jóvenes emigran, terminan la secundaria, la prepa y emigran a las ciudades. Algunos orgullosamente regresan para crecer y hacerse viejos aquí, entonces la parte funcional de nuestra educación es la de crecer dentro del grupo, ser parte del grupo. Si se pudiera ejercer aquí culturalmente, socialmente, económicamente, sería lo ideal ¿no? Desgraciadamente el contexto no nos da para crecer económicamente, entonces tenemos que salir, pero sin olvidar lo nuestro. Podemos ir por muchos lados, podemos ir a otras culturas, podemos convivir con ellas, pero jamás debemos olvidar lo nuestro. No debemos avergonzarnos de nuestra lengua, de nuestra forma de ser, de nuestra forma de hablar, de nuestra forma de ver las cosas. Entonces, lo que veamos allá podremos aprovecharlo para que, cuando regresemos, crezcamos todos, sin olvidar nunca nuestra raíz.

El obstáculo aquí es la economía. La economía conlleva de que nuestro padres, muchos, se vayan. Se aculturan y, de veinte que se van, dos o tres regresan y regresan a veces con ideas ya, no diría que capitalistas pero sí retrógradas, pensando en que “eso me sirve y eso no me sirve. Mi lengua totonaca, cuando voy para allá, no me sirve tanto. A mi hijo no le quiero enseñar”. Entonces el primer obstáculo es la economía, el segundo es el bombardeo tremendo de los medios de comunicación, del camino, de la tele y el periódico, donde todo es en español. Quisiéramos cambiar eso para decir que estamos orgullosos de lo que somos, pero eso no está ahí.

Quiero invitar a los que en su momento nos escuchen que valoren la educación indígena, porque la educación indígena tiene su historia; esto no ha sido gratuito, para que se dé la educación indígena ha habido revoluciones, guerras; ha habido gente que ha dado la vida por nuestra patria, por los indígenas. Y también valorarlo en su sentido pedagógico, en su sentido estricto de la pedagogía, nadie comprender en una lengua ajena, entonces eso lo justifica. Si vamos a un pueblito donde se habla náhuatl y les hablamos español, pues probablemente con el paso del tiempo le entiendan algunas palabras, pero nada más como una acción de repetir, pero ya la comprensión del texto y del contexto, pues no. Entonces la invitación es que las autoridades nos escuchen, y a los que estén en los lugares de decisión que inculquemos más este tipo de educación. Que no se pierda, que no se vuelva celular, que no sólo se de en la célula de la primaria, que vaya a la secundaria, que permee en el bachillerato, y por qué no, hablar de universidades plurilingües o bilingües. Un detallito que nos pide nuestra educación bilingüe es de que no tenemos Normales formadoras de maestros bilingües, no las tenemos. Hay universidades que facilitan esa labor, pero no tienen esa característica. Nos expiden un documento que dice “eres licenciado para el medio de educación indígena”, pero no nos educaron, no nos dieron las herramientas para poder laborar, material didáctico adecuado para trabajar en una situación indígena. No nos lo da. Y eso es algo que me gustaría que madurara más.

Metodologías…

Tenemos una metodología, claro, hace apenas unos años. Hay una metodología de cómo enseñar el tutunakú. Hay escuelas en las que estamos viendo la lengua tutunakú como asignatura, como si fuera español o geografía. Los resultados que encontramos son positivos, porque los niños, los de primer año que habla tutunakú, los enseñamos a leer y escribir en tutunakú, y ya no con el método anterior, el método silábico, sino ya con un método general, global, un método en el cual se persigue la comprensión del texto. Y eso ante no lo había. Entonces, en el piloteo tenemos la fortuna de aplicarlo y estamos encontrando cosas positivas. Es algo que nos alienta también, algo que nos da fuerza para continuar, a pesar de que el mundo está tan global. Y regresando a lo empírico, yo me refería a la cuestión, especialmente, de que no tenemos universidades donde crezcan esos métodos. Y eso se entiende porque en la ciudad en la que nos desenvolvemos pues está hecho más desde el punto de vista del mundo, cómo decirlo, del mundo general, entonces las cosmovisiones particulares de las lenguas no es su principal preocupación, las universidades no están hechas para ello. Las universidades se dan por servido con que nos den las herramientas metodológicas para entender los textos, pero no tenemos una universidad que nos lleve de la mano para trabajar una formación netamente, exclusivamente, bilingüe. Eso nos gustaría que hubiera, que estuviera permeado hacia las culturas. Es el gran reto.  


jueves, 17 de agosto de 2017

Educación indígena en Cuautempan, Puebla

Inicio hoy una serie de entregas que resultaron de un largo trabajo de campo a mediados del año 2011 por las sierras de Puebla, Veracruz y Oaxaca. Espero que te gusten y que los disfrutes.



Comunidad náhoa de Vista Hermosa, municipio de Cuautempan, Puebla

9 de junio de 2011

Para llegar a la Escuela Primaria “General Juan Francisco Lucas”, de la comunidad Vista Hermosa, municipio de Cuautempan, Puebla, es necesario salir de Zacatlán de las Manzanas hacia el sur, hasta San Miguel Tenango y Aquixtla, ahí se hace un corte y se sube nuevamente al norte por Pachuquilla, hacia Tetela de Ocampo; se pasa por Hueytentan, San Esteban y se llega a la cabecera municipal, que es Cuautempan, de ahí hay que subir una montaña hasta la comunidad de Vista Hermosa donde, en efecto, la vista es magnífica.

Cuautempan se localiza en el noroeste del estado de Puebla y alcanza alturas de hasta
2,680 metros sobre el nivel del mar, pertenece a la cuenca del Tecolutla y es cruzado por ríos jóvenes e impetuosos que desembocan en el Golfo de México, entre los más importantes destacan el río Zempoala y el río Apulco, afluente del Tecolutla.

El municipio ha perdido buena parte de su vegetación original, aunque conserva grandes áreas de bosque con pinos y encinos, destacadamente patula y lacio. Se siembra frijol, maíz y café; chile verde y ajo, y entre los árboles frutales más abundantes es común encontrar ciruela, granada y plátano.

Ahí, en las instalaciones de una escuela primaria, entrevisté a los profesores Fidel Santiago Díaz, José Alaya y Martín Arenas Cabrera sobre las dificultades de su trabajo educativo en el sistema bilingüe implementado por la SEP a través de la Dirección de Educación Indígena.


Escuela Primaria “General Juan Francisco Lucas”, de la comunidad Vista Hermosa, municipio de Cuautempan, Puebla.

Prof. Fidel Santiago Díaz

Mi nombre es Miguel Santiago Díaz, estamos aquí comisionados en la dirección de la escuela “General Juan Francisco Lucas”, de la comunidad Vista Hermosa, municipio de Cuautempan, Puebla.

Estamos trabajando quinto y sexto grado de primaria, con actividades y proyectos de la UNAM, que lo encabeza la doctora Leticia Gallegos y la maestra Xóchitl.

La intención de trabajar como maestro nace por el acercamiento de familiares, que también son maestros, cosa que fue un poco difícil. Finalmente, por invitación de familiares, tomamos el curso de instrucción y después nos dieron la orden de empezar. A través de este curso de instrucción pudimos entrar al magisterio.

Originalmente somos de Veracruz, con raíces culturales de la lengua náhuatl, la diferencia que yo recuerdo es que los maestros con los que trabajé, en un momento dado se nos llegó a prohibir la comunicación en la lengua materna, y actualmente no es así. Ahora hay medios de comunicación donde se están difundiendo las lenguas indígenas, nosotros de igual manera lo hacemos con los niños, los impulsamos, los ayudamos. Esa es la diferencia que puede existir con el pasado cercano. Jamás le hemos prohibido a ningún niño que se comunique en su lengua materna.

El principal atributo de la educación indígena es el sentido de pertenencia a un grupo étnico, porque sabemos de antemano que los pequeños tienen  problemas educativos o problemas psicológicos si se les prohíbe. Si a mí se me hubiese permitido quejarme en lengua materna hubiera sido un apoyo, hubiera valorado todo esto, mi autoestima hubiera estado bien, pues no es lo mismo llegar a un grupo y decirles que lo que hacen está mal, que no se pueden comunicar en su lengua materna. Lejos de motivar al alumno lo restringen. Yo sufrí discriminación porque nacimos, nos desarrollamos, crecimos en un grupo indígena; en un ambiente, en un espacio donde se hablaba en náhuatl. Llegas a otro grupo en donde te dicen que no debes hablar la lengua, entonces hay un choque.

El proyecto que manejamos es un proyecto de ciencias. En un principio la mayoría nos fuimos con la idea de que hablar de ciencias tenía que ver con aparatos sofisticados, pero el hablar de ciencia no está siempre relacionado a aparatos, sino a desarrollar en el niño diversas habilidades. En el primer curso que tuvimos, el primer tema fue sobre colores. Al hablar de colores pudimos adaptar diferentes contenidos, pues no es lo mismo estar explicando, por decir, la teoría que la práctica. Entonces hay seis colores principales y es donde el niño lleva a la experimentación, combina los colores y de ahí salen otros colores. Manejamos lo que es el círculo cromático; los colores primarios son el amarillo, el rojo y el azul. Entonces no es lo mismo estar explicándolo en español que en náhuatl. De la combinación del azul y amarillo resulta el color verde. Así, como que les queda un poquito más claro. Parte lo explicamos en náhuatl, parte en español; en náhuatl existen los nombres de los colores, pero, por ejemplo, la palabra ciencia, literalmente no existe la traducción del nombre ciencia en náhuatl, como muchas otras palabras. Entonces vamos adaptando.

Hay muchas satisfacciones. En primera, ver cómo existe el interés en los niños por trabajar, el interés que le ponen ellos, el entusiasmo, es la más grande gratificación que uno puede recibir. Y luego, también, aunque nosotros hemos estudiado carreras, a veces descuidamos la parte de la ciencia. Si no contamos con recursos materiales, por ejemplo, en una cosa muy sencilla: “¿cómo podemos alcanzar a ver los objetos?” A veces uno no se plantea eso, uno no llega a preguntárselo. Sin embargo, con la explicación de los recursos que hemos aprendido, hemos logrado disipar muchas dudas. ¿Cómo podemos observar las imágenes? Con los ojos, sí, pero ¿cómo los vemos? Bueno, en primer lugar con la luz, esa luz llega al objeto y se proyecta, parte de esa luz llega a los ojos y es como podemos observar los objetos. ¿Y en la oscuridad podemos ver los objetos? No, entonces necesitamos luz. Como maestro, al ver el interés de los niños, es gratificante.

Lo primero ha sido acostumbrarnos a ver los conceptos que se manejan en la ciencia, quizá no sea un obstáculo, pero es en lo que deberíamos de tener más cuidado. En el inicio del ciclo escolar ¡cómo batallamos con los libros de texto!, no llegaron a tiempo. Fuimos a la Corde y, como estaban con la reforma educativa, resulta que los libros que nos enviaron eran del año pasado ¿cómo vamos a trabajar así? La prioridad del gobierno es la tecnología, pero si no tenemos equipo de cómputo, cómo vamos a trabajar el tema de tecnología. Actualmente está de moda trabajar con páginas de internet, pero no tenemos computadora, no tenemos red de internet. Tenemos enciclomedia, pero no han venido los técnicos para arreglar los aparatos de enciclomedia, los aparatos no sirven. La tecnología es una parte difícil. Y lo otro: la dotación de materiales.

Si hubiera nivel Secundaria bilingüe estaría súper bien, si hablamos de la vinculación de los tres niveles y otros grados superiores, incluida la universidad. Ahora existe la vinculación de educación básica, hay alumnos de preescolar, de primaria, que hablan una lengua materna, una lengua indígena, pero van a la secundaria y van a conocer una lengua extranjera. Entonces no hay una vinculación ahí. Ahora, hablando de proyecto formativo, okey,  nosotros como maestros de primaria indígena aprovechamos todos los medios, pero le digo, van a la secundaria y ahí ya tienen que ver otras realidades. Y estaría bien que la secundaria ya existiera.

Pero estoy contento, en primero yo agradezco la respuesta de los padres de familia. Cuando llegamos aquí comenzamos con tres compañeros, en la escuela no había alumnos, había que traerlos. Nosotros siempre nos hemos alejado de los prejuicios, del que dirá la gente, invitamos a los padres de familia y hubo una buena respuesta de alumnos, tenemos setenta y dos alumnos. Cuando entramos hace tres años había como sesenta alumnos, espero que en el siguiente ciclo tengamos un poquito más. Siempre hay diferencias, como en cualquier lado, pero aquí nos hemos apoyado como compañeros, como maestros y como amigos también. Nos hemos apoyado, no puedo hablar mal de mis compañeros, recibo un gran apoyo de ellos. Y bueno, también tenemos esta fuerza de contar con materiales de la autoría de los maestros de la UNAM y de la UPN, sabemos que estos materiales son de alto costo.

Escuela Primaria “General Juan Francisco Lucas”, de la comunidad Vista Hermosa, municipio de Cuautempan, Puebla.

Prof. José Alaya Sánchez

Mi nombre es José Alaya Sánchez, soy docente, atiendo primero y segundo grado, que es primer ciclo, la escuela es “Juan Francisco Lucas”, de la comunidad de Vista Hermosa, municipio de Cuautempan, Estado de Puebla.

Llevo once años de servicio, en esta comunidad apenas tres años, en el mismo sistema de educación indígena. Yo hablo la lengua indígena. Mi primera lengua es náhuatl. Estamos llevando a cabo con los alumnos una asignatura que es la lengua indígena y ahí hemos explorado con los niños algunas cosas sobre la naturaleza, la explotación de la naturaleza, todo en lengua indígena.

Estuve en escuela bilingüe en la ciudad de Cuetzalan. En mi caso cursé en esa escuela que era telesecundaria y donde los maestros aprendieron a hablar náhuatl, pues su primera lengua era el español. En mi caso fue mi formación. En ese caso todavía no conocíamos, estamos hablando del 80, cuando todavía no había educación indígena en mi pueblo, pero ya después llegué a la telesecundaria y pude estudiar. Y fueron muchos los maestros de México que vinieron y lo vieron.

Yo soy producto de este sistema. Sobre todo puedo comentar algo respecto, ya que yo también estudié en una secundaria donde se hablaba la lengua indígena, participé como alfabetizador en el INEA donde tuvimos talleres, hemos compartido con los niños narraciones, palabras cortas, algunos cuentos, leyendas sobre todo. Hablamos ya de narraciones, que sé yo. Prácticamente hemos explorado, hemos trabajado, respetando nuestro medio ambiente. Y en este caso tenemos, por ejemplo, aula de ciencias, la pintura sobre todo. Hemos platicado, dialogado con los compañeros, del por qué no llevamos otro proyecto, por ejemplo, de reciclaje de papel, para mejorar nuestro medio ambiente, porque hoy en día escuchamos sobre la contaminación, el calentamiento global. De ahí podemos partir con los niños indígenas náhoas, con su maestro de educación indígena, para fomentar un proyecto. Yo puedo manejar este proyecto porque yo trabajé en un caso de reciclar papel ¿y con eso qué podemos hacer?, pues no contaminar el ambiente. Y lo queremos hacer con los tres compañeros, pero se necesita un respaldo, trabajar con algunos compañeros, amigos, amistades, en este caso ustedes, si nos pudieran echar ese apoyo, la mano con ese proyecto. Vemos mucho papel tirado, inclusive los plásticos y, bueno, recogerlos y reciclarlos.

Sobre todo ganaríamos un recurso y un apoyo económico para comprar algunas cositas, por ejemplo una licuadora, cestos, algunas telas de maya, que tienen su marco para la hora de hacer un taller, decirles a los niños: “lo vas a levantar así”, explicarles. Una lámina, que es una hoja de aluminio, se pone ahí, se seca el papel y se le ponen algunos colorantes. ¡Chulada de papel que sale!, tipo serigrafía.

En esta comunidad, la verdad, se carece de recursos. Hay mucha emigración. Y precisamente hablando de este proyecto, si se logra, de solicitar un apoyo, por ejemplo, de la presidencia municipal para que también la gente no emigre, porque también de ese modo los niños se quedan solitos.

Escuela Primaria “General Juan Francisco Lucas”, de la comunidad Vista Hermosa, municipio de Cuautempan, Puebla.
Prof. Martín Arenas Cabrera

Mi nombre es Martín Arenas Cabrera, me encuentro trabajando con los niños de segundo ciclo, en tercero y cuatro, en la asignatura de matemáticas. Estoy relacionando las operaciones básicas: suma, resta, multiplicación y división, en ambos grados. Para ello estoy aportándoles algunos materiales. De hecho, estoy trabajando con lo que es la lección cuarenta y cuarenta y dos, en ambos grados, y la actividad se refiere a las cuatro operaciones básicas. Y en una lección dice “lecciones de repaso”; qué es el perímetro, la suma, la resta, fracciones, entonces estoy repartiendo unas tarjetitas pequeñas de hojas blancas en las que ellos están fraccionando, porque la lección pide la fracción de un tercio, pero de diferente forma. Están las figuras, pero ellos las tienen que marcar. Esa es una. En otro, en tercer grado, la identificación de eso y el trabajo de lo que son los precios de los productos.

Aquí se habla en forma bilingüe, en español y en náhuatl. Yo lo trabajo de las dos formas. Hay niñitos que no son totalmente monolingües en náhuatl, sino que lo trabajo en español, pero con el que no lo entiende me dirijo a ellos en náhuatl.

Entonces “vamos a trabajar con esto, cómo le van a hacer, de qué forma”, el niño trabaja en náhuatl en la forma que yo le explico, pongo los números, que de hecho tercero y cuarto son secuencias numéricas, el antecesor y sucesor, entonces les explico del uno al diez, que es la base en náhuatl. Así se los pongo y después les pido que lo escriban en su cuaderno y que lo repasen, porque es el repaso lo que hace la práctica. Que en su cuaderno escriban de una forma más directa, “obsérvenlo, léanlo, para que se les vaya quedando aquí en la cabecita”.

La principal ventaja del idioma materno es que entienden mejor, trabajan de manera correspondida, porque de que les explica uno en español, los que entienden bien, hacen esto y hacen otro, hay niños muy habilidosos, pero hay niños que son de lento aprendizaje, ellos lo hacen más despacio y otros que no lo entienden en español, a ellos les hablo en náhuatl y corresponden a lo que uno quiere. Algunos no lo quieren realizar por ciertas razones, porque en primera puede que no les interese, pero dependiendo también de la forma en que nosotros les expliquemos es como van a trabajar, y claro, la motivación.

Obstáculos. Que cada uno manipulara el objeto, la situación que se está trabajando de acuerdo a su motivación, al interés con que se tomen las cosas, que los satisfaga, que digan “esto que estoy viendo para qué me va a servir, en qué lo voy a utilizar”. Estamos trabajando con ellos la famosa reforma, que pide cosas que al niño le llamen la atención, “para qué les va a servir”, eso también se les explica.

Estamos llevando documentos en donde tenemos que trabajar con la lengua náhuatl, componiendo lo que son cuentos, leyendas, fábulas, mitos de lo que tenemos mucho en la comunidad. Lo que son las famosas leyendas. A ellos los motiva mucho lo de La Llorona, y se explayan escribiendo en náhuatl y español lo que ellos observan. “Maestro, es que arriba de mi casa se aparece un perro negro, pero de repente lo vemos, después volteamos y ya no está”. Entonces de eso hablan, eso es lo que los motiva.

A los niños cómo les encanta cuando digo esto: “maestro esto, maestro lo otro”. Ahora sobre esto escríbemelo. Pero son  cortantes en su expresión, entonces les motiva uno, bueno yo así le hago al hacerles preguntas para que ellos se expandan en su versión. “A ver, si viste ese perro, cómo lo viste, en dónde lo viste, de qué color era, cómo era”.

Sí, nosotros les damos o trabajamos de esa forma, buscando estrategias, esas son las estrategias, el encaminarlos a las formas en que ellos van a hablar. Motivándolos, dándoles esa confianza, ellos hacen maravillas, lo que se les dificulta en sí, y hasta a nosotros los adultos, es que no estamos acostumbrados a escribir. Tenemos ideas, pero no las desarrollamos en escritura, a la hora de escribir es difícil. Pero bueno, se está empezando con las famosas narraciones de niños y niñas indígenas. Entonces,  últimamente, lo trabajé con quinto y sexto, el maestro se ausentó por un problema y lo trabajé con ellos. Les dije: “ustedes escriban, porque si ustedes no escriben, ese es el problema, cuándo vamos a empezar”. Echando a perder se aprende, así inician todos los escritores.

Debes partir de lo que sabes, una vivencia que hayas tenido. Yo, con toda sinceridad, le digo que eso hago. Porque yo soy muy enfático en eso. “¿Qué creen?”, “¿Que pasó, maestro?”, “les voy a contar una anécdota, una vivencia que me pasó”. Entonces con eso les inyectas confianza, a algunos en español y algunos en náhuatl. Llego y motivas al niño. “Maestro, no le quiero contar”. “Cuéntame”. Y lo hace. Entonces ahora ya viene lo bueno, cuando le digo; “ahora escríbelo, ya lo contaron, ya lo tuvieron en palabras, ahora escríbanlo”. No es difícil. Entonces lo hacemos de esa manera; claro, los libros son apoyos importantes, ahí vienen algunas formas, la comida ahí está, la receta, cómo lo preparan en mi casa, le ponen tal cosa; no, en mi casa le ponen esto y lo otro. Esa es la forma.

A mí siempre me gusta hablar y, repito, cuando un maestro se da a conocer, se identifica ante la ciudadanía, ante el individuo tal y como es, la gente se acerca, se explaya y dice: “oye esto, oye lo otro”. Inclusive en los niños, te llaman: “maestro, vamos a jugar a esto, vamos a hacer esto, te invito a esto”. Por lo mismo, de que uno muestra su identidad, tal y como somos, a ellos se les da seguridad, confianza. N`ombre, son bien lindos, son muy lindos.

El principal problema es la escritura de la lengua náhuatl, de que últimamente tenemos llamados de supervisión en donde se nos han dado talleres de lengua indígena, en nuestro caso en náhuatl, pues no tenemos, se nos está dando apenas a conocer la gramática, llamémosle así, que son 18 grafías. Hay materiales impresos pero que vienen de otra región, donde se utiliza otro tipo, una variante del náhuatl. Entonces a mí me gustaría, aunque ya estamos implementando algunas estrategias, decirles cuántas grafías se utilizan, pues hay confusión inclusive en el alfabeto. Y el famoso abecedario, “que el abecedario son tantas letras”, y “en la gramática son 16 grafías”; pero bueno, la práctica hace al sabio. Y la discusión y el análisis porque el niño escribe, como puede escribe. Lógico, los grandes escritores lo dicen: el niño escribe pero no como debe de ser, debemos matizarlo, decirle, subrayar, alimentarlo. Entonces esa es mi inquietud, tener material adecuado al contexto. Esa es una de las inquietudes que hemos tenido nosotros los profesores, que los materiales estén de acuerdo al contexto, partir de lo que el niño sabe para subir, pero no de allá para acá, sino de aquí para allá. Por ejemplo, le dices: “dibuja al avión”, lo ha visto de  muy lejos, pero no lo manipula como un niño de la ciudad, pues un niño de ciudad casi lo toca; pero si les dices: “dibuja un conejo”, ahí está. “Dibuja la víbora”, como sea la dibuja. “Ahora ponle su nombre, que la ortografía”, nosotros somos los que decimos: “mira, qué te parece esto que te subrayé, hay que cambiarle”, entonces son formas de cómo enlazar al niño para que él enriquezca su aprendizaje.





Fotografías de Cuautempan (desde Vista Hermosa)  tomada de http://mexico.pueblosamerica.com/foto/cerro-verde-ejecatepeco

viernes, 11 de agosto de 2017

¿Es posible cuestionar una tradición?


1

Regresamos de la sierra de Guerrero donde estuvimos seis días conviviendo con los amuzgos y los mixtecos del municipio de Tlacoachistlahuaca. Por supuesto, la experiencia valió mucho la pena y conocer la opinión directa del presidente municipal amuzgo no tuvo desperdicio; todo eso lo pondríamos en una página de internet, junto a las demandas de los ejidatarios y las artesanas (artistas de alta graduación que viven la gran paradoja de hacer la artesanía más cara –huipiles hermosísimos de hasta tres mil pesos– en una de las zonas más pobres del país), de líderes mixtecos que pugnan por una remunicipalización, de amas de casa, y médicos y jóvenes amuzgos.

Una mañana nos sirvió el almuerzo una joven llenita de edad indefinida. Nos fuimos a trabajar y, en la tarde, mientras lanzábamos el balón a una impecable cancha de básquet techada e iluminada en el centro pleno de Tlacuachistlahuaca, la cabecera del municipio homónimo del estado de Guerrero, la joven se presentó con un muchachito y comenzó un intercambio de saludos basquetbolísticos muy agradables. Al rato nos pasábamos el balón, canasteábamos juntos. Me encantó la libertad de esa muchacha para acercarse a los “extranjeros” que estaban haciendo investigaciones en el pueblo con apoyo del presidente municipal, su desparpajo deportivo para intercambiar sustancias afectivas con los desconocidos.

Afuera de la presidencia se nos acercó al fotógrafo Rafael Bonilla y a mí una jovencita de la edad de mis hijas adolescentes. Nos interrogó hasta que pudo satisfacer su curiosidad sobre nuestra presencia en su pueblo. A ella le gustaría estudiar para terapeuta, había hecho prácticas con el hijito de su prima y le gustó ayudar a la gente con necesidades especiales. Muy avanzada la chiquilla, pero al borde de la asfixia en una sociedad tan cerrada como la de “Tlacoachis”, como llaman cariñosamente los lugareños a su pueblo, uno de los lugares más ruidosos en los que he estado en mi vida. Urgida de salir siquiera a la ciudad más cercana a estudiar la preparatoria. Vivir en Tlacoachis, aunque hermoso, es como vivir con una gran familia constituida por todo el pueblo que las cuida en exceso y no se puede tener novios ni amigos porque la presión de la sexualidad amosca las relaciones y entorpece las transacciones.

La marginación del pueblo, que fue el primer pretexto que nos llevó a esa región de la Montaña, no está precisamente ahí, la verdadera marginación de las estadísticas se halla en otros pueblos del mismo municipio que se  encuentran detrás de una enorme sierra más allá del polvo, retirados que todo, que carecen de lo más elemental y viven en poblaciones fantasma habitadas por mujeres de miradas tristes y desconfiadas. Son los mixtecos de Pueblo Viejo en el norte del propio municipio de Tlacoachistlahuaca, claramente distintos de los amuzgos que gobiernan en la cabecera municipal, a cinco horas de distancia por un camino de terracería con segmentos muy escabrosos, ellos también se sienten apartados de todo, los mixtecos vecinos son oaxaqueños, la comunicación con los amuzgos no es óptima, insisten en la creación de su propio municipio.

La creación de un municipio en la parte norte de Tlacoachistlahuaca, a pesar de ser un tema político que debe ser tratado con discreción, es un tema ineludible que, bien pensado, puede traer beneficios para todos. Están claras las distancias que hay entre las autoridades de la cabecera y los pueblos mixtecos de Pueblo Viejo, por lo que tampoco es difícil pronosticar que no podrían llegar a un buen acuerdo. La separación municipal ya existe en Tlacoachistlahuaca, ayudaría mucho que se hiciera a través de la ley y pudiera dar a esta población la dignidad que les ha sido arrebatada por la marginación y el abandono, que ha terminado redundando en un alcoholismo masivo de los hombres, que desde la mañana que los visitamos, mientras trabajaban en una zanja de drenaje, ya estaban alcoholizados; al despedirnos, seis horas después, todos y cada uno estaban inconscientes de borrachos sobre la acumulación de tierra de la propia zanja, jalonados por sus pequeños hijos.

Ojalá que, al menos, que en este municipio de la costa chica guerrerense los programas de ayuda a la pobreza hicieran algo adicional para mejorar las condiciones de vida (política, moral, cultural) de estos compatriotas mixtecos que habitan la región de Rancho Viejo, no siempre son pisos firmes y letrinas lo que necesitan, sino comprensión cultural, que deviene política y legislativa.

2
Albergue Santa María la Magnífica

Mientras hacíamos el balance de nuestro viaje a la sierra leí en El País sobre el asesinato de un sacerdote español en Brasil que me hizo pensar en Joan Armell Benavent, misionero en Rancho Viejo, a quien visitamos con motivo de una página de Internet municipal. En Brasil, Ramiro Ludeño y Amigo, de 64 años, se dedicaba hacía 34 años a sacar los niños de la calle en Pernambuco de Recife, en el norte brasileño. Todos lo querían, no se explican las razones que pudiera tener un adolescente de 15 años para asesinarlo.

Joan también se dedica al trabajo social con niños y adolescentes en ese pueblo mixteco de la sierra guerrerense, en una de las regiones más pobres de México. Tiene un albergue llamado Santa María la Magnífica. La entrevista la tuvimos en el comedor del albergue, después de cruzar tres habitaciones-pasillo en la que había literas para una buena cantidad de gente, quizás veinte personas. Joan es un hombre de la edad aproximada al sacerdote español asesinado, posee unos ojos interrogantes y habla con una fluidez casi nerviosa, acelerada. Es capaz de hablar con un acento español impecable durante largo tiempo.

“Vamos a cumplir diez años desde que estoy aquí en la misión pero la misión lleva trabajando ya cerca de 20. La misión se llama Misión Católica de Rancho Viejo, pertenece a una misionera Ekumene, de España, es un movimiento de gente laica comprometida, somos gente laica no clérigos, sino laicos comprometidos, yo pertenezco a misiones, por lo que lo mismo podría estar en África”.

Llegó con la ilusión de levantar el nivel cultural, es el cuarto misionero en este lugar. Ha estado solo los últimos cinco años.

“El mixteco es como chino. Para hablarlo correcto, o naces aquí o se te tienen  que dar muy bien las lenguas. Nosotros tuvimos un filólogo voluntario que estudió la lengua y se hizo el diccionario y el método para aprender mixteco”. Pero reconoce que no entiende una sola palabra. Por el momento tiene albergados a 25 estudiantes y aclara que las literas no son de ellos, pues los jóvenes cuentan con habitaciones. Las literas “están para gente como ustedes, que tienen que dormir una noche o dos, los maestros que trabajan en los alrededores vienen aquí y duermen. Gente que sube y tiene que ir y hasta los pueblos, duerme aquí hasta que llega ´la ruta´. También tenemos servicio de baños con agua corriente, con sanidad”.

Joan nos explica cómo este tipo de misioneros están centrados en dos tareas, como obra ecuménica: una, ayudar en la alfabetización de jóvenes y adultos del pueblo. La otra es ayudar a que los jóvenes estudien la secundaria, para lo que los alberga y alimenta. Pero hace muchas otras cosas más: “también en la cuestión de la ambulancia del pueblo, bajamos gente, que hay urgencia, que vamos al hospital, un picado de alacrán, aquí tenemos suero, vacunamos animales, gallinas, cerdos para que no se enfermen. A ese nivel nos movemos. Y como iglesia damos las catequesis que el párroco nos pide, catequesis para bautismo, para confirmación, para primeras comuniones, para matrimonio. Ahí nos movemos y nos ocupa totalmente el espacio para no dedicarnos a nada más”. 

Zona se refugio

Las manos de Joan Armell Benavent, con los dedos juntos, definen un punto específico de la mesa, trata de explicarnos lo que entiende como zona de refugio, como si tratara de explicárselo a sí mismo.

“Empecemos por distinguir esto como una zona de refugio. Ellos (los mixtecos guerrerenses) han venido huyendo para no contaminarse con otras culturas y preservar la suya. Empezando por ahí ellos se han cerrado mucho, no quieren que desde afuera vengan a decirles qué tienen  que hacer y cómo lo tienen que hacer. Entonces, la gente de montaña es cerrada, como en todas partes del mundo, pero aquí un poquito más. Los amuzgos están más abiertos porque replegaron a la otra civilización, al blanco, a ciertas costumbres, y han evolucionado mucho más, limpios, etcétera, se les ve más educados. Sin embargo, el mixteco ha ido huyendo porque no quería que les llegaran otras culturas, que les dejasen sus costumbres, y tienen algunas tan ancestrales que te recuerdan la edad de piedra. Pero no han salido de ahí. Son gente que tiene que evolucionar y por eso nosotros estamos trabajando, no para evangelizar, sino para ayudar a que estas mismas generaciones jóvenes, al tener más cultura y sepan más del mundo, puedan comportarse de otro modo y dejar ciertas tradiciones que ya ellos mismos no le encuentran sentido”.

No comparto su opinión, pero la comprendo. Por diez años ha enfrentado cotidianamente la resistencia de los mixtecos para asumir lo que generosamente llegó para otorgarles: catecismo y educación, ante la pasmosa indiferencia del gobierno. Pero los avances son tímidos, simbólicos, algunas generaciones de egresados de la secundaria que imparte en el albergue, algunas mujeres catequizadas. El resto de su obra se ha dispersado en el volátil calendario de la década, eso sí, día por día. Cuando no falta un herido o un enfermo de peritonitis que hay que llevar corriendo al hospital, a tres horas de distancia, hay que arreglar algún litigio entre familias. Los proyectos le brotan de la boca, pero no tienen eco, caen en la mesa como granos de maíz estéril y rebotan para morir sin la esperanza de un arado. Cuánto trabajo tiene y que tan solo está Joan, con sus sesenta años a cuestas y una nostalgia bárbara por su querida España. Qué extraño el ecumenismo cristiano que practica Joan, luminoso y ciego a la vez.

Mujeres en venta

Entre los mixtecos de Rancho Viejo, Guerrero, de acuerdo con el misionero español, es común que los litigios se resuelvan con el pago de una cuota de dinero. Sean lesiones físicas o morales, la gente paga y lo arregla en un convenio presuntamente tradicional. Así ocurre también con las jóvenes, a veces niñas, que son intercambiadas entre padres y yernos por una suma especulativa que siempre rebasa los quince mil pesos y que llega a tasarse en sesenta mil, la famosa dote, que se ha convertido en una tradición de venta infantil operada por sus propios padres. Esto ha golpeado hace décadas la situación de los jóvenes, de los novios de Rancho Viejo, que no pueden tener relaciones normales de muchacho a muchacha, pues los intereses en ellas depositados provocan una vigilancia extraordinaria que redunda en la falta de libertad, una implacable represión sexual de los jóvenes que, al casarse por fin, al comprar una buena esposa, actuarán igual con sus propias hijas que los adultos anteriores. Joan Armell Benavent, que ha observado al pueblo de Rancho Viejo con paciencia científica y voluntad religiosa, nos dice sobre esas transacciones.

“Para mí es una compraventa aunque ellos dicen que no, pero el hecho es que es un trato de compraventa y los tasan, llegan a un acuerdo y la costumbre es que se vienen a vivir los dos a casa de los padres del muchacho, ella sale de la casa. Dicen que es una compensación a los papás y tal, yo desde afuera lo veo como transacción. Llegan a un acuerdo, tanto dinero por ella, cincuenta, sesenta mil, luego tienes que dar la fiesta para la familia, matan res y les sale muy caro.
“Aquí yo he tenido la experiencia con unos muchachos jóvenes que se casaron; la muchacha quería seguir estudiando y venía a la secundaria, pero acabó dejándola cuando él se emborrachaba y hablaba lo que sentía, decía que se fuera a la casa, que había pagado por ella, que tenía que echar las tortillas, y al final lo abandonó. Entonces tienen  ese sentido de propiedad, la quieren para que les sirva, para que sea su esclava, tener muchos hijos, disponibilidad absoluta y no la dejan salir de la casa más que para lo estrictamente necesario”.

Joan me mira con unos ojos resignados, frente a un asunto para el que nadie parece tener una solución.

“Creo que definitivamente no mejorará esta gente con este sistema. De hecho, cuando han empezado a cambiar y vivir un poco mejor ha sido las familias que se han ido al otro lado y regresan. Arreglan sus casas, se compran camionetas y comienzan con un negocio. Lo demás que les llega claro que lo agarran, todo lo que les ofrezcas, pero eso no madura a la gente”.

3
Una solución tangente (¿o accidental?)

Una solución tangencial al desesperado panorama encontrado en el norte de
Tlacoachistlahuaca, Guerrero, culminó en mi caso algunos años después con una historia feliz, contrastante con las anteriores. Me la contó el profesor Jesús Adán Méndez Gastélum, asesor escolar de diez escuelas en la región costa de Hermosillo, Pesqueira y Carbó, Sonora, en medio de una nube de moscas y un calor infernal de 42 grados centígrados.

Es la historia de una familia de la zona mixteca de Tlacoachistlahuaca, la región de Pueblo Viejo, que terminó en los campos de cultivo de Sonora bajo el resguardo autoritario de un abuelo que hacía funcionar a la familia como clan. Pero algo ocurrió, una feliz coincidencia de varios hechos que el maestro Méndez Gastélum me platicó a detalle:

“Había una familia muy numerosa, era un patriarcado en esa familia, el abuelo se hacía cargo de todo, de todo; del sustento familiar, del equilibrio emocional y de la estructura familiar; él era juez, él era todo ahí. Juan Ponce se llamaba el señor y provenían todos de un municipio de guerrerense llamado Tlacoachistlahuaca. Eran mixtecos. Nunca se me van a olvidar.

“Los días de raya él se presentaba en ventanilla y exigía el pago de todos sus hijos y de todas sus nueras que habían estado trabajando, entonces él administraba económicamente y el día sábado salían a comprar la despensa de toda la familia. Llenaba una camioneta de materiales y de alimentos y el mismo sábado en la tarde preparaban una comida grande, carne, huesos, una comida típica de por allá de su tierra. Rentaba un taxi e iban por eso. Todos los sábados eran día de fiesta para ellos, porque era una alegría grande, un premio después de tantas jornadas de trabajo de toda la semana, porque la gente viene a gozar de un rayito de sol y a ganar dinero. Entonces me sorprendió la economía que tenían, porque lograban mantener cierto nivel, guardaban su dinero y tenían lo suficiente para subsistir; no ambicionaban lujos de ningún tipo, no se compraban ropa cada ratito, pero comían bien. Había cierta conformidad de todos, menos de tres niñas que estudiaban con nosotros. Las niñas no se mostraban conformes, porque en la escuela se dieron cuenta de que hay otras formas de vivir, hay otras formas de pensar; una maestra que compartía un grupo conmigo les fue inculcando ideas más modernas, las niñas se dieron cuenta de que tienen derecho a disfrutar de lo que ganan, y que si necesitaban algo también tenían derecho a exigirlo. Las tres niñas aprendieron a hablar español en mi grupo, pero eso fue lo interesante de ellas, que lo hicieron en forma de un intercambio. No hablaban casi en el grupo, pero cuando les propuse que me enseñaran ellas su idioma y yo les enseñaba el español, ellas se mostraron muy interesadas. Les pareció correcto, un buen trato. Y lo hicieron muy bien, aprendieron. Yo no puedo decir lo mismo, porque tenía entrelazados otros idiomas, entonces me era difícil aprender todos, pero sí las instrucciones básicas, las sabía comunicar. Me comunicaba con ellas y me ayudaba con el diccionario. Ya, después, para las niñas no fue suficiente el español, ellas querían aprender inglés también. Y ahí entra el compromiso de uno ¿no?, porque, pues, había que investigar también.

“La mayoría de estos niños, hijos de los migrantes que circulan por los campos de cultivo de nuestro país, son muy inteligentes, pero lo que tienen ellos es una gran facilidad de adaptación, a donde vayan se adaptan rápidamente por la misma migración, han estado en tantos lugares que han aprendido a adaptarse, a incluirse ahí dentro del contexto. No quedan ya relegados como en años anteriores, se agregan  a la comunidad, el hecho de poder hablar ya en español les abre las puertas. Antes no era así, cuando yo inicié era muy frecuente ver a muchos niños que solamente hablaban lengua indígena, ahorita la mayoría desarrolló la habilidad de comunicarse en su lengua originaria, aparte en español y otros en inglés.

“Las niñas que le comento, a estas alturas ya tienen 18, 19 años, ya hablan inglés también y cruzan la frontera, van y vienen, nos visitan donde estemos, van y nos buscan y nos comentan sus anécdotas de por allá. Esas niñas, gracias al desarrollo que tuvieron en la escuela, a la visión que lograron ampliar, evitaron ser parte de esa tradición, muy de allá de Guerrero, en  la que venden a las hijas. De hecho ellas ya estaban negociadas, ya estaban tratadas, pero un día sucedió algo muy especial que le abrió los ojos al abuelo y dijo: “no, yo no vendo a mis hijas, no vendo a mis nietas”.

“Un día, uno de sus nietos andaba jugando arriba de un esquite, se tira para bajarse y cae de rodillas, se levanta y se va. En la tarde-noche al niño se le empieza a inflamar la rodilla, lo llevan al hospital al día siguiente, allá en el hospital no hallaban qué había sucedido, le hacían radiografías, le buscaban por una parte y por otra y no hallaban la enfermedad, fue hasta que ya le hicieron estudios más profundos que encontraron una pequeña espina en el cartílago de la rodilla; el detalle era que no sabía cómo hacerle saber esto a los familiares, los doctores tenían la idea de amputarle la pierna al niño. La mamá era indígena, no hablaba español, el abuelo hablaba muy poquito el español, fue ahí donde entró en funcionamiento lo aprendido en la escuela, las niñas se convirtieron en el principal intérprete entre el doctor, el abuelo y la mamá. Después el doctor dijo: yo ya no quiero hablar ni con la mamá ni con el abuelo, con ustedes. Entonces ellas se encargaban de la receta, de darle la dosis de medicina, y ya cositas que no entendían me involucraban a mí, como maestro, para saberlo.

Entonces eso le abrió la mente al señor y dijo: “no, mis hijas valen mucho más, no las vendo, valen tanto que no las vendo”. Y eso a mí me dio muchísimo gusto y a  las niñas también, porque de ahí en adelante se les dio otro trato, se dio un estrato más alto para ellas, uno que quizás no se les dio ni a sus hermanitos y sus hermanos mayores, que ya las miraban con respeto, como quien mira un licenciado que va cruzando una calle, así las miraban y a partir de entonces ellas tenían voz y voto en la familia, estaban a la altura del abuelo y ellas se encargaban ahora de la despensa, de hacer la ración; lo que uno les explicaba en la escuela lo estaban aplicando ya en la familia, ellas hacían el presupuesto, decían cuánto iban a gastar, decían cuándo iban a rayar y cuánto les iba a quedar.

Lo sorprendente de esa familia es que tenían un autocontrol, no exageraban en los gastos y siempre tenían una manera de ahorrar, una reserva. En una ocasión uno de los hijos se enfermó, se le cerró la garganta, se asfixió y murió. El señor no quiso sepultarlo aquí en Sonora, que murió en el hospital general de allá de Hermosillo; buscó la manera, le ayudé para que lo subiera a un avión y así lo trasladó y fue a sepultarlo allá a Guerrero.

Pero las niñas, a partir de entonces, fueron otra cosa.



Este artículo fue publicado en la revista Elementos, ciencia y cultura, Núm. 104, Vol. 23 Octubre-Diciembre, 2016, pp. 41-47 con el nombre de Historias de la Sierra.