jueves, 17 de agosto de 2017

Viajes a la sierra: Cuautempan, Puebla

Inicio hoy una serie de entregas que resultaron de un largo trabajo de campo a mediados del año 2011 por las sierras de Puebla, Veracruz y Oaxaca. Espero que te gusten y que los disfrutes.



Comunidad náhoa de Vista Hermosa, municipio de Cuautempan, Puebla

9 de junio de 2011

Para llegar a la Escuela Primaria “General Juan Francisco Lucas”, de la comunidad Vista Hermosa, municipio de Cuautempan, Puebla, es necesario salir de Zacatlán de las Manzanas hacia el sur, hasta San Miguel Tenango y Aquixtla, ahí se hace un corte y se sube nuevamente al norte por Pachuquilla, hacia Tetela de Ocampo; se pasa por Hueytentan, San Esteban y se llega a la cabecera municipal, que es Cuautempan, de ahí hay que subir una montaña hasta la comunidad de Vista Hermosa donde, en efecto, la vista es magnífica.

Cuautempan se localiza en el noroeste del estado de Puebla y alcanza alturas de hasta
2,680 metros sobre el nivel del mar, pertenece a la cuenca del Tecolutla y es cruzado por ríos jóvenes e impetuosos que desembocan en el Golfo de México, entre los más importantes destacan el río Zempoala y el río Apulco, afluente del Tecolutla.

El municipio ha perdido buena parte de su vegetación original, aunque conserva grandes áreas de bosque con pinos y encinos, destacadamente patula y lacio. Se siembra frijol, maíz y café; chile verde y ajo, y entre los árboles frutales más abundantes es común encontrar ciruela, granada y plátano.

Ahí, en las instalaciones de una escuela primaria, entrevisté a los profesores Fidel Santiago Díaz, José Alaya y Martín Arenas Cabrera sobre las dificultades de su trabajo educativo en el sistema bilingüe implementado por la SEP a través de la Dirección de Educación Indígena.


Escuela Primaria “General Juan Francisco Lucas”, de la comunidad Vista Hermosa, municipio de Cuautempan, Puebla.

Prof. Fidel Santiago Díaz

Mi nombre es Miguel Santiago Díaz, estamos aquí comisionados en la dirección de la escuela “General Juan Francisco Lucas”, de la comunidad Vista Hermosa, municipio de Cuautempan, Puebla.

Estamos trabajando quinto y sexto grado de primaria, con actividades y proyectos de la UNAM, que lo encabeza la doctora Leticia Gallegos y la maestra Xóchitl.

La intención de trabajar como maestro nace por el acercamiento de familiares, que también son maestros, cosa que fue un poco difícil. Finalmente, por invitación de familiares, tomamos el curso de instrucción y después nos dieron la orden de empezar. A través de este curso de instrucción pudimos entrar al magisterio.

Originalmente somos de Veracruz, con raíces culturales de la lengua náhuatl, la diferencia que yo recuerdo es que los maestros con los que trabajé, en un momento dado se nos llegó a prohibir la comunicación en la lengua materna, y actualmente no es así. Ahora hay medios de comunicación donde se están difundiendo las lenguas indígenas, nosotros de igual manera lo hacemos con los niños, los impulsamos, los ayudamos. Esa es la diferencia que puede existir con el pasado cercano. Jamás le hemos prohibido a ningún niño que se comunique en su lengua materna.

El principal atributo de la educación indígena es el sentido de pertenencia a un grupo étnico, porque sabemos de antemano que los pequeños tienen  problemas educativos o problemas psicológicos si se les prohíbe. Si a mí se me hubiese permitido quejarme en lengua materna hubiera sido un apoyo, hubiera valorado todo esto, mi autoestima hubiera estado bien, pues no es lo mismo llegar a un grupo y decirles que lo que hacen está mal, que no se pueden comunicar en su lengua materna. Lejos de motivar al alumno lo restringen. Yo sufrí discriminación porque nacimos, nos desarrollamos, crecimos en un grupo indígena; en un ambiente, en un espacio donde se hablaba en náhuatl. Llegas a otro grupo en donde te dicen que no debes hablar la lengua, entonces hay un choque.

El proyecto que manejamos es un proyecto de ciencias. En un principio la mayoría nos fuimos con la idea de que hablar de ciencias tenía que ver con aparatos sofisticados, pero el hablar de ciencia no está siempre relacionado a aparatos, sino a desarrollar en el niño diversas habilidades. En el primer curso que tuvimos, el primer tema fue sobre colores. Al hablar de colores pudimos adaptar diferentes contenidos, pues no es lo mismo estar explicando, por decir, la teoría que la práctica. Entonces hay seis colores principales y es donde el niño lleva a la experimentación, combina los colores y de ahí salen otros colores. Manejamos lo que es el círculo cromático; los colores primarios son el amarillo, el rojo y el azul. Entonces no es lo mismo estar explicándolo en español que en náhuatl. De la combinación del azul y amarillo resulta el color verde. Así, como que les queda un poquito más claro. Parte lo explicamos en náhuatl, parte en español; en náhuatl existen los nombres de los colores, pero, por ejemplo, la palabra ciencia, literalmente no existe la traducción del nombre ciencia en náhuatl, como muchas otras palabras. Entonces vamos adaptando.

Hay muchas satisfacciones. En primera, ver cómo existe el interés en los niños por trabajar, el interés que le ponen ellos, el entusiasmo, es la más grande gratificación que uno puede recibir. Y luego, también, aunque nosotros hemos estudiado carreras, a veces descuidamos la parte de la ciencia. Si no contamos con recursos materiales, por ejemplo, en una cosa muy sencilla: “¿cómo podemos alcanzar a ver los objetos?” A veces uno no se plantea eso, uno no llega a preguntárselo. Sin embargo, con la explicación de los recursos que hemos aprendido, hemos logrado disipar muchas dudas. ¿Cómo podemos observar las imágenes? Con los ojos, sí, pero ¿cómo los vemos? Bueno, en primer lugar con la luz, esa luz llega al objeto y se proyecta, parte de esa luz llega a los ojos y es como podemos observar los objetos. ¿Y en la oscuridad podemos ver los objetos? No, entonces necesitamos luz. Como maestro, al ver el interés de los niños, es gratificante.

Lo primero ha sido acostumbrarnos a ver los conceptos que se manejan en la ciencia, quizá no sea un obstáculo, pero es en lo que deberíamos de tener más cuidado. En el inicio del ciclo escolar ¡cómo batallamos con los libros de texto!, no llegaron a tiempo. Fuimos a la Corde y, como estaban con la reforma educativa, resulta que los libros que nos enviaron eran del año pasado ¿cómo vamos a trabajar así? La prioridad del gobierno es la tecnología, pero si no tenemos equipo de cómputo, cómo vamos a trabajar el tema de tecnología. Actualmente está de moda trabajar con páginas de internet, pero no tenemos computadora, no tenemos red de internet. Tenemos enciclomedia, pero no han venido los técnicos para arreglar los aparatos de enciclomedia, los aparatos no sirven. La tecnología es una parte difícil. Y lo otro: la dotación de materiales.

Si hubiera nivel Secundaria bilingüe estaría súper bien, si hablamos de la vinculación de los tres niveles y otros grados superiores, incluida la universidad. Ahora existe la vinculación de educación básica, hay alumnos de preescolar, de primaria, que hablan una lengua materna, una lengua indígena, pero van a la secundaria y van a conocer una lengua extranjera. Entonces no hay una vinculación ahí. Ahora, hablando de proyecto formativo, okey,  nosotros como maestros de primaria indígena aprovechamos todos los medios, pero le digo, van a la secundaria y ahí ya tienen que ver otras realidades. Y estaría bien que la secundaria ya existiera.

Pero estoy contento, en primero yo agradezco la respuesta de los padres de familia. Cuando llegamos aquí comenzamos con tres compañeros, en la escuela no había alumnos, había que traerlos. Nosotros siempre nos hemos alejado de los prejuicios, del que dirá la gente, invitamos a los padres de familia y hubo una buena respuesta de alumnos, tenemos setenta y dos alumnos. Cuando entramos hace tres años había como sesenta alumnos, espero que en el siguiente ciclo tengamos un poquito más. Siempre hay diferencias, como en cualquier lado, pero aquí nos hemos apoyado como compañeros, como maestros y como amigos también. Nos hemos apoyado, no puedo hablar mal de mis compañeros, recibo un gran apoyo de ellos. Y bueno, también tenemos esta fuerza de contar con materiales de la autoría de los maestros de la UNAM y de la UPN, sabemos que estos materiales son de alto costo.

Escuela Primaria “General Juan Francisco Lucas”, de la comunidad Vista Hermosa, municipio de Cuautempan, Puebla.

Prof. José Alaya Sánchez

Mi nombre es José Alaya Sánchez, soy docente, atiendo primero y segundo grado, que es primer ciclo, la escuela es “Juan Francisco Lucas”, de la comunidad de Vista Hermosa, municipio de Cuautempan, Estado de Puebla.

Llevo once años de servicio, en esta comunidad apenas tres años, en el mismo sistema de educación indígena. Yo hablo la lengua indígena. Mi primera lengua es náhuatl. Estamos llevando a cabo con los alumnos una asignatura que es la lengua indígena y ahí hemos explorado con los niños algunas cosas sobre la naturaleza, la explotación de la naturaleza, todo en lengua indígena.

Estuve en escuela bilingüe en la ciudad de Cuetzalan. En mi caso cursé en esa escuela que era telesecundaria y donde los maestros aprendieron a hablar náhuatl, pues su primera lengua era el español. En mi caso fue mi formación. En ese caso todavía no conocíamos, estamos hablando del 80, cuando todavía no había educación indígena en mi pueblo, pero ya después llegué a la telesecundaria y pude estudiar. Y fueron muchos los maestros de México que vinieron y lo vieron.

Yo soy producto de este sistema. Sobre todo puedo comentar algo respecto, ya que yo también estudié en una secundaria donde se hablaba la lengua indígena, participé como alfabetizador en el INEA donde tuvimos talleres, hemos compartido con los niños narraciones, palabras cortas, algunos cuentos, leyendas sobre todo. Hablamos ya de narraciones, que sé yo. Prácticamente hemos explorado, hemos trabajado, respetando nuestro medio ambiente. Y en este caso tenemos, por ejemplo, aula de ciencias, la pintura sobre todo. Hemos platicado, dialogado con los compañeros, del por qué no llevamos otro proyecto, por ejemplo, de reciclaje de papel, para mejorar nuestro medio ambiente, porque hoy en día escuchamos sobre la contaminación, el calentamiento global. De ahí podemos partir con los niños indígenas náhoas, con su maestro de educación indígena, para fomentar un proyecto. Yo puedo manejar este proyecto porque yo trabajé en un caso de reciclar papel ¿y con eso qué podemos hacer?, pues no contaminar el ambiente. Y lo queremos hacer con los tres compañeros, pero se necesita un respaldo, trabajar con algunos compañeros, amigos, amistades, en este caso ustedes, si nos pudieran echar ese apoyo, la mano con ese proyecto. Vemos mucho papel tirado, inclusive los plásticos y, bueno, recogerlos y reciclarlos.

Sobre todo ganaríamos un recurso y un apoyo económico para comprar algunas cositas, por ejemplo una licuadora, cestos, algunas telas de maya, que tienen su marco para la hora de hacer un taller, decirles a los niños: “lo vas a levantar así”, explicarles. Una lámina, que es una hoja de aluminio, se pone ahí, se seca el papel y se le ponen algunos colorantes. ¡Chulada de papel que sale!, tipo serigrafía.

En esta comunidad, la verdad, se carece de recursos. Hay mucha emigración. Y precisamente hablando de este proyecto, si se logra, de solicitar un apoyo, por ejemplo, de la presidencia municipal para que también la gente no emigre, porque también de ese modo los niños se quedan solitos.

Escuela Primaria “General Juan Francisco Lucas”, de la comunidad Vista Hermosa, municipio de Cuautempan, Puebla.
Prof. Martín Arenas Cabrera

Mi nombre es Martín Arenas Cabrera, me encuentro trabajando con los niños de segundo ciclo, en tercero y cuatro, en la asignatura de matemáticas. Estoy relacionando las operaciones básicas: suma, resta, multiplicación y división, en ambos grados. Para ello estoy aportándoles algunos materiales. De hecho, estoy trabajando con lo que es la lección cuarenta y cuarenta y dos, en ambos grados, y la actividad se refiere a las cuatro operaciones básicas. Y en una lección dice “lecciones de repaso”; qué es el perímetro, la suma, la resta, fracciones, entonces estoy repartiendo unas tarjetitas pequeñas de hojas blancas en las que ellos están fraccionando, porque la lección pide la fracción de un tercio, pero de diferente forma. Están las figuras, pero ellos las tienen que marcar. Esa es una. En otro, en tercer grado, la identificación de eso y el trabajo de lo que son los precios de los productos.

Aquí se habla en forma bilingüe, en español y en náhuatl. Yo lo trabajo de las dos formas. Hay niñitos que no son totalmente monolingües en náhuatl, sino que lo trabajo en español, pero con el que no lo entiende me dirijo a ellos en náhuatl.

Entonces “vamos a trabajar con esto, cómo le van a hacer, de qué forma”, el niño trabaja en náhuatl en la forma que yo le explico, pongo los números, que de hecho tercero y cuarto son secuencias numéricas, el antecesor y sucesor, entonces les explico del uno al diez, que es la base en náhuatl. Así se los pongo y después les pido que lo escriban en su cuaderno y que lo repasen, porque es el repaso lo que hace la práctica. Que en su cuaderno escriban de una forma más directa, “obsérvenlo, léanlo, para que se les vaya quedando aquí en la cabecita”.

La principal ventaja del idioma materno es que entienden mejor, trabajan de manera correspondida, porque de que les explica uno en español, los que entienden bien, hacen esto y hacen otro, hay niños muy habilidosos, pero hay niños que son de lento aprendizaje, ellos lo hacen más despacio y otros que no lo entienden en español, a ellos les hablo en náhuatl y corresponden a lo que uno quiere. Algunos no lo quieren realizar por ciertas razones, porque en primera puede que no les interese, pero dependiendo también de la forma en que nosotros les expliquemos es como van a trabajar, y claro, la motivación.

Obstáculos. Que cada uno manipulara el objeto, la situación que se está trabajando de acuerdo a su motivación, al interés con que se tomen las cosas, que los satisfaga, que digan “esto que estoy viendo para qué me va a servir, en qué lo voy a utilizar”. Estamos trabajando con ellos la famosa reforma, que pide cosas que al niño le llamen la atención, “para qué les va a servir”, eso también se les explica.

Estamos llevando documentos en donde tenemos que trabajar con la lengua náhuatl, componiendo lo que son cuentos, leyendas, fábulas, mitos de lo que tenemos mucho en la comunidad. Lo que son las famosas leyendas. A ellos los motiva mucho lo de La Llorona, y se explayan escribiendo en náhuatl y español lo que ellos observan. “Maestro, es que arriba de mi casa se aparece un perro negro, pero de repente lo vemos, después volteamos y ya no está”. Entonces de eso hablan, eso es lo que los motiva.

A los niños cómo les encanta cuando digo esto: “maestro esto, maestro lo otro”. Ahora sobre esto escríbemelo. Pero son  cortantes en su expresión, entonces les motiva uno, bueno yo así le hago al hacerles preguntas para que ellos se expandan en su versión. “A ver, si viste ese perro, cómo lo viste, en dónde lo viste, de qué color era, cómo era”.

Sí, nosotros les damos o trabajamos de esa forma, buscando estrategias, esas son las estrategias, el encaminarlos a las formas en que ellos van a hablar. Motivándolos, dándoles esa confianza, ellos hacen maravillas, lo que se les dificulta en sí, y hasta a nosotros los adultos, es que no estamos acostumbrados a escribir. Tenemos ideas, pero no las desarrollamos en escritura, a la hora de escribir es difícil. Pero bueno, se está empezando con las famosas narraciones de niños y niñas indígenas. Entonces,  últimamente, lo trabajé con quinto y sexto, el maestro se ausentó por un problema y lo trabajé con ellos. Les dije: “ustedes escriban, porque si ustedes no escriben, ese es el problema, cuándo vamos a empezar”. Echando a perder se aprende, así inician todos los escritores.

Debes partir de lo que sabes, una vivencia que hayas tenido. Yo, con toda sinceridad, le digo que eso hago. Porque yo soy muy enfático en eso. “¿Qué creen?”, “¿Que pasó, maestro?”, “les voy a contar una anécdota, una vivencia que me pasó”. Entonces con eso les inyectas confianza, a algunos en español y algunos en náhuatl. Llego y motivas al niño. “Maestro, no le quiero contar”. “Cuéntame”. Y lo hace. Entonces ahora ya viene lo bueno, cuando le digo; “ahora escríbelo, ya lo contaron, ya lo tuvieron en palabras, ahora escríbanlo”. No es difícil. Entonces lo hacemos de esa manera; claro, los libros son apoyos importantes, ahí vienen algunas formas, la comida ahí está, la receta, cómo lo preparan en mi casa, le ponen tal cosa; no, en mi casa le ponen esto y lo otro. Esa es la forma.

A mí siempre me gusta hablar y, repito, cuando un maestro se da a conocer, se identifica ante la ciudadanía, ante el individuo tal y como es, la gente se acerca, se explaya y dice: “oye esto, oye lo otro”. Inclusive en los niños, te llaman: “maestro, vamos a jugar a esto, vamos a hacer esto, te invito a esto”. Por lo mismo, de que uno muestra su identidad, tal y como somos, a ellos se les da seguridad, confianza. N`ombre, son bien lindos, son muy lindos.

El principal problema es la escritura de la lengua náhuatl, de que últimamente tenemos llamados de supervisión en donde se nos han dado talleres de lengua indígena, en nuestro caso en náhuatl, pues no tenemos, se nos está dando apenas a conocer la gramática, llamémosle así, que son 18 grafías. Hay materiales impresos pero que vienen de otra región, donde se utiliza otro tipo, una variante del náhuatl. Entonces a mí me gustaría, aunque ya estamos implementando algunas estrategias, decirles cuántas grafías se utilizan, pues hay confusión inclusive en el alfabeto. Y el famoso abecedario, “que el abecedario son tantas letras”, y “en la gramática son 16 grafías”; pero bueno, la práctica hace al sabio. Y la discusión y el análisis porque el niño escribe, como puede escribe. Lógico, los grandes escritores lo dicen: el niño escribe pero no como debe de ser, debemos matizarlo, decirle, subrayar, alimentarlo. Entonces esa es mi inquietud, tener material adecuado al contexto. Esa es una de las inquietudes que hemos tenido nosotros los profesores, que los materiales estén de acuerdo al contexto, partir de lo que el niño sabe para subir, pero no de allá para acá, sino de aquí para allá. Por ejemplo, le dices: “dibuja al avión”, lo ha visto de  muy lejos, pero no lo manipula como un niño de la ciudad, pues un niño de ciudad casi lo toca; pero si les dices: “dibuja un conejo”, ahí está. “Dibuja la víbora”, como sea la dibuja. “Ahora ponle su nombre, que la ortografía”, nosotros somos los que decimos: “mira, qué te parece esto que te subrayé, hay que cambiarle”, entonces son formas de cómo enlazar al niño para que él enriquezca su aprendizaje.

Ficha:
Escuela “Juan Francisco Lucas” de la comunidad náhoa de Vista Hermosa, Municipio de Cuautempan, Puebla
Dir. Prof. Fidel Santiago Díaz
Prof. José Alaya
Prof. Martín Arenas Cabrera



Fotografías de Cuautempan (desde Vista Hermosa)  tomada de http://mexico.pueblosamerica.com/foto/cerro-verde-ejecatepeco

viernes, 11 de agosto de 2017

¿Es posible cuestionar una tradición?


1

Regresamos de la sierra de Guerrero donde estuvimos seis días conviviendo con los amuzgos y los mixtecos del municipio de Tlacoachistlahuaca. Por supuesto, la experiencia valió mucho la pena y conocer la opinión directa del presidente municipal amuzgo no tuvo desperdicio; todo eso lo pondríamos en una página de internet, junto a las demandas de los ejidatarios y las artesanas (artistas de alta graduación que viven la gran paradoja de hacer la artesanía más cara -huipiles hermosísimos de hasta tres mil pesos- en una de las zonas más pobres del país), de líderes mixtecos que pugnan por una remunicipalización, de amas de casa, y médicos y jóvenes amuzgos.

Una mañana nos sirvió el almuerzo una joven llenita de edad indefinida. Nos fuimos a trabajar y, en la tarde, mientras lanzábamos el balón a una eficiente cancha de básquet techada e iluminada en el centro pleno de Tlacuachistlahuaca, la cabecera del municipio homónimo del estado de Guerrero, la joven se presentó con un muchachito y comenzó un intercambio de saludos basquetbolísticos muy agradables. Al rato nos pasábamos el balón, canasteábamos juntos. Me encantó la libertad de esa muchacha para acercarse a los “extranjeros” que estaban haciendo investigaciones en el pueblo con apoyo del presidente municipal, su desparpajo deportivo para intercambiar sustancias afectivas con los desconocidos.

Afuera de la presidencia se nos acercó al fotógrafo Rafael Bonilla y a mí una jovencita de la edad de mis hijas, adolescentes todas. Nos interrogó hasta que pudo satisfacer su curiosidad sobre nuestra presencia en su pueblo. A ella le gustaría estudiar para terapeuta, había hecho prácticas con el hijito de su prima y le gustó ayudar a la gente con necesidades especiales. Muy avanzada la chiquilla, pero al borde de la asfixia en una sociedad tan cerrada como la de “Tlacoachis”, como llaman cariñosamente los lugareños a su pueblo, uno de los lugares más ruidosos en los que he estado en mi vida. Urgida de salir siquiera a la ciudad más cercana a estudiar la preparatoria. Vivir en Tlacoachis, aunque hermoso, es como vivir con una gran familia constituida por todo el pueblo que las cuida en exceso y no se puede tener novios ni amigos porque la presión de la sexualidad amosca las relaciones y entorpece las transacciones.

La marginación del pueblo, que fue el primer pretexto que nos llevó a esa región de la Montaña no está precisamente ahí, la verdadera marginación de las estadísticas se halla en otros pueblos del mismo municipio que se  encuentran detrás de una enorme sierra más allá del polvo, retirados que todo, que carecen de lo más elemental y viven en poblaciones fantasma habitadas por mujeres de miradas tristes y desconfiadas. Son los mixtecos de Pueblo Viejo en el norte del propio municipio de Tlacoachistlahuaca, claramente distintos de los amuzgos que gobiernan en la cabecera municipal, a cinco horas de distancia por un camino de terracería con segmentos muy escabrosos. Ellos también se sienten apartados de todo, los mixtecos vecinos son oaxaqueños, la comunicación con los amuzgos no es óptima, insisten en la creación de su propio municipio.

La creación de un municipio en la parte norte de Tlacoachistlahuaca, a pesar de ser un tema político que debe ser tratado con discreción, es un tema ineludible que, bien pensado, puede traer beneficios para todos. Están claras las distancias que hay entre las autoridades de la cabecera y los pueblos mixtecos de Pueblo Viejo, por lo que tampoco es difícil pronosticar que no podrían llegar a un buen acuerdo. La separación municipal ya existe en Tlacoachistlahuaca, ayudaría mucho que se hiciera a través de la ley y pudiera dar a esta población la dignidad que les ha sido arrebatada por la marginación y el abandono, que ha terminado redundando en un alcoholismo masivo de los hombres, que desde la mañana que los visitamos, mientras trabajaban en una zanja de drenaje, ya estaban alcoholizados; al despedirnos, seis horas después, todos y cada uno estaban inconscientes de borrachos sobre la acumulación de tierra de la propia zanja, jaloneados por sus pequeños hijos.

Ojalá que, al menos, que en este municipio de la costa chica guerrerense los programas de ayuda a la pobreza hicieran algo adicional para mejorar las condiciones de vida (política, moral, cultural) de estos compatriotas mixtecos que habitan la región de Rancho Viejo, no siempre son pisos firmes y letrinas lo que necesitan, sino comprensión cultural, que deviene política y legislativa.

2
Albergue Santa María la Magnífica

Mientras hacíamos el balance de nuestro viaje a la sierra leí en El País sobre el asesinato de un sacerdote español en Brasil que me hizo pensar en Joan Armell Benavent, misionero en Rancho Viejo, a quien visitamos con motivo de una página de Internet municipal. En Brasil, Ramiro Ludeño y Amigo, de 64 años, se dedicaba hacía 34 años a sacar los niños de la calle en Pernambuco de Recife, en el norte brasileño. Todos lo querían, no se explican las razones que pudiera tener un adolescente de 15 años para asesinarlo.

Joan también se dedica al trabajo social con niños y adolescentes en ese pueblo mixteco de la sierra guerrerense, en una de las regiones más pobres de México. Tiene un albergue llamado Santa María la Magnífica. La entrevista la tuvimos en el comedor del albergue, después de cruzar tres habitaciones-pasillo en la que había literas para una buena cantidad de gente, quizás veinte personas. Joan es un hombre de la edad aproximada al sacerdote español asesinado, posee unos ojos interrogantes y habla con una fluidez casi nerviosa, acelerada. Es capaz de hablar durante largo tiempo.

“Vamos a cumplir diez años desde que estoy aquí en la misión pero la misión lleva trabajando ya cerca de 20. La misión se llama Misión Católica de Rancho Viejo, pertenece a una misionera Ekumene, de España, es un movimiento de gente laica comprometida, somos gente laica no clérigos, sino laicos comprometidos, yo pertenezco a misiones, por lo que lo mismo podría estar en África”.

Llegó con la ilusión de levantar el nivel cultural, es el cuarto misionero en este lugar. Ha estado solo los últimos cinco años.

“El mixteco es como chino. Para hablarlo correcto, o naces aquí o se te tienen  que dar muy bien las lenguas. Nosotros tuvimos un filólogo voluntario que estudió la lengua y se hizo el diccionario y el método para aprender mixteco”. Pero reconoce que no entiende ni una sola palabra. Por el momento tiene albergados a 25 estudiantes y aclara que las literas no son de ellos, pues los jóvenes cuentan con habitaciones. Las literas “están para gente como ustedes, que tienen que dormir una noche o dos, los maestros que trabajan en los alrededores vienen aquí y duermen. Gente que sube y tiene que ir y hasta los pueblos, duerme aquí hasta que llega ´la ruta´. También tenemos servicio de baños con agua corriente, con sanidad”.

Joan nos explica cómo este tipo de misioneros están centrados en dos tareas, como obra ecuménica: una, ayudar en la alfabetización de jóvenes y adultos del pueblo. La otra es ayudar a que los jóvenes estudien la secundaria, para lo que los alberga y alimenta. Pero hace muchas otras cosas más: “también en la cuestión de la ambulancia del pueblo, bajamos gente, que hay urgencia, que vamos al hospital, un picado de alacrán, aquí tenemos suero, vacunamos animales, gallinas, cerdos para que no se enfermen. A ese nivel nos movemos. Y como iglesia damos las catequesis que el párroco nos pide, catequesis para bautismo, para confirmación, para primeras comuniones, para matrimonio. Ahí nos movemos y nos ocupa totalmente el espacio para no dedicarnos a nada más”. 

Zona se refugio

Las manos de Joan Armell Benavent, con los dedos juntos, definen un punto específico de la mesa, trata de explicarnos lo que entiende como zona de refugio, como si tratara de explicárselo a sí mismo.

“Empecemos por distinguir esto como una zona de refugio. Ellos (los mixtecos guerrerenses) han venido huyendo para no contaminarse con otras culturas y preservar la suya. Empezando por ahí ellos se han cerrado mucho, no quieren que desde afuera vengan a decirles qué tienen  que hacer y cómo lo tienen que hacer. Entonces, la gente de montaña es cerrada, como en todas partes del mundo, pero aquí un poquito más. Los amuzgos están más abiertos porque replegaron a la otra civilización, al blanco, a ciertas costumbres, y han evolucionado mucho más, limpios, etcétera, se les ve más educados. Sin embargo, el mixteco ha ido huyendo porque no quería que les llegaran otras culturas, que les dejasen sus costumbres, y tienen algunas tan ancestrales que te recuerdan la edad de piedra. Pero no han salido de ahí. Son gente que tiene que evolucionar y por eso nosotros estamos trabajando, no para evangelizar, sino para ayudar a que estas mismas generaciones jóvenes, al tener más cultura y sepan más del mundo, puedan comportarse de otro modo y dejar ciertas tradiciones que ya ellos mismos no le encuentran sentido”.

No comparto su opinión, pero la comprendo. Por diez años ha enfrentado cotidianamente la resistencia de los mixtecos para asumir lo que generosamente llegó para otorgarles: catecismo y educación, ante la pasmosa indiferencia del gobierno. Pero los avances son tímidos, simbólicos, algunas generaciones de egresados de la secundaria que imparte en el albergue, algunas mujeres catequizadas. El resto de su obra se ha dispersado en el volátil calendario de la década, eso sí, día por día. Cuando no falta un herido o un enfermo de peritonitis que hay que llevar corriendo al hospital, a tres horas de distancia, hay que arreglar algún litigio entre familias. Los proyectos le brotan de la boca, pero no tienen eco, caen en la mesa como granos de maíz estéril y rebotan para morir sin la esperanza de un arado. Cuánto trabajo tiene y que tan solo está Joan, con sus sesenta años a cuestas y una nostalgia bárbara por su querida España. Qué extraño el ecumenismo cristiano que practica Joan, luminoso y ciego a la vez.

Mujeres en venta

Entre los mixtecos de Rancho Viejo, Guerrero, de acuerdo con el misionero español, es común que los litigios se resuelvan con el pago de una cuota de dinero. Sean lesiones físicas o morales, la gente paga y lo arregla en un convenio presuntamente tradicional. Así ocurre también con las jóvenes, a veces niñas, que son intercambiadas entre padres y yernos por una suma especulativa que siempre rebasa los quince mil pesos y que llega a tasarse en sesenta mil, la famosa dote, que se ha convertido en una tradición de venta infantil operada por sus propios padres. Esto ha golpeado hace décadas la situación de los jóvenes, de los novios de Rancho Viejo, que no pueden tener relaciones normales de muchacho a muchacha, pues los intereses en ellas depositados provocan una vigilancia extraordinaria que redunda en la falta de libertad, una implacable represión sexual de los jóvenes que, al casarse por fin, al comprar una buena esposa, actuarán igual con sus propias hijas que los adultos anteriores. Joan Armell Benavent, que ha observado al pueblo de Rancho Viejo con paciencia científica y voluntad religiosa, nos dice sobre esas transacciones.

“Para mí es una compraventa aunque ellos dicen que no, pero el hecho es que es un trato de compraventa y los tasan, llegan a un acuerdo y la costumbre es que se vienen a vivir los dos a casa de los padres del muchacho, ella sale de la casa. Dicen que es una compensación a los papás y tal, yo desde afuera lo veo como transacción. Llegan a un acuerdo, tanto dinero por ella, cincuenta, sesenta mil, luego tienes que dar la fiesta para la familia, matan res y les sale muy caro.
“Aquí yo he tenido la experiencia con unos muchachos jóvenes que se casaron; la muchacha quería seguir estudiando y venía a la secundaria, pero acabó dejándola cuando él se emborrachaba y hablaba lo que sentía, decía que se fuera a la casa, que había pagado por ella, que tenía que echar las tortillas, y al final lo abandonó. Entonces tienen  ese sentido de propiedad, la quieren para que les sirva, para que sea su esclava, tener muchos hijos, disponibilidad absoluta y no la dejan salir de la casa más que para lo estrictamente necesario”.

Joan me mira con unos ojos resignados, frente a un asunto para el que nadie parece tener una solución.

“Creo que definitivamente no mejorará esta gente con este sistema. De hecho, cuando han empezado a cambiar y vivir un poco mejor ha sido las familias que se han ido al otro lado y regresan. Arreglan sus casas, se compran camionetas y comienzan con un negocio. Lo demás que les llega claro que lo agarran, todo lo que les ofrezcas, pero eso no madura a la gente”.

3
Una solución tangente (¿o accidental?)

Una solución tangencial al desesperado panorama encontrado en el norte de
Tlacoachistlahuaca, Guerrero, culminó en mi caso algunos años después con una historia feliz, contrastante con las anteriores. Me la contó el profesor Jesús Adán Méndez Gastélum, asesor escolar de diez escuelas en la región costa de Hermosillo, Pesqueira y Carbó, Sonora, en medio de una nube de moscas y un calor infernal de 42 grados centígrados.

Es la historia de una familia de la zona mixteca de Tlacoachistlahuaca, la región de Pueblo Viejo, que terminó en los campos de cultivo de Sonora bajo el resguardo autoritario de un abuelo que hacía funcionar a la familia como clan. Pero algo ocurrió, una feliz coincidencia de varios hechos que el maestro Méndez Gastélum me platicó a detalle:

“Había una familia muy numerosa, era un patriarcado en esa familia, el abuelo se hacía cargo de todo, de todo; del sustento familiar, del equilibrio emocional y de la estructura familiar; él era juez, él era todo ahí. Juan Ponce se llamaba el señor y provenían todos de un municipio de guerrerense llamado Tlacoachistlahuaca. Eran mixtecos. Nunca se me van a olvidar.

“Los días de raya él se presentaba en ventanilla y exigía el pago de todos sus hijos y de todas sus nueras que habían estado trabajando, entonces él administraba económicamente y el día sábado salían a comprar la despensa de toda la familia. Llenaba una camioneta de materiales y de alimentos y el mismo sábado en la tarde preparaban una comida grande, carne, huesos, una comida típica de por allá de su tierra. Rentaba un taxi e iban por eso. Todos los sábados eran día de fiesta para ellos, porque era una alegría grande, un premio después de tantas jornadas de trabajo de toda la semana, porque la gente viene a gozar de un rayito de sol y a ganar dinero. Entonces me sorprendió la economía que tenían, porque lograban mantener cierto nivel, guardaban su dinero y tenían lo suficiente para subsistir; no ambicionaban lujos de ningún tipo, no se compraban ropa cada ratito, pero comían bien. Había cierta conformidad de todos, menos de tres niñas que estudiaban con nosotros. Las niñas no se mostraban conformes, porque en la escuela se dieron cuenta de que hay otras formas de vivir, hay otras formas de pensar; una maestra que compartía un grupo conmigo les fue inculcando ideas más modernas, las niñas se dieron cuenta de que tienen derecho a disfrutar de lo que ganan, y que si necesitaban algo también tenían derecho a exigirlo. Las tres niñas aprendieron a hablar español en mi grupo, pero eso fue lo interesante de ellas, que lo hicieron en forma de un intercambio. No hablaban casi en el grupo, pero cuando les propuse que me enseñaran ellas su idioma y yo les enseñaba el español, ellas se mostraron muy interesadas. Les pareció correcto, un buen trato. Y lo hicieron muy bien, aprendieron. Yo no puedo decir lo mismo, porque tenía entrelazados otros idiomas, entonces me era difícil aprender todos, pero sí las instrucciones básicas, las sabía comunicar. Me comunicaba con ellas y me ayudaba con el diccionario. Ya, después, para las niñas no fue suficiente el español, ellas querían aprender inglés también. Y ahí entra el compromiso de uno ¿no?, porque, pues, había que investigar también.

“La mayoría de estos niños, hijos de los migrantes que circulan por los campos de cultivo de nuestro país, son muy inteligentes, pero lo que tienen ellos es una gran facilidad de adaptación, a donde vayan se adaptan rápidamente por la misma migración, han estado en tantos lugares que han aprendido a adaptarse, a incluirse ahí dentro del contexto. No quedan ya relegados como en años anteriores, se agregan  a la comunidad, el hecho de poder hablar ya en español les abre las puertas. Antes no era así, cuando yo inicié era muy frecuente ver a muchos niños que solamente hablaban lengua indígena, ahorita la mayoría desarrolló la habilidad de comunicarse en su lengua originaria, aparte en español y otros en inglés.

“Las niñas que le comento, a estas alturas ya tienen 18, 19 años, ya hablan inglés también y cruzan la frontera, van y vienen, nos visitan donde estemos, van y nos buscan y nos comentan sus anécdotas de por allá. Esas niñas, gracias al desarrollo que tuvieron en la escuela, a la visión que lograron ampliar, evitaron ser parte de esa tradición, muy de allá de Guerrero, en  la que venden a las hijas. De hecho ellas ya estaban negociadas, ya estaban tratadas, pero un día sucedió algo muy especial que le abrió los ojos al abuelo y dijo: “no, yo no vendo a mis hijas, no vendo a mis nietas”.

“Un día, uno de sus nietos andaba jugando arriba de un esquite, se tira para bajarse y cae de rodillas, se levanta y se va. En la tarde-noche al niño se le empieza a inflamar la rodilla, lo llevan al hospital al día siguiente, allá en el hospital no hallaban qué había sucedido, le hacían radiografías, le buscaban por una parte y por otra y no hallaban la enfermedad, fue hasta que ya le hicieron estudios más profundos que encontraron una pequeña espina en el cartílago de la rodilla; el detalle era que no sabía cómo hacerle saber esto a los familiares, los doctores tenían la idea de amputarle la pierna al niño. La mamá era indígena, no hablaba español, el abuelo hablaba muy poquito el español, fue ahí donde entró en funcionamiento lo aprendido en la escuela, las niñas se convirtieron en el principal intérprete entre el doctor, el abuelo y la mamá. Después el doctor dijo: yo ya no quiero hablar ni con la mamá ni con el abuelo, con ustedes. Entonces ellas se encargaban de la receta, de darle la dosis de medicina, y ya cositas que no entendían me involucraban a mí, como maestro, para saberlo.
Entonces eso le abrió la mente al señor y dijo: “no, mis hijas valen mucho más, no las vendo, valen tanto que no las vendo”. Y eso a mí me dio muchísimo gusto y a  las niñas también, porque de ahí en adelante se les dio otro trato, se dio un estrato más alto para ellas, uno que quizás no se les dio ni a sus hermanitos y sus hermanos mayores, que ya las miraban con respeto, como quien mira un licenciado que va cruzando una calle, así las miraban y a partir de entonces ellas tenían voz y voto en la familia, estaban a la altura del abuelo y ellas se encargaban ahora de la despensa, de hacer la ración; lo que uno les explicaba en la escuela lo estaban aplicando ya en la familia, ellas hacían el presupuesto, decían cuánto iban a gastar, decían cuándo iban a rayar y cuánto les iba a quedar.
Lo sorprendente de esa familia es que tenían un autocontrol, no exageraban en los gastos y siempre tenían una manera de ahorrar, una reserva. En una ocasión uno de los hijos se enfermó, se le cerró la garganta, se asfixió y murió. El señor no quiso sepultarlo aquí en Sonora, que murió en el hospital general de allá de Hermosillo; buscó la manera, le ayudé para que lo subiera a un avión y así lo trasladó y fue a sepultarlo allá a Guerrero.

Pero las niñas, a partir de entonces, fueron otra cosa.



Este artículo fue publicado en la revista Elementos, ciencia y cultura, Núm. 104, Vol. 23 Octubre-Diciembre, 2016, pp. 41-47 con el nombre de Historias de la Sierra.