Los arquitectos tienen la responsabilidad de pensar en la belleza y el confort de los edificios que construyen. Sabemos que no siempre lo hacen. Presionados por sus superiores diseñan multifamiliares infames con viviendas ínfimas donde ellos nunca estarían dispuestos a vivir. No es la única profesión que falla a los mexicanos; ingenieros que construyen obras malas e inseguras; abogados que nos esquilman, policías corruptos, políticos tramposos, funcionarios vividores, académicos que nomás nadan de muertito, todos solapados por nuestra increíble pasividad. Las profesiones a merced de sus patrocinios. El poder político en México tiene ese defecto de origen, nació junto a las demás consecuencias de la Revolución , cuando esa bandada de pillos sonorenses tomaron el poder y establecieron las bases de lo que sería nuestro institucional país, lleno de sindicatos amafiados, autoridades cínicas y una mediocre burguesía apegada a la vida occidental, vacua y ambiciosa, pero sin el compromiso...