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Mostrando entradas de abril, 2017

Monsiváis en la ENAH

A mediados de 1984 se publicó un libro de chismes llamado Juan Gabriel y yo , que mostraba al Divo de Juárez en una cama muy contento y bien acompañado por el autor. Durante ese año tomamos una materia con Carlos Monsiváis y nos burlábamos de hacer un balance del curso con el nombre de Monsi y yo , la portada iría ilustrada con una buena caricatura del Monsi, pero no hicimos ningún balance, tarea ni nada académico en los dos semestres que duró el periplo por la geografía de ese honor concedido, que a diferencia de Juan Gabriel, no llegó a la cama y menos a los tribunales. Nos reunimos una vez a la semana durante dos semestres en la escuela de restauración de Churubusco –“cerca de una estación del metro” –condicionó Monsi cuando hablamos del lugar, no estaba dispuesto a ir hasta la ENAH. Leímos autores alemanes sobre cuestión nacional y nos hizo muchas recomendaciones de lecturas mexicanas. Nos preguntó sobre los Magníficos y su libro crítico a la antropología mexicana, pero ni...

Cambio de piel

Tras sesenta años de uso, notarán ustedes que dejo atrás mi pequeño nombre de Polo para denominarme en lo sucesivo Leopoldo, por así convenir a mis intereses y la prosapia de mis canas, ese largo y pretencioso nombre de origen germánico que por desgracia rememora a muchos sátrapas belgas que tiranizaron a sus pueblos y colonizaron África con fuego y espada, aunque siempre estarán Alas Clarín y Lugones para renovarme la sonrisa. Y mi abuelo Leopoldo, por supuesto. Dicho lo cual, ahí me ven, aquí me ven y aquí me tienen. Yo sé que esto no tiene la menor importancia para el lector, a quien debe darle lo mismo que me llame Moisés o Galeano (o Marcos, que está vacante de momento), pero quisiera que comprenda lo mucho que significa para mí, es una nueva identidad, una renovación, un nuevo cambio de piel (Texto completo en el otro blog).

De santos y religiones

Existe una leyenda inducida en los pueblos por los frailes católicos para justificar la nominación de un santo para una comunidad. En todos los casos el santo se apareció en un paraje cercano y pidió la edificación de una iglesia, que invariablemente le fue concedida con diligencia. Es lo único que queda de la mayoría de pueblos originales de la república mexicana, una digna iglesita que engalana los centros históricos de comunidades muy lejanas de la inmensa geografía nacional. Los frailes se salieron con la suya, pero es ahí donde entran los asegunes, pues los pueblos adoptaron con naturalidad la religión católica y la amoldaron a sus propios festejos, que convenientemente coincidían en los más importantes. Daba lo mismo llamar Guadalupe a Tonzntzin para un cuicateco de Santa Cruz Zenzontepec, Oaxaca , cuando sus creencias le permiten adorar y ofrendar a sus otras deidades como la santa Abuela, el santo padre Dios, la santa madre Tierra, la santa madre Luna, los dioses del Agua,...