El sueño de nuestros liberales del siglo XIX acaso se hizo realidad muchas décadas después con la educación indígena institucional. Ignacio Ramírez, el Nigromante, que se mostró receloso a cualquier medida “blanquizadora” de la sociedad mexicana, propuso, como lo hicieron Ignacio Manuel Altamirano, Guillermo Prieto, Rafael de Zayas, Gabino Barreda y Justo Sierra, en una larga discusión de cincuenta años, la necesidad de educar al indio para la consolidación de una nacionalidad. Ramírez preveía como todos una fusión de todas las razas en el hombre del futuro: “su sangre será al mismo tiempo africana, esquimal, caucásica y azteca”, adelantándose a la raza de bronce vasconcelista, pero fue el primero y el único en proponer una educación especial para indígenas, en sus propios idiomas, que resultó ser una educación especial demasiado avanzada para siquiera imaginarla en su época. Antes, la educación de los mexicanos tendría que pasar por varios experimentos “emparejadores” que, tras...