En el campo Guadalupe del municipio de Guaymas la cosecha de sandías está en su apogeo, es un día soleado y caluroso como son el promedio de los días en estas tierras del noroeste mexicano. Una sandía despanzurrada a la vera del camino es el festín de unos niños que han comido hasta saciarse y que ahora cometen travesuras clavando palitos en la enorme fruta color tragedia, que yace despedazada. Una vez que se quita la vista de los verdes campos de ajo o cebolla y se posa la vista en el camino o en el resto de los llanos el panorama es café tierra, amarillo desierto. Huizaches y jaras pueblan las lomas aplanadas por la erosión y el viento de la costa del Mar de Cortés. Las sombras son aquí un oasis de sobrevivencia que la gente valora con naturalidad. Es el 4 de septiembre de 2012. La profesora Carolina Zúñiga López y yo nos acomodamos en una estratégica sombra donde están los bebederos de agua del Preescolar Nueva Creación del Campo Guadalupe, municipio de Guaymas, ...