Hace tiempo escribí en otro blog que los mexicanos no sabemos hasta dónde alcanza a restirarse la indignación, pero sabemos que es bastante elástica, duradera y resistente. Una buena indignación la nuestra. Si exportáramos, en lugar de petróleo, indignación, no tendríamos problemas económicos. Es un asunto de mercado, habría que ver la categoría del producto en otras latitudes y actuar en consecuencia. Entonces la causa de mi indignación era la señora Jacinta Francisco Marcial, una mujer ñañhú de 46 años del estado de Querétaro, con seis hijos, encarcelada tres años acusada de secuestrar a seis inocentes policías judiciales amenazándolos con un cucharón de su cocina, puesto que no usó ningún arma. La historia movería a risa si no causara tanta indignación. Le dieron 21 años de condena y entonces ya había cumplido tres. Cualquiera que haya estado cerca de agentes judiciales con sus armas y sus radios de comunicación sabe lo difícil que es, no se diga secuestrarlos, sino siquiera mir...