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Madrecita... padrecito



En Metlatónoc, Gro., bajamos una escarpada cañada hasta una casa junto a un río de breve corriente, bajo la techumbre, al fondo, doña Julia Miranda echa las tortillas junto a su nieta en un enorme comal de un metro de diámetro. Es una ancianita centenaria que viste un vestido blanco sin adornos pero con el sello de la manufactura amuzga, que no es ninguna etiqueta sino una fina calidad en el entallado y la propia tela de fabricación. Nos saluda muy amable y, tras las presentaciones de nuestro traductor español-amuzgo, se sienta en una silla a platicar con nosotros; el traductor y yo también nos sentamos en unas sillas y comienza el intercambio de palabras que el joven Gonzalo Añorbe traduce sin chistar.

Sí usa yerbas para curar.

Dice que ella usa cinco remedios, que son raíces y plantas, pero no sé cómo traducir los nombres de esas plantas al español.

Don Julia habla largamente en amuzgo. Gonzalo traduce: “Dice la señora que hay cinco plantas medicinales, que yo en español no lo puedo traducir, como una raíz, un tallo, plantas que hacen una bebida ácida, y utiliza la albahaca, la raíz del limón y lo mezcla, eso se trasforma en medicina que ayuda a curarse de espanto, a curarse de dolor de barriga, dolor de hueso, de calentura, de sudor; cuando te agarra escalofrío, te ayuda, fiebre fuerte, con sudor, cuando no te puedes levantar. Ella dice que puede detectar en ti si tu enfermedad es enviada por Dios o es creada por otra persona o realmente te espantaste por equis causa. Ella, a través del pulso de tu corazón, de tu sangre, puede detectar el nivel de tu enfermedad. Ella detecta si a ti te queda uno o dos meses de vida.

Doña Julia vuelve a hablar en amuzgo. Gonzalo traduce.

Ella va a detectar si yo estoy enfermo.

La curadora tomó el brazo de Gonzalo y lo palpó detenidamente, y tras sobarlo, lo sopla, le dice algunos rezos en castellano, donde sobresalen palabras como madrecita, padrecito, luego toma su muñeca y mide su circulación sanguínea. Entonces da su diagnóstico. Gonzalo goza de cabal salud. El ejercicio de curación dura unos tres minutos.

Madrecita, padrecito…


Dice que estoy muy sano y que mi sangre corre muy rápidamente. A ver tú, se le dice a unos de los asistentes.

De nuevo hace el rito rezador: madrecita y  palabras inaudibles, padrecito y palabras inaudibles, Jesucristo, padrecito, santo…

Da su diagnóstico y dice que está  muy sano.

Habla en amuzgo.

Lleva más de cincuenta años curando y no cobra. Dice que sus padres no curaban, ni su abuela. Que empezó a curar como a los treinta años, y si tiene 90, entonces lleva sesenta años curando. Supo que podía ayudar a la gente, porque su intención es curar, más que cobrar. Cobra solo a aquellos que tienen para pagar, son los que pagan.

¿Cómo detecta que están enfermos?

Habla en amuzgo. Traducción.

Ella detecta cuando realmente no estás enfermo lo detecta a través del pulso de la sangre. Si corre bien tu sangre, y si tu sangre es débil, no tienes pulso, quiere decir que no estás bien, no estás a tu nivel. Ella detecta cuando una enfermedad es incurable y no hay nada qué hacer, pues su sangre ya no pulsa, esa persona morirá pronto.

¿Si se le debe algo? Se le pregunta, responde en amuzgo.

Le tengo que dar veinte pesos porque tocó mi mano. Aquí están, muchas gracias.



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