El profesor Horacio Echevarría nos condujo por caminos de terracería en las cercanías de Janos, veníamos de Nuevo Casas Grandes, donde habíamos pernoctado. Era septiembre de 2012. Hasta acá viajan las familias de Guerrero, Oaxaca y Chiapas a los diferentes campos como el que visitamos ese día llamada Colonia Fernández Leal, a la pizca de chile, cebolla y otras cosechas, pronto irán a Sinaloa a la pizca del tomate. La diferencia entre las distintas coordinaciones estatales y regionales reside en que muchas veces carecen de ideas y son burócratas estacionados en la comodidad de sus quincenas muy pendientes del escalafón, del aplauso al licenciado en turno y de la improbable visita del coordinador nacional. O, como es el caso de Chihuahua, la responsabilidad cae en blandito cuando es encomendada a la persona ideal para llevar a cabo la tarea: Horacio Echeverría, pima –según él–, maestro, político, emprendedor, visionario; tal vez un atrevido, un loco, un soñador que lleva ...