No le caí bien desde que llegué. Mis explicaciones le parecieron largas. O quizás, simplemente, se trataba de un hombre enojado. En febrero de 2014, huyendo de un sol inclemente, penetramos a un oscuro salón de clases en la parte norte del patio de la estación ferrocarrilera de León, Guanajuato, ahí se encuentra una escuela para niños migrantes en donde el profesor Cipriano presta sus servicios magisteriales; en la penumbra del salón de clases, ambos de pie, súbitamente comenzó a hablar. Mi nombre es Luis Eduardo Cipriano Zamora, soy profesor de grupo multigrado y encargado de la dirección de la Escuela José Ma. Morelos y Pavón y también soy asesor de lengua y cultura indígena purépecha del estado de Michoacán, y pues aquí estamos en los patios de la Estación del FFCC sin número, Colonia La Luz, de la ciudad de León, Guanajuato, trabajando con niños indígenas migrantes de diferentes culturas provenientes de los estados de Oaxaca, Michoacán, y Querétaro. Tengo la licenc...