miércoles, 20 de julio de 2016

Los trajes femeninos tradicionales de Puebla


Nahuas de Cuetzalan, Puebla

Los domingos por la mañana la plaza de Cuetzalan, desierta entre semana se llena de puestos y ruido. Bajo la torre del reloj, a la sombra de las palmeras, en las anchas escalinatas, se sientas las mujeres nahuas, que vienen al mercado a vender verduras, guajolote, fruta y cal para las tortillas.

Las mujeres llevan una blusa de escote cuadrado, con bordados al pasado rojos, azules o negros alrededor del cuello y de las mangas. Las mujeres llevan enredo, hecho con dos lienzos, que llega al tobillo; lo pliegan en un solo tablón atrás, del ancho de las caderas y en cuatro tablas más pequeñas que se encuentran enfrente, usan enredos que sujetan en la cintura por medio de un cinturón de lana roja con dibujos geométricos. Usan un huipil de encaje, adornado con una cucarda de listón azul o morado igual al listón que bordea el escote. Las mujeres de Cuetzalan utilizan un enorme tocado que en días de fiesta alcanza 50 cm. de alto, hecho con estambres de lana verde y morado que enrollan en el pelo y anudan en lo alto. Las madres cargan al niño de dos maneras: envuelto en un lienzo de algodón o acostado dentro de una canasta de red, colgada en la espalda que se usa en toda la Sierra de Puebla.

El hombre usa un cotón de lana negra con pequeñísimas mangas donde nunca meten el brazo. Visten camisa suelta de manta blanca, sobre un calzón de la misma tela fajado a las caderas y amarrado debajo de las rodillas, lo sostiene un ceñidor blanco terminado en fleco. Bajo el ceñidor lleva una bolsa de tela para el dinero, usan sombreros de alas anchas y planas con copa semiesférica más pequeña que la cabeza lo que lo mantiene horizontal, detenido con una cinta de lana negra, huaraches llamados de pico de gallo en los que una sola correa se enreda alrededor del pie y del tobillo y se amarra con un nudo, además del imprescindible machete en su forro de cuero.

Nahuas de Hueyapan, Puebla

Las mujeres del pueblo usan todavía prendas hechas por ellas mismas. Entrando a sus patios se les puede encontrar arrodilladas frente al telar, tejiendo faldas o ceñidores, o sentadas en un petate bordando los rebozos; de la jícara que tienen a su lado asoman los estambres de vivos colores.

Hay dos clases de faldas: una, de lana negra, de 3.50 metros de ancho tiene cerca de la pretina en la que está montada, un corte de 20 centímetros de manta blanca. Algunas en la parte inferior están bordadas con guirnaldas de flores en punto al pesado, de estilo moderno. La orilla está ribeteada con una cinta de lana verde o roja, cosida en la tela. La otra es un enredo de lana café, un poco más angosto y de dos tiras, liso atrás y con abundantes pliegues en la parte delantera. La tela sobresale de la faja, y las mujeres doblan hacia abajo la parte saliente, para sujetarla con dos vueltas de la misma faja. Las blusas o camisas son de manta blanca con escote cuadrado, bordadas en el pecho y los hombros con punto al pasado. Alrededor de la pechera llevan un olán de 2 centímetros de ancho. El rebozo es de lana negra muy ancho, cubierto casi por completo de bordados en punto de cruz hechos con estambre de colores. Las dos trenzas caen sobre la espalda entrelazadas con varios cordones de lana que las unen en la parte superior; las puntas cuelgan entretejidas con el pelo. El rebozo de Hueyapan es de lana negra, muy ancho, cubierto casi por completo de bordados en punto de cruz hechos con estambre de colores. Quedan algunos dibujos antiguos, como la cruz de brazo doble y la greca del agua. Entre los pájaros que bordan las mujeres prefieren el colibrí, en el medio del rebozo casi siempre recaman una maceta de flores.

Para cargar la mercancía, los hombres usan redes de fibras de corteza de jonote, armadas con dos bastidores de madera ovalados. Estos van ligados entre si en sus parte inferior y unidos en sus lados con otro pedazo de red. En la Sierra de Puebla se ha utilizado ininterrumpidamente este artefacto, sin cambio alguno desde los tiempos prehispánicos.

Ña Ñhu (Otomíes) de San Pablito, Puebla

En la ladera de una honda barranca de la Sierra Poblana se esconden entre naranjos y cafetos, las chozas de San Pablito. Sólo el blanco campanario de la iglesia destaca entre el verde de la montaña y sirve de guía al viajante que a pie o a caballo, sube la empinada cuesta para alcanzarlo. San Pablito y algunos pueblos cercanos están poblados por otomíes, completamente aislados de los hidalguenses del Mezquital. También son agricultores, pero se encuentran en una región fértil en la que cultivan caña, naranjas y café.

Las mujeres visten enredos formados por seis tiras de 16 centímetros cada una, cosidas a lo largo, las cuatro tiras centrales son de manta blanca; las otras dos azul oscuro cuadriculadas en azul pálido. El enredo tiene un ancho de 2.65 metros por 95 cm. de largo. La blusa es de manga corta y escote cuadrado, rematado con un ribete de puntas; está bordada en colores brillantes sobre el pecho y las mangas con figuras humanas o de animales en punto de cruz o con chaquira. Arriba de las blusas las mujeres usan un quechquémel, tejido en algodón blanco con una ancha franja de lana morada o roja, que tiene la particularidad de formar escuadra al fondo de la prenda sin que los hilos estén cortados; cuando quema el sol las mujeres acostumbran taparse la cabeza con el quechquémel. Los hombres visten calzón, camisa de manta blanca y un ceñidor de algodón blanco, con un fleco finísimo de macramé bordado en colores. Llevan cotón negro o azul con rayas blancas, morral de ixtle y huaraches.

Hoy en día las mujeres de San Pablito bordan faldas de manta con extraordinarias figuras de caballos, personas y águilas, pero no para utilizarlas ellas mismas, sino para venderlas a los turistas. Conservan unas raras canastas llamadas “tancolotes” hechas con un armazón de varas, entrelazados con tiras de corteza de árbol de jonote. Cargan las canastas pequeñas en las espaldas amarrándolas con el mecapal, o las cuelgan del hombro.

Tutunakú de la Sierra Norte

En las fiestas las mujeres usan faldas blancas de tul bordado con artisela, que dejan entrever la enagua de tela brillante, de colores vivos. Las mozas mas apegadas a la tradición bordan una enagua de manta, desde la cintura hasta la orilla interior con pájaros y flores en punto de cruz, que se trasparentan bajo el encaje. Comúnmente usan faldas sencillas, de manta o de artisela, montadas en pretinas. Como adorno, esas prendas llevan una o más alforzas. La blusa o camisa está bordada con flores en punto al pasado o de cruz, o tiene una bata tejida de gancho. La manga corta, hecha de tablones, queda muy pegada a la articulación. Dicha blusa está cubierta en la parte delantera por un paño cuadrado de artisela (que llaman fular) dos de cuyas puntas las atan en la nuca, e introducen las otras dos bajo la pretina. En las fiestas usan también fulares blancos.

De ordinario las mujeres se ponen delantales de artisela o de percal. El quechquémel está formado por dos rectángulos de organdí blanco bordado con artisela blanca. Alrededor está adornado por un olán, de tul bordado también en blanco. El escote tiene una punta de encaje de artisela brillante, sin embargo las mujeres totonacas no se ponen sus quechquémeles, sino que los colocan sobre su espalda, doblados en triangulo como chales.

Su pelo largo está recogido en dos trenzas que las jóvenes dejan caer por la espalda; suben sus puntas y las amarran detrás de las orejas. Los hombres visten pantalón de popelina blanca, bombachos que les llegan al tobillo donde se amarra con una jareta. La camisa tiene un amplio cuello cuadrado y una bata ancha. Los pliegues abundantes de la tela de la espalda hacen que cuelgue y parezca más larga en la parte inferior. La manga empieza unos 10 centímetros debajo del hombro, es amplia y termina con un puño alto y angosto. En el cuello los hombres llevan un pañuelo enrollado, otro asoma de la bolsa en el pecho. Algunos son de algodón rojo, otros de artisela brillantemente coloreada con bordados de flores.

Ha shutaenima (Mazatecos) de la Sierra Negra

La Sierra Negra poblana es una prolongación de la sumamente húmeda sierra mazateca oaxaqueña, las lluvias frecuentes y la neblina favorecen el desarrollo de naranjos y cafetos; pero a menudo obligan también a las mujeres mazatecas de la sierra a llevar paraguas.

El huipil de las mujeres mazatecas es de tres lienzos de manta blanca, con bordados en punto al pasado y con las costuras escondidas bajo una franja de tres listones de artisela, de colores alternados azul y rosa. Otras franjas iguales, de siete listones cada una, están cosidas horizontalmente a la mitad del huipil y en la orilla. La prenda queda dividida en cuatro cuadrados en la parte superior y dividida en cuatro rectángulos en la inferior, separados por las referidas franjas de listones. Sobre pecho y espalda destacan flores bordadas entre vistosos pájaros de tamaño natural; otros motivos de plantas y aves llenan las demás partes. El escote está adornado con un gran cuello de tul y con listoncitos azules y rosas alternados. Listones iguales y encaje forman las mangas. Las mazatecas fajan estrechamente el enredo alrededor del cuerpo y, empezando por la cadera derecha, doblan un único tablón hacia atrás. Compran ceñidores en el mercado o los sustituyen con un paliacate o cualquier cinta de tela.

Se peinan con raya en el medio; dejan caer las dos trenzas en el pecho y las entretejen con listones negros, que amarran al final con dos asas grandes, sin moño. 

Ñuu Savi (Mixtecos) de Puebla y Oaxaca

Los Ñuu Savi o mixtecos son una enorme comunidad que habita el sur del estado de Puebla y la mitad del estado de Oaxaca.  Anteriormente las mujeres llevaban al interior de sus habitaciones únicamente un enredo blanco, de manta enrollado alrededor de las caderas y sin tablón ni ceñidor; el busto desnudo. La tradición señala que las mujeres casadas usen fajas de 10 cm de ancho, color azul marino con una hebra azul pálido en la orilla.

Las indígenas de Jamiltepec llevan el pelo como una corona, enrollado en dos mechones alrededor de la cabeza y anudado sobre la frente. Los hombres mixtecos llevan calzón de manta blanca fajado en las caderas, y una camisa de algodón tejido por sus esposas, dos pequeñas borlas cuelgan del lado posterior del escote. El ceñidor de los hombres, tejido a mano, puede ser blanco liso o con franjas de caracol. Los viejos todavía usan sobrero negro de copa alta y alas anchas hecho con fieltro de lana de borrego.

La mayoría de los huipiles de Jamiltepec son de manta o de artisela brillante, aunque aún puede encontrarse unos hechos con telar de cintura. Sin embargo, las mujeres no deben vestirlo, y sólo lo llevan sobre la espalda como un manto cuando van a la iglesia o al mercado. Si hay sol se lo ponen en la cabeza. El escote que es un simple corte recto en el centro, forma un pico enmarcando su cara. Las fiestas principales de Jamiltepec se celebran el día 1 de septiembre, día de la Virgen de los Remedios y el 25 de julio día del Patrono del pueblo. En semana Santa salen diario procesiones nocturnas, que llevan en andas imágenes conmemorativas de la Pasión del Señor.

N`giwa (Popolocas) del Valle de Tehuacán, Puebla

Los N`giwa, conocidos como popolocas, son un grupo étnico que habita en el valle de Tehuacán-Meseta Poblana: Tepeaca, Acatlan de Osorio, y una parte de la Mixteca oaxaqueña.

La indumentaria general en el hombre es el calzón de manta blanca, sostenido por una faja de algodón tejido, camisa de igual material, adornada con figuras bordadas con hilo rojo; sombrero de palma, sandalias o huaraches.

La mujer utiliza una falda hecha de una larga pieza de manta enrollada con una faja como cinturón, una blusa corta con mangas igualmente cortas y escote cuadrado, adornada con bordados hechos de hilo color rojo y rebozo.

Hamaispini (Tepehuas) de la sierra norte de Puebla

La etnia Hamaispini, conocida como tepehua, habita en varias comunidades de los estados de Puebla, Veracruz e Hidalgo y forma parte de la familia lingüística totonacana, que la emparenta con la cultura tutunakú o totonaca.

Los Hamaispini presentan una notable afinidad cultural con los nahuas, totonacos y otomíes que habitan en región, pues todos se desenvuelven en el mismo ambiente y las evidencias parecen indicar que tal ha sido la situación desde tiempos prehispánicos.

Los hombres hamaispini visten con la clase indumentaria campesina: calzón y camisa de manta.
La mujer porta camisa bordada con hilos de colores. Su falda se denomina liado que es bordado con vistosas figuras en toda la orilla sostenida con una faja negra de telar de cintura. Un rasgo cultural peculiar de las hamaispini es la muy característica técnica por la que destiñen la prenda femenina llamada tapún, que conocemos por el nombre náhuatl de quechquémitl o kexken. En tiempo de frío, los que viven en lugares más altos, se les ve arropados con sarapes y ropa gruesa.


Fuente: cni.gob.mx y Wikipedia

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