viernes, 12 de junio de 2015

Economía y mercado de la alfarería


PARTE UNO

Como prometí, ventilo una segunda parte de esta investigación testimonial sobre la alfarería de San Miguel Tenextatiloyan, Puebla, realizada en torno a un plan de gobierno en esa población de la sierra norte que felizmente no se realizó. Espero que sea de algún provecho, porque guardada en la computadora no lo es.

Los alfareros

El monto económico de la producción cerámica mundial se estima en siete mil millones de dólares anuales, de los cuales la alfarería vidriada representa una parte importante. Si bien la mayoría de la cerámica vidriada con plomo se produce en países en vías de desarrollo, estos productos también se exportan a países desarrollados como Italia, Japón, Francia y especialmente los Estados Unidos, el mayor importador de alfarería vidriada con plomo. La mayoría de estas piezas son traídas de México e Italia, principalmente a través del turismo, pequeños comerciantes y migrantes. (1)

En nuestro país, las familias dedicadas a la alfarería se localizan en 18 estados, 62 municipios y 95 comunidades. (2) Contabilidades confiables, pero sin un claro sustento documental, afirman que en San Miguel Tenextatoloyan existen entre 2 300 y 2 500 alfareros organizados básicamente en un entorno familiar. Esta población siempre ha estado en aumento, en concierto con el crecimiento poblacional del país y, en consecuencia, del mercado.

Los artesanos de la loza de San Miguel, amén de los rasgos culturales que la sustentan, practican su actividad en el principio básico de la economía: les ofrece un sustento. Lo han hecho así por más de medio siglo, periodo en el que se fueron creando estructuras económicas y sociales capaces de proyectar la actividad y darle viabilidad económica: créditos de producción y distribución, organización de talleres familiares y búsqueda de mercados propicios; en su defecto, trueque de su loza por comida o bienes de consumo,  que enfatiza la indisoluble relación del artesano con el campo, su esfuerzo repartido entre las labores del taller de cazuelas y la milpa, que en San Miguel casi todos practican en el cultivo de maíz y frijol, hortalizas, plantas medicinales, frutales y lo que se aparezca.
La economía se mueve por la loza.

El sustento

El pueblo vive a base de la alfarería, toda la economía que se mueve en el pueblo es de eso, el materialista vende porque ya el señor fue a vender loza, llegó con dinero y va a hacer otro cuartito; la abarrotera igual, todo se mueve con la alfarería. Es nuestra principal fuente de trabajo, sin ella no hay nada. (Alfarero Alejandro Rivera de los Santos)

El que fiaba

El productor no fiaba, era el trabajador. Pero ahí nos la llevamos, una cosa bonita; después de todo he notado que a mí nunca me gustó quedar a deber, siento que no está bien. Sí, me fiaban, Aquí  había un señor que se llamaba Félix Parra, me fiaba hasta una o dos camionetas, pero eso sí, lo primero que hacía era llegar a pagar. Yo nunca le quedé a deber. Él daba a otro precio, a cómo, a tanto, y ya está, pero daba facilidades. De por sí había comerciantes que acaparaban la loza y eran los que le fiaban a uno, claro que le subían un poquito. También les compraba a los alfareros. (Comerciante de loza Salomón Contreras)

La alfarería de San Miguel

Eran unos hornos rústicos que utilizaba la gente de la comunidad para subsistir, para su consumo, dos o tres colonias, que era donde hacían su artesanía, que era el barro. La ponían a vender en los pueblos cercanos; en las ciudades cercanas, a veces, o a la ciudad de México, transbordaban en ferrocarril, en la comunidad de Huitzitzilapa; lo mismo los que iban a Veracruz. Después se trasladaban a Grajales, de ahí a Orizaba y no sé hasta dónde llegaba para el sureste. 
Empezaba la carretera, que se inaugura en 43, y la carretera fue elaborada porque por aquellos años empezaron a  abrir la presa de Mazatepec, que sigue activa; son dos, esa y la de Atotocoya, 20 kilómetros arriba. Aquí, la gente, su fuerte es la artesanía, la cazuela, el pueblo de ollas es Santa Cruz, el pueblo de jarros, Oxpantla.
Así están las cosas, realmente aquí el pueblo su fuerte es la artesanía, aquí le dan razón de que tenemos gente en Villahermosa, en Cancún. En Monterrey hay una colonia de aquí de San Miguel, tenemos gente por Chihuahua, por Saltillo, por Nayarit, dedicados a pura comercialización. Entonces ese es el modo de ingresos para nuestro pueblo.
Hay lugares como Dolores Hidalgo, como Cuernavaca donde hacen otro tipo de material, aquí es rústico, barro natural, el horno rústico quemado con leña, y allí ya es con otros productos finos. Aquí le ponen pintura Comex y la originalidad se pierde, podría ser natural y es lo que ya no se hace. (Comerciante Conrado Arellano Calderón)

Familia y oficio

Yo ahorita tengo mis tres hijos y les digo: “vayan viendo nuestro trabajo, vean cómo se hace la alfarería, quizás a mi no me de tiempo, pero ustedes vivan ese proceso”. La mayor parte de las personas confían  en la profesión y sí, es buena, inclusive yo tengo un hijo estudiando en el Tecnológico. “Sabes qué, papá, yo quiero ser esto”; perfecto, es tu elección, pero vamos a llevar los dos procesos, hacer de lo que yo conozco y lo que tú vas a aprender, y en la vida vas a desarrollar uno de los dos, y si son los dos, qué bueno, magnífico. (Alfarero Andrés Martínez Bravo)

Trueque de loza por alimentos

Mis padres si hicieron un tiempo cazuelas, pero ya hace cuarenta años que no se dedican a eso. Entonces yo no sé, pero si supiera hacer cazuelas yo le entraría. Pero es donde yo veo, le digo, que sí es muy pesado, mal pagado. Y haga de cuenta que luego aquí uno ve que muchas señoras, como no venden nada de las cazuelas que tienen, las cambian por verduras. Las van a cambiar y salen perdiendo porque las cambian por verduras y tortillas y todo lo que es de alimentación. Pero, pues sí es mal pagado. Yo a veces, como ama de casa, digo bueno, sí las comprendo porque hay que buscar cómo darles a los hijos. Y si tengo algo pues voy a cambiarlo para que pueda dar alimentos para ellos. No queda de otra. (Madre de familia Angelina Zacarías Allende)

Comercialización

A la alfarería no se le ha dado la importancia que merece. Se ha demostrado que San Miguel es la zona alfarera más importante del país, por la calidad y la cantidad que se produce para todo el país e, incluso, se sabe que está surtiendo a Centroamérica. Entonces son gente que se lleva un carro de diez, veinte toneladas: ollas, cántaros. La producción de toda una familia va en un  embarque. Es un trabajo durísimo, ahí no hay horario, se dice que “yo trabajo lo que quiero, me levanto a la hora que yo quiero”, pero es muy relativo. La gente que sale a comercializar sus mercancías sabe que es la única manera de obtener un poco más de recursos. Incluso hay gente que dice: “mi rumbo es Tuxpan, Reynosa, Tamaulipas”; otros van a Zacatecas, San Luis Potosí; otros van a Sonora, otros a Baja California, o por el Sureste. Se van identificando zonas de comercialización, incluso por épocas, y cada quien cuida celosamente dónde va a vender y no se lo dice a nadie. (Instructor Cesder Moisés Ramírez Zambrano)

Campesinos

“Ahorita que está madurando el elote, no hay modo de trabajar, hay que ir a cortar, luego se vuelve a la alfarería. Se combina. Eso lo hace la mayoría. Todos tienen su tierrita donde siembran y los que no tienen  se emplean, como una manera de tener sustento.” (Domingo Martínez Romero)

Siembras del campo

La necesidad me metió  a esto, tenía que trabajar. En el campo no, no llovía, y luego nada más sembrar, y hasta cosechar, y entonces no había (signo de dinero con la mano izquierda). Frijol, trigo, todos estos cerros se sembraban de trigo. Y ya la gente tenía que entrarle a lo que fuera, a la loza. Y teníamos los campos de labor, daban para vivir, pero trata uno de avanzar de alguna manera. No le quisiera decir, pero yo aquí llegué a llegar en coche LTD, dos, Ford, un 65 y un 76, es una satisfacción muy grande cuando se lo gana uno a la buena, porque si se lo roba uno, no creo que se tenga satisfacción.
A los productores les iba bien, tenían más trabajo, ya casi tenían su clientela. Ellos se dedicaban a trabajar y de ahí sacaban para irla pasando. Y así es en otros lados, como en la Chona, en Jalisco, Encarnación de Días. Es la necesidad… (Comerciante de loza Salomón Contreras)

Gremio en crecimiento

En Puebla hay 48 municipios en donde se practica la alfarería, 31 de ellos la combinan con otros oficios tradicionales (textiles, madera, jarcería, cestería, etc.), en tanto que 17 se dedican casi exclusivamente a la alfarería, como es el caso de San Miguel Tenextatiloyan. (3)

Las dificultades que se presentan en la producción y comercialización de la loza no oculta, sin embargo, la noción de que San Miguel es el principal polo de producción alfarera del país, como lo han hecho ver diferentes experiencias y solicitudes nacionales e internacionales. Los propios pobladores lo ven con el movimiento de sus mercancías, de dinero, de tráfico vehicular. Ahora se habla de modernizar, de capacitar, de regular; se tiene la certeza de las cantidades precisas para mejorar un horno, sus costos en leña o gas; el precio de una galera, que es una construcción que protege tanto al horno como a los productores de las inclemencias del tiempo. Hay una conciencia clara de muchos avatares que acompañan el oficio artesanal pero, ante todo, de una muy importante: el gremio va en aumento, se agregan cada año más jóvenes al oficio, parejas de recién casados que ponen su taller, los hijos, los nietos; crece la necesidad de materiales, de máquinas, de capacitación.

¿Cómo modernizarnos?

Hablamos de modernizar nuestro sistema, nuestro trabajo, pero ¿cómo? Decía yo es que, por lo regular, el ciudadano o en este caso el alfarero, algunos sí tienen la iniciativa y saben cómo poder modernizarse ¿verdad? Y él impulsa a otros.
Entendemos por modernizarnos como que es dar un giro no de 90 grados, sino de unos 45 grados, pero ¿quién les ayuda a dar ese giro? Creo que el gobierno tiene que poner la economía para el artesano. El artesano tiene experiencia en la labor, pero mientras no se le de un sistema económico y no se le administre bien, no a vamos a tener avance, ni del gobierno como el artesano tampoco. Entonces no va a haber un buen acuerdo.
Yo usaría un recurso para capacitar a los que no saben y, teniendo ya un grupo de artesanos sobresalientes en el ramo, ahora nos vamos a modernizar ¿en qué?, en el horno, porque tenemos hornos obsoletos; ahora vamos a cambiar nuestro sistema de hornear, de hacer. Entonces los grupos que ya están sobresaliendo son los que van a dar el auge para los que vienen, así se genera el empleo. (Alfarero Andrés Martínez Bravo)

¿Cuánto necesito?

Para mi necesito más o menos unos ochenta mil pesos, necesito mi horno bien hecho, porque si lo hago a medias no me va a funcionar; que esté bien reforzado, que tenga mi galera, que tenga mi espacio donde voy a trabajar, porque teniendo eso, yo pienso que sí. Por lo menos unos cuarenta mil, y eso en lo más elemental. Yo no he podido hacer eso, endeudarme, por lo mismo, porque la situación está muy difícil. No he podido hacer eso. Yo trabajo todos los días, todos los días, porque somos cuatro de la familia, tengo mi mamá que ya es mayor de edad, tengo un hermano que sí me ayuda, pero está discapacitado, y yo tengo que hacer todo. Tengo 33 años y soy el motor de la familia.
Mis abuelos no se dedicaban a esto, ellos tenían tierras, eran campesinos, tenían algo de tierras. De eso vivían, pero ve que cuando tienen hijos se dividen todo, entonces empezaron mis papás con la loza, y desde ese tiempo empecé yo a trabajar, a trabajar en serio, ya en cantidad, desde los quince años. (Alfarera Gregoria Rojas Jiménez)

Alfareros en aumento

Se manejan en el municipio un número de alfareros entre los 2, 300 y 2,500, no hay un censo preciso, pero lo que se ve es que la población va en aumento. La actividad, que para algunos lugares va en decadencia, aquí es una estrategia de sobrevivencia, más parejas se juntan más parejas hacen su casa, montan su taller. La población que se está insertando en la alfarería va en aumento. La tendencia es que va a la alta. Eso le da realce a la presencia de la Escuela de Artesanos. Normalmente la gente que se capacita, no sólo aquí, la gente que está entrando al interés de capacitarse, es gente joven. Entonces la gente joven es la que va a experimentar, va a probar. La gente mayor no va a cambiar tan rápidamente. Y hasta algunos adultos también, aquí vemos a unos. Pero el grueso de la población madura ya como que no le apuesta mucho a la capacitación y de tener algunos cambios, pues su horizonte ya no es tan largo como el de un joven. (Director Cesder San Miguel Marco Antonio Comunidad Aguilar)

Arriesgarse a salir

La producción de loza basada en microfábricas familiares de media docena de productos creció a lo largo de las últimas siete décadas con iniciativas personales que produjeron, embalaron, transportaron y vendieron sus productos individualmente, al principio en las cercanías –y en la espalda- y, con el tiempo, en todo el territorio nacional en transportes públicos, propios o rentados. La necesidad y la saturación de los mercados cercanos obligó a los artesanos de San Miguel a buscar nuevos horizontes. Los testimonios dan cuenta de ese crecimiento paulatino de un mercado que tuvieron que descubrir desorganizados, con raquítica información, sin importar género ni edad.

Sacar la loza de San Miguel

Nosotros fuimos los que empezamos a abrir campo para sacar la loza. Estando en Villahermosa anduvimos vendiendo, pero terminamos de vender nuestra loza en Tierra Blanca, Veracruz, después de que anduvimos desde Tabasco, je je. Allí terminamos de venderla porque no la querían, allí reinaba la loza de la rayada, “orejona”, le decían ellos allá; entonces empezamos en Tabasco y terminamos en Tierra Blanca, casi regalada, porque ya andábamos muy cansados de andarla vendiendo. Ya en ese tiempo, en 1952, 53  fue que nos llevó por primera vez el difunto mi tío Ricardo Villegas. Y nosotros sin conocer. Ya después fue el difunto Felipe. (Ex presidente Auxiliar Juvencio Ramírez)

Salir a vender

En caso del comercio, mi papá viajaba, iba a Poza Rica, a Tuxpan. Hace como unos diez años para atrás era común salir a vender, pero de diez años para acá, como se dio el mercado de los martes, pues mucha gente ya no sale, hace cuentas y dice me conviene venderlos aquí, ya no paga flete, comida, riesgos; ora un cincuenta por ciento sale, pero hace unos años la mayoría salía. Mi papá a Poza Rica, el gustaba, pagaba flete. Él llegaba, caminaba casa por casa, caminando, a mí también me tocó caminar el monte, los naranjales, limonares, los ranchos, casa por casa, y si no quiere pues me sigo a la otra, y atravesar los potreros; todavía nos tocó, ahorita ya estamos aquí, y aunque sea poquito, pero sí nos tocó salir a caminar y a vender… Es cansado, pero estaba más ganoso, era joven, las dos cosas, va uno aventurando pero en el negocio. La mayoría de los hermanos salimos, mi papá nos sacaba a vender.
El mayor de mis hermanos, era más grande, viajó con mi papá a vender, se casó, se independizó, empezó a ver por él mismo. Y así el que le siguió. Pero mi papá, al que fue quedando, le enseñó a viajar, vimos cómo se vende, y así cada quien se fue casando y poniendo su tallercito.
Cuando se acumulaba la producción, no había un día específico, pero cuando veíamos que ya había producción, a vender; si el lunes teníamos ya un buen tanto de producción, que ya alcanzaba a pagar el flete, si el clima no ayudaba, teníamos que pasar el tiempo para completar el viaje. No había una fecha, digamos: Todos Santos, Semana Santa; no, era cuando ya había producción.
Era una camioneta pick up. Una chica. Llegábamos a Poza Rica y ya, descargábamos; digamos diez cargas, nos daban permiso en una casa, descargábamos la mercancía y a salir todos los días, diez días, veinte días, hasta que ya terminábamos.
Cuando yo empecé a salir ya mis hermanos estaban aparte. Cada quien agarraba su ruta, a las cinco ya regresábamos, a las seis, uno al norte, otro al sur, casa por casa. (Alfarero Juan Ramírez)

Mecapal

Cargábamos con lacitos, mecapal, acá en este hombro dieciocho piezas, y en este otro, dieciocho piezas, eran treinta y seis piezas. Y acá encima unas cuatro ollas, estamos hablando como de cuarenta piezas. Y si la gente decía “oye, a cómo tus cazuelas”, pues las bajábamos todas y desatábamos y “sabes qué, enséñame aquella” y tendíamos todas enfrente de la señora, y ya compraban una y a amarrar todas otra vez, a otra casa. Y si no nos arreglábamos en el precio, pues ni modo, a amarrar; si se vendía bueno, si no, qué bueno.
Ya llevábamos un precio, a tanto, decíamos, te doy tanto, y no me convenía, no nos arreglábamos. Si nos convenía lo que nos ofrecían ya le dejábamos una o dos piezas, y a la que sigue. Dependiendo el cliente, a como se dejara, había quienes ni siquiera decían nada, vale cincuenta y pagaban, no decían nada, y otros que decían te doy cuarenta, no pues deme cuarenta y cinco, y ai estábamos regateando. Pero el precio era igual para todos, no hacíamos diferencia, no decíamos este tiene dinero entonces le pido doscientos, no, si la pieza valía cincuenta pesos; se pedía parejo, pobre, rico, pero a lo mejor había unos pobres que pagaban más o otros ricos que regateaban más, pero teníamos límites, ya menos de cuarenta no, de ahí ya cuarenta y cinco, cuarenta y ocho, si no regateaban, era bueno para nosotros. (Alfarero Juan Ramírez)

Vender fuera

Ya empezaba yo a ir a vender la loza, por eso me conseguí una camioneta, fiada por supuesto, y ya con ella me empezaba yo a ir por Papantla, Poza Rica, toda la Huasteca. En Tampico no había puentes, puras pangas, allá  iba yo, por muchas plazas de la Huasteca, n`ombre, se vendía muy bien. Nada más llegué hasta Tampico, cada semana salíamos, allá  por Cerro Azul, Tamiahua, y de este lado por Magozal, haciendo la lucha vendiendo, yo tenía que ver por mis hermanos. Iba yo con dos trabajadores, ya después compré un camioncito, y como luego se dice, hacía la roncha. Llegué a tener dos camiones nuevos, chicos, no como ahora que hay carros grandotes, pero siempre en la loza, en mi negocio.
Ya Después empecé  a ir a Guanuajuato, a Dolores Hidalgo, la cerámica, yo fui el primero que trajo cerámica acá a vender. Así quise hacer el negocio más productivo. Sólo dos teníamos carro, un vecino que vivía aquí, vivía, ya no vive, él y yo; n`ombre, casi no nos dábamos abasto después a llevar loza. A Monterrey, tres veces llegué a ir, tres veces seguidas, ni cargábamos allá porque tenía el compromiso aquí de cargar otra vez para allá. Y hasta ahora, hay personas de aquí que viven allá en Monterrey, y siguen llevando loza, a la colonia Caracol, hasta allí llegan a descargar loza, yo ya no voy.
Lo de la cerámica de Dolores, fue la mentalidad. Es más, antes en Dolores no hacían loza, no hacían pocillos, hacían unas cosas así grandes nada más. Yo conocía a un tal Laureano Oláez, de allá, y ya empezaron a hacer loza y la empecé a traer ya con el camión.
Los alfareros le echaron ganas, antes sólo teníamos dos carros, pero ahora no puede usted contar los carros. Y van a toda la república. Yo llegué a Tijuana, a La Paz, a Nuevo Laredo, ahí donde está la presa junto a los Estados Unidos. Yo llegué como ocho días después de que la inauguraron; con Díaz Ordaz, n`ombre, llevó dos trailers de tequila, y la gente, pues hágame usté, allá la gente es de tomar, y nomás de gorrión. Así estuve por la frontera, yo no me crucé, nunca me fui a trabajar allá, hay cosas muy bonitas allá, de veras, pero nadie de uno, qué caso tiene, y el clima extremoso, y pus no. Pero sí me gustó mucho viajar, ahora ya estoy viejo, ya no puedo, ahora sólo puedo estar aquí. (Comerciante de loza Salomón Contreras)

Nos dejan una partecita

Dos formas tenemos para vender nuestras ollas –explica--, una parte con el comprador único aquí en San Miguel, que se lleva que doscientas, trescientas, hasta quinientas piezas, pero tarda dos meses, por eso salimos a los mercados en Zacapoaxtla o Zaragoza, salimos en la camioneta. Es que no podemos esperar dos meses al que nos compra aquí, por la necesidad, así que salimos a las plazas, poquito que vendamos, pero nos ayuda para sostener a la familia, por ejemplo en caso de enfermedad, o para la comida en la cocina. El comprador paga hasta el final, aunque nos deja una partecita, por lo menos para el material, lo que es greta, para un viaje de leña, pero si nos deja el cincuenta por ciento, nos lo acabamos, y el resto hasta dentro de dos meses, ahí es donde no estamos esperanzados a que pasen los dos meses, por eso salimos a las plazas, y va saliendo para comer, para sostener la familia, cualquier gasto que surge aquí en la casa. (Alfarero José Marcelino)

Mentalidad

Hoy, la comercialización de la loza de San Miguel, aunque celosamente guardada en sus libretas personales, goza de un mercado relativamente asegurado en todo el país, a juzgar por estas expresiones coloquiales. Una suerte de sucursales, siempre familiares, se ha establecido en importantes plazas del país con la exclusiva tarea de vender loza de San Miguel Tenextatiloyan. Muchos de los artesanos quieren progresar, tienen idea de qué hacer, pero no encuentran cómo.

Queremos evolucionar

Que yo sepa la familia hace cerámica desde siempre, los abuelos, y los papás de los abuelos. Toda la familia se dedica a esto, ahora nomás vive la mamá, que sigue trabajando. Tengo un hermano que también es muy líder, saca diseños. Queremos cocer, por ejemplo, hacer cerámica, pero nos falta el material. El problema es en lo económico. Eso no es para venderse en la carretera, por eso queremos sacarlo más lejos, fuera del país. Mi hermano es el que se ha metido más. Se necesita evolución, cambio, lo que pasa es que mucha gente aquí se mete nomás a lo que aprendió y ahí se queda. Pero por lo mismo, es la economía lo que nos detiene.
Nosotros queremos dar el paso para que los demás, los hijos que vienen, se vayan por ahí. Necesitaríamos, para empezar, un horno de gas, un horno bien adecuado. Por ejemplo, meterle fibra para que pueda fundir otro tipo de material. A nosotros nos interesaría un préstamo para un horno, eso sería muy bueno, demasiado. Para empezar es el horno. Este tipo de hornos, como el que tenemos, por lo mismo de que está descubierto, no aprovecha bien el calor, entonces debe ser un horno bien adecuadito, bien cerradito, que queme bien el material. Con éste el calor se sale, se escapa. (Alfarero Benigno Martínez Bravo)

Si nos dieran la oportunidad

A veces por falta de economía en lugar de ir para adelante vamos para atrás. A veces por necesidades me pongo a hacer esto, que no va a dejar mucho, pero ese poco es para sobrevivir. Por ejemplo, nosotros tenemos una batidora, no nos costó muy cara, tenemos un molino que fuimos por él hasta Puebla. No hemos tenido oportunidad de que el gobierno nos haya echado la mano. Mucha gente tiene batidoras, molinos láminas que han recibido de apoyo. Nosotros nada, pienso que si podríamos avanzar de esa forma, si nos dieran la oportunidad. (Alfarero Adrián Arriaga Herrera)

Lo que se vende y lo que no

La cerámica fina tiene un trabajo agregado, tiene un trabajo muy meticuloso de control de calidad, de planeación, porque normalmente yo hago cosas que a mi me gustan y las veo muy bonitas, pero no las veo con la mentalidad de los clientes. Llega el cliente y mi pieza no le llama la atención. Entonces nosotros tenemos también que estar de acuerdo con lo que el mercado quiere y cómo lo quiere, porque muchas veces hallamos eso. Yo voy a vender una cazuela en 500 pesos, pues sí, pero el mercado te dice que cuesta veinte pesos. Aun cuando tenga mucho trabajo, no lo lleva implícito. Y peor tantito, todo mundo hace lo mismo que yo.
Durante toda la vida de mis padres, sobre todo de mi mamá, vi que trabajó muy duro para recibir muy poco. ¿Por qué?, pues porque este oficio está muy devaluado, la gente tiene un concepto de la alfarería: “ah, esos es de los pobres, son cacharros, son cosas que no merecen estar en mi mesa”. Es un producto de pobres para pobres, pues lógico que su precio sea muy bajo. No es posible obtener un buen precio por eso, porque lo compra la gente que no tiene muchos recursos. Hay otros mercados, claro. Está Fonart. (Instructor Cesder Moisés Ramírez Zambrano)



1) Informe Fonart 2010
2) Fonart: Cronología de la alfarería y el plomo, en:
http://www.fonart.gob.mx/web/index.php?option=com_content&view=article&id=128:alfareria-libre-de-plomo&catid=37:noticias-de-portada&Itemid=113

3) Información de la página web de la Cámara de diputados del H. Congreso de la Unión: http//www.cddhcu.gob.mx    

continuará...

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