miércoles, 15 de septiembre de 2010

La mexicanosidad

Esta noche los mexicanos seremos víctimas una vez más del sentimiento de orgullo que los colores patrios y las tonadas del himno santanista, el águila mocha y el grito nocturno de miles de gobernadores y presidentes municipales corruptos debe producirnos en lo más profundo de nuestro ser. A la usanza futbolera, miles de compatriotas deambulan embriagados por las plazas públicas con los colores verde, blanco y rojo de la bandera mexicana (e italiana, irlandesa, húngara, búlgara, argelina, iraní, omana, madagascarina, costamarfileña y tuyiquistana), pintados en los rostros, con los hijos y la felicidad a cuestas por vivir la plena libertad de gritar hasta el cansancio nuestro famoso aullido nacional: ¡viva México jijos de la chingada! Esta noche somos invencibles, estúpidamente temerarios y, por supuesto, inconscientes de la realidad nacional, que al día siguiente se nos viene encima. “Estuvo muy bonita la fiesta –decía mi tía Libia-, hasta balazos hubo”. “Es la mexicanosidad”, observa mi hermano Antonio.

La mexicanosidad es un anuncio periodístico a plana entera: “Otro orgullo mexicano. La firma del óvalo azul (Ford) lanzó al mercado mexicano su nuevo modelo Fusion”. (El Universal/Autopistas, 15 de octubre de 2005, p. 1) El orgullo inconmensurable se debía a que el vehículo fue fabricado en la planta de ensamble de Hermosillo, Sonora.

Otra muestra de mexicanosidad la escuché en el radio, trataba del grito del 15 de septiembre. Un copioso público de mexicanos gritaba “Viva México, viva México”, pero terminaba con un desconcertante grito: “Viva Toyota”. ¡Que viva! respondía la concurrencia. (Grupo Imagen, 13 de septiembre de 2005)

En nuestra algarabía septembrina nos rociamos aereosoles chinos, tronamos cuetes chinos y pitamos con silbatos chinos; a veces terminamos en una melancólica esquina con demasiada disposición para engullir un hot dog callejero. Le damos una mordida y gritamos con la boca llena. –Una coca, plis.

Lo evidente es que la preocupación por lo que representa ser mexicano no está en la agenda de la política nacional, de los políticos profesionales, de los profesionales de la ciencia social y ni siquiera de los antropólogos, a quienes debería interesar. Si realmente los políticos quisieran discutir qué es lo que conviene a la nación, devengar sus altísimos sueldos para resolver patrióticamente los principales problemas nacionales, una buena forma sería –así suene decimonónico- retomar el tema del destino nacional y con él las distintas formas de observar este fenómeno.

Lejos de esa preocupación, las autoridades grandes y chiquitas de nuestro México han decidido hacer una fiesta casi clandestina por la inseguridad donde los cuetes sean los únicos protagonistas. A la usanza de la Fifa, fueron contratados diseñadores australianos y artífices chinos para el diseño de coreografías y parafernalias de aspecto internacional aunque con nuestros motivos, claro está. Es la mexicanosidad.

2 comentarios:

  1. Gran post, como siempre. Su apreciación me gusta mucho.

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  2. Gracias Yoco por tu comentario, ayuda mucho en la aridez y soledad del blogueo que alguien, de vez en cuando, te diga unas palabras.

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