martes, 10 de julio de 2012

Antropología visual, definición


1:
La Antropología visual es una herramienta de la Antropología social que se basa en imágenes animadas como instrumentos adecuados para la observación, descripción y análisis de la realidad humana. Es un complemento al trabajo etnográfico, distinto a otros como puede ser la descripción escrita. La antropología visual tiene tres tipos de actividad: a) la investigación etnográfica basada en el uso de técnicas de registro audiovisuales, b) el uso de esas técnicas como medio de escritura y publicación, y c) el estudio de la imagen en sentido amplio.
También llamada Cine etnográfico o documental etnográfico, inició su andadura justo cuando el cine hizo su aparición y se ha servido de ese medio como de otros muchos para lograr sus objetivos. (Wikipedia)
2:

La antropología visual es una metodología que registra, describe y analiza las producciones simbólicas de las sociedades, diferente a los documentales de corte antropológico, pues aquella utiliza los medios audiovisuales para hacer Antropología, para elaborar un estudio etnográfico. La Antropología Visual sería una investigación antropológica con medios audiovisuales, en tanto que el documental es una obra que puede contener rasgos antropológicos.

3:

Cabe preguntarse si acaso existe la Antropología Visual, si no es una posibilidad estrictamente teórica, porque a final de cuentas lo que tenemos de antropología en medios audiovisuales son documentales, los documentales de cine y televisión que trabajan sobre vagos conceptos de la teoría antropológica

El sentimiento general sobre la AV es que la academia antropológica nunca ha visto con mucho interés la producción audiovisual, siempre le ha tenido cierta desconfianza, y el procedimiento general ha consistido en utilizar los medios audiovisuales como mera ilustración colorista del discurso de autor. Porque los antropólogos no serán cineastas, pero se consideran autores por derecho propio.
Traza histórica de la “Antropología Visual”

El “otro” se convierte en una imagen. Antropólogos como Franz Boas, Margaret Mead o Gregory Bateson emplearon la cámara para el análisis etnológico, pero el documental antropológico profesional se consolidó con cineastas que registraron diversas realidades como S. M. Eisenstein, Leni Riefensthal, Dziga Vertov, Félix-Louis Regnault o Robert Flaherty con visiones particulares sobre los pueblos primitivos.
Robert Flaherty hace el primer trabajo con una metodología antropológica mediante un contacto íntimo con los filmados. Como Malinowski piensa que es fundamental convivir con ellos y para que ellos mismos hablen. En cierta forma termina con el imaginario colonial. Parte de la reseña de Wikipedia ofrece un resumen breve y sustancioso sobre el tema:
“Ahora existe una suerte de remordimiento por estar destruyendo tales culturas, se presenta al esquimal ejemplar, pero no se habla de un esquimal en concreto, ni tampoco habla con él, no le da la palabra, sólo le preocupa la dimensión material de la cultura. La gente, en principio, sólo forma parte del decorado.
Desde los años cincuenta la conciencia de la subjetividad de las imágenes obliga a los estudiosos a abandonar la ingenuidad inicial que entendía que éstas eran un reflejo objetivo y veraz de la realidad. La imagen audiovisual deja de ser entendida como una copia fidedigna de la realidad y comienza a ser vista como una reconstrucción, e incluso como una interpretación.
Jean Rouch en la posguerra es quien reivindica la imagen como elemento fundamental en una investigación antropológica, con interés específico, un lenguaje y una metodología emancipados de su mero uso ilustrativo. En la película etnográfica ya no interesa sólo aquello que se muestra, sino también quién y cómo lo muestra.
Se advirtió que a los protagonistas de los documentales antropológicos no se les daba voz, se oían sus cantos, sus oraciones, los ruidos de sus actividades, pero no se les preguntaba acerca de sus puntos de vista. Se pretendía que la imagen fuera entendida como la realidad.
Las reflexiones que se derivan de esta perspectiva son simples y lógicas: el contexto en que se rueda una escena no es el mismo en el que luego son vistas las imágenes. Es decir, las imágenes no hablan por sí mismas y es necesario, en aras de una limpieza argumental, contextualizar las imágenes para el espectador. Tan simple como pensar en que los elementales planos elegidos por el investigador son aquellos que personalmente considera importantes, pero no tienen por qué coincidir con lo que los sujetos filmados puedan, a su vez, creer que son importantes. Dziga Vertov señaló que las imágenes no son un catálogo de la realidad, sino su interpretación. De ahí la importancia que Vertov da al montaje.
Autores como Richard Leacock, Donn Alan Pennebaker o David Maysles van a buscar una mayor proximidad con los filmados. Ahora no hay voz en off. Se busca evitar todo tipo de interpretación, eliminar cualquier dirección o influencia en la acción y captar así la realidad espontáneamente. El “cine observacional” busca captar toda la realidad posible, sin embargo, olvida que el montaje es necesario para contextualizar aquello que, al ser grabado, está siendo sacado de su contexto, por lo que sigue sin garantizar la deseada objetividad.
El “Cinema verité” rueda el encuentro entre la cámara y la realidad, graba así la nueva realidad que provoca. Jean Rouch, filmado en colaboración con el filósofo Edgar Morin, busca aprovechar la inevitable subjetividad de forma positiva. La observación del “Otro” sólo es posible cuando éste deja de ser un objeto para ser un sujeto que habla, desea, se expresa y participa, pues ante todo es una persona. El objetivo es acompañar a los otros en sus vidas, compartir sus experiencias, sumarse a ellos.
Irrumpe posteriormente el “Cine reflexivista”, que trata de invertir la mirada: explicar qué es lo que ha llevado a construir ese texto, desde qué punto de vista se ha hecho. Las sociedades representadas no son sino construcciones de la mirada que las crea.
La autoetnografía intenta salvar este escollo dando a los mismos nativos la tecnología necesaria para que ellos mismos se expresen. Este cine de los años 70 exige una militancia política, es exigente y reflexivo y va a promover que los antiguos observados creen sus propias películas ofreciendo sus puntos de vista.
En los años 80 el Deconstructivismo ataca las bases mismas de la Antropología. Se cuestiona toda autoría y se reivindica que el discurso científico, presuntamente objetivo, obedece a una ideología concreta. El documental es un procedimiento más con su propia retórica. Se reconoce primero la subjetividad del autor para después tomar conciencia de la existencia de múltiples puntos de vista.”

Foto: Islas de Andamán, elpaís.com 

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