viernes, 20 de julio de 2012

Videoastas y Antropología Visual


Mesa redonda. Entre los meses de diciembre de 2011 y febrero de 2012 establecí contacto electrónico con un grupo de realizadores mexicanos de documental antropológico para discutir la relación entre el video de temática antropológica y posteriormente con otro de antropólogos para indagar sobre su relación a la enseñanza de la antropología en nuestro país. Espero que sus respuestas contribuyan a incrementar la presencia del video en la academia antropológica o al menos a iniciar un debate inaplazable en el ámbito de la antropología mexicana en general, y poblana en particular. Con sus respuestas organicé dos mesas redondas de discusión virtual, iniciando con los realizadores mexicanos de video antropológico. Paso a presentarlos de uno por uno:

En el orden en el que fueron recibidas sus respuestas, tenemos en primer lugar la presencia de Alejandra López, licenciada en comunicación y antropóloga por la Escuela Nacional que ha sido becaria en el Instituto José María Luis Mora, el diseño metodológico para la investigación “Sierra Sur de Oaxaca” del CIESAS; es productora de una decena de documentales sobre arte, derechos humanos y ficción y en 2006 realizó su propio documental “Fluyendo”, que es un encuentro entre la reflexividad y la visualidad de la costa chica.


Antonio Noyola Rocha tiene una experiencia de treinta años como guionista de cine, televisión y radio; es director de la empresa de televisión Campo Imaginario y entre su numerosa obra visual destaca la concepción y coordinación de “Los caminos de los sagrado” (1989), sobre la fiesta tradicional mexicana, donde escribe y realiza los largometrajes “La piel del signo” (1990), “En alas de la fe” (1991), “Isla de voces (1992), “En cuerpo y alma” (1992), “El centro del mundo” (1992), “El vuelo del alma” (1993) y “Febrero loco” (1993). En 2002 graba por segunda vez  la ceremonia del peyote en la Sierra Tarahumara, experiencia que narra posteriormente en su libro “En busca del jícuri”.

Rafael Bonilla Pedroza ha sido fotógrafo y videoasta por treinta años, realiza “La batalla de las cruces”, sobre feminicidios en Ciudad Juárez;  ¨Los caprichos de la guerra y los desastres de la paz¨, sobre el feminicidio en Guatemala;  ¨Sirenas… un salto al vacío que asegura la vida eterna¨,  que recrea el mito de la existencia real de las sirenas en América Latina y el exitoso documental “La carta” (2010). Como camarógrafo trabaja en  “Entre voladores y huapangos¨, de José Ramón Pedroza”; “Historia de un naturalista” (La vida de José Mariano Muciño y Lozada), de Héctor Gómez Vázquez; ¨Lacanjá… el mito del balché en la lacandona¨, o la expedición Bloom, de Saudhí Batalla y ¨Los Revueltas¨, de Eva Bodensted. Rafael es miembro del Foro Mexicano de Documentalistas.

Rafael Rebollar Corona es ingeniero químico de la UNAM con estudios de Realización Cinematográfica en el CUEC de la propia UNAM; es realizador, fotógrafo, conferencista y empresario del video. Fue precursor en México del documental en Súper 8, que empezó a filmar en el ya lejano 1980 sobre conciertos de Carlos Santana, personajes como el “Púas” Olivares y bailarines populares del centro de la ciudad de México, entre docenas de materiales. Como realizador, co-realizador y director de fotografía podríamos hablar de otras decenas de documentos fílmicos, por el momento permítanme destacar sólo algunos de sus documentales, reconocidos en festivales, como “Correrías en el Monte”, “Africanías”, “Los dioses de piedra”, “Embrujo antillano”, “La raíz Olvidada”, “Cuerpos de maíz”, “De Florida a Coahuila”, “El río de los muertos”, “La cuenca del Puxcatan” y “Volver al agua, cambiar la tierra”, entre muchos otros proyectos en los que ha dirigido y participado.

Sergio Mastretta Guzmán ha sido periodista, empresario radiofónico e investigador social con amplia experiencia en municipios y pueblos marginales. Produce y realiza junto a Melchor Morán Mallén el documental “Contigo al Norte, Guadalupe”, en 2006, sobre la carrera guadalupana que parte de la Basílica de Guadalupe en la ciudad de México y llega a la Catedral de San Patricio en Nueva York.

Saudhi Batalla estudió la Licenciatura en Ciencias de Comunicación Social, la maestría  en Historia y actualmente termina su Doctorado en Historia y Etnohistoria. Ha escrito como becaria por CONACYT la investigación “El uso del cine documental como fuente histórica” y la tesis “La imagen cinematográfica en la etnohistoria mexicana”. Obtuvo dos menciones honoríficas en el Festival “Este corto sí se ve” y el festival de Cine y Video Científico de la UNAM. Forma parte del Comité Red de Documentalistas Mexicanos y es miembro de la Asociación de Mujeres en el cine y la tv, es integrante de la Comisión de Organización y Comunicación del Encuentro de Documentalistas Latinoamericanos y del Caribe del siglo XXI. Por sus características profesionales, Saudhi Batalla forma parte también del panel de discusión antropológica sobre el recurso visual que presento posteriormente.

Muchas gracias a todos por su presencia en esta discusión.

MESA REDONDA VIRTUAL:

La primera pregunta borda directamente en la materia que preocupa a esta investigación: ¿el recurso videográfico es necesario en la enseñanza de la antropología mexicana?

Alejandra López Cruz:

Antonio Noyola:
Hoy, la enseñanza audiovisual es necesaria en la educación en general, pero cobra una importancia aún mayor en disciplinas como la antropología, consagrada a registrar la cultura humana en todas sus dimensiones.

Rafael Bonilla Pedroza:
Creo que hay dos,  entre tantas maneras del ver al video, efectivamente es un recurso. Hoy se habla de los medios y estos pueden servir de visualización para la publicidad, la ciencia, la policía, la antropología, etcétera. Se resalta su capacidad didáctica y objetiva, sirve de prueba contundente, en fin. Otra manera de verlo es como lenguaje con un discurso propio, heredado esencialmente del cine y con el auxilio de herramientas de la literatura, el periodismo, el teatro, la música, etcétera.

Rafael Rebollar Corona:
Sí.

Sergio Mastretta Guzmán:
Por supuesto. Valoro, por ejemplo, el potencial de una cámara en el panteón de San Gabriel Chilac en un día de muertos.

Saudhi Batalla:
Creo que es muy importante que se considere el recurso del registro videográfico, sobre todo continuar con la construcción en nuestro país del área de la Antropología Visual y los Medios de Comunicación, las ciencias sociales y las nuevas tecnologías como herramientas de investigación y medios de difusión. En las carreras de comunicaciones y cine es importante acercar al medio a las técnicas de investigación antropológica e histórica.

¿Debe el video integrarse al planteamiento metodológico de la Antropología académica?

Alejandra López:
Sí.

Antonio Noyola:
Sería deseable que todas las escuelas de antropología dispusieran de un robusto departamento audiovisual y que se extendieran las opciones de la antropología visual para los estudiantes.

Rafael Bonilla Pedroza:
Ignoro cuál o cuáles sean los planteamientos metodológicos de la Antropología actual. En la historia del cine existen desde los 20´s, con Flaherty, Gierson, Dziga Vertov, Buñuel y por supuesto Jean Rouch, y un gran número de  cineastas que explicita o implícitamente han dialogado eficazmente con la antropología. Con la condición del hombre. Creo que debe integrarse a la enseñanza en general. El uso y abuso del lenguaje audiovisual es, nos guste o no, parte de la sociedad contemporánea

Rafael Rebollar Corona:
Sí.

Sergio Mastretta Guzmán:
Creo que sí. De hecho, pensaba que eso ya ocurría.

Saudhi Batalla:
Es recomendable acercar al investigador a que utilice la foto y el video como herramienta de investigación, desde la producción hasta el análisis de la imagen axial como la elaboración de videos, páginas web, revistas virtuales, tv por Internet para difundir los trabajos antropológicos y visuales, interesarnos por la formación de nuevos públicos.

¿Podría ser el video una suerte de diario de campo audiovisual, llegar a sustituir la libreta de campo o cumplir las funciones de ésta?

Alejandra López:
No. El video es una herramienta más del quehacer antropológico, es un soporte que permite revisitar imágenes y audio que además puede convertirse, una vez editado, en una forma de presentar los resultados de una investigación. 

Antonio Noyola:
El video puede ser una herramienta de registro muy útil y auxiliar, pero no puede sustituir el diario de campo que recoge las impresiones e ideas del antropólogo.

Rafael Bonilla Pedroza:
Claro, no solo un diario sino toda una propuesta. Rouch es el que reconoce, por primera vez, la existencia de una etnología de la mirada…

Rafael Rebollar Corona:
No exactamente, más bien sería un complemento a todo lo anterior.

Sergio Mastretta Guzmán:
Me parece muy buena la idea del diario de campo audiovisual. Al mismo tiempo, creo que las dos herramientas son fundamentales.

Saudhi Batalla:
La libreta de campo es indispensable en el trabajo de campo antropológico e histórico, para registrar las anotaciones y los datos importantes. Es recomendable también realizar una bitácora visual con fotografía y video; una no suple a la otra, ambas son indispensables para el trabajo de campo.

¿Consideran que el video abre campos de acción antropológica?

Alejandra López:
El video es una herramienta con un sinfín de aplicaciones, puede ser usado de diferentes formas e implementado de cierta manera puede convertirse en un sujeto de estudio del quehacer antropológico por sí mismo.  

Antonio Noyola:
Depende de lo que entendamos por “acción antropológica”. Pienso, por ejemplo, en la experiencia desarrollada por el INI en los noventas con talleres audiovisuales dirigidos a jóvenes indígenas.

Rafael Bonilla Pedroza:
No lo sé. Tradicionalmente la antropología ha estudiado al cine, como objeto de estudio, para el análisis. Ahora también el discurso cinematográfico pregunta y cuestiona a la ciencia como tal.

Rafael Rebollar Corona:
Posiblemente en algún caso, no necesariamente.

Sergio Mastretta Guzmán:
Sí, pienso tan sólo en los vínculos que permite establecer entre las personas que se involucran en una investigación antropológica. De ahí al uso colectivo que una comunidad puede hacer del video para la recuperación de su propia historia hay un simple paso.

Saudhi Batalla:
El video abre muchas posibilidades sobre todo para difundir los problemas sociales que la antropología logra diagnosticar, el video es funcional para difundir éstos y para proponer soluciones. Si tuviéramos medios plurales podría difundirse a la población y a los diputados y senadores para que visualicen el país que gobiernan, ya que muchos ni lo conocen.

¿Consideran que el video configura o desfigura las investigaciones antropológicas?

Alejandra López:
Al ser una herramienta más del antropólogo es sujeto de la interpretación y el análisis del investigador.  Al igual que un diario de campo, una grabación de audio o cualquier otro soporte, el resultado dependerá del rigor metodológico que se aplique para presentar conclusiones.

Antonio Noyola:
Las grabaciones videográficas, aun las más discretas, alteran los acontecimientos grabados, pero no necesariamente los desfiguran. Conforme a mi experiencia, es indispensable contar con el permiso, y de ser posible con la complicidad, de las personas y comunidades registradas.

Rafael Bonilla Pedroza:
Ignoro si las desfigura o no. Lo cierto es que se convierte en un lenguaje que interviene en la realidad de la que habla. Desde el encuadre, el sonido y tantas otras cosas. Tal vez sea un asunto ético de fondo.

Rafael Rebollar Corona:
Eso depende de la calidad del trabajo del antropólogo.

Sergio Mastretta Guzmán:
Creo que no más que la tradicional cámara fotográfica.

Saudhi Batalla:
El video muestra la representación de imágenes de cierto contexto social. La imagen es polisémica y puede derivar variedad de significados. El video como la imagen, como los medios de comunicación, pueden ser utilizados también para manipular información y desinformar  a la sociedad o implantar por ejemplo miedo, como sucede actualmente en la sociedad mexicana con los temas de violencia y narcotráfico.

¿Consideran que el video difunde mejor o desfigura las investigaciones antropológicas?

Alejandra López:
Ambas.  Al hablar del video como un producto final editado, creo que al ser un medio audiovisual de fácil acceso y debido a la educación audiovisual de la gente, es sujeto de percibirse como si los contenidos fueran verdaderos o concluyentes per se.  Es decir que la gente tiende a creer que lo que se presenta en un video “es”. 
Entonces, por una parte al ser un medio inmediato y conocido (para muchos, no es lo mismo sentarse a ver la tele que tomar un libro y darse tiempo para leer y comprender su contenido) difunde mejor, pero hay que pensar en que lo que se difunda no desfigure…

Antonio Noyola:
Depende del rigor y la amplitud con la que se produzca. 

Rafael Bonilla Pedroza:
Si la mirada etnológica está en las imágenes en movimiento que el espectador contempla o ve, el hecho se consuma en un producto memoria-tiempo que afecta nuestra identidad.

Rafael Rebollar Corona:
Pueden ocurrir ambas cosas.

Sergio Mastretta Guzmán:
Distingamos entre el video realizado en una investigación y su canal de difusión. Televisa destripa las tradiciones mexicanas en horario triple A. Qué no daría un documentalista por esos millones de ojos valorando su material.

¿Es el video una acción intervencionista en las comunidades?

Alejandra López:
Totalmente.

Rafael Bonilla Pedroza:
Si, por todo lo anterior.

Rafael Rebollar Corona:
Sí.

Sergio Matretta Guzmán:
Puede serlo la investigación por sí misma, con una simple libreta en la mano. No creo que el problema del “intervencionismo” tenga que ver con los recursos de trabajo. Me parece más sensato pensar en la visión del mundo que tiene el investigador, en su sensibilidad y compasión por la vida de los demás.

Saudhi Batalla:
Probablemente sí, todo dependerá de los fines de la investigación, pero por experiencia sé que muchos miembros de comunidades quieren utilizar y acceden a las cámaras de video de uso cotidiano. Podemos hablar ya de los proyectos de  Transferencia de medios en el INI desde los años 80. Lo que sí es necesaria es  la ética del investigador cineasta antropólogo de siempre pactar con las comunidades lo que se requiere filmar.

¿Aporta el video antropológico un punto de vista diferente a los documentos e investigaciones antropológicas tradicionales?

Alejandra López:
El punto de vista lo aporta el investigador.  El video puede complementar, ilustrar, motivar y/o ayudar a la investigación dependiendo del planteamiento de su uso dentro de los objetivos de la investigación.

Antonio Noyola:
Sí, en la medida en que capta la variedad y riqueza de ciertas prácticas, como las fiestas y ceremonias.

Rafael Bonilla Pedroza:
Entre las ciencias sociales, la Antropología de hoy ha trascendido los viejos esquemas de objetividad y verdad. El cine etnológico de hoy se pregunta desde muchos ángulos de la vida; pero su raíz está en lo narrativo y lo verosímil.

Rafael Rebollar Corona:
En términos generales creo que enriquece a la investigación.

Sergio Matretta Guzmán:
Sí, sobre todo si la realización es buena. El cine siempre se planteará como un lenguaje propio y distinto a la narración escrita.

Saudhi Batalla:
El video, la fotografía, cinematográfica de grabado, la pintura, etc. toda imagen es una fuente histórica de conocimiento e información. Es labor del investigador colocarla en su contexto y desde una perspectiva histórica y antropológica abordarla.

¿Propone el video preguntas antropológicas distintas a las habituales?

Alejandra López:
Depende de qué papel se le de al video en la investigación.

Antonio Noyola:
El video puede incorporar una dimensión artística que raras veces aparece en la antropología académica.

Rafael Bonilla Pedroza:
El ser es quien pregunta… Buñuel, al ser censurado por su película de Los Olvidados atacó: ¨La ciencia no me interesa. Me parece presuntuosa, analítica y superficial. Ignora el sueño, el azar, la risa, el sentimiento y la contradicción; cosas todas que me son preciosas.¨

Rafael Rebollar Corona:
No.

Sergio Matretta Guzmán:
En la perspectiva de una investigación, la realidad siempre pasará por los ojos del antropólogo-realizador, quien está obligado a reconocer la variedad y la fuerza de sus herramientas. Al exponer una realidad visual –por ejemplo, ese mediodía en el panteón de Chilac--, las imágenes tienen vida propia más allá de la propuesta narrativa del antropólogo; con ellas se tiende un puente a los propios interrogantes de la audiencia que, si así lo estima, puede dejar a un lado las interpretaciones del investigador y valorar por cuenta suya la realidad que se le presenta.

Saudhi Batalla:
Seguro que sí, todo depende de la agilidad del investigador y sus intereses.

¿Consideran que existe una corriente o escuela mexicana de Antropología visual?

Alejandra López:
Me gustaría pensar que se está gestando en México algo que verdaderamente se preocupe por discernir los alcances que puede tener la imagen y el sonido (no solamente el video) dentro de las investigaciones antropológicas, sin embargo, lo común es encontrar centros de producción o investigación que no van más allá de la ilustración y se quedan en la superficie de lo que esta herramienta puede proponer.

Antonio Noyola:
No, pues una escuela digna de ese nombre requiere continuidad y desarrollo de un método y diversos estilos. Pero hay interesantes esfuerzos aislados.

Rafael Bonilla Pedroza:
Yo creo que si, aunque no se puede hablar de una agrupación con estatutos y organigrama.

Rafael Rebollar Corona:
Supongo que sí, hay gente que tiene plazas de empleo en universidades, escuelas y centros de investigación y que  viven de eso, sin embargo la pregunta para mí es difícil porque pienso que el término de Antropología visual es muy cuestionable.

Sergio Mastretta Guzmán:
Sí, aunque no sé que tan sistemática y accesible al público. ¿Cómo se accede, por ejemplo, a los materiales producidos por Antonio Noyola?

Saudhi Batalla:
Seguro que sí, la escuela documental comienza en los años 60 con “Él es Dios” de Warman, Bonfil y Muñoz, quien es el pionero del cine de autor en México; como antecedente está el trabajo integral de Manuel Gamio, los documentales del aleman Walter Reuter y la influencia de los fotoreporteros de los años 50 que comenzaron a filmar con la propagación de los equipos mas ágiles después de la segunda guerra mundial. Nacho López filmó, por ejemplo, y Manuel Álvarez Bravo. Miguel Covarrubias y filmó bailes balineses con una cámara que compró en su luna de miel. Después impartió conferencias sobre su experiencia. Otros extranjeros que filmaron en México son Gertrude Duby Blom y Frans Blom. Tomaron películas de los rituales en los Altos de Chiapas, el ritual Balche y sus expediciones a la Selva Lacandona como la de 1927 que se titula Men, mules y machetes y que representa la expedición de  John Grey Gedding expediction, y otras realizadas desde la Universidad de Tulane. Así también la investigación y filme sobre Lacandones: Expedicon Leonard, 1955, que arrojó datos de otras instituciones norteamericanas que influenciaron México con sus filmaciones. El Centro de Investigaciones Antropológicas de México con Carmen Cook, Juan Leonard y Federico Peterson llevaron a cabo filmaciones acerca de la Selva Lacandona. Un contexto donde la influencia extranjera artística antropológica policíaca cultural y social de México se entremezclaba. Así, las cámaras de foto y cine se han ido incorporando a la investigación. Y así es tarea pendiente esbozar esta escuela mexicana con amplia tradición en la imagen y su estudio.

En una investigación superficial realizada en Internet pude detectar cinco escuelas o corrientes de Antropología Visual: Cine observacional, cinema verité, cine reflexivista, Cine-Ojo (Kino-Glaz), la autoetnografía, el deconstructivismo y la Antropología compartida. ¿En qué escuela o corriente asignarían sus propios trabajos de documental antropológico?

Alejandra López:
Entre el Verité y el reflexivista…

Antonio Noyola:
Cine observacional o documental de observación.

Rafael Rebollar Corona:
Por lo menos parcialmente en Cimena Verité, el deconstrutivismo y el reflexivismo; aunque la verdad, las etiquetas de “las diferentes escuelas” también me parecen cuestionables.

Sergio Mastretta Guzmán:
Verité.

Saudhi Batalla:
Me gusta la escuela de Andrés Medina quien ha esbozado bien la etnografía de la época de la Antropología Social Aplicada en los años 50, que son el contexto de los filmes que analizo. Una  escuela marcada dentro de la antropología mexicana que me interesa reivindicar, reconocer y colocar su discusión sobre la mesa a partir del tema de la identidad nacional, desde el análisis de la imagen fílmica de los films de Blom en los años cincuenta.
Una escuela que integra las escuelas y las teorías y que la realidad nos lleva como investigadores y realizadores a ser ágiles y encontrar la salida del laberinto para llegar a la puerta de los recursos y defender estos para que de forma gubernamental se garantice la producción de los documentales, en México.
En cuanto a mi quehacer documental, pertenezco a la refundación del Nuevo cine latinoamericano que surge con Mérida 68 y Viña del Mar del 69, donde se reunieron por primera vez los documentalistas para fundar el Nuevo Cine Latinoamericano y axial la escuela de San Antonio de los Baños en Cuba, con el apoyote Gabriel García Márquez.
Actualmente, este trabajo colectivo lo continúo en la investigación en la ENAH y como productora independiente. Participé en el Primer Encuentro de Documentalistas del XXI de Caracas, Venezuela, en Guayaquil Ecuador y en Buenos Aires 2011.
Hemos trabajado algunas acciones y propuestas de trabajo que coloco a disposición, ya que es de nuestro interés difundir y crecer esta acción en nuestro país y en el ámbito de la investigación.

¿Podrían agregar alguna otra corriente a esa lista?

Rafael Rebollar Corona:
Estoy pensando fundar alguna en México para garantizar mi subsistencia.

Saudhi Batalla:
Considero es importante mirar a Latinoamérica y no sólo las escuelas de occidente. La influencia del cine argentino, brasileño, boliviano, nicaragüense cuenta historias dentro del documentalismo todavía por escribir. Así como la influencia del documental Mexicano y sus festivales para difundir el “otro cine”, el hollywoodense, y lo que invade las salas cinematográficas comerciales actualmente.

La última pregunta pude hacerla, a causa de un error de comunicación, a sólo dos realizadores, pero quiero agregarla porque me parecen interesantes sus respuestas, sin dejar de extenderle una disculpa al resto de la mesa. Existe un cine etnográfico explorativo donde la cámara forma parte del proceso de investigación, que los especialistas (Claudine de France, 1989) contraponen al cine explicativo o documental, donde la investigación etnográfica es anterior a la descripción fílmica. ¿En cuál de ellos sitúan su trabajo como realizadores de Antropología Visual?

Antonio Noyola:
De nuevo, depende de las circunstancias. Conozco casos en los que la obra de un especialista en pictografía o etnohistoria es adaptada al lenguaje audiovisual; se le confiere un sitio preponderante en los créditos, pero para efectos prácticos el "autor" de la obra audiovisual es el realizador. En otros casos, el realizador elige un tema y lo desarrolla basándose en la lectura de varios textos. Es mi caso y el de la mayoría de los colegas que conozco. Cabe la posibilidad, menos frecuente en México pero que sin duda existe, de antropólogos cuyo trabajo incluye o desemboca en obras audiovisuales. Tengo la impresión de que esta es la "antropología visual" en sentido estricto, donde cabe el "cine etnográfico explorativo" de tu pregunta; el resto, lo que yo he hecho, por ejemplo, es documental de observación libremente basado en fuentes antropológicas, pero sin obedecer un método académico.

Sergio Mastretta Guzmán:
Nuestro largometraje documental –“Contigo al norte, Guadalupe”-, deja de lado la voz y presencia física de los realizadores. En muchos sentidos, pienso que nuestro trabajo se planta en la óptica explorativa.

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