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Médicos en la Montaña de Guerrero

Tlacoachistlahuaca Marzo, 2007. El secretario general del ayuntamiento de Tlacoachistlahuaca, Guerrero, Heriberto López Montellano, me dijo que no conoce personalmente médicos naturales, aunque sabe que existen en el municipio. Luego me salió con una revelación: “Mi abuelita era médico natural, curaba con yerbas y todo eso, buscaba la forma. Le daba resultados, pero ahorita no conozco a alguien que lo haga, aunque sí hay. Médicos de tipo espiritual, que hacen limpias o cosas así, que les llamamos curanderos. Hay más. Normalmente son mujeres, hay pocos hombres, generalmente ancianos, aunque se ha ido perdiendo la tradición.” Pero fue justamente un hombre el primer curador que pude entrevistar. Se trata de don Agripino Díaz Miranda, el secretario hizo las gestiones para que su gente me hiciera una cita con él. Era un anciano flaco y bizco con el pelo cano. Con medida amabilidad me respondió a la pregunta de si usaba yerbas para las curaciones. “Nosotros curamos, pero ...

Algo con qué defenderse

El profesor Horacio Echevarría nos condujo por caminos de terracería en las cercanías de Janos, veníamos de Nuevo Casas Grandes, donde habíamos pernoctado. Era septiembre de 2012. Hasta acá viajan las familias de Guerrero, Oaxaca y Chiapas a los diferentes campos como el que visitamos ese día llamada Colonia Fernández Leal,   a la pizca de chile, cebolla y otras cosechas, pronto irán a Sinaloa a la pizca del tomate. La diferencia entre las distintas coordinaciones estatales y regionales reside en que muchas veces carecen de ideas y son burócratas estacionados en la comodidad de sus quincenas muy pendientes del escalafón, del aplauso al licenciado en turno y de la improbable visita del coordinador nacional. O, como es el caso de Chihuahua, la responsabilidad cae en blandito cuando es encomendada a la persona ideal para llevar a cabo la tarea: Horacio Echeverría, pima –según él–, maestro, político, emprendedor, visionario; tal vez un atrevido, un loco, un soñador que lleva ...

Orillados de la ciudad

Para llegar a Palmillas, Municipio de Mixquiahuala de Juárez, Hidalgo, se toma la carretera México-Laredo hasta el famoso Valle del Mezquital. Aquí, multitud de pequeños propietarios siembran básicamente ejote. Todas estas tierras son regadas con aguas residuales del Distrito Federal, por eso está prohibida la siembra de hortalizas, aunque es posible ver bastante maíz y no son pocos los campos de alfalfa regados con eficientes máquinas dispensadoras de agua. Pero lo fuerte es el ejote, a eso vienen los jornaleros agrícolas provenientes de los estados de Guerrero, Morelos y Oaxaca cargando a sus numerosas familias, los puede uno ver descansando a la sombra de árboles casuarina y de una especie de sauce espigado que, justo es decirlo, proporcionan una modesta y huidiza sombra al mediodía. La buena noticia para ellos es que en Hidalgo todos trabajan, niños y adultos, no como en otros lugares donde se los prohíben. Me recibe el profesor Juan Carlos Jiménez Barrera en el Centro Educat...

Esas son nuestras dificultades

Es agosto de 2012 entrevisto a la licenciada Edith Mendoza Barrera en Mixquiahuala de Juárez, Hidalgo, sobre su trabajo en un programa de la SEP llamado PRONIM, para hijos de migrantes laborales; miles de familias que viajan por temporadas a las cosechas de ajo y sandías en campos de Sonora, Chihuahua, Sinaloa y La Laguna, ejecutado por la de Dirección Nacional de Educación indígena, donde la joven profesionista trabaja de maestra de preescolar. Edith es bióloga de profesión, tiene ocho años practicando el magisterio en estos grupos tornadizos de niños que, en ciertas circunstancias, como me platicó una maestra en la sierra norte de Puebla, “no saben ni tomar un lápiz”. Le pregunté a Edith cuál era el reto de su encargo, cómo era trabajar con estos niños obligados a laborar en el campo jornadas de adultos para contribuir a la difícil situación económica de sus familias. Hay estados que lo prohibían ya entonces a los menores de 16, Hidalgo no era uno de ellos. El reto es traba...

Yaquis en Puebla

Cajeme Seis meses antes de despuntar el siglo XX los servicios telegráficos de los principales periódicos de la capital informaron noticias alarmantes: una nueva “sublevación” de indios yaquis. Habían pasado casi veinte años del inicio de la llamada “colonización” del noroeste mexicano “infestado de tribus de indios salvajes” que era necesario derrotar para despojarlos de sus tierras bañadas con las aguas del sagrado río Yaquimí. El gobierno de Porfirio Díaz sabía cómo apaciguarlos, tenía veinte años haciéndolo. La Secretaría de Guerra ordena que se concentren fuerzas federales en el pueblo de Tórim para iniciar la apenas suspendida campaña contra los rebeldes, que tras su última derrota buscaron refugio en la serranía del Bastacate, de donde era materialmente imposible sacarlos. Peleaban con el ejemplo del sargento republicano José María Leyva, conocido como “Cajeme”, yaqui que estuvo en Querétaro en 1867 bajo el mando de Ramón Corona. Cajeme organizó los gobiernos de ...

Es muy poco común que te digan mamá

No son visibles como los internacionales que saltan el muro, no transitan por desiertos en frías madrugadas, no hacen marchas fabulosas bajo la atención del mundo, pero también son migrantes, también son pobres. Tanto, que no pueden dejar a sus familias en el pueblo, a qué, por eso viajan con ellas. Estos migrantes tampoco hacen nada en la penumbra, son documentados, a veces viajan en autobús, frecuentemente en las bateas de vehículos diversos, cientos y hasta miles de kilómetros en busca de trabajo. Son los jornaleros temporales que habitan unos meses los enormes campos de monocultivo en Zacatecas, Sonora, Chihuahua o Coahuila: ajo, cebolla, sandías; o uva y nogal, como en el caso del ejido La Habana, costa de Hermosillo, Sonora, a donde fui a encontrarme con la profesora Aída de Hoyos Oros, que imparte clases a un grupo multigrado de la escuela primaria Venustiano Carranza. ¿Quiénes son esos niños? Son los hijos de aquellos jornaleros migrantes que traen a sus familias a la cosecha...