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Créditos sin crédito

Para los artesanos y jornaleros de los pueblos es un verdadero lío ponerse a elaborar un proyecto, las especificaciones que exigen las dependencias de gobierno rebasan no sólo su entendimiento sino muchas veces el sentido común, la prudencia para explicar una labor y sus posibles tiempos de trabajo, inversión, mercado. En 2006 estuvimos en la comunidad amuzga de Tlacoachistlahuaca, Guerrero, donde las tejedoras, organizadas al fin, se seguían topando con la misma pared que significa el lenguaje burocrático que se exige en los trámites; especificaciones confusas, previsiones imposibles de hacer, tiempos vertiginosos, viajes y talleres innecesarios. La famosa ayuda, según vi en esa ocasión, fue un embarque de hilo industrial plastificado que las artesanas igual utilizaron en su arte centenario para terminar haciendo piezas de baja calidad, pues por bueno que sea el tejido, con ese hilo, el resultado es irregular. En esta entrevista, Socorro Añorve, entonces líder de las artesanas de Tla...

Revistas pioneras de antropología

Entre los muchos pendientes en el estudio de la antropología mexicana está la sustancia contenida en las revistas primigenias especializadas en el tema. Es cierto que las revistas de antropología nunca han sido arrolladoras en términos de público y popularidad, hoy mismo, es palpable la discreción en que se desenvuelven las revistas antropológicas, a excepción de dos: México desconocido y Arqueología mexicana, que es posible conseguirlas hasta en el súper, el resto –dicho de memoria- ni tienen ni la circulación ni el tiraje como para destacar en el gran público, es el caso de Nueva antropología, Ojarasca de La Jornada, Matria de La Jornada de Oriente y otras institucionales como el Boletín del INAH, la revista mexicana de estudios antropológicos, Nueva antropología, Revista de antropología social y Mirada antropológica del Colegio de Antropología poblano, que sobreviven gracias al tesón de sus promotores y al presupuesto de sus instituciones, pero que se publican sin pena ni gloria. ...

Mixtecos de Rancho Viejo

En un lejano punto de la montaña de Guerrero, en el verano del año 2006, un olvidado pueblo mixteco llamado Rancho Viejo, a cinco horas de intrincada terracería de su cabecera municipal, Tlacuachistlahuaca, de población amuzga, encontramos a Joan Armell Benavent, misionero laico de la organización española Ekumene, encargado hace una década de la Misión Católica de Rancho Viejo que, entre otras muchos servicios comunitarios, ofrece a los jóvenes la posibilidad de estudiar la secundaria. Esta es parte de su apreciación de los mixtecos guerrerenses que, a diferencia de sus parientes oaxaqueños, mucho más prósperos y organizados, viven aquí en una extraña dejadés que el sexagenario misionero trata de explicarse. Y de explicárnoslo. “Lo que ocurre es que ellos no conocen lo que significa ahorrar, porque dinero sí manejan. Yo nunca había visto la alegría con que una señora me dijo: `mi niña está mal y la tienes que bajar al hospital. Cuánto vale curarla`. “Se dedican a criar ganado para sac...

Los homshuk

Los Homshuk habitan municipios de la región sur del estado de Veracruz, en la zona istmeña, donde se localiza la zona fronteriza con el estado de Puebla, entre arroyos que alimentan el río Papaloapan, con fuertes presiones étnicas de náhoas, por un lado, y de totonacas y Ben'Zaa por el otro. Popoluca es un vocablo nahua que significa extranjero. Se llaman a sí mismos hijos de Homshuk, dios del maíz y se aceptan también como popolucas. Este pueblo nativo de Mesoamérica tiene una extensa y compleja historia de interacciones y relaciones con otros grupos. Han sido llamados olmecas, zoquepopolucas y mixe-popolocas. La región istmeña de Veracruz se caracteriza por un espacio relativamente plano, que comienza a ser interrumpido por las estribaciones serranas que corresponden al sistema montañoso de los Tuxtlas. La franja montañosa ocupada por los Homshuk es conocida como la Sierra de Santa Martha. A los Homshuk, al igual que a los nahuas istmeños, les tocó vivir el largo proceso de colon...

Tres veces negado

Una de las características más llamativas del indigenismo mexicano es su insistencia en situar al indio como a un igual de los indigenistas, casi sin distinción. Esto ha contribuido fundamentalmente a la pérdida del “objetivo antropológico” a favor de estudios sociológicos y políticos, tratando de acercarse a su objeto de estudio en el supuesto de que somos lo mismo, de que somos iguales. Luis Villoro, haciendo eco a una idea de Echánove Trujillo, piensa que el derrotero de nuestro mestizaje ha sido desde la Independencia en el sentido de una creciente indigenización”, salvo algo que lo contradiga, acepta el autor de Los tres grandes momentos del indigenismo. Esto quiere decir que el mestizaje del futuro “lejos de suponer la continuación del predominio del mestizo tal y como ahora está constituido, supondrá un predominio del indígena”. (Villoro:211) La afirmación, en su sentido somático no es sorprendente, pues, en realidad, es lógico, en tanto que el componente indígena, en ...

Los náhoas de Guerrero

En el estado de Guerrero los náhoas representan alrededor del 40% de la población indígena del estado y habitan 45 municipios de las regiones de La Montaña, la Sierra Central, la Cuenca del Río Balsas, la Sierra Norte y la Tierra Caliente. La regiones náhoas en Guerrero son agrícolas y predomina la propiedad comunal, aunque también hay ejidos y, en menor proporción, propiedad privada. La agricultura de temporal con sistemas de tlacolol y barbechos producen maíz y frijol, de autoconsumo, aunque en la cañada de Huamuxtitlán hay cultivos de riego comerciales que producen jitomate, melón, cacahuate, sorgo, chile y hortalizas. La religión de los náhoas de Guerrero conserva aún muchos aspectos derivados de su legado histórico. Las migraciones de las tribus náhoas hacia el sur del valle de México trajeron un conjunto de conocimientos y tradiciones que hoy se mezclan con la religión cristiana, cuyos santos se asocian a la agricultura, como San Marcos, San Isid...

La naturaleza de Warman

Un poco antes de morir en 2004, Arturo Warman alcanzó a escribir el prólogo de un libro que se iba a llamar La naturaleza mexicana y que no pudo concluir. Era la visión de un hombre muy experimentado, sabio y melancólico, contrastante con aquel joven académico de 1970 que veía a la antropología como un sistema manipulador de indígenas y al antropólogo como el chofer de ese vehículo. “La antropología integral mexicana sostuvo y sostiene que el estudio del hombre debe hacerse en varias dimensiones: una histórica, otra biológica, otra etnográfica o cultural, pero todas unificadas por un solo conjunto conceptual que es el de la antropología aplicada a las tareas de gobierno. (…) Al antropólogo mexicano, con base en conocimientos supuestamente objetivos y científicos, le correspondía adaptar las virtudes de occidente para hacer más fácil su adopción por los nativos. Sus conocimientos también le permitían combatir y aniquilar los sectores retrógrados o tradicionales de la cultura aborigen...