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Historia de vida

Entre las diversas formas de hacer una entrevista a personas de edad avanzada, la más socorrida por la Antropología Social es la denominada “historia de vida”, que en México el maestro Ricardo Pozas estableció metodológicamente en la década de los treinta con su clásico Juan Pérez Jolote. La historia de vida se significa por ser un relato cerrado que inicia con el nacimiento o la niñez del entrevistado y termina con su actualidad. Es muy útil como unidad, pues nos muestra, en secuencia cronológica, los paulatinos cambios de nuestro personaje que también son los cambios de su ciudad, de su comunidad y de la mentalidad del ser humano en el transcurso del tiempo. Sin embargo, cuando se reúnen decenas de historias de vida de un mismo lugar, con edades iguales, tienen como defecto las similitudes de las vidas que han transcurrido en un mismo escenario político, social y cultural que las hace parecerse demasiado. Es decir, suelen resultar colecciones repetitivas, lo que en ningún momento le...

Deudas infinitas

En Pazmata, en la sierra norte de Puebla, Moisés González me cuenta que clase de vida le dieron los caciques a su papá, que trabajó toda su vida con ellos de peón. Su única opción para mantener a la familia era adquiriendo más deuda, que pagaba con jornadas de catorce horas. “Cuando mi padre trabajaba con la familia de Juan Francisco Aco, con la que trabajó casi todo su vida, y cuando yo era un pequeño de siete años, nos platicaba que tenía deudas que nunca podría pagar, porque no le alcanzaba lo que le pagaban por su trabajo. A él le pagaban cinco pesos. Y salía muy temprano, desde las cinco de la mañana, y hasta las once de la noche iba entrando con su velita. No podía ni comprar su lámpara debido a que el dinero no le alcanzaba. Trabajaba primero de arriero, andaba jalando un atajo de bestias de ese señor Juan Francisco Aco. Una vez lo pateó una de ellas, una de las mulas de su patrón, y le quebró una costilla, y debió curarse solo, porque no lo ayudaron a que se curara. Tenía una...

Créditos sin crédito

Para los artesanos y jornaleros de los pueblos es un verdadero lío ponerse a elaborar un proyecto, las especificaciones que exigen las dependencias de gobierno rebasan no sólo su entendimiento sino muchas veces el sentido común, la prudencia para explicar una labor y sus posibles tiempos de trabajo, inversión, mercado. En 2006 estuvimos en la comunidad amuzga de Tlacoachistlahuaca, Guerrero, donde las tejedoras, organizadas al fin, se seguían topando con la misma pared que significa el lenguaje burocrático que se exige en los trámites; especificaciones confusas, previsiones imposibles de hacer, tiempos vertiginosos, viajes y talleres innecesarios. La famosa ayuda, según vi en esa ocasión, fue un embarque de hilo industrial plastificado que las artesanas igual utilizaron en su arte centenario para terminar haciendo piezas de baja calidad, pues por bueno que sea el tejido, con ese hilo, el resultado es irregular. En esta entrevista, Socorro Añorve, entonces líder de las artesanas de Tla...

Revistas pioneras de antropología

Entre los muchos pendientes en el estudio de la antropología mexicana está la sustancia contenida en las revistas primigenias especializadas en el tema. Es cierto que las revistas de antropología nunca han sido arrolladoras en términos de público y popularidad, hoy mismo, es palpable la discreción en que se desenvuelven las revistas antropológicas, a excepción de dos: México desconocido y Arqueología mexicana, que es posible conseguirlas hasta en el súper, el resto –dicho de memoria- ni tienen ni la circulación ni el tiraje como para destacar en el gran público, es el caso de Nueva antropología, Ojarasca de La Jornada, Matria de La Jornada de Oriente y otras institucionales como el Boletín del INAH, la revista mexicana de estudios antropológicos, Nueva antropología, Revista de antropología social y Mirada antropológica del Colegio de Antropología poblano, que sobreviven gracias al tesón de sus promotores y al presupuesto de sus instituciones, pero que se publican sin pena ni gloria. ...

Mixtecos de Rancho Viejo

En un lejano punto de la montaña de Guerrero, en el verano del año 2006, un olvidado pueblo mixteco llamado Rancho Viejo, a cinco horas de intrincada terracería de su cabecera municipal, Tlacuachistlahuaca, de población amuzga, encontramos a Joan Armell Benavent, misionero laico de la organización española Ekumene, encargado hace una década de la Misión Católica de Rancho Viejo que, entre otras muchos servicios comunitarios, ofrece a los jóvenes la posibilidad de estudiar la secundaria. Esta es parte de su apreciación de los mixtecos guerrerenses que, a diferencia de sus parientes oaxaqueños, mucho más prósperos y organizados, viven aquí en una extraña dejadés que el sexagenario misionero trata de explicarse. Y de explicárnoslo. “Lo que ocurre es que ellos no conocen lo que significa ahorrar, porque dinero sí manejan. Yo nunca había visto la alegría con que una señora me dijo: `mi niña está mal y la tienes que bajar al hospital. Cuánto vale curarla`. “Se dedican a criar ganado para sac...

Los homshuk

Los Homshuk habitan municipios de la región sur del estado de Veracruz, en la zona istmeña, donde se localiza la zona fronteriza con el estado de Puebla, entre arroyos que alimentan el río Papaloapan, con fuertes presiones étnicas de náhoas, por un lado, y de totonacas y Ben'Zaa por el otro. Popoluca es un vocablo nahua que significa extranjero. Se llaman a sí mismos hijos de Homshuk, dios del maíz y se aceptan también como popolucas. Este pueblo nativo de Mesoamérica tiene una extensa y compleja historia de interacciones y relaciones con otros grupos. Han sido llamados olmecas, zoquepopolucas y mixe-popolocas. La región istmeña de Veracruz se caracteriza por un espacio relativamente plano, que comienza a ser interrumpido por las estribaciones serranas que corresponden al sistema montañoso de los Tuxtlas. La franja montañosa ocupada por los Homshuk es conocida como la Sierra de Santa Martha. A los Homshuk, al igual que a los nahuas istmeños, les tocó vivir el largo proceso de colon...

Tres veces negado

Una de las características más llamativas del indigenismo mexicano es su insistencia en situar al indio como a un igual de los indigenistas, casi sin distinción. Esto ha contribuido fundamentalmente a la pérdida del “objetivo antropológico” a favor de estudios sociológicos y políticos, tratando de acercarse a su objeto de estudio en el supuesto de que somos lo mismo, de que somos iguales. Luis Villoro, haciendo eco a una idea de Echánove Trujillo, piensa que el derrotero de nuestro mestizaje ha sido desde la Independencia en el sentido de una creciente indigenización”, salvo algo que lo contradiga, acepta el autor de Los tres grandes momentos del indigenismo. Esto quiere decir que el mestizaje del futuro “lejos de suponer la continuación del predominio del mestizo tal y como ahora está constituido, supondrá un predominio del indígena”. (Villoro:211) La afirmación, en su sentido somático no es sorprendente, pues, en realidad, es lógico, en tanto que el componente indígena, en ...