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Una familia corta en una vida larga

Prosigo con la publicación de esta colección de historias orales reunidas en un libro irrecuperable que publicó el Consejo del Centro Histórico de Roberto Herrerías en el año 2003, cuando entrevisté a este grupo de ancianitos poblanos de los que la mayoría ya han pasado a mejor vida. En este caso, don Manuel Paredes Cepeda nos habla de una Puebla también irrecuperable, la de los años treinta, en el popular Barrio de San Antonio, zona de tolerancia, de crimen e historias inconfesables que (¡bendita vida!) pasaron inadvertidas para aquel niño de alma blanca y espíritu catequizado . DON MANUEL PAREDES CEPEDA Me llamo Manuel Paredes Cepeda, para servirle. Yo nací aquí en Puebla en 1931, mi niñez fue muy bonita como creo que ha sido la de todos, me gustaba mucho desde chico ganar mis centavos, digo, no me da pena, nosotros nos criamos en una zona de tolerancia, pero en aquel entonces como que era uno muy inocente. Tenía uno que convivir con las prostitutas –le estoy hablando ...

Con ese nombre no

Entrevisté a doña Judith cuando había cumplido ya 90 años de edad que, por cierto, no se le notaban ni es la voz ni en su fresca memoria que, como leerás, fluía en un continuum memorioso de gran capacidad de síntesis y un sutil encanto en la elección de sus imágenes. Años después tuve el gusto de asistir a su fiesta de centenario invitado por su hijo José Luis, donde estuvimos departiendo alegremente toda una tarde con doña Judith lúcida y festiva, un año antes de morir Ella fue una niña y una señorita “bien” de la ciudad de Puebla, una de tantas hijas de familia que asistían toda la semana al colegio de monjas y los domingos a misa con elegancia dominical. Doña Judith Cid de León: Yo nací en el mero centro el 7 de diciembre de 1910 en el Barrio de la Luz, en una casa que ya no existe, ahora son casas de vecindad, así muy feas. Entonces era un barrio de personas más acomodadas, mi abuelo tenía un molino de harina de trigo, se apellidaba Tapia. Y allá nacieron mis herm...

De lo perdido lo que aparezca

A su agraciado conocimiento sobre las pulquerías y la mitológica bebida de los mesoamericanos, don Juan López Cervantes pasó en su relato al activismo urbano desde una organización que ayudó a fundar llamada la Unión de Barrios. Una preocupación de vecinos que remonta la historia, la política, el arte y la arquitectura. Acababa el gobierno de Manuel Bartlett al estado de Puebla y comenzaba el de Mario Marín; también terminaba un siglo, el de la transformación de esta ciudad cuatro veces centenaria. Centro de Convenciones de Puebla Las pulquerías tenían vitrales, emplomados, pero hasta eso se ha estado perdiendo. Ahora todo eso ya se perdió con la modernidad, todo recto, todo cuadrado, como cajón y sin ninguna gracia, ningún arte, eso ya se perdió. Eso fue una pérdida para nuestro pueblo porque, los pueblos indígenas… nada tengo contra los españoles, porque después de todo somos una fusión de las dos razas y todos cooperamos con nuestras respectivas cosas y enriquecieron un...

Pulques poblanos

Juan López Cervantes tenía 75 años cuando le realicé esta entrevista; vecino de la ciudad de Puebla, con más de cincuenta años de vivir en el barrio de Analco, un barrio de los más tradicionales de aquí de la ciudad de Puebla, me absorbió con su plática desde las primeras palabras, que en el tema de las pulquerías inevitablemente me recordaron los relatos de Guillermo Prieto de aquellas pulquerías desplazadas a los suburbios de la ciudad de México con nombres singulares como Las Cañitas, La Pelos, Don Toribio, Celaya entre otros tugurios para “gustos fuertes”. Así en Puebla, en recuerdos de don Juan, cuando la gente solía reunirse después de sus agotadoras jornadas a tomar el tradicional elíxir mesoamericano “una cosa barata que era lo más extendido, porque no había tantos productos de otra índole para alegrarnos”. Los de abajo Yo voy a referirme a dos cosas, primero, Puebla allá por los años veinte, treinta, cuarenta era una ciudad industrial, pero a la vez agrícol...

Revivir

A partir de hoy vas a encontrar las entrevistas que hice a un grupo de ancianos poblanos. Algunos nacieron fuera de Puebla, pero ahora tienen más de medio siglo entre nosotros y son poblanos. Quiero manifestar mi más grande aprecio por su participación, su elocuencia y valentía al revivir historias algo dejadas en el pasado. No se pretende aquí exponer “vidas” en términos de biografías, sino de un atisbo arbitrario a la memoria de estos hombres y mujeres que momentáneamente accedieron a hablar de sí mismos y desenterrar historias familiares a veces ya irrecuperables. En esta colección encontrarás una muestra muy representativa de los ancianos y ancianas poblanas, los mismos que ya no vemos fácilmente en el peligroso centro histórico, pues sólo hay semáforos para automóviles y los seres humanos han de pasar la calle como puedan. Y últimamente hasta balazos. Pero los ancianos son los olvidados de hoy, marginados de planes oficiales y particulares, ignorados por propios y ext...

Historias poblanas

En las siguientes entradas de este blog te invito a disfrutar de una colección de historias orales reunidas en un libro irrecuperable que publicó el Consejo del Centro Histórico de Roberto Herrerías en el año 2003, cuando entrevisté a este grupo de ancianitos poblanos de los que la mayoría ya han pasado a mejor vida. El objetivo de esta recuperación mediante la técnica de la Tradición Oral es recobrar en lo posible la mayor cantidad de historias antiguas de esta ciudad. La Puebla de los años veinte, treinta, cuarenta y cincuenta que las nuevas generaciones no sólo desconocen, ni siquiera imaginan. Una ciudad sin demasiados conflictos, con clases sociales tal vez más definidas pero menos voraces que las que vemos hoy, ecuánimes con una situación histórica que les perteneció y que ya no existe. Sin embargo, la ciudad está ahí, es la misma. Una inspiración inamovible en esta idea es el concepto de Microhistoria, recogido de su propio autor, el historiador michoacano L...