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Entonces realmente no había peligros

Doña Aurora recordaba a retazos, como si su memoria estuviera compuesta por tiras de tela a veces fina y a veces corriente, que al jalarla dejara jirones de hilos dorados o marrones, bonitos o feos, útiles o inútiles. Su modo de recordar me pareció familiar porque yo mismo recuerdo de esa forma, con algunos eventos fijos -como su recuerdo de los chinos- o una mezcla atemporal de los protagonistas, que en un momento son sus hermanos y al siguiente está hablando de sus nietos. Además, esa ausencia de cronología, de orden cronológico, convierte a sus recuerdos en grandes bloques episódicos: niñez, adolescencia y matrimonio. DOÑA AURORA GARCÍA MÉNDEZ Nací en la ciudad de Orizaba, Veracruz, ahí pasé mi niñez junto a mis padres, un matrimonio muy bien avenido porque nunca de ellos oí una mala palabra, no oí un solo insulto. Sus seis hijos recibimos muy buen ejemplo, porque dilataron mucho tiempo de casados, nos dieron una buena niñez, que es lo que significa el nacimiento de una...

No puedo decir que mi vida fue un desastre

Don Héctor Zéleny veía la vida con practicidad hace 16 años, cuando lo entrevisté; era la viva imagen del orgullo poblano por el buen vivir, a pesar de no poder presumir los grandes éxitos. Es una actitud pragmática de ciertos habitantes locales que hacen un balance objetivo de sus vidas en el que todo sale más o menos. “Nos vemos a las 5 PM”, dicen, y todos saben que el PM no significa “pasado meridiano” sino “poco más o menos”, que puede expresar 5:30 ó 6. Tengo lo que tengo y con ello me mantengo, parecen decir en un lenguaje cantinfleado y florido (valga la redundancia), una forma de expresión que más que afirmar niega, más que expresar sugiere. Porque le ha ido bien, más o menos. DON HÉCTOR ZÉLENY Nací en la ciudad de Puebla en 1927, nací en lo que es ahora el (club deportivo) Alfa Uno 1 , donde mi padre era administrador. Y ahí pasé una niñez, pues, muy bonita, porque en aquel entonces era lo último de la ciudad, lo último; la ciudad llegaba hasta el Paseo Bravo, u...

¿Ya sabes escribir?

Jacinta era una niña que quería más del mundo pero sus deseos se vieron truncados por la ignorancia de sus padres. No que fueran económicamente demasiado pobres, sino que la pobreza de aquellos hombres y mujeres de la época revolucionaria era de miras, de expectativas que eran incapaces de percibir en sus hijos como sus padres tampoco las habrían advertido para ellos. La única verdadera respuesta era la violencia. DOÑA JACINTA BÁEZ RODRÍGUEZ Soy Jacinta Báez Rodríguez. Yo nací en Atlixco, Puebla, el 11 de Septiembre de 1910 en el barrio de La Merced. Se le decía así porque hasta hoy existe una iglesia que se llama De la Merced. Toda la gente era muy amable, se saludaban, platicaban, muy pocas veces yo llegué a oír que hubiera problemas. Mi papá se llamaba Dolores Báez, era maestro de albañiles, trabajaba en la hacienda de San Mateo con los señores Maurer. Dirigía a un grupo de gente que trabajaba y él tenía que estar pendiente de lo que hacían todos. Era Atlixco un...

Días de mucho, días de poco, días de nada

Don Jesús Labastida me recibió detrás del mostrador de su taller de electricidad automotriz de la 7 Norte del centro de la ciudad de Puebla. Al igual que otros de mis entrevistados para este ejercicio de historias de vida que he venido publicando, este octogenario sabe que él no es poblano a pesar de haber llegado a esta ciudad hace más de sesenta años; de hecho, tiene opiniones bastante críticas sobre los poblanos, que trata de resolver con sus modos extravagantes de filósofo urbano, una combinación de sabiduría, de experiencia y de nostalgia por su padre a quien sigue escuchando en su interior. DON JESUS LABASTIDA Yo me llamo Jesús Labastida, tengo 82 años y he vivido con la ayuda del Señor, porque así soy yo, metódico, llevo una vida metódica, mi padre me lo enseñó. La vida metódica consiste en esto: tomar y no embriagarse, comer a sus horas; otra cosa: tener exceso sexual es lo peor que puede tener el hombre humano, tiene que ser controlado. Fumar, sólo uno, después de...

Sabíamos que seríamos ferrocarrileros

En casa de don Alfredo Flores y Palacios se respira un ambiente gremial y tal parece que se escucharan los estruendos metálicos de los cambios de vía, de los émbolos que detienen las enormes ruedas de acero de las máquinas de ferrocarril. A pesar de su edad, no es difícil imaginarlo vestido con la parafernalia del conductor que se asoma por la ventanilla de la locomotora, aunque tal vez pueda ser confundido con otro maquinista idéntico a él, vestido con el mismo patrón y empleado de la misma empresa ferrocarrilera: su hermano gemelo. Por eso don Alfredo habla frecuentemente en plural, en su nombre y en el de su hermano. DON ALFREDO FLORES Y PALACIOS Nací en Oriental, Puebla, junto con mi hermano Gabriel, porque somos gemelos. De los mismos apellidos. Oriental está cerquita de Libres, está muy feo, pero yo le digo que es el rinconcito más bello del vergel poblano, una manera de hacerle mofa, porque es un pueblo de mucha arena. Normalmente así nos dicen a las personas que ...

Aquí estuvimos un tiempito

No ser poblano es un estigma que sobrevive a lo largo de la vida; si no se nació en Puebla difícilmente se llegará a ser poblano algún día. Lo que no quita que el asimilado ame y admire la belleza y las bondades de Puebla. Para esta niña tlaxcalteca Puebla representaba a la gran ciudad en los años 20 y rápidamente se asimiló, se integró a sus usos y costumbres, a sus placeres y defectos. Pero a la altura de sus noventa años seguía recordando que ella no era poblana. Nunca lo sería.   DOÑA VIVIANA PALMA Para empezar le diré que yo no soy poblana, pero me siento poblana, porque tiene muchísimos años que vivo aquí, como desde los doce años que nos venimos con mi mamá para Puebla. Yo soy de Tlaxcala. Nos trajo para acá y aquí acabé de ir a la escuela, después estudié una carrera corta, después me casé, nacieron mis hijos. Y ya después cambia todo, ya cuando uno tiene muchos hijos -yo tuve seis-, uno que se me murió y cinco que viven. Como le decía, yo me siento pobla...