Ir al contenido principal

Entradas

El fraude de la asimilación

Miguel Othón de Mendizábal propuso una alternativa futurista para la relación entre los mestizos y los pueblos originarios frente a la inminente estrategia de asimilación que vio prosperar entre sus contemporáneos, planteó una posición moderna y sumamente práctica, que aún hoy podría prosperar: que sí había mucho qué conocerles a los pueblos indígenas; que había que preservar y cultivar sus culturas a través de sus lenguas; que había de aprovecharse su experiencia en herbolaria y medio ambiente; que habrían de desarrollarse sus industrias artesanales y ayudarlos en educación, higiene y comunicaciones sin aires de emancipación ni actitudes imperativas que les exigieran dejar de ser lo que eran y son. Lo que me interesa discutir aquí (en este blog) son las razones que lo sabotearon, que lo borraron del mapa de la antropología mexicana, que lo hicieron un gran desconocido a pesar de los premios, calles y auditorios que llevaron su nombre. Mendizábal lo dijo, lo escribió, lo dictó en ...

Es la misma historia

Con esta entrada finalizan las publicaciones sobre historias de vida de habitantes de la ciudad de Puebla, ninguno de ellos joven y algunos de ellos adelantados ya hacia el polvo de estrellas del que provenimos y al que vamos todos. Formaron parte de una colección publicada en 2001 por el extinto Consejo del Centro Histórico, que dirigía entonces Roberto Herrerías, bajo el engañoso titulo de Los barrios de Puebla, pues no eran los antiguos barrios de la ciudad en pretexto de estas entrevistas, sino el de historias de vida poblanas. En todo caso pudo llamarse En los barrios de Puebla, porque fue aquí, en diversos puntos de la ciudad, donde fueron realizadas estas conversaciones. Espero que las hayas disfrutado, quedan ahora para su revisión por las generaciones venideras. DOÑA OLGA RODRÍGUEZ ROMERO A mí me encanta la historia de Puebla, que es la misma historia, pero de otra etapa. Nací aquí en Puebla, pero no me acuerdo dónde. Recuerdo a mi mamá, porque cuando yo tenía do...

Y romper el silencio de la noche

A don Luis Velasco Ramírez y don Carlos Alberto Julián Galis los encontré una plácida mañana poblana platicando en el Café Italiano de Av. Reforma a unos pasos del zócalo, en donde todo ocurre y a donde ocurren todos. Dos viejos amigos que parecía que hubieran ocupado esa mesa en 1946, a sus veinte años, porque seguían llevándose como entonces. Les dije mis intenciones de recoger historias de vida de poblanos mayores y les pedí permiso para grabarlos con mi reportera de cassete. ¿Qué tenemos que hacer? Decirme dónde nacieron y cómo les fue en la vida. ¡Cómo no, cómo no, pero pida un café! LVR: Aquí nací en la ciudad de Puebla el 14 de agosto de 1923. Mi padre se llamó Bernabé Velasco Jiménez, nació en el estado de Oaxaca, en la Mixteca. Trabajó muchos años precisamente aquí en el centro histórico, en lo que fue antes el hotel Jardín, hoy hotel Colonial. Posteriormente trabajó en el hotel Italia con el señor José Braqueti. De ni niñez, de mi primaria, recuerdo haber asistido ...

Entonces las costumbres eran distintas

No hay una vara para medir la intensidad de las vidas, sobre todo cuando son ajenas a las nuestras. De nuestra niñez podemos hacer una historia epopéyica con grandes aventuras e increíbles episodios o podemos recordarla con la sencillez de una tarde dominical más o menos tediosa, monótona y gris. Arbitrariamente lo atribuyo a la aparición de la televisión, cuando esa caja luminosa se convierte en recuerdo es porque faltó quizás algo de emoción a nuestra niñez, y si añadimos una temprana orfandad materna y la distante indiferencia del papá podríamos entender que don Rodolfo recuerde su vida como la recuerda. DON RODOLFO VELASCO VÁZQUEZ Soy Rodolfo Velasco Vázquez, soy oriundo de aquí de Puebla, nací en el barrio de San Miguelito, en la ocho poniente esquina con 17 norte, mis padres eran dueños de una tienda que se llamaba La Puerta del Sol, ahí tuve mi primera infancia; desgraciadamente, a los ocho años perdí a mi madre. Mi padre era ferrocarrilero, era fogonero de cami...

Entonces realmente no había peligros

Doña Aurora recordaba a retazos, como si su memoria estuviera compuesta por tiras de tela a veces fina y a veces corriente, que al jalarla dejara jirones de hilos dorados o marrones, bonitos o feos, útiles o inútiles. Su modo de recordar me pareció familiar porque yo mismo recuerdo de esa forma, con algunos eventos fijos -como su recuerdo de los chinos- o una mezcla atemporal de los protagonistas, que en un momento son sus hermanos y al siguiente está hablando de sus nietos. Además, esa ausencia de cronología, de orden cronológico, convierte a sus recuerdos en grandes bloques episódicos: niñez, adolescencia y matrimonio. DOÑA AURORA GARCÍA MÉNDEZ Nací en la ciudad de Orizaba, Veracruz, ahí pasé mi niñez junto a mis padres, un matrimonio muy bien avenido porque nunca de ellos oí una mala palabra, no oí un solo insulto. Sus seis hijos recibimos muy buen ejemplo, porque dilataron mucho tiempo de casados, nos dieron una buena niñez, que es lo que significa el nacimiento de una...

No puedo decir que mi vida fue un desastre

Don Héctor Zéleny veía la vida con practicidad hace 16 años, cuando lo entrevisté; era la viva imagen del orgullo poblano por el buen vivir, a pesar de no poder presumir los grandes éxitos. Es una actitud pragmática de ciertos habitantes locales que hacen un balance objetivo de sus vidas en el que todo sale más o menos. “Nos vemos a las 5 PM”, dicen, y todos saben que el PM no significa “pasado meridiano” sino “poco más o menos”, que puede expresar 5:30 ó 6. Tengo lo que tengo y con ello me mantengo, parecen decir en un lenguaje cantinfleado y florido (valga la redundancia), una forma de expresión que más que afirmar niega, más que expresar sugiere. Porque le ha ido bien, más o menos. DON HÉCTOR ZÉLENY Nací en la ciudad de Puebla en 1927, nací en lo que es ahora el (club deportivo) Alfa Uno 1 , donde mi padre era administrador. Y ahí pasé una niñez, pues, muy bonita, porque en aquel entonces era lo último de la ciudad, lo último; la ciudad llegaba hasta el Paseo Bravo, u...

¿Ya sabes escribir?

Jacinta era una niña que quería más del mundo pero sus deseos se vieron truncados por la ignorancia de sus padres. No que fueran económicamente demasiado pobres, sino que la pobreza de aquellos hombres y mujeres de la época revolucionaria era de miras, de expectativas que eran incapaces de percibir en sus hijos como sus padres tampoco las habrían advertido para ellos. La única verdadera respuesta era la violencia. DOÑA JACINTA BÁEZ RODRÍGUEZ Soy Jacinta Báez Rodríguez. Yo nací en Atlixco, Puebla, el 11 de Septiembre de 1910 en el barrio de La Merced. Se le decía así porque hasta hoy existe una iglesia que se llama De la Merced. Toda la gente era muy amable, se saludaban, platicaban, muy pocas veces yo llegué a oír que hubiera problemas. Mi papá se llamaba Dolores Báez, era maestro de albañiles, trabajaba en la hacienda de San Mateo con los señores Maurer. Dirigía a un grupo de gente que trabajaba y él tenía que estar pendiente de lo que hacían todos. Era Atlixco un...