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Entradas

De lo perdido lo que aparezca

A su agraciado conocimiento sobre las pulquerías y la mitológica bebida de los mesoamericanos, don Juan López Cervantes pasó en su relato al activismo urbano desde una organización que ayudó a fundar llamada la Unión de Barrios. Una preocupación de vecinos que remonta la historia, la política, el arte y la arquitectura. Acababa el gobierno de Manuel Bartlett al estado de Puebla y comenzaba el de Mario Marín; también terminaba un siglo, el de la transformación de esta ciudad cuatro veces centenaria. Centro de Convenciones de Puebla Las pulquerías tenían vitrales, emplomados, pero hasta eso se ha estado perdiendo. Ahora todo eso ya se perdió con la modernidad, todo recto, todo cuadrado, como cajón y sin ninguna gracia, ningún arte, eso ya se perdió. Eso fue una pérdida para nuestro pueblo porque, los pueblos indígenas… nada tengo contra los españoles, porque después de todo somos una fusión de las dos razas y todos cooperamos con nuestras respectivas cosas y enriquecieron un...

Pulques poblanos

Juan López Cervantes tenía 75 años cuando le realicé esta entrevista; vecino de la ciudad de Puebla, con más de cincuenta años de vivir en el barrio de Analco, un barrio de los más tradicionales de aquí de la ciudad de Puebla, me absorbió con su plática desde las primeras palabras, que en el tema de las pulquerías inevitablemente me recordaron los relatos de Guillermo Prieto de aquellas pulquerías desplazadas a los suburbios de la ciudad de México con nombres singulares como Las Cañitas, La Pelos, Don Toribio, Celaya entre otros tugurios para “gustos fuertes”. Así en Puebla, en recuerdos de don Juan, cuando la gente solía reunirse después de sus agotadoras jornadas a tomar el tradicional elíxir mesoamericano “una cosa barata que era lo más extendido, porque no había tantos productos de otra índole para alegrarnos”. Los de abajo Yo voy a referirme a dos cosas, primero, Puebla allá por los años veinte, treinta, cuarenta era una ciudad industrial, pero a la vez agrícol...

Revivir

A partir de hoy vas a encontrar las entrevistas que hice a un grupo de ancianos poblanos. Algunos nacieron fuera de Puebla, pero ahora tienen más de medio siglo entre nosotros y son poblanos. Quiero manifestar mi más grande aprecio por su participación, su elocuencia y valentía al revivir historias algo dejadas en el pasado. No se pretende aquí exponer “vidas” en términos de biografías, sino de un atisbo arbitrario a la memoria de estos hombres y mujeres que momentáneamente accedieron a hablar de sí mismos y desenterrar historias familiares a veces ya irrecuperables. En esta colección encontrarás una muestra muy representativa de los ancianos y ancianas poblanas, los mismos que ya no vemos fácilmente en el peligroso centro histórico, pues sólo hay semáforos para automóviles y los seres humanos han de pasar la calle como puedan. Y últimamente hasta balazos. Pero los ancianos son los olvidados de hoy, marginados de planes oficiales y particulares, ignorados por propios y ext...

Historias poblanas

En las siguientes entradas de este blog te invito a disfrutar de una colección de historias orales reunidas en un libro irrecuperable que publicó el Consejo del Centro Histórico de Roberto Herrerías en el año 2003, cuando entrevisté a este grupo de ancianitos poblanos de los que la mayoría ya han pasado a mejor vida. El objetivo de esta recuperación mediante la técnica de la Tradición Oral es recobrar en lo posible la mayor cantidad de historias antiguas de esta ciudad. La Puebla de los años veinte, treinta, cuarenta y cincuenta que las nuevas generaciones no sólo desconocen, ni siquiera imaginan. Una ciudad sin demasiados conflictos, con clases sociales tal vez más definidas pero menos voraces que las que vemos hoy, ecuánimes con una situación histórica que les perteneció y que ya no existe. Sin embargo, la ciudad está ahí, es la misma. Una inspiración inamovible en esta idea es el concepto de Microhistoria, recogido de su propio autor, el historiador michoacano L...

Los trajes femeninos tradicionales de Puebla

Nahuas de Cuetzalan, Puebla Los domingos por la mañana la plaza de Cuetzalan, desierta entre semana se llena de puestos y ruido. Bajo la torre del reloj, a la sombra de las palmeras, en las anchas escalinatas, se sientas las mujeres nahuas, que vienen al mercado a vender verduras, guajolote, fruta y cal para las tortillas. Las mujeres llevan una blusa de escote cuadrado, con bordados al pasado rojos, azules o negros alrededor del cuello y de las mangas. Las mujeres llevan enredo, hecho con dos lienzos, que llega al tobillo; lo pliegan en un solo tablón atrás, del ancho de las caderas y en cuatro tablas más pequeñas que se encuentran enfrente, usan enredos que sujetan en la cintura por medio de un cinturón de lana roja con dibujos geométricos. Usan un huipil de encaje, adornado con una cucarda de listón azul o morado igual al listón que bordea el escote. Las mujeres de Cuetzalan utilizan un enorme tocado que en días de fiesta alcanza 50 cm. de alto, hecho con estambres de l...

Ellos debían hacerse mexicanos

En las primeras décadas del siglo XX el gobierno de México institucionaliza el indigenismo para ser aplicado como estrategia de desarrollo económico de las regiones. El Estado mexicano asume la estrategia de la integración, la asimilación, buscando uniformar las diferencias étnicas y culturales de los mexicanos a favor de un antiguo ideal de igualdad. La asimilación tenía una larga historia desde que, luego de la Independencia y a lo largo del siglo XIX, fue discutida por los intelectuales que coincidieron en que era la educación el vehículo adecuado para llevar a cabo esa asimilación, aunque hubo voces que la consideraron peligrosa. Tras la Revolución, la asimilación del indígena al “elemento” mexicano fue finalmente formalizada “científicamente” por Manuel Gamio, que asume el indigenismo desde un programa de antropología ambicioso e inteligente, pues proponía estudios integrales para conocer y valorar a las comunidades indígenas a fin de facilitar el trabajo de la asimil...

Los partidos políticos ya sabemos cómo se manejan

La noche llegó pronto en Huitzilan tras el largo viaje en coche desde la ciudad de Puebla; aunque salimos muy temprano de la capital del estado y tuvimos una agradable recepción de las autoridades antorchistas que nos ofrecieron alojamiento en el centro mismo del pueblo, de pronto era de noche en las Sierra Norte de Puebla. La primera reunión fue eficazmente organizada por un joven ingeniero que a la vista era quien organizaba todo lo demás, el mando municipal y la comandancia de policía, cuyos componentes estaban muy lejos de ser los modestos policías con macana de otros pueblos, iban armados con armas largas y las dos ocasiones en que salimos en caravana a lugares cercanos a la cabecera encabezaban un convoy atrincherado detrás de sus temibles armas. El horno no estaba para bollos a principios del tercer milenio aunque al parecer la violencia que fue famosa en esta región veinte años antes ya había pasado, aunque “no podemos bajar la guardia”, advirtió “el ingeniero”, nominaci...