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Entradas

Monsiváis en la ENAH

A mediados de 1984 se publicó un libro de chismes llamado Juan Gabriel y yo , que mostraba al Divo de Juárez en una cama muy contento y bien acompañado por el autor. Durante ese año tomamos una materia con Carlos Monsiváis y nos burlábamos de hacer un balance del curso con el nombre de Monsi y yo , la portada iría ilustrada con una buena caricatura del Monsi, pero no hicimos ningún balance, tarea ni nada académico en los dos semestres que duró el periplo por la geografía de ese honor concedido, que a diferencia de Juan Gabriel, no llegó a la cama y menos a los tribunales. Nos reunimos una vez a la semana durante dos semestres en la escuela de restauración de Churubusco –“cerca de una estación del metro” –condicionó Monsi cuando hablamos del lugar, no estaba dispuesto a ir hasta la ENAH. Leímos autores alemanes sobre cuestión nacional y nos hizo muchas recomendaciones de lecturas mexicanas. Nos preguntó sobre los Magníficos y su libro crítico a la antropología mexicana, pero ni...

Cambio de piel

Tras sesenta años de uso, notarán ustedes que dejo atrás mi pequeño nombre de Polo para denominarme en lo sucesivo Leopoldo, por así convenir a mis intereses y la prosapia de mis canas, ese largo y pretencioso nombre de origen germánico que por desgracia rememora a muchos sátrapas belgas que tiranizaron a sus pueblos y colonizaron África con fuego y espada, aunque siempre estarán Alas Clarín y Lugones para renovarme la sonrisa. Y mi abuelo Leopoldo, por supuesto. Dicho lo cual, ahí me ven, aquí me ven y aquí me tienen. Yo sé que esto no tiene la menor importancia para el lector, a quien debe darle lo mismo que me llame Moisés o Galeano (o Marcos, que está vacante de momento), pero quisiera que comprenda lo mucho que significa para mí, es una nueva identidad, una renovación, un nuevo cambio de piel (Texto completo en el otro blog).

De santos y religiones

Existe una leyenda inducida en los pueblos por los frailes católicos para justificar la nominación de un santo para una comunidad. En todos los casos el santo se apareció en un paraje cercano y pidió la edificación de una iglesia, que invariablemente le fue concedida con diligencia. Es lo único que queda de la mayoría de pueblos originales de la república mexicana, una digna iglesita que engalana los centros históricos de comunidades muy lejanas de la inmensa geografía nacional. Los frailes se salieron con la suya, pero es ahí donde entran los asegunes, pues los pueblos adoptaron con naturalidad la religión católica y la amoldaron a sus propios festejos, que convenientemente coincidían en los más importantes. Daba lo mismo llamar Guadalupe a Tonzntzin para un cuicateco de Santa Cruz Zenzontepec, Oaxaca , cuando sus creencias le permiten adorar y ofrendar a sus otras deidades como la santa Abuela, el santo padre Dios, la santa madre Tierra, la santa madre Luna, los dioses del Agua,...

El fraude de la asimilación

Miguel Othón de Mendizábal propuso una alternativa futurista para la relación entre los mestizos y los pueblos originarios frente a la inminente estrategia de asimilación que vio prosperar entre sus contemporáneos, planteó una posición moderna y sumamente práctica, que aún hoy podría prosperar: que sí había mucho qué conocerles a los pueblos indígenas; que había que preservar y cultivar sus culturas a través de sus lenguas; que había de aprovecharse su experiencia en herbolaria y medio ambiente; que habrían de desarrollarse sus industrias artesanales y ayudarlos en educación, higiene y comunicaciones sin aires de emancipación ni actitudes imperativas que les exigieran dejar de ser lo que eran y son. Lo que me interesa discutir aquí (en este blog) son las razones que lo sabotearon, que lo borraron del mapa de la antropología mexicana, que lo hicieron un gran desconocido a pesar de los premios, calles y auditorios que llevaron su nombre. Mendizábal lo dijo, lo escribió, lo dictó en ...

Es la misma historia

Con esta entrada finalizan las publicaciones sobre historias de vida de habitantes de la ciudad de Puebla, ninguno de ellos joven y algunos de ellos adelantados ya hacia el polvo de estrellas del que provenimos y al que vamos todos. Formaron parte de una colección publicada en 2001 por el extinto Consejo del Centro Histórico, que dirigía entonces Roberto Herrerías, bajo el engañoso titulo de Los barrios de Puebla, pues no eran los antiguos barrios de la ciudad en pretexto de estas entrevistas, sino el de historias de vida poblanas. En todo caso pudo llamarse En los barrios de Puebla, porque fue aquí, en diversos puntos de la ciudad, donde fueron realizadas estas conversaciones. Espero que las hayas disfrutado, quedan ahora para su revisión por las generaciones venideras. DOÑA OLGA RODRÍGUEZ ROMERO A mí me encanta la historia de Puebla, que es la misma historia, pero de otra etapa. Nací aquí en Puebla, pero no me acuerdo dónde. Recuerdo a mi mamá, porque cuando yo tenía do...

Y romper el silencio de la noche

A don Luis Velasco Ramírez y don Carlos Alberto Julián Galis los encontré una plácida mañana poblana platicando en el Café Italiano de Av. Reforma a unos pasos del zócalo, en donde todo ocurre y a donde ocurren todos. Dos viejos amigos que parecía que hubieran ocupado esa mesa en 1946, a sus veinte años, porque seguían llevándose como entonces. Les dije mis intenciones de recoger historias de vida de poblanos mayores y les pedí permiso para grabarlos con mi reportera de cassete. ¿Qué tenemos que hacer? Decirme dónde nacieron y cómo les fue en la vida. ¡Cómo no, cómo no, pero pida un café! LVR: Aquí nací en la ciudad de Puebla el 14 de agosto de 1923. Mi padre se llamó Bernabé Velasco Jiménez, nació en el estado de Oaxaca, en la Mixteca. Trabajó muchos años precisamente aquí en el centro histórico, en lo que fue antes el hotel Jardín, hoy hotel Colonial. Posteriormente trabajó en el hotel Italia con el señor José Braqueti. De ni niñez, de mi primaria, recuerdo haber asistido ...

Entonces las costumbres eran distintas

No hay una vara para medir la intensidad de las vidas, sobre todo cuando son ajenas a las nuestras. De nuestra niñez podemos hacer una historia epopéyica con grandes aventuras e increíbles episodios o podemos recordarla con la sencillez de una tarde dominical más o menos tediosa, monótona y gris. Arbitrariamente lo atribuyo a la aparición de la televisión, cuando esa caja luminosa se convierte en recuerdo es porque faltó quizás algo de emoción a nuestra niñez, y si añadimos una temprana orfandad materna y la distante indiferencia del papá podríamos entender que don Rodolfo recuerde su vida como la recuerda. DON RODOLFO VELASCO VÁZQUEZ Soy Rodolfo Velasco Vázquez, soy oriundo de aquí de Puebla, nací en el barrio de San Miguelito, en la ocho poniente esquina con 17 norte, mis padres eran dueños de una tienda que se llamaba La Puerta del Sol, ahí tuve mi primera infancia; desgraciadamente, a los ocho años perdí a mi madre. Mi padre era ferrocarrilero, era fogonero de cami...